Qué decir sobre… «Waking life» (2001)

Waking_Life-164464544-largePocos son los que dudan a estas alturas de la siguiente afirmación: Richard Linklater es un genio. Es difícil dudarlo, sobre todo si uno a visto la mejor historia romántica de los últimos tiempos, desplegada a través de una fabulosa trilogía compuesto por Before sunrise (1995), Before sunset (2004) y Before midnight (2013). Por cierto, los nueve años que hay entre película y película… no son casualidad. Además, se está anunciando, rodeada de un tsunami de críticas positivas abrumador, el inminente estreno de Boyhood (2014), otra película que seguro no pasará desapercibida.

En fin, a Linklater no le gusta el gris. Lo pone de manifiesto a través de esta rareza llamada Waking life. No es una obra mayor, ni mucho menos. Es una película estridente, compleja y ataviada de innumerables conversaciones filosóficas, principalmente. Además, contiene otro alarde de rareza: la película está filmada de un modo animado, pero los actores son de carne y hueso. Todo destila virtuosismo, pero también un punto de locura creativa.

El caso es que Waking life te asesta un golpe y termina por despertarte bruscamente. Lo hace de un modo extravagante. Y por el camino, conviene decirlo, me aburro con alguna que otra conversación. Prolífica labia y encanto visual para una de las películas más extrañas de la pasada década.   

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Qué decir sobre… «Sen to Chihiro no kamikakushi» (2001)

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Dirección: Hayao Miyazaki 
Guion: Hayao Miyazaki 
Fotografía: Atsushi Okui 
Música: Joe Hisaishi 
Montaje: Takeshi Seyama 
Dirección artística: Yôji Takeshige 
Premios: Oscar 2002 (Película de animación), Berlín 2002 (Oso de Oro) 

El viaje de Chihiro tiene el privilegio de ser la película más reconocida a nivel internacional del célebre Hayao Miyazaki. No es cualquier cosa, por tanto, ser el film bandera de un cineasta que no solo representa todo un fenómeno de masas en su país, sino que muchos de los relatos que están detrás de su estudio, Ghibli, están considerados como obras claves en la historia del cine japonés. Este artista natural de Tokio es uno de las grandes activos de su país y, de hecho, si uno analiza su aportación al mundo de la animación, pronto descubrirá la capital influencia que ha ejercido sobre este género.

El universo de Hayao Miyazaki ha escrito en primera persona parte de la historia del cine. En este sentido, Spirited away forma parte de todo ello. A pesar de no estar considerada por la crítica como la mejor película de este cineasta, lo cierto es que esta cinta ha contribuido a su manera a engrandecer, como hemos dicho, el alcance del cine japonés a nivel mundial. Esta película además de conseguir el Oso de Oro en el Festival de Berlín, cosechó la estatuilla a la mejor película de animación, entrando así en el selecto club de historias japonesas que han alcanzado el privilegio de obtener un Oscar: Rashômon (Kurosawa, 1950), Jigokumon (Kinugasa, 1953), Samurai (Inagaki, 1954) y Okuribito (Takita, 2008).

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Qué decir sobre este relato. La verdad, es una película preciosa. Todo se centra en la figura de una niña, Chihiro. Viaja en coche, en compañía de sus padres, molesta por la mudanza a una nueva ciudad. De pronto, hacen un alto en el camino. Deciden pasear y adentrarse en un viejo parque abandonado que los transportará a otra realidad. Se abre así este fabuloso viaje, cargado de ensoñación y magia. Es la magia de lo enternecedor, la magia de los benevolentes valores que representa nuestra joven protagonista. De este modo, la eterna lucha entre la bondadosa naturaleza y la codicia destructora de los humanos, tema clave en el cine de Miyazaki, no acapara el tema central del film. Más bien hablamos aquí del espectáculo de lo cotidiano: una mudanza, un paseo con tus padres, una comida en el parque. Pequeñas cosas, momentos efímeros que sirven para esbozar un hermoso paisaje.   

