‘Los abrazos rotos’. Reconciliándose con el pasado.

En Los abrazos rotos se nos presenta una orgía amorosa. Lena es una actriz frustrada. El sueño de ser artista se esfumó, ahora es la secretaria de un tirano de las finanzas, Ernesto Martel. Ernesto es un obseso de Lena. El “amor” que siente por ella sobrepasa los límites de lo racional, sin embargo, no ha sabido encontrar el momento de hacérselo saber. El detonante que lo precipitará todo será la enfermedad del padre de Lena, quién por no ver morir a éste en unas pésimas condiciones, aceptará ser la puta de por vida del repugnante Martel. Ésta relación se prolongará hasta que aparezca un nuevo personaje en ella, Mateo Blanco. Un cineasta brillante que se topará con Lena, a la que satisfará sus deseos de ser actriz con el rodaje de su nueva película, Chicas y Maletas. La entrada de Lena en éste mundo será vista con recelo por dos personas. Una es Ernesto Martel, quién vigilará a su amor a través del rarito de su hijo. La otra es Judit. Madre soltera y directora de producción de Mateo. No verá con buenos ojos la entrada en la vida de Mateo de Lena, pues su amor eterno está dirigido hacia la figura de Mateo.

Ésta orgía, estallará cuando Lena, harta de su vida de puta, se refugie en los abrazos de Mateo. Juntos escaparán de las garras obsesas de Ernesto Martel. La isla de Lanzarote será el destino. Un lugar dónde refugiarse del mundo. Sin embargo, no hay lugar en el que esconderse de un sádico como Martel, quién encontrará en Judit, dolida por la marcha de Mateo, una aliada para encontrar a su amor fugado.

Lanzarote marcará el final de éste idilio: fruto de un accidente de coche, Lena morirá y Mateo permanecerá ciego para el resto de sus días. Un suceso traumático, doloroso, oscuro.

El manchego construye una (¿su?) historia a partir del “renacido” Harry Caine, antiguo Mateo Blanco. Una historia de una grandeza visual potente, entretenida, cautivadora y con escenas magníficas tales como la de Lola Dueñas y los labios, Lena a lo Cleopatra, Lena fumando en Ibiza con un muerto al lado, la concejala Machi, las manos y el televisor, el guión de vampiros o los homenajes de Almodóvar a su cine.

Quizás sea algo menos emotiva que sus film predecesores y con un final metido un poco con calzador, pues el “misterio” de saber si RayX es el asesino de Lena, el discurso de culpabilidad de Judit o la paternidad sobre Dieguito no hacen sino dar sensación de que no se ha sabido rematar ésta trama que quizás haya buscado aspirar a más de lo que nos podía dar. Puede que haya pecado de ambiciosa. Sin embargo, sí que ha sabido dar una visión oscura de un pasado. Un pasado complejo, turbio. Un pasado al que Harry Caine tratará de encontrar una salida para alejarse de esa oscuridad. Reconciliar el pasado, por muy oscuro que sea, con el  presente. Pues, como así se ha dicho, “las películas hay que acabarlas, aunque sea a ciegas”.

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