La meglio gioventù (2003)

la_meglio_gioventuDirección: Marco Tullio Giordana 
Guion:
 Sandro Petraglia / Stefano Rulli 

Producción: BiBi Film / RAI Cinema
Fotografía: Roberto Forza
Música: Varios
Montaje: Roberto Missiroli
Reparto: Luigi Lo Cascio / Alessio Boni / Jasmine Trinca / Sonia Bergamasco / Maya Sansa / Fabrizio Gifuni  
Duración: 366 min
País: Italia

Es el verano de 1966 y Roma luce espléndida. En ella germina todo lo extraordinario que acompaña a la juventud: el fulgor de la ilusión, la lucha contrapuesta entre la incerteza y el descubrimiento, o la fantasía y sueños que acompañan a un futuro que se atisba todavía lejano. Son Matteo y Nicola, hermanos, ambos universitarios, quienes se encuentran en este punto. Únicamente acorazados en la magia del momento, reducen todo su existir a un viaje hacia el Cabo Norte, lugar donde sentirse libres. Es la poesía que representa una simple flor, una calle cualquiera o un verso de Cecco Angiolieri lo que les fascina. Nada más les importa. Pero, casualidades del destino, aparecerá Giorgia, y Giorgia será quien agite el corazón de estos hermanos, quien cambie, para siempre, sus vidas.

Ambos se separarán y tomarán caminos distintos. Porque así, en definitiva, es la vida. El sendero de cada uno difícilmente volverá a reunirlos. El carácter, los sentimientos y hasta el rincón más pequeño de sus corazones… todo cambiará. La vida seguirá, claro que sí: Firenze, Torino, Palermo, Stromboli y el maravilloso Val d’Orcia sienés. Estos serán lugares en los que dejarán huella, lugares en los que añadirán multitud de anécdotas y vivencias a su historia personal. Levantarán así un monumento vitalista, pincelado por la literatura, la fotografía, el arte y la melancolía, en el caso de Matteo; así como por el inconformismo, la bondad, el sentido común y la nostalgia que definen a Nicola. La familia, los amigos y las chicas… cada uno reirá, llorará, sentirá, amará y vivirá a su manera. Aunque ambos nunca olvidarán aquel cálido verano de 1966 por las calles de Roma.

Quien escribe esto es un reconocido italianófilo (además de muchas más insensateces). Sin embargo, esto no influye para nada en la valoración de esta preciosa -y también histórica- narración, pues la obra de Marco Tullio Giordana emociona por sí misma. Así, La meglio gioventù no necesita nada más que sus seis horas (que no son pocas, todo conviene decirlo) para hacernos simplemente sentir lo hermosa que, a veces, es la vida; lo triste que, a veces, es la vida; lo maravillosa que, siempre, es la vida.   

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Finding Neverland (2004)

finding_neverland_ver2Dirección: Marc Forster
Guion:
 David Magee (Obra: Allan Knee)

Producción: Miramax
Fotografía: Roberto Schaefer
Música: Jan Kaczmarek
Montaje: Matt Chesse
Reparto: Johnny Depp / Kate Winslet / Dustin Hoffman / Julie Christie / Radha Mitchell / Freddie Highmore
Duración: 106 min
País: Estados Unidos

Cuenta Enric González en sus agradables Historias de Londres (RBA, 2007) la misma historia que aquí, de una forma quizá más edulcorada, nos cuenta Marc Forster. Ambos comparten una cualidad: son unos virtuosos de la expresividad, de la comunicación. Aquel es un fabuloso periodista y escritor; este, un cineasta tan plástico como eficaz. A medio camino de los dos se sitúa Kensington gardens, o lo que es lo mismo, el lugar donde se inspiró la fantástica historia de Peter Pan.

