The Godfather: Part III (1990)

godfather_part_iii_ver2Dirección: Francis Ford Coppola
Guion:
 Francis Ford Coppola / Mario Puzo (Novela: Mario Puzo)

Producción: Paramount Pictures
Fotografía: Gordon Willis 
Música: Carmine Coppola 
Montaje: Barry Malkin / Lisa Fruchtman / Walter Murch 
Reparto: Al Pacino / Diane Keaton / Talia Shire / Andy García / Sofia Coppola / Eli Wallach / Joe Mantegna / Bridget Fonda / Franc D’Ambrosio 
Duración: 162 min
País: Estados Unidos

La mejor trilogía de la historia del cine quedaba cerrada a través de este film. En la primera parte Coppola nos había presentado las entrañas del negocio gangsteril, pincelando las figuras que componían la familia Corleone y cautivándonos con el nervio y la angustia que supone sobrevivir entre leones. Aun estando siempre presente el aura de Don Vito Corleone, un nombre propio resalía de ahí, Michael Corleone, y sobre él recaía el peso de la segunda entrega: los azotes morales que conlleva estar en su posición. Ahora, pasado el tiempo, la historia debía continuar: qué será de Michael, aquel lobo solitario que ya no sabía siquiera si existía la dulzura, la bondad, al terminar la segunda entrega de esta magna obra. 

El Padrino es una historia de pérdidas, porque así es la vida. En el camino, poco a poco, comienzan a aparecer las ausencias: Don Vito, Santino, Fredo, Tom Hagen. Nombres mayúsculos todos ellos. El adiós se hace sentir, más que nunca, en esta tercera parte. El tiempo avanza y con él llegan nuevas personas, pues Coppola le da nuevos aires a esta narración. Así, irrumpe la figura del hijo de Santino, Vincent Mancini; así como uno de los personajes femeninos más célebres de la saga, el de Mary Corleone, la hija de Michael, encarnada de una forma correcta por Sofia Coppola. Entre ellos surge una historia de amor que no me convence, no me gusta. Como tampoco me gusta Andy García, gran actor que no termina, sin embargo, de encontrar su sitio en esta obra. Si uno lo compara con James Caan, no hay color… la vehemencia y el temperamento de Sonny era creíble, emotivo, veraz. A Vincent, en cambio, no me lo creo. Quizás esta transición del ayer al hoy sea uno de los lastres que arrastra el guion más flojo de la saga: a mí hay muchas cosas que me parecen precipitadas.

Fundamental, más que nunca, es la presencia de Michael Corleone, acompañado en su vejez y crepúsculo por su fiel, leal y maravillosa hermana, Connie, a quien da vida de forma memorable Talia Shire. Aquel, por su parte, queda interpretado ahora por un Al Pacino más maduro. Su aparición es, de largo, lo mejor del film: no nos equivoquemos, esta es una historia de redención. Es la versión más humana de Michael, vulnerable y débil. Su única meta ahora es alejarse del pecado, vivir en paz… pero, ¿puede un hombre como él alcanzar este preciado poder? Salir de los negocios ilícitos, limpiar el nombre Corleone a través de una fundación, invertir en acciones de multinacionales y, sobre todo, asegurar una vida segura y confortable para los suyos, para sus hijos. Difícil tarea, más si cabe cuando el pasado no quiere marcharse. Además, un nuevo actor aparece por sorpresa en esta saga: la Iglesia católica romana. Un convidado de lujo, perfectamente esbozado.

Qué tristeza alcanza a transmitir Coppola, aun con la irregularidad del relato, a través de esta última entrega. El sentimiento vuelve a arreciar con fuerza. Pesarosa como nunca antes se había mostrado, así es la actitud de Michael y la esencia de este Padrino. El final me parece tan impactante y sobrecogedor como justo. Esto no podía acabar de otra manera. Igual que era preciso que esta tragedia se bañará en la nostalgia, evocando continuamente los tiempos pasados y cerrando el capítulo de esta familia en la maravillosa Sicilia. Magnífica película.

