Adiós

Da pena decir adiós, ¿verdad?

Pero todo tiene su final, y para este pequeño espacio de cine… el final es hoy.

Hace ya bastante tiempo que inauguré esta página (de hecho, casi 7 años). Nació sin ningún tipo de pretensión, y se marcha de la misma manera. Entre un punto y otro, he escrito un montón de críticas, comentarios, reseñas. Y, lo principal, ha quedado reflejada una cosa: la ilusión por el cine que siente quien esto escribe.

La manera de expresarse, los estados de ánimo, las faltas de ortografía, los gustos… son cosas que han ido cambiando en mí con el tiempo y que este blog, tan tontamente, ha reflejado a su manera. Y aquí se queda todo ello, un montón de recuerdos encontrados, guardados en este pequeño rincón.

Dar las gracias a los seguidores de esta página (son más de los que jamás pensé que llegarían a ser) por su atención. Y decirles que, en cualquier caso, desde hoy existe un nuevo blog en el que seguiré escribiendo (entre otras cosas, de cine). Para quién interese, aquí dejo la dirección:

http://escargotazul.wordpress.com

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Searching for Sugar Man (2012)

searching-for-sugar-man-cartelDirección: Malik Bendjelloul
Guion:
 Malik Bendjelloul

Producción: Sony Classics / Red Box Films / Canfield Pictures / Passion Pictures
Fotografía: Camilla Skagerström
Música: Sixto Rodríguez
Montaje: Malik Bendjelloul
Duración: 86 min
País: Suecia

Un hombre cualquiera. Veinteañero, camina por las frías calles de Detroit. La ciudad está decaída, su ánimo también. Las oportunidades no se le presentan, las chicas le descentran y él, entre tanto, busca a sugar man. Se detiene en las esquinas y vive en las aceras. Es una sombra más de la gran ciudad. Es un hombre cualquiera, sí. Pero compone música, escribe letras. Retrata su día a día a través de la música. Convierte su mundo, el mundo que pincela esas gélidas aceras, en poesía.  

Hay veces que uno se encuentra, casi por casualidad, con un acontecimiento mágico. Un acontecimiento que cambia el rumbo en la vida de muchísimas personas. Eso es lo que viene a contarnos, en definitiva, esta película. Una historia tan bonita como bien hecha; la historia de Sixto Rodríguez. Él es un chico con un talento descomunal para esto de la música. “Listen these words”, dicen los entendidos. Es un poeta, al nivel, hablan, de Bob Dylan. Pero, de pronto, se esfumó. A mediados de los años setenta, desapareció. No vendió, así es el negocio musical: “no hay garantías de nada”. A pesar de ser estadounidense, en Estados Unidos no caló su mensaje, su lírica. Sixto Rodríguez… fracasó.

Paralelamente en Sudáfrica la crueldad sigue imperando. Son los tiempos del apartheid, tiempos en los que la sociedad internacional apunta su mirada, en tono inquisidor, hacia este punto de África. La gente necesita liberarse, respirar. Existe una atmósfera contestataria que reprocha el patético conservadurismo que impera en las calles sudafricanas. I wonder how many times you had sex, escuchan en una canción. Es algo fabuloso para ellos. Increíble. Han encontrado esa inspiración necesaria para abrir sus mentes, para no sentirse menos que nadie. ¿Quién es ese tipo? ¿quién canta esas canciones? Vaya, si es Rodríguez.

Qué caprichosa puede llegar a ser la cosa. Cómo un tipo con ese talento descomunal apenas vendió cuatro discos en los Estados Unidos y, sin embargo, se convirtió en un fenómeno de masas en Sudáfrica. Y además, cómo es posible que él, Rodríguez, ni siquiera supiese de esa fama. Pero claro, hablar de Rodríguez es hablar de una sombra, de un fantasma. ¿Qué fue de este artista? Unos dicen que se suicidó; otros, que lo vieron caminar por una vieja calle de la ciudad. En realidad, nadie sabe qué fue de el hombre que escribió sugar man. Y esta es la historia que aquí nos relatan, esa búsqueda: ¿Qué sucedió? ¿Dónde estará? ¿Acaso sigue vivo?

Perderse y encontrarse. Aunque eso, en realidad, es una mirada superficial del asunto, pues Rodríguez nunca se perdió. Siempre supo dónde estaba su sitio, su lugar. Él nunca sintió la derrota. Se creyó poderoso, fuerte: al mismo nivel que los demás. Esta es una película preciosa.  

