‘Hotel Rwanda’. Sobrevalorada.

hotel_rwandaPelícula altamente sobrevalorada. El contenido dramático y terrorífico que envuelve al genocidio de Rwanda no merecía este trato cinematográfico. A la narración le falta soltura y, sobre todo, seriedad. Le sobran tropelías y penurias. Encontrar, en definitiva, el justo equilibrio. 

Alguien debería haber advertido a Terry George de que para sobresaltar al espectador, conmocionar su conciencia y levantar su espíritu crítico, no era preciso caer en la continua exageración y el exceso. Y es que ‘Hotel Rwanda’, pese a contar con muy buenas intenciones y tener un marcado sesgo divulgativo, termina por ser una película mediocre, de sensiblería barata.

El desaprovechamiento de grandes actores como Joaquin Phoenix y Nick Nolte también hace daño a la vista, pero ese es otro tema. Vamos a lo importante, ¿quieren que les cuenten la vergonzosa historia de hutus y tutsis a través de un impregnado espíritu de sobremesa? Pues vean ‘Hotel Rwanda’. Si buscan algo más de seriedad, búsquenla en ‘Shooting dogs’ (2005).

6/10 

‘Shooting dogs’. Ecos de la barbarie.

Las imágenes son duras, impactantes, horribles. A uno se le enerva la sangre al ver todo ese panorama de locura, el dolor de un pueblo, el tutsi, que sabe que está en minoría. Una minoría maltratada hasta el extremo. Por allí, andan Joe y Christopher, dos hombres occidentales (blancos), bondadosos, encargados de enseñar a los niños, dentro del marco del catolicismo. También la barbarie les sorprenderá a ellos.

Michael Caton-Jones además de describir la brutalidad de todo ello, pone en el ojo del huracán a las Naciones Unidas y, por ende, al mundo occidental. Un mundo que miró hacia otro lado mientras se gestaba la matanza. Un mundo que, desde ya hace mucho tiempo, dio a África, con todo lo que eso conlleva, por perdida (una vez fue expoliada, saqueada y destrozada), salvo en determinados intereses por los que todavía comporta beneficios (diamantes y demás). Si tuviera que explicar la mayor sensación que da ver esto, sería la de la impotencia, la frustración. Algo que se visualiza en Joe y Christopher, incapaces de hacer nada, y, sobre todo, en esas pobres almas encerradas entre cuatro vallas a la espera de su terrible ejecución. 

Películas como ‘Shooting dogs’ son necesarias. Es de esas que denuncia abiertamente, al tiempo que hace justicia, barbaries de tal calibre como el genocidio a manos hutus del pueblo tutsi, en el que unos 800.000 tutsis, se dice pronto, perdieron la vida en aquellos fatídicos meses de 1994 que fueron de abril a julio.