Qué decir sobre… «Alabama Monroe» (2012)

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Dirección: Felix Van Groeningen

Guion: Felix Van Groeningen, Carl Joos

Fotografía: Ruben Impens

Música: Bjorn Eriksson

Montaje: Nico Leunen

Reparto: Veerle Baetens, Johan Heldenbergh, Nell Cattrysse

Me ha gustado mucho Alabama Monroe, de Felix Van Groeningen. La historia parece mezclar con gracia la temática de películas como Blue valentine (2010), La guerre est déclarée (2011) y, en cierto modo, Walk the line (2005) para, a su manera, elaborar una emotiva narración sobre la vida de dos personajes: Didier y Elisa. Ellos no son, digamos, dos personas “estándar”. Quién lo es, de todos modos. Se conocerán. Se enamorarán. Y, un buen día, tendrán una hija: Maybelle. 

Veerle Baetens, seamos grandilocuentes, está espléndida. Una montaña rusa de vivencias que consigue humanizar de una forma absolutamente creíble. No le anda lejos Johan Heldenbergh, un lujo. Entre ambos conforman un monumento a la libertad de pensamiento y expresión. Se agradecen también las lúcidas referencias musicales de él. Y preciosa es la fe que ella tiene al ver un pájaro asomado a su ventana. Los dos emprenden así una batalla sentimental que nos la hacen sentir del todo cercana.

Yo vería otra vez esta película. ¡Claro que lo haría! Son muchas cosas reunidas en un mismo relato. Es, entre otras cosas, un sentido homenaje al bluegrass, pues están geniales los chicos de la banda cuando actúan. Solo por el soundtrack de Bjorn Eriksson, el film ya merece ser visto. Es una oda a la constancia, a la lucha frente a la adversidad. Reírse del desgaste, combatirle. Es la calidez que transmiten los ojos de una pequeña niña. Es, también, una colorida explosión de emociones. Es una lanza en favor del amor, el amor grabado en la piel con solo dos palabras: Alabama Monroe. Y, por encima de todo, es un homenaje a la vida, aun en su tristeza y melancolía. 

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Votación | 3/5  

Qué decir sobre… «Kaze no tani no Naushika» (1984)

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Dirección: Hayao Miyazaki

Guion: Hayao Miyazaki (Hayao Miyazaki)

Montaje: Naoki Kaneko, Tomoko Kida, Shôji Sakai 

En 1984 nacía, gracias a Nausicaä del Valle del Viento, uno de los imperios más esplendorosos que ha tenido el mundo de la animación. Podría decirse que, juntamente con Walt Disney y su magnífica ramificación, Pixar, el Studio Ghibli ha sido una de los fuentes más productivas dentro del género. Un nombre que desprende personalidad, estilo y calidad. Si uno observa los nombres que hay detrás del mismo, Hayao Miyazaki e Isaho Takahata, entre otros, parece lógico pensar que en Japón las cosas se están haciendo muy bien en este apartado, respetando los cánones y la tradición del género, sin nada que envidiar, por otra parte, a las producciones que se realizan al otro lado del Pacífico.

En todo caso, más allá de Arrietty y el mundo de los diminutos (2010) de Hiromasa Yonebayashi, escrita, a su vez, por el propio Hayao Miyazaki, apenas había visto anime japonés hasta la fecha. Quizás por ello, un buen amigo japonés, conocedor de mi afición por el cine, me sorprendió el otro día trayéndome una película fantásticamente engalanada en su edición DVD. Esta no era otra que la que aquí nos ocupa.

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Todo se plantea en un futuro post-apocalíptico. La humanidad, a causa de una guerra nuclear, se ha ido al traste. Los dioses de la guerra terminaron con ella. Apenas quedan ya ciudades donde habiten personas humanas. Además, el Bosque Contaminado desprende unas toxinas que pululan por el aire, impidiendo respirar en gran parte del planeta. Y unos grandes bichos, los Oms, son vistos con pavor por mucha gente. ¿Cómo reaccionar ante todo esto?

