‘Los Soprano’. Con el debido respeto, esto es una OBRA MAESTRA.

Es un relato serio, objetivo e imparcial de la cosa nostra. Sin sentimentalismos ni compromisos. Con sus agonías y crueldades. Áspero y frío. Irritante. Son infinitas las sensaciones que provoca su visionado. Compruébenlo, vean y juzguen. Esto es cine con letras mayúsculas.

* Final polémico. Hasta pensé por unos segundos (los mismos que duró el apagón) que algo le había pasado a la televisión. Te carcomen los instantes finales. El tipo que está en la barra parece su verdugo. La atmósfera del lugar recuerda a Michael en El Padrino. Se pide la sangre, el pago por los males creados. Pero, pensándolo bien, es el mejor final posible. Que cada uno lo juzgue a su manera. David Chase nos ha concedido esa oportunidad. Él sólo nos expuso el caso, la cruda realidad.

‘El asesinato de Richard Nixon’. Desmontando los mitos del capitalismo.

‘El asesinato de Richard Nixon’ es un retrato desolador de la derrota. Una derrota que sufre una buena parte de la población mundial de hoy en día. Aquí se centra en un tipo de clase media, Sam Bicke, interpretado maravillosamente, como casi siempre, por Sean Penn.

El desgraciado de Bicke encuentra el mundo al revés. Sin mujer, sin familia, sin empleo. Harto de la palabra vender, del culto al dinero. Él sólo reclama una parte del sueño americano, no quiere más. Es un tipo honrado al que la vida ha tratado muy mal.

“El sistema no va bien” cuenta él en sus confesiones. Se sabía conocedor de sus limitaciones. No era más que un grano de arena en todo un desierto. Sin embargo, quería demostrar que hasta el más minúsculo de los granos de arena podía tumbar a los poderosos, provocar un cambio.

Sam Bicke, con un aire que recuerda mucho en todo a Travis Bickle, desata su ira hacia ese gilipollas que aparece en la pequeña pantalla prometiendo el oro y el moro a pobres desgraciados como él. Estamos en 1974. Ha decidido borrar del mapa a Richard Nixon y a toda su cúpula. Hacer historia.

A través de ese pretexto, Sean Penn ha bordado uno de los mejores papeles de su carrera y nos ha retratado la derrota, la amargura y la soledad de los millones de granos de arena que hay en el mundo. El sistema no va bien, hay que hacer algo para cambiarlo.

‘El asesinato de Richard Nixon’ ha puesto nombres y apellidos a cada uno de los verdugos del sistema. Desde el presidente del gobierno, pasando por tu jefe, el lameculos de tu compañero de trabajo que si te puede pisar la cabeza te la pisará, el arrogante director del banco o hasta tu propio hermano a quién pesa más el verde del dólar que el sentimiento familiar.

Todos están en el sistema. Todos buscan lo mismo: dinero y poder. Son retratados, infinidad de veces, como mitos. Sin embargo, hubo un tipo al que no atraía eso. Un tipo honrado. Se llamaba Sam Bicke. Un tipo sensato y cuerdo al que la desesperación, la crueldad del capitalismo y todas sus consecuencias, le hicieron estallar. Un simple loco, en cambio, del que reírse para todos los subordinados fieles al sistema.

* Aquí la voz en off no es ningún lastre, más bien todo lo contrario. A través de ella Bicke rezuma toda su amargura, su tristeza y desesperación. Grandiosas son cada una de las palabras con las que se confiesa hacia el maestro Leonard Bernstein.

‘Regreso a Moira’. Hablamos de amor y redención.

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‘Regreso a Moira’ forma parte del ciclo “Películas para no dormir” destinado para la emisión por televisión sin paso previo por los cines. Entre los distintas directores que formaron parte de ello estuvieron ilustres del terror y la intriga nacional como Balagueró (Los sin nombre), Plaza (El segundo nombre), De la Iglesia (El día de la bestia), Narciso Ibáñez Serrador (La residencia), Enrique Urbizu (La caja 507) o el propio director de este telefilm, Mateo Gil (Nadie conoce a nadie).

Este telefilm se nos vende como un producto de terror cuando realmente no lo es. Si destapamos su envoltura, encontramos un fondo con historia, una historia de calidad que habla del amor, de su desdicha y de sus infinitos quebraderos de cabeza. 

Juán José Ballesta y Natalia Millán nos cautivan con una historia, en esa, imagino, Castilla profunda,  en la que nos hablan del poder de las brujas y las santas. De la bondad de esas mujeres vestidas de negro que adoraban al párroco del pueblo, veneraban al cielo con fervor y rezaban por su pan de cada día. Son una parte de la memoria colectiva de esta nación.