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‘Vidas rebeldes’. Cuando la vida te deja de lado.

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Marilyn aparece en Reno, ciudad de Nevada, huyendo de su marido, de quién piensa divorciarse. Es una chica inocente sí, pero a la que la vida no ha tratado muy bien. Su falta de cariño en la juventud por parte de sus padres ha sido un lastre que ha arrastrado durante toda la vida. Una losa en lo emocional que no le permite encontrar a nadie que esté dispuesto a atender todas sus necesidades sentimentales, toda su sensibilidad. Es una fugitiva crónica.

En Reno conocerá a tres tipos dispuestos a ocupar su corazón fugitivo. Uno es Gay, interpretado por Clark Gable. Gay es un tipo solitario. Un vaquero al que no le gusta que nadie le indique por donde debe andar. Detesta los trabajos a sueldo. No tiene relación con sus hijos. Y no ha echado lazos amorosos con ninguna mujer desde que su último amor se marchara.

Otro aspirante es Guido, Eli Wallach. Un antiguo piloto de aviación que combatió en la guerra. Ahora deambula por Reno en busca de cualquier cosa que le permita seguir hacia adelante. La llegada de la más famosa rubia de Hollywood a Reno, provocará un vuelco en su corazón. El poso de amargura dejado en su corazón por la muerte de su esposa, podría desaparecer si se enrolara en un nuevo sendero del amor.

Por último, está Perce, interpretado éste por Montgomery Clift. Perce es un chaval que no ha encontrado el rumbo en su vida. Ni siquiera imagina que el alcohol y los rodeos pueden acabar con su vida. Tampoco le importaría. Es un hombre lleno de tristeza por la muerte de su padre y el posterior esposamiento de su madre con un nuevo tipo que le ha desbancado en su posición de legítimo heredero del rancho de su padre. Perce huye. No tiene a nadie, ni siquiera a su familia. Alegrar su corazón con la rubia no le vendría mal.

Y con todo ello llega la caza de caballos. Los cuatro ponen rumbo a la montaña. Allí estallarán las emociones que cada uno lleva por dentro. Guido, se lanzará en los brazos de la rubia, traicionando a uno de sus mejores amigos, Gay. Pero como Marilyn le dice, es una persona que estaría dispuesta a hundir el mundo para luego sólo pensar en su sentimiento de culpa, no en el daño que ha hecho. Perce, sentirá aún más tristeza de la que sentía antes de la caza. Su insatisfacción le hará posicionarse de parte de Marilyn, desentenderse de esa caza. Será en vano. Perce seguirá ahogado en su mar de tristeza, muriendo posiblemente en cualquier rodeo o en cualquier taberna harto de alcohol. El más expresivo de todos sera Gay. Reflejará una crueldad que aterrará a Marilyn. Capturará a toda la manada. Y ante la liberación de ésta, luchará con sus propias manos contra la yegua para, después de una terrible batalla, soltarla. Ya dijo que no le gusta que nadie decida por él. Posiblemente moriría sólo, con su soledad y su autonomía. Y en último lugar está la rubia. Una mujer tan sensible que no es capaza de soportar la muerte de un conejo. Ni mucho menos ver el sufrimiento de la pobre manada de caballos a manos de los rudos vaqueros. Su sensibilidad estallará. El odio hacia ese mundo tan cruel, tan tiránico, tan falto de cariño se reflejará en esas montañas. Su aventura en Reno terminará. Huirá una vez más. Posiblemente acabará en cualquier otra parte del mapa, viviendo una aventura similar, para finalmente acabar huyendo. No es un mundo hecho a su medida.

Como anécdota histórica podríamos decir que Vidas Rebeldes fue la última película de Marilyn Monroe y Clark Gable. Éste último incluso murió antes de su estreno. Montgomery Clift sólo la sobreviviría seis años más. Los tres encontraron una muerte joven. No se si fueron seleccionados por otras circunstancias para la película, pero creo que ninguno de ellos tuvo que actuar mucho, no les hacía falta crear un personaje. Les bastaba con ser ellos mismos.