A través de Nausicaä y los habitantes del Valle del Viento, Hayao Miyazaki elabora un  precioso alegato en favor no solo del respeto a la naturaleza, sino también del respeto al otro, a la diversidad en su máxima expresión. Un mensaje pacifista que se contrapone a la visión oscura del mundo, definida en el personaje de Lady Kushana y su ejército de Tormekia.

Una película sumergida en el optimismo, cargada de buenas intenciones y a la que no le falta un ápice de vitalidad. Por tanto, una película muy bonita de ver, principalmente, por los más pequeños. Todo se resume, para mi gusto, en las preciosas imágenes que nos transportan a la infancia de nuestra protagonista, viviendo en armonía con la naturaleza, al compás de la cautivadora música de Joe Hishaishi.

Votación | 3/5  

Qué decir sobre… «Philomena» (2013)

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Dirección: Stephen Frears

Guión: Steve Coogan, Jeff Pope (Martin Sixsmith)

Fotografía: Robbie Ryan

Música: Alexandre Desplat

Montaje: Valerio Bonelli

Reparto: Judi Dench, Steve Coogan, Charlie Murphy

Existen ciertas películas a las que uno les tiene un pelín de manía aún sin haberlas visto. Era el caso de Philomena (2013), lanzada mundialmente por la propulsión de los Weinstein, maestros en labores de distribución y mercadotecnia. Pero bien, una vez vista, no puedo reprocharle nada a esta cinta. ¿La verdad? Es una historia muy bonita de ver.

Dos nombres resaltan por encima de todos los demás. Uno, Stephen Frears, director británico con muy buen gusto y estilo. Es de esos que no llama la atención, aunque si uno observa su filmografía se dará cuenta de que ahí lucen títulos tan variados como My beautiful laundrette (1985), Dangerous liaisons (1988) o la mítica High fidelity (2000). Casi nada. Un seguro de calidad y talento, tanto como el otro nombre propio a destacar: Judi Dench. Conocida por su presencia en la saga del archiconocido espía James Bond, lo cierto es que yo siempre la recordaré por su espléndido, a la par que breve, papel en Shakespeare in love (1998), así como por aquella refunfuñona mujer de Chocolat (2000).  

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Ellos dos son los grandes pilares en los que se sustenta esta aventura dramática. Focalizada en el volcán sentimental que rodea al personaje de Philomena, el relato avanza con la idea de mostrar lo difícil que es pervivir cuando te han arrebatado a tu propio hijo. En este sentido, Judi Dench está maravillosa a la hora de interpretar a esa mujer sufrida, enclaustrada en sus dilemas morales y cuya ilusión no es otra que tener noticias sobre su pequeño. Le acompaña en su batalla Steve Coogan, también guionista de la cinta, formando así un tándem muy singular y con gran química entre ambos.

El director, Stephen Frears, lo maneja todo con gusto y armonía. La película queda perfecta dentro de sus intenciones. Es un drama sentido, emotivo. El monasterio de Roscrea, en Irlanda, se impone como una pesadilla sin escapatoria. Qué dolor y cuánta pena existieron entre aquellas paredes. Sin embargo, me gusta mucho la actitud que muestra frente a la vida el personaje de Philomena. Un gusto de película, la verdad. Recomendable.

Votación | 3/5  

Qué decir sobre… «Nebraska» (2013)

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Guión: Bob Nelson

Fotografía: Phedon Papamichael

Música: Mark Orton

Montaje: Kevin Tent

Reparto: Bruce Dern, Will Forte, June Squibb, Stacy Keach, Bob Odenkirk

“- ¿Qué harás con el dinero?
– Compraré una camioneta y un compresor, necesito un compresor”. 