Y es que mucho se ha escrito en torno a los orígenes de este célebre personaje. Por ejemplo, Allan Knee inspiró, gracias a su obra teatral The man who was Peter Pan (1998), el guion que aquí nos atañe, ensamblado perfectamente por David Magee. Pero el cine, mucho antes, ya había bañado con su particular magia a este fabuloso relato. Lo había hecho Walt Disney, en 1953, con Peter Pan, en la que probablemente sea una de las mejores películas en la historia de la productora de animación. También Steven Spielberg nos había acercado este cuento con la no menos fabulosa Hook (1991). Es decir, prácticamente ya estaba todo dicho. Pero faltaba algo, faltaba desenmascarar los orígenes de este relato… y en este punto, es donde se sitúa esta maravillosa película: Finding Neverland.   

Es una historia muy bonita. Puede que sea dulzona, sensible y acaramelada, sí, pero su principal virtud radica en conseguir que nada de esto nos empalague. Así, Marc Forster consigue sumergirnos en las bondades que acompañan al personaje principal de este relato, James Barrie, y que disfrutemos, por todo lo alto, con su fantástica inventiva, con su ilusionante y desbordante imaginación. Quedamos así atrapados en las redes de este cautivador cuento. Johnny Depp y Kate Winslet, ambos estupendos, unidos, a su vez, a un aguerrido grupo de niños, se encargarán de luchar contra fantasmas, de aguantar contra viento y marea, de no decaer ante las fatídicas desgracias que en el camino se van presentando.

Asistimos a una película que es, toda ella, magia. Rinde pleitesía a todo aquello que contribuyó a inspirar el relato de Peter Pan, es decir, al teatro, a la escritura, a los niños, a la amistad más pura, a la tranquilidad de un paseo por el parque. Finding Neverland es el poder de la fantasía, de la ensoñación. Todo queda a punto de caramelo para pincelar el mensaje principal del film: ¡sueña!   

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American psycho (2000)

american-psycho-christian-baleDirección: Mary Harris
Guion:
 Mary Harris / Guinevere Turner (Bret Easton Ellis)

Producción: Lions Gate
Fotografía: Andrzej Sekula
Música: John Cale
Montaje: Andrew Marcus
Reparto: Christian Bale / Reese Whiterspoon / Jared Leto / Willem Dafoe / Josh Lucas / Samantha Mathis
Duración: 106 min
País: Estados Unidos

Hacía ya un tiempo que había visto American psycho. De hecho, desde su estreno, es una cinta a la que le he dado unos tres o cuatro vistazos. Y todavía no sé el porqué, pero, de repente, ayer me apetecía volver a verla. Es de ese tipo de historias que, de tanto en tanto, vuelven a asaltarle a uno. Y tampoco sé el porqué, pero cada vez que veo de nuevo este relato, me gusta más. 

Basada en la celebérrima novela de Bret Easton Ellis, la historia centra su atención en Patrick Bateman. Este último es, por decirlo bien a las claras, un yuppie. Vive bien, rodeado de lujos y caprichos. El fasto inunda su día a día. Tiene todo lo que quiere… y cuando quiere. Pero, ¡vaya!, hay veces que no consigue reservar cena en el restaurante de moda de Nueva York. Otras, las más puñeteras, sus compañeros yuppies, todos ellos bien engominados y trajeados, le superan en el refinado arte de… lucir tarjeta de presentación. Qué cruel y desoladora es la vida para Patrick Bateman. El materialismo ha carcomido hasta el último de sus huesos. Ni siquiera es uno de esos hipócritas filántropos multimillonarios. A él, su cuerpo, solo le pide sexo y violencia. Es la psicosis que encumbra a esta historia.

La cineasta Mary Harron es una caso muy atípico en esto del cine, pues consiguió trasladar el material literario de una manera formidable a la gran pantalla, pero disipándose poco después en el olvido. Ella escribió el guion (en compañía de otra mujer, Guinevere Turner) y dirigió la película. Todo le quedó muy bien, sin embargo no ha dado con ningún proyecto atractivo después de este film. Su nombre, por tanto, quedará vinculado para siempre junto al de esta película. Si bien no estamos ante una obra perfecta, sí hallamos en ella una formidable narración, cargada de mala sangre y espíritu crítico. En ella se destripan las entrañas de uno de esos miserables que reinan, y han reinado, durante los últimos decenios. Es el mundo de las finanzas, de los altos ejecutivos. Un universo al que Oliver Stone ya se había acercado de una forma notable gracias a Wall street (1987) y al que ha terminado de rematar recientemente con excelencia el dúo formado por Terence Winter y Martin Scorsese en The wolf of Wall street (2013). Personalmente, a mí me gustan este tipo de enfoques. ¿Por qué siempre centrarse en la pobreza, en el desgraciado? ¿Por qué tanto estudiar soluciones a los males de estos? Aquí, en cambio, se reformula este planteamiento. Miremos al rico, al adinerado. Analicémoslo. Y pongamos, ya de paso, el punto crítico a todo ello.