Las imágenes se asemejan al verso. El punto poético que alcanza la espera de la niña en una estación de tren rodeada de agua es asombroso. Tanto como la melancólica escena del vagón en la que Chihiro aparece acompañada de un “sin rostro”. O igual que su benevolente y cálida relación con Haku. La música de Joe Hisaishi añade otra gota más de lirismo a una narración llena de fantasía y encanto. En fin, una película maravillosa. 

Votación | 4/5    

Qué decir sobre… «Kaze no tani no Naushika» (1984)

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Dirección: Hayao Miyazaki

Guion: Hayao Miyazaki (Hayao Miyazaki)

Montaje: Naoki Kaneko, Tomoko Kida, Shôji Sakai 

En 1984 nacía, gracias a Nausicaä del Valle del Viento, uno de los imperios más esplendorosos que ha tenido el mundo de la animación. Podría decirse que, juntamente con Walt Disney y su magnífica ramificación, Pixar, el Studio Ghibli ha sido una de los fuentes más productivas dentro del género. Un nombre que desprende personalidad, estilo y calidad. Si uno observa los nombres que hay detrás del mismo, Hayao Miyazaki e Isaho Takahata, entre otros, parece lógico pensar que en Japón las cosas se están haciendo muy bien en este apartado, respetando los cánones y la tradición del género, sin nada que envidiar, por otra parte, a las producciones que se realizan al otro lado del Pacífico.

En todo caso, más allá de Arrietty y el mundo de los diminutos (2010) de Hiromasa Yonebayashi, escrita, a su vez, por el propio Hayao Miyazaki, apenas había visto anime japonés hasta la fecha. Quizás por ello, un buen amigo japonés, conocedor de mi afición por el cine, me sorprendió el otro día trayéndome una película fantásticamente engalanada en su edición DVD. Esta no era otra que la que aquí nos ocupa.

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Todo se plantea en un futuro post-apocalíptico. La humanidad, a causa de una guerra nuclear, se ha ido al traste. Los dioses de la guerra terminaron con ella. Apenas quedan ya ciudades donde habiten personas humanas. Además, el Bosque Contaminado desprende unas toxinas que pululan por el aire, impidiendo respirar en gran parte del planeta. Y unos grandes bichos, los Oms, son vistos con pavor por mucha gente. ¿Cómo reaccionar ante todo esto?

A través de Nausicaä y los habitantes del Valle del Viento, Hayao Miyazaki elabora un  precioso alegato en favor no solo del respeto a la naturaleza, sino también del respeto al otro, a la diversidad en su máxima expresión. Un mensaje pacifista que se contrapone a la visión oscura del mundo, definida en el personaje de Lady Kushana y su ejército de Tormekia.

Una película sumergida en el optimismo, cargada de buenas intenciones y a la que no le falta un ápice de vitalidad. Por tanto, una película muy bonita de ver, principalmente, por los más pequeños. Todo se resume, para mi gusto, en las preciosas imágenes que nos transportan a la infancia de nuestra protagonista, viviendo en armonía con la naturaleza, al compás de la cautivadora música de Joe Hishaishi.

Votación | 3/5  

‘Frankenweenie’. Amistad verdadera.

FRW_Payoff_1-Sht_v6Después de ‘Alice in Wonderland’ (2010), la sociedad formada por Burton y la Disney volvía a la carga con ‘Frankenweenie’, una cinta de animación perfectamente trabajada en el apartado técnico y solvente en cuanto a la historia a contar. Es una película pequeña dentro de lo que es la filmografía de Tim Burton, donde relucen verdaderas obras maestras como ‘Eduardo Manostijeras’ (1990), ‘Big fish’ (2003) o ‘Sweeney Todd’ (2007). Uno tiene la sensación, por tanto, de que ‘Frankenweenie’ era un capricho personal, un homenaje al mediometraje de 1984 que lanzó a la fama al friki y estrambótico cineasta californiano. 

El punto de mira de esta cinta recae en la relación establecida entre Victor, un retraído muchacho amante de la ciencia, y su amado perro Sparky. Una relación rota por un fatal acontecimiento del destino. Sin embargo, ya saben, lo importante no es el problema, sino cómo solucionarlo. En ello anda el introvertido chiquillo. 