Lunes noche. Habías quedado para ir al cine. La película no es otra que Nebraska, lo nuevo de Alexander Payne. Casi nada. Palabras mayores para mí, una historia sin más misterio para mucha otra gente. Así es el cine de este autor, tan sutil que pasa desapercibido. Siempre me ha parecido uno de los mejores, pues me encanta el sentimentalismo con el que adorna a sus relatos. Todo lo hace natural, humano y creíble. Emociona sin tener que recurrir al almíbar, para el caso de los paladares más dulzones, o sin panfletos lacrimógenos, para el caso de los amantes de los pañuelos. Él simplemente saca su cámara y retrata la vida tal como esta es.

Los viajes, a excepción de Election (1999), siempre han estado presentes en sus historias. Actores como Jack Nicholson, Paul Giamatti o George Clooney pueden dar buena fe de ello, pues todos estuvieron excepcionales al servicio de personajes tremendamente humanos que luchaban épicamente frente a las batallas de todo tipo que se presentaban en ese universo tan mágico y tan sencillo que es la cotidianidad. Quizás por ello, siempre digo que los relatos de Alexander Payne son relatos pequeños. Al menos, a primera vista, dado que detrás de esa fachada existe una complejidad emocional, en torno a un determinado personaje, que te va contagiando poco a poco, casi sin darte cuenta. 

Sucede nuevamente con Bruce Dern, testarudo anciano, y su cómplice de correrías en esta película, su hijo Will Forte. Un timo de un millón de dólares será la excusa idónea para relatar esta odisea emprendida por padre e hijo camino de Lincoln (Nebraska), a través de la cual se extenderán lazos que terminarán por ligar al resto de la familia y al pueblo de la juventud de aquel, sumergiéndonos, a su vez, en la idiosincrasia característica de este lugar, del que, por cierto, es natural Alexander Payne.

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Una vez más, el cineasta vuelve a bañar su relato con la mordaz y afinada sátira que tanto domina. Nos brinda escenas muy divertidas. Todo parece mundano, triste, cómico. Es una sensación extraña, pues asistimos a una comedia dramática, otra más, muy bien elaborada, consiguiendo sacarte una sonrisa vitalista al final de la narración. Donde debería haber lágrimas, hay carcajadas. Donde debería campar la profunda melancolía, vence el estoicismo más profundo y el inevitable tempus fugit.  

Nebraska contiene la quintaesencia del cine de Alexander Payne. Todos sus puntos fuertes están en esta joya de película, aun no estando presente, por primera vez en su carrera, la firma del autor en el guión. Este viene elaborado por Bob Nelson, aunque parece hecho a la medida del director. Las páginas de ese libreto, en manos de Payne, terminan por germinar en un paisaje precioso, donde nada falla y en el que los diálogos se tornan fabulosos, arreciando sutilmente esa épica sentimental tan agradecida de ver.  

El blanco y negro con el que está rodada esta cinta es pura contradicción, pues la narración se convierte en un alegato colorista, en una explosión emocional cargada de matices y tonos. La profundidad dada a los personajes, con apenas cuatro pinceladas, es asombrosa. Ahí tienen como prueba a June Squibb, una octogenaria que se come la pantalla cada vez que sale en ella. Me gusta mucho, tengo que decirlo, el personaje de Will Forte, un bonachón que lucha bárbaramente por dignificar y honrar a su padre. Pero, por supuesto, destaca Bruce Dern, un hombre que se levanta cada día con una única idea en la mente. Quiere dejar algo a sus hijos antes de partir para siempre, aunque solo sea una camioneta. Piensa hacer su revolución. Espectacular.

Votación | 4/5 

Qué decir sobre… «Lone survivor» (2013)

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Dirección: Peter Berg

Guión: Peter Berg (Marcos Luttrell)

Fotografía: Tobias A. Schliessler

Música: Steve Jablonsky

Montaje: Colby Parker Jr. 

Reparto: Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Eric Bana, Ben Foster, Emile Hirsch

A Peter Berg le tengo un cariño especial. No en vano es el padre de la mítica serie de televisión Friday night lights (2006), una obra grandiosa de la que es imposible olvidarse. Puede que sea la mejor propuesta deportiva que se haya hecho jamás en esto del cine. Y, en el fondo, gran culpa de todo ello la tiene el primo de Peter Berg, es decir, el escritor Buzz Bissinger, autor de la obra literaria que inspiró tanto a la película de 2004 como a la serie de televisión.