SearchingForSugarMan

Revelando a Dalí (2014)

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En un país que tiende a convertir en política (casi) todo, el informativo de la televisión pública, en este caso TVE, siempre estará bajo sospecha. Sea cual sea el color del gobierno, uno mirará con recelos la retahíla de noticias que se suceden, la estructura del telediario, la ambigüedad con la que se cuentan ciertas cosas. Esto es así. No tengo especial devoción por ningún informativo televisivo, pues el nivel de todos ellos, en el caso español, roza la mediocridad. Quizás por eso, siempre suelo ver el de TVE. Desde hace un tiempo, de hecho. Y una breve noticia, un escueto retazo cultural (muy bien ensamblado siempre) me sorprende más de una noche. Es el momento en que Carlos del Amor, fabuloso periodista, tiene la oportunidad de contarnos su noticia, de dar voz y poner imagen a sus inquietudes. Solo por su estilo, tan peculiar y estético, merece la pena este informativo. 

Quizás por ello, alguien confió en él una colosal tarea: revelar a Dalí, estrambótico genio del pasado siglo XX. Así nacía este documental que tenía por bandera la idea de alcanzar lo inalcanzable, esto es, desentrañar los misterios que acompañaban a la obra del maestro del surrealismo. Y, como era de esperar, el documental es un verdadero disfrute. Conjuga el talento de Carlos del Amor con la volcánica creatividad de Salvador Dalí. Apenas 57 minutos le bastan para acercar al espectador a los secretos y enigmas que acompañaron la vida y obra del aclamado pintor. 

muchacha-en-la-ventanaAsí, subimos a la terraza de la casa del artista, lugar donde se relajaba y en el que se inspiró para pintar paisajes deslumbrantes. Conocemos la historia que hay detrás de El retrato de mi hermano muerto, y observamos atónitos la capital importancia de Gala en la vida de Dalí. No solo esto, también acudimos a esa famosa ventana en la que una muchacha miraba al mar. Comprobamos la amistad que surgió en Madrid entre Buñuel, Lorca y el dandi de los bigotes, de la cual germinaría, poco después, un trabajo como Un chien andalou. Y visitamos Cadaqués, dejamos que el viento de tramontana enmarañe nuestro pelo para alcanzar la roca que inspiró a El gran masturbador.

Todo ello no deja de ser una agradable anécdota. Es decir, un recorrido fantástico por las excentricidades que acompañaron la vida de este hombre. Acercar la cultura al gran público, a mí me parece estupendo. Y en esa tarea, lo repito, Carlos del Amor es un maestro. Aquí le ayuda César Vallejo. Entre ambos nos han dado tres o cuatro pinceladas para esbozar la obra daliniana, aunque sea de una manera aproximativa. Si quieren conocer más el trabajo de este genio, seguro que encuentran grandes manuales de historia del arte en los que los estudiosos diseccionan el trabajo de Dalí, también pueden adentrarse en los museos y las galerías donde se exhiben sus obras o incluso visitar los lugares y paisajes que inspiraron sus pinturas. En caso de que Revelando a Dalí les haya despertado esta inquietud, este documental les habrá merecido la pena. ¿No quieren intentarlo?      

La meglio gioventù (2003)

la_meglio_gioventuDirección: Marco Tullio Giordana 
Guion:
 Sandro Petraglia / Stefano Rulli 

Producción: BiBi Film / RAI Cinema
Fotografía: Roberto Forza
Música: Varios
Montaje: Roberto Missiroli
Reparto: Luigi Lo Cascio / Alessio Boni / Jasmine Trinca / Sonia Bergamasco / Maya Sansa / Fabrizio Gifuni  
Duración: 366 min
País: Italia

Es el verano de 1966 y Roma luce espléndida. En ella germina todo lo extraordinario que acompaña a la juventud: el fulgor de la ilusión, la lucha contrapuesta entre la incerteza y el descubrimiento, o la fantasía y sueños que acompañan a un futuro que se atisba todavía lejano. Son Matteo y Nicola, hermanos, ambos universitarios, quienes se encuentran en este punto. Únicamente acorazados en la magia del momento, reducen todo su existir a un viaje hacia el Cabo Norte, lugar donde sentirse libres. Es la poesía que representa una simple flor, una calle cualquiera o un verso de Cecco Angiolieri lo que les fascina. Nada más les importa. Pero, casualidades del destino, aparecerá Giorgia, y Giorgia será quien agite el corazón de estos hermanos, quien cambie, para siempre, sus vidas.