Película nostálgica y evocadora de los tiempos pasados. Además de brindarnos un universo visual del todo cautivador, el viaje hacia la niñez emprendido por Tim Burton supone un sentido homenaje a la amistad verdadera, iconizado todo ello en la preciosa canción de Karen O. Gustará si no esperan encontrar en ella una obra maestra. 

7/10 

‘A Christmas carol’. Dickens, Zemeckis y la Nochebuena.

christmas_carol_ver4_xlgEl relato benevolente y doctrinario de Charles Dickens acerca de cuál es el significado de la Navidad cogía forma esta vez a través de las palabras e imágenes ideadas por Robert Zemeckis, quien desplegaría una vez más (tras el “Polar Express”) su particular poderío visual. 

El avaro, codicioso y gruñón capitalista, hablamos de Ebenezer Scrooge, pronto recibirá la visista de los tres espíritus de la Navidad y entenderá que la vida no debe desperdiciarse entre números y ganancias, que hay mucho más aparte de eso: la familia, la alegría, la benevolencia, la calidez, el amor y tantas otras notas que hacen alcanzar a uno ese estado de felicidad tan natural, espontáneo y plácido que no necesita sustentarse en cuestiones materiales para pervivir. 

Un cuento acaramelado y cargado de crítica social que nos transporta al Londres del siglo XIX, a una sociedad marcada por las desigualdades y en la que el fantasma del comunismo de Marx arreciaba con más fuerza que nunca, para recordarnos que la Nochebuena puede ser un buen momento para reflexionar acerca del sentido de nuestras vidas. En fin, atinada postal navideña.

7/10

‘Who framed Roger Rabbit’. Virtuosa rareza.

Eddie Valiant ya no es el mismo. Donde antes había bromas y sonrisas, ahora tan solo encontramos mal humor y alcohol. La muerte de su hermano a manos de un dibu le marcó el carácter, malviviendo ahora a base de chapuceros trabajos de investigación. Uno de éstos, del todo rocambolesco, le ha llegado a sus manos: averiguar si la mujer de Roger Rabbit hace “palmitas” a sus espaldas con otro tipo. Estamos a punto de entrar en el universo de peligros, falsas identidades y coloridas animaciones aquí propuesto.

Nadie podrá achacarle al gran Robert Zemeckis su tremendo poder de imaginación, su ilimitada capacidad creativa y su valentía para sumergirse en proyectos de alto riesgo como el de ‘Who framed Roger Rabbit’. Tampoco nadie podrá decir que la historia aquí propuesta es, así de antemano, del todo atractiva y tentadora, pues tenemos una intriga que nos evoca al mejor cine negro de los años cuarenta, ambientando la acción, eso sí, por los pasillos más oscuros y tenebrosos de…. ¡Dibulandia!

Original cinta que equiparaba a humanos y dibujos animados en la ciudad de Los Ángeles durante el año 1947. Arrasando en el apartado técnico, la obra de Zemeckis conseguía exponer un virtuosismo digno de elogio y reconocimiento (ganó 3 Oscar en 1988, entre ellos a efectos especiales) que suponía el vehículo idóneo para que estas inclasificables aventuras pudiesen avanzar a ritmo endiablado. Meritoria como pocas, no tiene desperdicio.

7.5/10

‘Karigurashi no Arrietty’. Bondadosa, melancólica y emotiva.

Hiroyamasha Yonabayashi se iniciaba en el mundo del largometraje de animación infantil con el apadrinamiento de uno de los míticos del género: Hayao Miyazaki, en labores de guión aquí. La historia, eso sí, parte del material literario de Mary Norton.

El personaje de Arrietty, una jovencita tan diminuta como intrépida, será el centro gravitatorio de la historia. Élla, convive con sus padres, a escondidas bajo el suelo de una casa en la que son felices, pero precavidos. Precavidos de no ser vistos por ningun ser humano. Temerosos por su posesiva conducta, los evitan. Todo cambiará, para los diminutos, cuando la muchacha sea sorprendida por Shô, un niño recluido en la casa por motivos de salud.