Lo anterior viene a cuento de que la filmografía de Peter Berg no se corresponde con el nivel dado al filón que suponía aquella historia sobre la gente de aquel pequeño pueblo de Texas. Exceptuando la ácida Very bad things (1998), todo es ramplón en la obra de este cineasta. Una prueba más de ello es Lone survivor (2013), una bufonada increíble. En esta ocasión, no se salva ni Mark Wahlberg, típico actor, por cierto, al que es fácil poner de vuelta y media dándoselas uno de entendido en esto del cine. Payasadas, pues a mí me parece un notable intérprete, de lo más infravalorado en los últimos años junto al ahora ensalzado Matthew McConaughey. Además, brilla en su faceta como productor.

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Bien, no le demos más vueltas al asunto. Esta historia se centra en las penas y miserias que acompañan al oficio de soldado. Más concretamente, al soldado estadounidense destinado en territorio afgano. En teoría, debería haber caído rendido al frenético ritmo de la narración, sintiendo la agonía de esos desgraciados que sucumbían entre fuego enemigo y rocas escarpadas. Pero no, no siento nada de eso. Además, me parece un despilfarro el contar con una nómina de actores como la que aquí había (Taylor Kitsch, Eric Bana, Emile Hirsch, Ben Foster, entre otros) para hacer una película tan tan floja. En todo caso, imagino que en territorio USA esta película hará las delicias de más de uno. 

Patriotismo barato del que solo podemos salvar de la quema a los apartados más técnicos de la película, esto es, los efectos sonoros y visuales. Después de eso, apenas hay nada.

Votación | 2/5 

Qué decir sobre… «Kapringen» (2012)

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Dirección: Tobias Lindholm

Guión: Tobias Lindholm

Fotografía: Magnus Nordenhof Jønck

Música: Hildur Guðnadóttir

Montaje: Adam Nielsen

Reparto: Pilou Asbæk, Søren Malling, Abdihakin Asgar

La comparativa entre la cinta danesa que aquí nos ocupa y la sobrevalorada Captain Philips (2013) es inevitable. Ambas hablan sobre el mismo tema, aunque con distinto presupuesto, claro está. El combate, en todo caso, lo gana la película norteamericana. Lo gana porque ambas apuestan por volcarse en el lado cualitativo de la tragedia, en la agonía de este tipo de sucesos. En ese sentido, atendiendo al nivel de reparto (Tom Hanks y Barkhad Abdi) y al pulso narrativo (Paul Greengrass), la verdad, no había color. 

No me ha gustado Kapringen. Todo me resulta forzado, presuntuoso. El dramatismo no me llega en ningún momento. No siento la angustia de los desgraciados retenidos en algún punto perdido del Índico, cosa que sí me sucedía con Tom Hanks, ni tampoco me entusiasma la negociación que llevan a cabo desde los despachos de la empresa. Todo es frío, plano. Los matices de la historia no aportan nada. Me importan un bledo las lágrimas de los familiares, pues todo me parece impostado. Además, el final dado al relato supone el remate a la pretenciosidad.

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Un querer y no poder. Eso es Kapringen, película que se sube al carro de los piratas y los secuestros para ofrecer una narración correcta que ni aburre ni entusiasma. Igual que sucedía en la película de Paul Greengrass, todo vuelve a estar enfocado desde el prisma occidental (aquí todavía más si cabe), olvidándose plenamente de ahondar en las causas de este tipo de actos. Del montón.

6/10 

Qué decir sobre… «Short Term 12» (2013)

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Dirección: Destin Cretton

Guión: Destin Cretton

Fotografía: Brett Pawlak

Música: Joel P. West

Montaje: Nat Sanders

Reparto: Brie Larson, John Gallagher Jr., Keith Stanfield, Kaitlyn Denver

Las películas con temática social siempre son bienvenidas. Esto del cine está muy bien como entretenimiento, espectáculo y negocio. Sin embargo, de tanto en tanto, es plausible ver cómo determinados autores arriesgan, aprovechando el escaparate y lanzadera que son las salas, para despertar la conciencia y sensibilidad de los espectadores acerca de determinados asuntos.