La clave de bóveda del film no es otra que Christian Bale, sobresaliente actor. Curioso es, según cuentan las malas lenguas, que el británico entrara en el cartel sustituyendo a Leonardo DiCaprio, quien se había negado a aceptar una interpretación que le podía brindar cierta mala reputación (personaje misógino, narcisista, violento) en el mundillo hollywoodense. Error, en todo caso, al que DiCaprio ha dado arreglo con el tiempo al interpretar a Jordan Belfort, primo hermano por decirlo de alguna forma de Patrick Bateman. Son dos interpretaciones dignas de toda alabanza. Centrándonos en Christian Bale, este interioriza cada uno de los maníacos rasgos de su personaje: el orden, la higiene, el cuidado físico. La imagen, en definitiva. Todas sus obsesiones son plasmadas con naturalidad, de una manera absolutamente creíble. Las alucinaciones, el punto reminiscente a las figuras de Ed Gein y Ted Bundy, además, son un auténtico regalo. Es el valor añadido, el punto diferencial. No existe el histrionismo en este actor, uno no percibe nada artificial en su expresión. Y eso, para un personaje como el que aquí corresponde interpretar, es una maravilla.

Me fascinan la escenas de un hombre corriendo en soledad, agitado e histérico, entre las calles que albergan a esos colosales rascacielos. Un vacío existencial y un desarraigo moral dañino para los sentidos. Así, American psycho es un mordaz alegato, una obra de obligada revisión que define un tiempo histórico muy concreto. En ella se disecciona con minuciosidad una forma de vida. Y sí, tiene un punto escabroso, quizás algo forzado buscando esa llamativa transgresión a través de ciertas situaciones “delicadas”. Sin embargo, siempre me quedaré, elección personal, con la divertidísima escena de las tarjetas de presentación. Un monumento de película.     

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Match point (2005)

600full-match-point-posterDirección: Woody Allen
Guion:
 Woody Allen

Producción: BBC Films / DreamWorks Pictures
Fotografía: Remi Adefarasin
Música: Varios
Montaje: Alisa Lepselter
Reparto: Jonathan Rhys Meyers / Scarlett Johansson / Emily Mortimer / Matthew Goode / Brian Cox / Penelope Wilton
Duración: 124 min
País: Reino Unido

Homenaje cinematográfico a la novela de Dostoyevski, Crimen y castigo. El excelente Jonathan Rhys Meyers evoca al personaje de Rodión desde el primer momento en que tomamos conciencia de su situación: joven, culto, pero con una vida precaria que apenas le permite saldar cuentas a fin de mes. Es así como llega a Londres, buscando un futuro mejor, tratando de abrirse camino.

El azar, la suerte o la fortuna son cualidades, todas ellas, que marcan el destino de uno mismo. Es la idea que pulula en cada uno de los fotogramas de esta cinta. ¿Qué sucede cuando la pelota está justo encima de la red? ¿Hacia qué lado caerá? Detrás de esta vertiente azarosa encontramos, por supuesto, la voluntad de la persona, el esfuerzo y la constancia. Para Chris Wilton, protagonista de este relato, no hay lugar para la duda: ambiciona ser Alguien en esta vida, esto es, dinero, poder y lujos. ¿Tendrá suerte en su intento?

