‘Dark shadows’. Divertida comedia vampírica.

En el año 1966 se estrenaba en televisión ‘Dark shadows’, bajo la atenta mirada de su creador, Dan Curtis. Bien, pues casi cincuenta años después el friki de Tim Burton, rodeándose de amigos y familiares (Depp y Bonham Carter son dos clásicos, pero también la Pfeiffer), estrenaba su propia revisión del “clásico”, en lo que viene a ser, más o menos, su quinto remake consecutivo (junto con Charlie, Sweeney Todd, Alicia y Frankenweenie).

Visualmente perfecta, el cine de Burton sigue teniendo ese poder de fascinación especial para nuestros ojos. La factura técnica es de diez. Además, el reparto habla por sí solo: Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Helena Bonham Carter, Christopher Lee y Jackie Earle Haley, entre los consolidados. Sin olvidar caras menos conocidas como las de Eva Green, Bella Heathcote y Chloë Grace Moretz. Un lujo. A todo esto, ¿y la historia? Sin grandes pretensiones, esta comedia queda agitada por el terror y lo fantástico, permitiéndose un toque romántico y adornándose entre vampiros, brujas y  mujeres lobo. Supone, también, un recorrido muy particular, entre la nostalgia y la parodia, por la década de los setenta, al ritmo marcado por un repertorio musical muy atinado.

En fin, obra menor (aunque recomendable) en la filmografía de Tim Burton. El cineasta parece darse un capricho homenajeando, creo yo, a una serie que debió gustarle durante su excéntrica infancia. Película ligera, estrambótica, graciosa y fresca. Se ve con gusto.

7/10

‘From dusk till dawn’. Titty twister.

Tarantino ya tenía caché cuando se lanzó, de un modo tan gamberro, a escribir/estrenar ‘Abierto hasta el amanecer’. Había mostrado sus dotes con ‘Reservoir dogs’ (1992), nos había dejado alucinados con el guión de la mítica ‘True romance’ (1993), y ya formaba parte de la historia del cine por la excelentísima ‘Pulp fiction’ (1994). Era el año 95, y tocaba divertirse. Sí señor, y qué mejor colega que un tal Robert Rodríguez para conseguir tal cometido por cuenta doble: ‘Four rooms’ y la obra que aquí nos ocupa. La fiesta la pagaron los hermanos Weinstein (por la vía Miramax) y los chicos de A band apart (Lawrence Bender, además de los coautores de esta cinta), engalanándola, hablando de reparto, con el feo de Tarantino, un tal George Clooney (aún no era el galán del nespresso), valores consagrados como Harvey Keitel o Juliette Lewis, sin olvidar al mítico Danny Trejo ni a la incendiaria Salma Hayek.

Hay dos partes claramente diferenciadas en esta película, y México ejerce de frontera entre ambas dos. Una, la primera, me gusta mucho. La lógica que marca el ritmo no es otra que la huida de los reos (con secuestro incluido) hacia la libertad (entendida, por nuestros protagonistas, como una farra crónica). De un modo u otro, el prólogo está en el top10 del cine americano de los 90. Es el momento culmen, así de inicio, de las fechorías de los hermanitos. Pero no conviene olvidar la magistral interacción entre los criminales bravucones y la familia del reverendo (sí, la tensión sexual enfermiza entre Tarantino y Lewis es de lo mejor de la cinta). Luego, pasada la vibrante escena de la frontera, viene la segunda parte: México, el desierto y ‘La teta enroscada’. Ojito porque aquí tienen una de las cintas, con vampiros de por medio, más fresca, alocada y divertida que ha parido Hollywood en su larga vida (gracias a los Weinstein por meter su dinero en esta barbarie argumental). El baile de la Hayek es el preliminar idóneo para abrir el apetito ante la cascada fanfarrona, chulesca, colmillera y sanguinolenta que inunda nuestra atención.