Bondadosa y amable cinta la aquí brindada por el mítico Studio Ghibli. Las preciosistas imágenes se sirven de una técnica artística muy depurada y de indudable calidad, que unidas a una emotiva BSO, nos acaban por brindar, en bandeja de plata, una historia tan triste y melancólica como cálida y vitalista, dentro de la cuál se esconde una sabia lección para los más pequeños: observar al desconocido, y comprenderlo.

7.5/10 

‘Rango’. Camaleónico western destinado tanto a imberbes como barbudos

Rango es un réptil con una plácida existencia. Camisa hawaiana, piscina y solecito, novia de plástico y algún colega que otro. Eso sí, vive dentro de un terrario, y está comenzando a cansarse de esa vida de actor para los humanos. Por suerte (o desgracia) para él, todo cambiará cuando por avatares del destino se vea abocado a sobrevivir en medio del desierto de Nevada.

Historia de animación que gravita en torno a la lucha existencial de un divertido camaleón, quien (dentro de su propia naturalidad) deberá camuflarse entre los habitantes (variopinto atinado) de un polvoriento poblado del far west para así terminar por conseguir una identidad verdadera, sin medias tintas ni engaños.

Su narración es ligera y altamente gustosa de ver. No sólo posee divertidas escenas con ingeniosos gags, sino que además nos adentra en pleno desierto a través de una adenalínica e inesperada acción que incluso acaba por ponerse nostálgica con un sensacional guiño al mundo del (¿enterrado?¿resucitado?) western. Además, Gore Verbinski (un gran director comercial) no deja títere con cabeza, introduciendo una camuflada crítica a temas como la corrupción política, la religión y rituales, la banca e incluso hasta a esa cosa llamada “progreso”. En definitiva, dibujos que harán las delicias de los más pequeños (había unos cuántos en la sala) y de los que no lo son tanto.

‘Chico & Rita’. Jazz, amor y Cuba.

La Habana, final de los cuarenta. El es Chico, ella Rita. Unas imágenes fabulosas captan nuestra atención. Una música sensacional marca el ritmo. Todo al servicio de una bonita historia de amor.  Un amor situado entre la calma y la tempestad. Entre Cuba, New York y Las Vegas. Un amor  fraguado entre pianos, mojitos y bambalinas. Añorado por la partitura de una canción. Escondido entre el dólar americano, fiestas de la jet set y conciertos en París. Un amor perdido en el tiempo, obstinado en perecer.

El binomio Trueba-Mariscal no decepciona. El gozo visual ya vale por si mismo el precio de la entrada. Pero súmenle una banda sonora repleta de jazz cubano del bueno y una historia que es puro sentimiento.

‘The hunchback of Notre Dame’. La historia de Quasimodo.

Esta es la historia del campanero de Notre Dame, Quasimodo. Una historia ambientada en el París medieval del siglo XV, diseñada  a partir de un escrito de Victor Hugo por Gary Trousdale y Kirk Wise, dos cineastas que ostentan el privilegio de haber manufacturado dos de mis obras favoritas de la Disney: esta sobre la que hablamos así como ‘La bella y la bestia’ (1991).

Quasimodo nació deforme, la vida fue injusta con el desde el primer momento. Notre Dame lo salvó de Frollo, sirviéndole de refugio y cárcel a la vez, bajo el yugo de su tirano amo. Todo cambiará con la fiesta de los bufones del 6 de enero. Las simpáticas gárgolas que lo acompañan le animaran a bajar, atreverse a dar un paso en la plaza, conocer la realidad.

Esmeralda, Febo, Frollo, Quasimodo, gárgolas y bufones. La Disney le clava un fuerte punzón al mundo de apariencias instaurado en nuestra sociedad retrotrayéndose a la época medieval, echando por tierra no ya sólo el aspecto de la belleza física a través del personaje de Quasimodo, sino también la déspota e irracional actitud de Frollo frente al colectivo de gitanos (¿Frollo? ¿Sarkozy?).

‘El jorobado de Notre Dame’ es una preciosa historia que comprende y se aproxima al diferente, en lugar de maltratarlo y recharzarlo. Habla de minorías marginadas, de déspotas y de revoluciones. Tiranos que azotan a los más débiles. Posee una moraleja final que otorga una sabia lección a los más pequeños. Una de las películas de mi infancia. Una de las mejores historias de la Disney.