La figura de Emily Mortimer, sobresaliente e infravalorada actriz, es la clave de bóveda de esta narración. Ella abre las puertas del paraíso. Pero, de pronto, aparece la fractura: Scarlett Johansson, la tentación más absoluta. De esta manera, con apenas un par de profundas pinceladas, Woody Allen consigue elaborar una obra maestra. Nos encontramos así ante un relato sumamente perturbador. Los enredos sentimentales a los que nos acostumbra el cineasta -casi siempre expuestos en clave de humor- continúan aquí presentes, sin embargo ahora se tornan turbios, tenebrosos. Aparece así una batalla psicológica en la que las metas existenciales de uno mismo quedan salpicadas por el amor y la lujuria. Estamos, pues, en plena tormenta, presos de los dilemas morales que acompañan a nuestro protagonista.

Match point es una historia sobrecogedora. Para mí, nos encontramos -siempre en términos relativos- frente a la mejor película de la pasada década. Todo ello surge del exilio británico del maestro Woody Allen. Una escapatoria que no pudo tener mejor resultado que este. La fotografía de Remi Adefarasin y el guion del cineasta retratan un Londres donde la turbiedad impera sin límite alguno. Quedo cautivo desde el primer momento en que abre este relato, atento al devenir de los acontecimientos. La carga psicológica que acompaña a esta alma errante no te permite permanecer impasible. Todo en esta historia me parece aterrador. Así que Woody Allen lo ha conseguido: un drama tenso, un complejo thriller que va directo a la inquietud. La figura de Chris Wilton solo despierta en mí la lástima. Obra maestra.       

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Cold Mountain (2003)

cold_mountain_xlgDirección: Anthony Minghella
Guion:
 Anthony Minghella (Novela: Charles Frazier)

Producción: Miramax
Fotografía: John Seale 
Música: Gabriel Yared
Montaje: Walter Murch 
Reparto: Nicole Kidman / Jude Law / Renée Zellweger / Natalie Portman / Eileen Atkins / Brendan Gleeson / Philip Seymour Hoffman / Giovanni Ribisi / Donald Sutherland / Cillian Murphy / Ray Winstone / Charlie Hunnam
Duración: 154 min
País: Estados Unidos

Esta es una gran historia, en el sentido de que está hecha para buscar la magnificencia. Todo busca deslumbrar al espectador, nota clásica en el cine de Anthony Minghella. Para empezar, el contexto: la guerra de Secesión americana. Conflicto fratricida fundamental en la historia de los Estados Unidos y al que el cine, a pesar de haber prestado atención, quizás ha dejado un poco de lado por la distancia histórica. Este vacío lo intenta llenar esta película y lo hace, a su vez, escudándose en una historia de amor propia de las mejores poesías líricas griegas. Así, gracias a una factura técnica impoluta, a un reparto colosal y a una metódica dirección se vertebran los pilares de este relato al que muchos alaban pero que, sin embargo, a mí no termina de emocionarme.

La historia de amor es tan de postal, tan dulzona que no me dice nada. Pequeño revés pues, considerando que esta es la clave de bóveda del film. Además, el drama de la guerra, aun mostrándose correcto, tampoco cautiva en demasía. Presenciamos las mil y una tropelías (tanto en el frente como en la retaguardia), pero pocas nos inquietan. Carencias, así, de un guion bastante estándar y facilón. Y sí, tenemos un reparto espectacular, aunque los dos protagonistas… ¡no pueden estar más planos! Nicole Kidman es mucho mejor actriz de lo que aquí demuestra (vean, por ejemplo, Eyes wide shut). Lo mismo podría decirse de Jude Law (ahí tienen Closer), si bien este está un poco mejor, al interpretar a ese errante soldado, que su compañera. Curiosa contradicción la de esta cinta, pues si los protagonistas no terminan de estar acertados, los secundarios… brillan en todo su esplendor. Especialmente un nombre sobresale del resto, Renée Zellweger. Ella pone la excelencia en esta narración, pues está formidable. Luego, por orden de gusto personal, encontramos a Natalie Portman (¿cuándo ha estado mal Natalie Portman?), Eileen Atkins (monumental), Brendan Gleeson, Charlie Hunnam, Giovanni Ribisi (secundario de lujo) y Philip Seymour Hoffman.   