Una parte de nuestra historia que era capaz de satanizar a todos aquellos que no estuviesen de parte de su radicalismo católico. En esta ocasión, la víctima de ese fanatismo es Natalia Millán, una mujer soltera alejada del pueblo y que cometió el error de tontear con jovencitos, entre ellos el joven Tomás, y practicar abortos en clandestinidad durante la noche.

Craso error. Un error que le costó la vida en ese pueblo de beatas y curas. En ese pueblo donde el despecho de un inmaduro chaval al que había prometido amor eterno, le costaría muy caro a la pobre “bruja”.

Amor y un pasado lleno de amargura y cargos de conciencia se dan la mano en esta cinta de Mateo Gil. La vuelta a Moira por parte de Tomás, a esa casa donde habitaba dicha mujer, esa en la que el joven encontró por primera vez el amor. Un amor desdichado con el que tendrá que reconciliarse, un amor al que deberá pedir clemencia y libertad. Su reconciliación y redención.

Hay que añadir que la historia está claramente dividida en dos: presente y pasado. La parte del pasado, pese a la mala interpretación de Ballesta, es notable, lo mejor del film. Un film que, sin embargo, naufraga en la historia del presente, donde el terror busca salir a escena, casi como una impostura cuando de lo que se habla es de amor, aunque en más de una ocasión vayan de la mano. Valga como resumen de lo “terrorífico” de la parte actual la escena en la que el Tomás anciano monta a cuatro patas a una momia. Lamentable. Excesivo lastre para que el conjunto del film sea redondo.

‘La habitación del niño’. Cámaras con walkie talkie y fantasmas.

‘La habitación del niño’ forma parte del ciclo “Películas para no dormir” destinado para la emisión por televisión directamente. Entre los distintas directores que formaron parte de ello estuvieron ilustres como Balaguerò, Plaza o el director de este telefilm, Alex de la Iglesia.

Una casa abandonada durante la Guerra Civil. Dos niños jugueteando. Un secreto guardado, una anciana que lo ha mantenido durante el paso del tiempo…. y dos jóvenes recién casados con su pequeño bebé de mudanza a la casa de sus sueños.

Recién llegados, el marido, el tipo de Borjamari, empieza a ver sombras en la oscuridad, voces en la noche. La casa le inquieta. Dice creer que hay fantasmas que ponen la vida de su hijo en peligro. Además la Watling lo tiene a pan y agua en la cama, sin posibilidad de escape. Obsesionado entre unas cosas y otras, el pobre lo pasa tan mal… que la Watling decide tomar por loco a su marido y a sus fantasmas  enviándolo así a hacer puñetas.

El chaval coge paranoia. Un loco le cuenta que hay una caja con un gato, una caja que si abres puede hacer estallar la vida del gato que hay en su interior. Es decir, puede que en su casa haya una realidad sobredimensionada. Dos vidas paralelas a las cuáles sería mejor dejar como están, sino la cosa podría acabar muy, muy, muy mal.

Él, cómo no, no dejará las cosas estar. Abrirá la caja. O mejor dicho la puerta. Expondrá su vida y la de su mujer al peligro, a esa realidad paralela, conectando dos mundos, el real y el fantasmagórico. ¿Cómo? Con unos cuantos walkie talkies con cámara integrada. Nadie puede negar que el producto es ‘Made in De la Iglesia’.

El bilbaíno se lo pasa en grande con este telefilm sin grandes pretensiones que lo único que busca es entretener y por momentos aterrorizar. Realmente lo consigue. Buena.

‘Sicko’. Por una sanidad universal.

Sicko es una denuncia abierta frente al sistema sanitario estadoudinense. En una sociedad como aquélla,  de corte liberal individualista, todo lo que tenga que ver con la palabra Estado chirría. Una vez cruzas esa línea caes en el peligro de ser comparado con un socialista, un comunista o el mismísimo  satanás.

El documental realiza un recorrido por distintos países, Canada, Cuba, Francia e Inglaterra, analizando, superficialmente, la sanidad de cada país respectivo y comparándola con la estadoudinense.

Destapa el oscuro juego de los intereses políticos y económicos. Inquieta ver cómo se compra a un congreso. Es duro hacerse a la idea de que millones de personas ciudadanas del país más rico del mundo no tienen cubiertas sus necesidades sanitarias de una manera universal. Si te rompes una pierna, pagas. Si no pagas, te abandonan en la calle malherido.

