‘Un gran amor’. Bolígrafo o amor.

En 1989, un tal Cameron Crowe desembarcaba en el mundo de Hollywood a través de ‘Un gran amor’ (Say anything…), película de la que se servía para romper el hielo y comenzar a desfogarse en las artes del celuloide. Como primera película, no es que Crowe decidiera con ella cambiar el panorama cinematográfico. La apuesta no es arriesgada, pero sí cuenta con un argumento ciertamente nostálgico con claro aroma al cine teen de los años 80. En éste, un jovencísimo John Cusack y una seductora Ione Skye, daban vida a la pareja de tortolitos protagonista del film. La historia se sitúa en el verano posterior a la graduación (bachillerato) y previo al mundo universitario. Cuatro meses tendrá Lloyd para, por fin, hacerse con el corazón de Diane. ¿Se atreverá a coger el teléfono y llamarla?

Comedia romántica digna, rodeada de adolescentes con toda una vida por delante, también con adultos a los que la vida, al contrario, comienza a echárseles encima, y con dos jovencitos dispuestos a todo por conseguir estar juntos. Su mensaje es rebelde (en sintonía con el cine de Hughes), en clara referencia a la contraposición de la muchacha frente a la figura autoritaria del padre (un poco de ácidez extra con el tema de hacienda y los ancianos), y, sobre todo, al personaje de Cusack, quién se olvida de su futuro laboral, de su puesta en mercado y demás, centrándose en un aspecto más mundano: el amor por su chica (¿ocupación? estar con su hija). Tierna y divertida película en la que, entre otras cosas, se atisban ciertos rasgos del mejor Crowe.

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