En fin, admitiendo cierto grado de sobrevaloración por mi parte, he de reconocer que ‘From dusk till dawn’ es uno de los híbridos (road movie, comedia, thriller, acción, terror) más gratificantes que yo haya visto nunca. Eso sí, no le busquen la profundidad ni la reflexión a la cinta, porque no la encontrarán. En su lugar tienen oficio, tensión, clase, ingenio, espectáculo, diversión y entretenimiento a raudales. Forma parte del Club.

8/10

‘Vampiros en la Habana’. Peculiar divertimento.

‘Vampiros en la Habana’ es una cinta de animación visualmente bastante pobre y horrenda. Al margen de los detalles ténicos del film, la historia, aunque mejor, tampoco es como para tirar cohetes. Sí que es cierto que supura sátira por los cuatro costados, pero la trama me acaba por parecer liosa, enrevesada y caótica. Y ya es raro en un peli de tan poca duración.

El caso es que Juan Padrón se sacaba de la manga a Pepe, un vampiro que gracias al saber de su tío, puede ver el sol sin ningún problema. El milagro tiene forma de pócima, y se llama Vampisol, elaborada en la Habana. Y hasta allí que irán los chupasangres más hambrientos. Estarán todos, los financieros norteamericanos, los imperialistas europeos, la mafia estadounidense. ¡Hasta el cornudo de Machado andaba por allí detrás de la pócima! Pero Pepe como buen cubano que es, evitará el lucro, la avaricia y el negocio. Con una radio popular y a ritmo de trompeta, desvelará a todo el mundo (vampírico) la fórmula. En fin, curiosa película, que tiene sus momentos de sarcasmo, pero poco más. No creo que le guarde especial cariño. De todas formas, comparada con ‘Crepúsculo’, es una auténtica joya.

‘Daybreakers’. Refrito indigesto.

Otra vuelta de tuerca más a un género ya explotado de mil maneras por Hollywood. En este caso, los vampiros se han apoderado del mundo. Existe una sociedad vampírica totalmente extendida, en la que los humanos no son más que animales de los que alimentarse, a los que drenar su sangre.  Ley de vida, el pez grande se come al pequeño. Sin embargo, hay un problema, tanto para unos como para otros. Los humanos están en extinción y, por lo tanto, los vampiros no tienen qué comer. A partir de aquí, hay dos caminos. Por un lado, encauzarse por el de la crítica, al estilo Alan Ball, a nuestra consumista sociedad, algo que se vislumbra en ciertos diálogos, y sobre todo, en el personaje de Sam Neill. O, tirar por lo fácil, que es lo que hace el film, acabando con la novedad y planteando el combate en el que nosotros ocupamos el rol de buenos, y los vampiros son los malos. “La batalla entre humanos y vampiros ha empezado” que nos vendía el marketing del film, se desarrolla a base de topicazo tras topicazo.

Floja incursión en el mundo de los vampiros, un producto que parece haberse subido al carro de ‘Crepúsculo’ y ‘True Blood’, aprovechando el tirón existente. Es un refrito de todo lo visto en anteriores ocasiones. Cositas cogidas de aquí y de allá, como “el coche fantástico”, los humanos drenados al estilo “Matrix”, el científico Ethan Hawke haciendo de Will Smith en “Soy Leyenda”, el estilo zombies de “28 días después” montando el caos por las calles o con la infraespecie, o la lucha “Vampiros de John Carpenter” por parte de los humanos con sus ballestas. También habrá happy end, of course. Además, a todo ello hay que añadirle que por momentos parece que estemos ante un anuncio publicitario, con escenas muy breves encadenándose, dando fe del gran talento existente en los hermanos Spierig para el mundo del cine-marketing. Lo que resulta más dañino es lo de Ethan Hawke y, sobre todo Willem Dafoe, viendo como desperdician su talento en esta bazofia. Totalmente desaprovechada.

‘Crepúsculo’. Marketing puro y duro.