Podríamos decir que la ley de maximización de beneficios se aplica de una manera sistemática, temeraria. Aquí primero se piensa en los costes y beneficios económicos, luego ya nos encargaremos de tu salud. Estoy diciendo, que si tienes cáncer y requieres de una operación para no morir, ellos probablemente no te la concedan. Aleguen cualquier excusa barata para no realizar un gasto superfluo. Es un palo ver que estas cosas aún ocurren.

Y para denunciarlo, ahí está Moore. Qué mejor fórmula que irse al país vecino, Cuba, eterno enemigo, para restregarle a los yanquis por la cara que los cubanos son mejores que ellos en cuanto al tipo de sistema sanitario. Moore sabe los puntos débiles, y los ataca como nadie. Te gustarán más o menos, las formas pero el fondo está ahí.

‘Al final de la escalera’. La casa reclama venganza.

‘The Changeling’ es una producción canadiense dirigida en 1980 por Peter Medak, un director del montón que se esmeró en esta ocasión para regalarnos una auténtica joya del cine de terror. El film está interpretado de una manera magistral por George C. Scott (Hardcore), y en el guión encontramos los nombres de Wiliam Gray (Noche de graduación) y una desconocida Diana Maddox. Como curiosidad podemos añadir que es la película, por excelencia, fetiche de Alejandro Amenábar, la cuál ha dejado una buena seña en la posterior carrera de éste.

Un profesor y compositor musical queda destrozado tras sufrir el golpe más duro de su vida: la muerte de su mujer e hijo en accidente de carretera. Con el fin de borrar su pasado, John Russell, se mudará a una nueva casa, algo parecido a una mansión. Sin embargo, pronto descubriremos que el caserón en cuestión está encantado. Extraños ruidos en la noche, cristales rotos y golpes atormentarán al profesor en su corta estancia. Decidido a entender el por qué de ello, Russell recurrirá a una sesión de espiritismo que resultará muy reveladora. El secreto saldrá a la luz. Un pasado que ha vuelto al presente pidiendo venganza, ansiándola.

El inexplicablemente desaparecido, a la postre, Peter Medak, crea un auténtico peliculón combinando el misterio y la intriga con el terror. Un terror que conducirá al protagonista a indagar en el pasado de la casa, un pasado muy lúgubre que esconde oscuros secretos.

Un matrimonio imperial; un hijo muy enfermo; la muerte de uno de los cónyuges; una herencia en juego; un crimen; el paso del tiempo en la casa; un nuevo inquilino; una habitación secreta. Con estos ingredientes, nos brindan en bandeja de plata una historia que te cautiva y te mantiene en tensión durante cada minuto de su visionado. Una historia que habla acerca de bastantes cosas, como la imperfección del crimen, el poder del dinero o la sed de venganza. De cómo el tiempo no logra cerrar todas las heridas. Todo ello agitado con una buena dosis de elementos del mejor terror psicológico (bañera, pelota, piano, silla de ruedas, etc.) que muy gustosamente hubiese firmado el mismísimo Hitchcock. La mejor película de terror que yo haya visto jamás.

‘Up’. Aventureros.

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‘Up’ es el nuevo estreno de la Pixar, esa increíble productora que siempre nos deleita con sus obras. A los mandos del timón encontramos a Bob Peterson, también guionista, y Peter Docter (Monstruos SA). Vigilando la función desde arriba, está el gran John Lasseter (Toy story). Como curiosidad, decir que visioné esta película en los Cines Lys de Valencia, pasando a mi historia personal por ser la primera, y posiblemente última, película que vi en 3-D, haciendo nacer así en mi interior el deseo de no propagación de dicho tipo de cine.

¿Qué harías si el amor de tu vida ya hubiese desaparecido de ésta? ¿Y si además fueses un viejo que probablemente sufriera de próstata y cataratas? Más aún, ¿qué ocurriría si el pelotazo urbanístico te apartará de todo aquel tiempo pasado que tanto añoras con nostalgia?

Posiblemente, en una de esas, te diese por atar tu casa a un sinfín de globos de helio para volar rumbo a un nuevo lugar del mapa al que siempre te hubiese gustado ir tomando como compinche a un jovencito boy scout que te ayude en tan ardua tarea.

Con esa simple historia, tan soñada por algunos en su niñez, ese entrañable anciano consigue hablarnos de una cosa muy importante en la vida: el amor. Un amor que dentro del eterno enfrentamiento bondad/maldad, dentro de lo perenne de la lucha de clases, independientemente del lado que se equilibre la balanza y del tiempo en el que nos encontremos, siempre consigue hacer la vida más llevadera.