Ambos se separarán y tomarán caminos distintos. Porque así, en definitiva, es la vida. El sendero de cada uno difícilmente volverá a reunirlos. El carácter, los sentimientos y hasta el rincón más pequeño de sus corazones… todo cambiará. La vida seguirá, claro que sí: Firenze, Torino, Palermo, Stromboli y el maravilloso Val d’Orcia sienés. Estos serán lugares en los que dejarán huella, lugares en los que añadirán multitud de anécdotas y vivencias a su historia personal. Levantarán así un monumento vitalista, pincelado por la literatura, la fotografía, el arte y la melancolía, en el caso de Matteo; así como por el inconformismo, la bondad, el sentido común y la nostalgia que definen a Nicola. La familia, los amigos y las chicas… cada uno reirá, llorará, sentirá, amará y vivirá a su manera. Aunque ambos nunca olvidarán aquel cálido verano de 1966 por las calles de Roma.

Quien escribe esto es un reconocido italianófilo (además de muchas más insensateces). Sin embargo, esto no influye para nada en la valoración de esta preciosa -y también histórica- narración, pues la obra de Marco Tullio Giordana emociona por sí misma. Así, La meglio gioventù no necesita nada más que sus seis horas (que no son pocas, todo conviene decirlo) para hacernos simplemente sentir lo hermosa que, a veces, es la vida; lo triste que, a veces, es la vida; lo maravillosa que, siempre, es la vida.   

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Chariots of fire (1981)

mpachariotsoffireposterDirección: Hugh Hudson
Guion:
 Colin Welland

Producción: 20th Century Fox
Fotografía: David Watkin
Música: Vangelis
Montaje: Terry Rawlings
Reparto: Ben Cross / Ian Charleson / Nicholas Farrell / Nigel Havers / Ian Holm
Duración: 124 min
País: Reino Unido

Cuando hablamos de Carros de fuego, hablamos de una cinta célebre. Es un relato apasionado, emotivo y… sí, muchos la tienen inscrita en esa particular lista donde cada cual coloca sus películas favoritas. No es mi caso, pues no es un historia que me haya marcado especialmente… salvo por una cosa. Es la excepción que toda regla tiene, y aquí adopta un nombre, un nombre de peso: Vangelis. Ya en la propia cabecera del film uno logra disfrutar de la maravillosa composición del músico griego. Es una partitura inolvidable que ayuda a enmarcar una escena, la protagonizada por el grupo de atletas británicos corriendo a lo largo de la playa, que forma parte de la historia del cine.

Se me hace raro comprobar que en 1981 la estatuilla al mejor film de la temporada fue a parar a manos de esta producción británica. Quizás, la del 81, sea una de las peores cosechas que uno pueda recordar, pues la terna de candidatas no era nada del otro mundo: El príncipe de la ciudad; Ragtime; En el estanque dorado; Rojos; La mujer del teniente francés… películas correctas todas ellas, como correcta es Chariots of fire, pero sin llegar a la excelencia por parte de ninguna. Entre todo ese amalgama de temáticas, terminó por imponerse una película deportiva, pero, como decimos, sin atisbar en ella la grandiosidad que, en líneas generales, acompaña a la ganadora de dicho galardón. 

No castiguemos, en todo caso, a este espléndido relato, pues uno no puede más que aplaudir al finalizar el recital brindado. Una película de remarcado espíritu deportivo que, sin tapujo alguno, desentraña una forma de vida, la del atleta. Aquí, idiosincrasia particular del film, se le añade el matiz británico, y lo hace a través de dos personajes concretos: Harold Abrahams y Eric Lidell. Ambos tienen el futuro en sus manos, uno es inglés y el otro, escocés. Tan solo tienen una meta, una ilusión: disputar, competir y vencer -en definitiva eso buscan, vencer- en los Juegos Olímpicos de París de 1924. El currículum académico y el futuro profesional están al margen. Dios, el Rey, la nación y sus propias ambiciones moldean, en un orden u otro, el carácter de ambos atletas. De esta manera, Colin Welland pincela los personajes desde el guion sin que la cosa le quede ni muy superficial ni muy elaborada. Es decir, un equilibrio bien resuelto en el que, gusto personal, me quedo con el personaje al que da vida tan meritoriamente Ian Charleson. 

Una película orquestada desde la emoción. El director, Hugh Hudson, realiza un decoroso homenaje a la perseverancia, a los sanos valores que acompañan al deporte y al hecho de cómo podemos encauzar nuestras metas a través del mismo. Así, apasiona la devota fe con la que Eric corre en cada entrenamiento, o la válvula de reconocimiento social que supone para Harold una medalla de oro. En un sentido u otro, y con cierto tono ambiguo, lo que aquí se expone es una digna referencia al mens sana in corpore sano. Todo ello bañado con la atemporal pompa británica. Una historia sentida en la que, conviene recalcarlo nuevamente, brilla con un fulgor especial la partitura de Vangelis.

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