Así lo han hecho grandes maestros, nombres mayúsculos del séptimo arte. Ahí no ha llegado todavía Destin Cretton, autor de esta obra, pero deja una buena carta de presentación con Short Term 12, un relato focalizado en torno al día a día de las personas que habitan en un centro de acogida para menores. Los dos jóvenes protagonistas, Brie Larson y John Gallagher Jr., están muy bien encarnando a esos náufragos a los que les cuesta un sinfín endulzar sus vidas. A ella mucho más que a él. Y es que lo han pasado muy mal, desde bien pequeños. Pero no desisten, siguen hacia adelante. Están en la primera línea del frente, en el barro, rodeados de chiquillos y chiquillas que les recuerdan a sí mismos. “Quiero tener una vida normal”. Qué humilde, a la vez que impotente, deseo. Así de desangelada es la realidad para estos chicos. Un día de nubes en el que tan solo esperas que salga el sol.  

Una película, en definitiva, muy bonita de ver. Estéticamente está muy bien. Además, el relato no cae en el panfleto y el sentimentalismo barato tampoco nos inunda. Estamos ante una historia emotiva, sencilla. Un canto combativo y, sobre todo, vitalista en el que resalto, gusto personal, al personaje de Marcus (Keith Stanfield). Totalmente recomendable. 

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8/10 

Qué decir sobre… «La gran familia española» (2013)

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Dirección: Daniel Sánchez-Arévalo

Guión: Daniel Sánchez-Arévalo

Fotografía: Juan Carlos Gómez

Música: Josh Rouse

Montaje: Nacho Ruiz Capillas 

Reparto: Antonio de la Torre, Quim Gutiérrez, Verónica Echegui, Roberto Álamo, Héctor Colomé, Patrick Criado, Sandra Martín, Arantxa Martí 

Continúa con paso firme Daniel Sánchez-Arévalo, elaborando poco a poco una filmografía nada desdeñable que sitúa al cineasta madrileño como uno de los mejores activos del cine nacional. Tiene un estilo propio, sin duda. Sus historias son fáciles de identificar, tanto estéticamente como en el sentido del mensaje transmitido. 

La histórica final del Mundial 2010 de fútbol ejerce como metáfora de esta película, una comedia agradable de ver que a través de una familia numerosa española nos sumerge en un torbellino de sentimientos escondidos, dobles apariencias, deseos ocultos y plácida felicidad para pincelar un atinado paisaje. Con todo, le falta un punto de emotividad a La gran familia española, teniendo en cuenta que hablamos de una película que, en el fondo, trata sobre el amor y todos los lazos que este conlleva. 

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El montaje chirría un tanto, dando la sensación de estar ante un film precipitado y nervioso. Le falta pausa y mesura al relato, además de un punto de madurez en prácticamente todos los aspectos de la película. Equilibrar una historia coral no es fácil. De hecho, Sánchez-Arévalo no consigue tal propósito. Todo queda plano y sin la profundidad requerida, deparándonos así una película irregular que alterna momentos brillantes (la carta de amor del niño) con otros más decepcionantes.

En cualquier caso, una película alegre y vitalista. El cineasta hilvana una historia graciosa que rinde homenaje al clásico Siete novias para siete hermanos (1954) y al gol de Iniesta para dejarnos con un buen sabor de boca. 

7/10

Qué decir sobre… «The Grandmaster» (2013)

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Dirección: Wong Kar-Wai

Guión: Wong Kar-Wai, Xu Haofeng, Zou Jinzhi

Fotografía: Philippe Le Sourd

Música: Shigeru Umebayashi

Montaje: William Chang

Reparto: Tony Leung, Zhang Ziyi, Zhao Benshan, Chang Chen, Brigitte Lin

El cine de Wong Kar-Wai, he de reconocerlo, es una de mis debilidades. Sin embargo, para desgracia de muchos, se está dejando ver muy poco en las últimas fechas. De hecho, hacía ya 7 años que no aparecía ninguna obra hasta la llegada del trabajo que aquí nos ocupa: The Grandmaster.