El clouds, clouds, sun final, tan típico como emotivo, remata una historia que cautivará a los más empalagosos. El resto, en cambio, nos tendremos que conformar con la elegante puesta en escena de Anthony Minghella, las escenas de Zellweger, Portman y Hunnam, la preciosa fotografía de John Seale y la emotiva partitura de Gabriel Yared. Mimbres suficientes para ver con gusto Cold Mountain.  

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The Godfather: Part III (1990)

godfather_part_iii_ver2Dirección: Francis Ford Coppola
Guion:
 Francis Ford Coppola / Mario Puzo (Novela: Mario Puzo)

Producción: Paramount Pictures
Fotografía: Gordon Willis 
Música: Carmine Coppola 
Montaje: Barry Malkin / Lisa Fruchtman / Walter Murch 
Reparto: Al Pacino / Diane Keaton / Talia Shire / Andy García / Sofia Coppola / Eli Wallach / Joe Mantegna / Bridget Fonda / Franc D’Ambrosio 
Duración: 162 min
País: Estados Unidos

La mejor trilogía de la historia del cine quedaba cerrada a través de este film. En la primera parte Coppola nos había presentado las entrañas del negocio gangsteril, pincelando las figuras que componían la familia Corleone y cautivándonos con el nervio y la angustia que supone sobrevivir entre leones. Aun estando siempre presente el aura de Don Vito Corleone, un nombre propio resalía de ahí, Michael Corleone, y sobre él recaía el peso de la segunda entrega: los azotes morales que conlleva estar en su posición. Ahora, pasado el tiempo, la historia debía continuar: qué será de Michael, aquel lobo solitario que ya no sabía siquiera si existía la dulzura, la bondad, al terminar la segunda entrega de esta magna obra. 

El Padrino es una historia de pérdidas, porque así es la vida. En el camino, poco a poco, comienzan a aparecer las ausencias: Don Vito, Santino, Fredo, Tom Hagen. Nombres mayúsculos todos ellos. El adiós se hace sentir, más que nunca, en esta tercera parte. El tiempo avanza y con él llegan nuevas personas, pues Coppola le da nuevos aires a esta narración. Así, irrumpe la figura del hijo de Santino, Vincent Mancini; así como uno de los personajes femeninos más célebres de la saga, el de Mary Corleone, la hija de Michael, encarnada de una forma correcta por Sofia Coppola. Entre ellos surge una historia de amor que no me convence, no me gusta. Como tampoco me gusta Andy García, gran actor que no termina, sin embargo, de encontrar su sitio en esta obra. Si uno lo compara con James Caan, no hay color… la vehemencia y el temperamento de Sonny era creíble, emotivo, veraz. A Vincent, en cambio, no me lo creo. Quizás esta transición del ayer al hoy sea uno de los lastres que arrastra el guion más flojo de la saga: a mí hay muchas cosas que me parecen precipitadas.

Fundamental, más que nunca, es la presencia de Michael Corleone, acompañado en su vejez y crepúsculo por su fiel, leal y maravillosa hermana, Connie, a quien da vida de forma memorable Talia Shire. Aquel, por su parte, queda interpretado ahora por un Al Pacino más maduro. Su aparición es, de largo, lo mejor del film: no nos equivoquemos, esta es una historia de redención. Es la versión más humana de Michael, vulnerable y débil. Su única meta ahora es alejarse del pecado, vivir en paz… pero, ¿puede un hombre como él alcanzar este preciado poder? Salir de los negocios ilícitos, limpiar el nombre Corleone a través de una fundación, invertir en acciones de multinacionales y, sobre todo, asegurar una vida segura y confortable para los suyos, para sus hijos. Difícil tarea, más si cabe cuando el pasado no quiere marcharse. Además, un nuevo actor aparece por sorpresa en esta saga: la Iglesia católica romana. Un convidado de lujo, perfectamente esbozado.

Qué tristeza alcanza a transmitir Coppola, aun con la irregularidad del relato, a través de esta última entrega. El sentimiento vuelve a arreciar con fuerza. Pesarosa como nunca antes se había mostrado, así es la actitud de Michael y la esencia de este Padrino. El final me parece tan impactante y sobrecogedor como justo. Esto no podía acabar de otra manera. Igual que era preciso que esta tragedia se bañará en la nostalgia, evocando continuamente los tiempos pasados y cerrando el capítulo de esta familia en la maravillosa Sicilia. Magnífica película.

