‘A history of violence’. Cautivadora.

Dos hombres salen de un motel. Uno le dice al otro que está harto de carreteras secundarias y pueblos enclavados en mitad de la nada, que eso no es vida. El espectador no tarda en cerciorarse de la que le viene encima. Es la chispa que enciende la mecha de esa obra titulada como ‘Una historia de violencia’.¿Su protagonista? Tom Stall, quien vive y trabaja en Millbrook, un pequeño pueblo del Estado de Indiana. Allí, regenta una cafetería, y deja pasar los días, plácidamente, en compañía de su sensual mujer, una explosiva Maria Bello, y de sus dos hijos. Todo va bien, la rutina es pausada y cálida para ellos. ¿El otro protagonista? Joey Cusack. Un matón de la costa este de los Estados Unidos, conocido en Philadelphia por sus atrocidades sanguinarias. Perseguido ahora, que ha sido cazado in fraganti por las cámaras de televisión, por Carl Fogarty, un inquietante Ed Harris, y Richie Cusack, su hermano, dos de los capos del crimen de la costa este.

David Cronenberg consigue plasmar, de un modo tan natural como cruento, esa tormenta (violenta) que azota a un pueblo tan tranquilo y calmado como Millbrook. Allá donde había quietud y sosiego, encontramos ahora inseguridad y angustia. Donde había juegos seductores entre tortolitos, ahora hay una atracción enfermiza (cierto aire a ‘Crash’). Donde había un buen hijo, educado y correcto, ahora hay un buen hijo, duro y expeditivo. Donde encontrábamos un sheriff cordial y bondadoso, ahora vemos a un inquisidor y amenazante guardián de la ley. En definitiva, donde convivían granjeros y trabajadores, aparecen los matones y las pistolas. Todo, a raíz de un exasperante interrogante no zanjado: ¿un error mortal?, o ¿un destino que une el pasado con el futuro de modo irremediable?

Quién haya visto esta cinta, ya sabrá cuál es la respuesta oportuna. Como también sabrá que ‘Una historia de violencia’ posee la virtud de cautivarte, y perturbarte, como pocas películas antes lo han hecho. El combustible básico de la narración es la sangre a borbotones, el fuego cruzado y los salpicones. Pero también las tranquilas calles de pueblo, las solitarias carreteras y el café caliente. Todo es tan quieto y pulcro, como traumático y bruto, en esta historia de violencia, esencia básica del film, expuesta por Cronenberg. 

8.5/10

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s