No soy un fan de las artes marciales, pero imagino que Kar-Wai sí lo es, pues es una temática que ya estaba presente en la recientemente retocada Ashes of time (1994). Cuidado, no caigamos en el equívoco: esta no es una película realizada exclusivamente para amantes y fetiches de las mismas. El tributo aquí modelado es tan lujoso y refinado que merece una mayor resonancia. No escatima el cineasta de Shanghai a la hora de desplegar todo su poderío visual, tan estilista y bello, al servicio de una historia abrumadora. Esta hilvana el romance con la historia de China, teniendo siempre presente, en cualquier caso, el honor y el sentimiento que envuelven a las artes marciales.

La pareja protagonista está fabulosa, tanto Tony Leung como Zhang Ziyi. Ambos protagonizan una historia de amor muy singular, regalándonos unas miradas teñidas de una melancolía muy emotiva. El contexto que envuelve a la historia está perfectamente ensamblado. Nada falla, atendiendo por separado a cada apartado, en esta narración. Sin embargo, en su conjunto, la obra resulta un tanto descompensada, quizás como consecuencia de la ambición de su propuesta. Eso sí, la fotografía merece una mención especial, pues es asombrosa. Cuándo no lo ha sido en una película de este cineasta. Atrás quedan sus colaboraciones con Christopher Doyle, un artista en el oficio, pero en pie se mantiene su lírica visual.   

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El autor, Kar-Wai, siempre ha sido un poeta de las imágenes. Para él tan importante como el contenido es la forma con la que se viste a este. Un relato tan hermoso y deslumbrante como irregular.

7/10 

Qué decir sobre… «The spectacular now» (2013)

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Dirección: James Ponsoldt

Guión: Scott Neustadter, Michael H. Webber

Fotografía: Jess Hall

Música: Rob Simonsen

Montaje: Darrin Navarro

Reparto: Miles Teller, Shailene Woodley, Brie Larson, Jennifer Jason Leigh, Kyle Chandler, Mary Elizabeth Winstead

Después del bombazo indie que supuso dentro del género romántico la célebre 500 days of Summer (2009), el dúo compositor de aquel guión, Scott Neustadter y Michael H. Webber, reemprendía la escritura para elaborar otro manifiesto (anti) romántico, dirigido ahora por el joven James Ponsoldt.

El resultado es más que digno. Todo se centra en Sutter y Aimee, dos jóvenes con sus problemas y cosas. Ella es tranquila, tímida, sensible y con un punto de misantropía. Él es un acomplejado y traumatizado chaval que se esconde tras la fachada del juerguista “pasota”. Así, el mundo de la adolescencia y el high school queda retratado de un modo distinto, fuera de la línea estándar y acaramelada que todos conocemos. Aquí hay baile de graduación, claro que lo hay, pero uno acude a él con una petaca en el bolsillo de la americana o sin tener ni idea ni ganas de bailar.

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La historia permite lucirse al tándem protagonista: Milles Teller y Shailene Woodley. Los dos están muy bien, pero es una lástima que el relato termine volcándose de manera descarada en la figura del chico, dejando un tanto de lado el espléndido trabajo realizado por Woodley a la hora de interpretar a Aimee Finicky. En todo caso, The spectacular now contiene buenos diálogos y expone acertadas situaciones. El tema del padre del muchacho, a quien da vida un excepcional Kyle Chandler, alienta un poco más (si cabe) el estilo contestatario y repleto de ácido con el que queda adornada esta narración. 

Romanticismo de inadaptados, servido con frescura y ese punto friki tan agradable de ver, para levantar un monumento al espectáculo que es la vida, aun en sus amarguras y desconsuelos.

7/10