‘Crepúsculo’, por encima de todo, es aburrida. De hecho, creo que no ocurre nada durante los primeros ochenta minutos en los que Catherine Hardwicke se dedica únicamante a relatarnos el nacimiento y la consagración de un amor lleno de impostura, cursileces y caras bonitas, con alma de videoclip, entre un vampiro bonachón y una jovencita un poco peculiar, que tiene un objetivo muy claro: encandilar a las quinceañeras del mundo mundial para que se dejen sus seis dólares/euros de sus correspondientes bolsillos en una entrada más unos cuantos dólares de más en toda la gama de productos que sigue a la peli.

En los últimos minutos, sabedores de qué la cosa había quedado un tanto hueca, decidieron darle un poco de acción sin sentido, un poco de garra, insuficiente. Los que esperen un film tradicional de vampiros, que se vayan olvidando de ello. Es más, he dicho ¿vampiros? A lo sumo verán a cuatro modelos sacados de la revista de moda del Corte Inglés jugando al béisbol. Ah, se me olvidaba. Aquí los vampiros no se abrasan al ver el sol, si no que les sale purpurina y están hasta más guapos. Mala, mala y mala. Me quedo con True Blood. Exlcusivamente para teens enamorados o con ganas de enamorarse. El resto, abstenerse. 

‘True blood’. Bienvenidos a Bon Temps.

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True Blood es una serie de ficción creada por Alan Ball, guionista (American Beauty) y también creador de otra serie de la HBO, ‘A dos metros bajo tierra‘. La serie data del 2008 y está interpretada principalmente por Anna Paquin (X-Men).

Gracias a la invención de sangre sintética por parte de un científico japonés, los vampiros han pasado de ser, de la noche a la mañana, monstruos legendarios a respetables ciudadanos. Y aunque han quitado a las personas de su menú, muchos humanos permanecen aprensivos a que estas criaturas “salgan del ataúd”. Líderes religiosos y representantes políticos del mundo entero ya se han posicionado, pero en un pequeño pueblo de Louisiana aún no se han pronunciado al respecto“.

La ficción nos sitúa en Bon Temps, un pueblecito perdido en medio de la nada de Louisiana, en el corazón del sur de los Estados Unidos. Allí, Sam regenta un bar en el que tiene empleada a Sookie, la inocente protagonista. Ésta, es hermana de Jason, el patán por excelencia, del cual está enamorada Tara, la mejor amiga de Sookie. No muy lejos de allí, en una casa medio abandonada, vive Bill Compton, un siniestro vampiro del que quedará prendada Sookie.

La trama de la serie tendrá como hilo conductor una serie de asesinatos que tendrán sus ramificaciones en el devenir de cada personaje. Así, Alan Ball, con ritmo pausado, nos mostrará los problemas emocionales, los líos de faldas, los secretos, el pasado de cada uno, el amor y la vida en general de dicha población. Creará un retrato social a través de un paisaje coral en el que Ball no olvidará lo principal: en esta ficción los vampiros son respetados por la ley, forman parte del conjunto de la sociedad. ¿Cómo llevarán esto en un pueblo tan segregacionista históricamente como este?

True Blood es una original propuesta que esconde detrás de su máscara de terror, sangre y mordiscos una importante cuestión: la integración y convivencia en sociedad de dos razas “diferentes”. ¿A alguien le ha recordado esto a la Lousiana de los años 60? ¿verdad que no?.

‘Låt den rätte komma in’. Amor sangriento.

Oskar, un rubiales del norte europeo, siente el asfixiante acoso y maltrato de sus compañeros de colegio. Todos los días es perseguido por diversos niños, quiénes le hacen vivir atemorizado. Una noche mientras fantasea en su habitación acerca de asesinar a sus verdugos, observa a través de la ventana la llegada de unos nuevos vecinos, un padre y su hija.

A partir de aquí, entablará una relación de amistad con la niña, que evolucionará hacia el amor que se sienten el uno con el otro. Sólo habrá una peculiaridad, no podrán verse más que por la noche. Pues Eli es una vampiresa de 12 años de edad, al igual que Oskar.

La llegada de la niña a la ciudad supondrá un cambio en la situación de las cosas. Se sucederán los asesinatos, los degollamientos y los mordiscos. Además, la confianza depositada por parte de la niña en Oskar, hará que éste se defienda de sus malvados perseguidores. Algo habrá cambiado.