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The Godfather: Part II (1974)

padrinoDirección: Francis Ford Coppola
Guion:
 Francis Ford Coppola / Mario Puzo (Novela: Mario Puzo)

Producción: Paramount Pictures
Fotografía: Gordon Willis 
Música: Nino Rota / Carmine Coppola 
Montaje: Barry Malkin / Richard Marks / Peter Zinner
Reparto: Al Pacino / Robert De Niro / John Cazale / Diane Keaton / Talia Shire / Robert Duvall / Lee Strasberg / Michael V. Gazzo / Morgana King / Oreste Baldini
Duración: 200 min
País: Estados Unidos

Esta es, bajo mi punto de vista, la mejor película que se haya hecho jamás en esto del cine. Esta y El Padrino (1972), su predecesora. Es la familia Corleone, viviendo la etapa posterior a la II Guerra Mundial y destripada tan elegante como minuciosamente por el maestro Francis Ford Coppola. Apenas habían pasado dos años del estreno de la primera parte, y digamos que ha habido ciertos cambios, pues la Familia está instalada en Reno, lejos de Nueva York, tiene sus intereses ocupados en “legítimos” negocios hoteleros de Las Vegas y, principalmente, se alzan con la hegemonía en el panorama gangsteril del momento. ¿Cómo vive esta situación el Don de la Familia, Michael Corleone?

Ese es el interrogante principal al que responde Coppola en esta fabulosa película. La figura de Michael Corleone, interpretada a las mil maravillas por Al Pacino, queda al descubierto, totalmente desnuda, vulnerable. ¿Cómo consiguió hacerlo su padre, Don Vito? ¿Por qué con él todo encajaba a la perfección? “Los tiempos cambian”, se dice para sí mismo, pero el caso es que el mundo que le rodea parece hundirse. Las hienas le acechan en la oscuridad, las perfidias provienen de sus más allegados y sus ojos no dan crédito a todo lo que le está sucediendo. Connie, Kay, Fredo… su vida, la vida de su familia, se desmorona. ¿Cómo controlar el negocio si ni siquiera puede controlar a su familia? Qué poco le es necesario a Coppola (los personajes de Hyman Roth, Pentangeli y el Senador) para abrir esta tormenta de sentimientos que, en esencia, representa El Padrino II.

La fría expresión de Michael Corleone se mantiene, también sus calculadas maneras. Es un estratega inteligente y astuto, pero solitario. Ya no le queda nadie, ya no confía en nadie. Tom Hagen, su escudero más leal, es quizás el último recodo donde apoyarse. El poder le ha vencido, una destrucción íntima ha arrasado con su persona. Es la angustia del Don. Cuánto echa de menos a su padre. Tanto como Coppola, quien brinda un monumental tributo a la figura de Don Vito, desde su niñez en la cálida Sicilia hasta su despertar en Little Italy. El recorrido por la genealogía de la familia Corleone queda de este modo perfectamente plasmado: el retrato de la Familia está preparado para su exhibición.

Obra maestra, sin más. Es el mejor Coppola que uno pueda recordar. Son 200 minutos de cine auténtico. Más de tres horas que pasan volando, casi sin darte cuenta. Han pasado dos años, pero todo sigue igual. Así, la fotografía de Gordon Willis es magistral (fabulosa la escena de la Estatua de la Libertad), tanto como la melodía imposible de olvidar de Nino Rota. Todo al abrigo que ofrece el guion de Mario Puzo, pura emoción. Y sí, aquí ya no está -al menos, de cuerpo presente- Marlon Brando, pero aparece Robert De Niro para brindar la que probablemente sea la mejor interpretación de su extensa y talentosa carrera. No es el único que brilla, por supuesto. Al Pacino consigue transmitir esa insensata sensación de fría cercanía; está colosal. Igual que la sufrida Talia Shire, el desvalido John Cazale y, gusto personal, los inolvidables personajes a quienes interpretan tan tan bien Diane Keaton y Robert Duvall. Perfecta, así es El Padrino II; sentimiento convertido en cine y una escena, la del lago, que nunca podré olvidar. 