“Up” es, principalmente, un canto al amor. Un canto a esos sueños que por reales parecen menos sueños. 

*Spoiler*

[1] El recorrido a lo largo de la vida de la pareja, Ellie y Carl, es extraordinario. Sólo por esos pocos minutos que recorren su vida, por esas escenas maravillosas, esta película ya vale la pena.

[2] Carl, ya anciano, abre el libro de aventuras que compartía con su amada. Ahí, en el apartado “cosas que voy hacer”, su mujer describe la aventura más bonita de su vida: el día a día con su amado.

‘True blood’. Bienvenidos a Bon Temps.

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True Blood es una serie de ficción creada por Alan Ball, guionista (American Beauty) y también creador de otra serie de la HBO, ‘A dos metros bajo tierra‘. La serie data del 2008 y está interpretada principalmente por Anna Paquin (X-Men).

Gracias a la invención de sangre sintética por parte de un científico japonés, los vampiros han pasado de ser, de la noche a la mañana, monstruos legendarios a respetables ciudadanos. Y aunque han quitado a las personas de su menú, muchos humanos permanecen aprensivos a que estas criaturas “salgan del ataúd”. Líderes religiosos y representantes políticos del mundo entero ya se han posicionado, pero en un pequeño pueblo de Louisiana aún no se han pronunciado al respecto“.

La ficción nos sitúa en Bon Temps, un pueblecito perdido en medio de la nada de Louisiana, en el corazón del sur de los Estados Unidos. Allí, Sam regenta un bar en el que tiene empleada a Sookie, la inocente protagonista. Ésta, es hermana de Jason, el patán por excelencia, del cual está enamorada Tara, la mejor amiga de Sookie. No muy lejos de allí, en una casa medio abandonada, vive Bill Compton, un siniestro vampiro del que quedará prendada Sookie.

La trama de la serie tendrá como hilo conductor una serie de asesinatos que tendrán sus ramificaciones en el devenir de cada personaje. Así, Alan Ball, con ritmo pausado, nos mostrará los problemas emocionales, los líos de faldas, los secretos, el pasado de cada uno, el amor y la vida en general de dicha población. Creará un retrato social a través de un paisaje coral en el que Ball no olvidará lo principal: en esta ficción los vampiros son respetados por la ley, forman parte del conjunto de la sociedad. ¿Cómo llevarán esto en un pueblo tan segregacionista históricamente como este?

True Blood es una original propuesta que esconde detrás de su máscara de terror, sangre y mordiscos una importante cuestión: la integración y convivencia en sociedad de dos razas “diferentes”. ¿A alguien le ha recordado esto a la Lousiana de los años 60? ¿verdad que no?.

‘Mr. Brooks’. Daba para más.

Costner es un empresario ricachón que tiene el mundo en sus pies, lo tiene todo en esta vida. Sin embargo, tiene un problema: William Hurt, quien es una parte de su mente que le hace sacar lo peor de sí mismo, su otro lado. Un lado que tiene una adicción, la de asesinar. Costner, Mr Brooks, es un asesino en serie.

La película comienza bien. El bueno de Kevin asesina a una pareja mientras fornicaba. A partir de este momento, se acaba el film. Todo lo que viene después es un cúmulo de insensateces. Aparece la hija de Kevin fugada de la universidad, la cuál parece ser una psicópata también (memorable escena “final”). Tenemos a un colgado mirón que presenció el asesinato de Mr. Brooks y ahora quiere colaborar con él. Está Demi Moore en el papel de policía hija de Rockefeller tratando de capturar al malo, y por último, un tal “Verdugo” que es una especie de asesino pero que no se muy bien que papel juega en esta película.

Lo dicho, a pesar de la brillantez del reparto, la película se queda en nada. Si el objetivo era enviar un mensaje y provocar una reflexión acerca de la violencia en nuestra sociedad a través de los distintos personajes, entonces no lo consigue. Si lo que quería, por el contrario, era meterse de lleno en la mente de un asesino, profundizar en ello, tampoco lo consigue, se queda a medias.

Lo único salvable, a parte de ver a Demi Moore en escena, que nunca está de más, el papel de William Hurt. De largo lo mejor del film. Sus conversaciones con Kevin, la representación de ese lado oscuro en la mente de un asesino, es interesante. Si la película hubiese tirado más por ahí, estaríamos hablando de algo muy diferente. Desaprovechada.