El transcurso de esta relación amorosa teñida de sangre nos mantendrá en vilo, inquietantes a la espera de como transcurrirán los acontecimientos. Una relación tan imposible como entrañable. Tan incomprensible como acogedora. Dos aislados del mundo. Dos seres que se quieren. Eli y Oskar.

‘Déjame entrar’ no es una película de terror típica. Es una bonita historia de amor que se entrelaza con diversos asesinatos, degollamientos, mordiscos, vampiros en llamas y sangre en la nieve. Es un todo en equilibrio, el equilibrio entre el desarrollo de la relación sentimental entre ambos muchachos, y el desarrollo sangriento en el contexto en el que se vive dicha historia. Original propuesta que nos deja un final marcado por una orgía sangrienta en la piscina del colegio. Finalmente, los dos amados superarán a su entorno, sobrevivirán a golpe de sangre. Partirán, en tren rumbo hacia alguna parte, el joven rubiales y su maleta.

‘Near dark’. Vampiros, cowboys, oscuridad y sangre.

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Caleb Colton es un joven cowboy que una noche cualquiera en la árida Oklahoma sale con su camioneta a tomar algo con sus amigos. Esa noche, observa a una muchacha, Mae, tomando un helado. Aturdido por la belleza de la chica, Caleb se acerca a ella y le invita a pasear junto a él en su camioneta. A mitad camino, Mae le hace detener el vehículo. Bajan de él y observan el cielo, repleto de estrellas. ‘Dentro de millones de años, llegará la luz de esa estrella hasta aquí, y yo seguiré aquí para verla‘ le dice Mae al joven vaquero. Caleb, sin acabar de entender lo que le acababa de decir, la invita a seguir con él, hasta que la joven se fija en la hora. Está apunto de amanecer y Mae le reclama que la lleve rápidamente de vuelta. No será así, pues Caleb enamorado de ella, pide un beso a cambio del retorno. Mae ante la terrible tentación, se lanza al cuello del joven con sus colmillos, le muerde y se marcha corriendo. Caleb sorprendido, sale de la camioneta y echa a correr. Nota extrañas sensaciones. El sol le abrasa. Intenta llegar a casa con andar moribundo. Su hermanita y su padre se cercioran del mal estado del chico. No podrán hacer nada, pues un grupo de bandidos lo secuestra ante su impotente mirada.

De esta forma da comienzo esta road movie que mezcla el género vampírico con el western. La historia de un cowboy que ante los infortunios de la vida, se verá obligado a unirse a un grupo de vampiros salvajes contra los que deberá enfrentarse, al mismo tiempo que sentirá como el amor que siente por Mae va en aumento. Su lucha irá encaminada a escapar de esa existencia basada en una vida nómada por los peores antros del medio-oeste americano asesinando y chupando la sangre de todo aquel que se les cruce. Al mismo tiempo, no querrá separarse de su joven amada, Mae, a la que tratará de salvar para que pueda escapar con él de ese infierno al que fueron introducidos. 

Original propuesta la que realiza la directora Kathryn Bigelow con esta Near Dark. Western ochentero en el que los protagonistas no son los sheriffs ni los forajidos del siglo XIX. Son macarras vampiros y cowboys juveniles inmortalizados a través de una excelente fotografía y una impresionante ambientación. A pesar de la originalidad de la propuesta, a uno le da la sensación de que podría haber sido mucho más. Una obra imperfecta. Roza la grandeza, pero no llega a ella por un final de empaque, un final que deja la sensación de que no se ha sabido rematar la historia. Todo acaba de manera previsible, aunque ese no es el mayor problema en sí, sino el cómo se llega a esa previsibilidad. La vuelta a la humanidad de los dos enamorados es un tanto irrisoria, así como el precipitado final del ‘grupo salvaje’ de vampiros. Película que representa, como tantas otras, un ejemplo más de lo que pudo ser y no fue. Pese a ello y teniendo en cuenta el resto del film, correcta película.

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