vitojong

Scarecrow (1973)

Scarecrow-1973-MSS-poster-3xlDirección: Jerry Schatzberg 
Guion:
 Garry Michael White

Producción: Warner Bros 
Fotografía: Vilmos Zsigmond
Música: Fred Myrow
Montaje: Evan Lottman

Reparto: Al Pacino / Gene Hackman / Dorothy Tristan / Ann Wedgeworth
Duración: 112 min
País: Estados Unidos

Estamos a comienzos de los años setenta y el capitalismo vive su época de máximo esplendor. El bienestar y el acomodamiento campan a sus anchas a lo largo de la geografía estadounidense. Sin embargo, siempre existen almas errantes, gente que no logra (o no quiere) entrar en las inercias del sistema. Es el caso de Max y Lionel, es decir, el caso de Gene Hackman y Al Pacino. Juntos, después de conocerse en una carretera perdida en mitad de la nada, protagonizan esta aventura en busca de su sueño, de su lugar en el mundo. 

Uno es tosco, agresivo y desconfiado. El otro es inocente, bondadoso y vulnerable. Pittsburgh y Detroit son sus referencias cercanas, sus destinos inminentes. Mientras Gene Hackman sueña con abrir un lavadero de coches en compañía de su nuevo socio, Al Pacino, a este último también le mueve la idea de conocer a su hijo, quien nació mientras él cumplía condena penitenciaria. Así, forman un tándem que luce empático como pocos. La anárquica dirección de Jerry Schatzberg consigue sacarle, por tanto, un buen provecho al talento interpretativo de sus actores. De hecho, esta cinta consiguió alzarse, ni más ni menos, que con la Palma de Oro. En este sentido, Gene Hackman está espléndido, como casi siempre. Venía de sobresalir en The French connection (1971) y estaba a un paso de firmar la excelencia en The conversation (1974), bajo el mando de Francis Ford Coppola. Por su parte, Al Pacino está en su mejor momento, el que va de 1971 a 1975: un enamorado drogadicto en Nueva York; el imperecedero Michael Corleone; un atracador de bancos en una tarde de perros; o el estoico Serpico. De este tiempo concreto, la interpretación de esta película es la más floja de todas ellas, pero aun así está de notable, si bien es cierto, pierde el pulso con Gene Hackman.

El guion tiene bien definidas sus líneas maestras, pues este film solo podía acabar de una manera. Así, la amistad surgida entre los protagonistas da sus frutos desde el comienzo hasta el final de la narración. Nos conmueve esta historia de errantes, sí, pero tiene el handicap de haber sido estrenada cuatros años después de la maravillosa Midnight cowboy, mucho mejor película que esta. Además, gusto personal, la coetánea En el curso del tiempo (1975), dentro de los márgenes de este tipo de relatos, también le supera con claridad. En cualquier caso, una historia agradecida de ver y escuchar. 

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The panic in Needle Park (1971)

P_nico_en_Needle_Park-323859532-largeDirección: Jerry Schatzberg 
Guion:
 Joan Didion / John Gregory Mills (Novela: James Mills)

Producción: 20th Century Fox
Fotografía: Adam Holender
Montaje: Evan Lottman
Reparto: Al Pacino / Kitty Winn / Alan Vint / Richard Bright / Kiel Martin 
Duración: 110 min
País: Estados Unidos

Needle Park hace referencia a un lugar triste, desangelado. Es uno de los puntos más oscuros de la ciudad de Nueva York. Allí suelen reunirse personas de todo tipo que coinciden en una cosa muy concreta: son heroinómanos. ¿Cómo es la vida de esta gente? Es el interrogante principal que resuelve Jerry Schatzberg a lo largo de este film. El cineasta responde a esta cuestión sirviéndose de una de las historias de amor más hirientes que se conozca, la entablada entre Al Pacino y Kitty Winn.

Los tres nombres mencionados coinciden en una misma característica, pues los tres eran prácticamente noveles cuando filmaron esta película. El director, Jerry Schatzberg, un rara avis en esto del cine (después de dos grandes películas se esfumó), le ofrece vigor y nervio a un relato demoledor. Suelta sin disimulos un golpe seco, resultando un film tan poderoso como frío. El irregular montaje baña de anarquía y cierto descontrol a la cinta, mientras que el guion posee diversas imperfecciones. Nada que no pueda solucionarse con el recital que nos brindan Al Pacino y Kitty Winn. Después de ver esta película, me llama la atención que una actriz tan formidable como esta detuviera su carrera en 1978, en plena juventud y apogeo artístico. En todo caso, aquí deja un trabajo imperecedero al encarnar a esa inocente y enamorada chica que gradualmente va convirtiéndose en una yonqui atrapada en las inercias de ese universo tan infame como es el de la droga. Su aliado, su amor y su ángel de la guarda no es otro que Al Pacino. Él está cautivador: joven y en plena forma, con ganas de demostrar todo el talento que tiene. Es 1971, apenas un año antes de estrenar The godfather, así que imagínense el recital brindado.

No es una película perfecta, pero en su imperfección radica su principal virtud. Contemplamos así una obra contestataria, llena de juventud y osadía. Ciertas escenas son de un realismo tal que, lo reconozco, tengo que echar la vista a un lado. Es el lado oscuro de la vida, los márgenes del sistema. Un amor fagocitado entre jeringuillas. Esto es lo que aquí se retrata, sin más: penitentes abocados, tarde o temprano, al “pánico”, a la destrucción personal más absoluta.

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What’s eating Gilbert Grape? (1993)

whats_eating_gilbert_grape_ver2Dirección: Lasse Hallström
Guion:
 Peter Hedges (Novela: Peter Hedges)

Producción: Paramount Pictures / J&M Entertainment
Fotografía: Sven Nykvist
Montaje: Andrew Mondshein 
Música: Björn Isfalt / Alan Parker 
Reparto: Leonardo DiCaprio / Johnny Depp / Juliette Lewis / Mary Steenburgen / Darlene Cates / Laura Harrington / John C. Reilly / Mary Kate Schellhardt
Duración: 118 min
País: Estados Unidos

Cualquier error que tenga ¿A quién ama Gilbert Grape? queda perdonado. Al menos, por mi parte. Y es que es un regalo de película, un tesoro inesperado que uno encuentra casi sin querer. Después de muchos años sin verla, anoche zanjé esta cuenta pendiente. Qué suerte la mía. Qué poco se necesita para hacer buen cine: el Medio Oeste norteamericano como escenario y una peculiar familia como protagonista. Más que suficiente. 

Lasse Hallström cuenta muy bien este tipo de historias. Es un artesano de los sentimientos. Hace de la sencillez la mayor de sus virtudes. Transforma la cotidianidad, la tranquilidad y el encanto que caracteriza a los “pequeños” lugares en una tormenta de sensaciones y emociones. Convierte la armonía en puro espectáculo. Un par de pinceladas le bastan para hacerlo. Ahí están las maravillosas The cider house rules (1999) y Chocolat (2000) como buena prueba de ello. Aquí se agarra a un personaje en especial, a una de esas interpretaciones que conforme quedan filmadas pasan a la historia del cine. Es Arnie, un joven discapacitado a quien encarna estupendamente un deslumbrante Leonardo DiCaprio. La empatía que levanta este chico, no lo digo por decir, es una maravilla.

En el fondo, todo se centra en Johnny Depp. Él es Gilbert Grape, la bondad hecha persona. Gracias a su personalidad, a su mirada y a sus vivencias lograremos adentrarnos en cada uno de los entrañables rincones que contiene este relato. Ayuda a ello la fabulosa partitura de Björn Isfalt, la agradecida elegancia de Juliette Lewis y el sensacional trabajo de Darlene Cates, la madre de nuestros protagonistas. Así, casi sin darnos cuenta, la sutil emotividad de este vitalista cuento nos atrapa, guardando además un mensaje final precioso. Totalmente recomendable, gran película.   

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