‘In search of a midnight kiss’. Noche de fin de año.

“El beso de medianoche, no es un beso cualquiera. En él se concentran las esperanzas y el romanticismo de todo el año. Y ese beso super valorado que requiere tantas llamadas, sms, planificación, prisas y copas para que se haga realidad, se da en un momento en el que el tiempo salta a la palestra, en el que se hacen evidentes el  peso del año que entra y las oportunidades perdidas del año que se deja atrás”.

Misántropo desearía conocer misántropa“. Así se lanza Wilson a buscar compañía para la noche de fin de año. A la desesperada. Y es que su año no ha sido fácil de digerir. Veámos, su novia le dejó. Esto es, tiene el corazón roto. Su proyecto de vida, ser guionista en L.A., se esfumó cuando un piltrafa cualquiera le robó su portátil (contenía el guión que pretendía vender). Además, rayando el patetismo absoluto, su mejor amigo lo cazó, in fraganti y de buena mañana, pajeándose mientras observaba una foto trucada de la novia de aquél. En fin, lastimero total. 

Sin embargo, ha sonado el teléfono. Es Vivian, su misántropa. ¿Será la mujer con la que tendrá su beso de medianoche?

Conmovedor relato protagonizado por dos vagabundos del amor, dos almas errantes que escapan de un año melancólico, hiriente y desolador, esperanzados por encontrar en el nuevo año el wind of change que cantaban los Scorpions. El autor de la obra, Alex Holdridge, consigue impregnarnos su nostálgico romanticismo a partir de una cautivadora puesta en escena y, sobre todo, de unos brillantes diálogos que nos permitirán empatizar, y de qué manera, con el feeling naciente entre nuestros entrañables desdichados. 

8/10  

‘Drive’. Un ejercicio de clase, cátedra de cine.

Driver es silencioso, introvertido y serio. También es rápido, astuto e intrépido. Todo lo combina cuando se pone al frente de un volante, bien cuando trabaja como especialista para los grandes estudios de Hollywood, bien cuando orquesta las fugas de cacos y criminales durante la noche. Su compañía más fiel es la de Shannon, un eterno perdedor. Puede que sea por estar a su lado, o puede que no, pero el caso es que Driver no regenta las mejores compañías de L.A.

Y ahí está ella, la dulce Irene. Ésa que le ganará su corazón. Igual que el muchacho, Benicio. Ambos son un salvoconducto para huir de la tristeza más profunda, y él, esto, lo defenderá hasta las últimas consecuencias. Nadie entendió que no lo hacía por dinero, sino por amor. Quedan pocos tipos como él.

Engalanada con una excepcional banda sonora, todo se mueve al compás que escribe Hossein Amini, a partir del material literario de James Sallis, y que dirige, con mucha clase y pulcritud, Nicolas Winding Refn (bravo por quién lo conociera antes de este film). Una factura técnica asombrosa que nos cautiva desde bien pronto, desde que aparecen los primeros títulos de crédito. Un prólogo tenso, frenético, con mucho brío. El aperitivo ideal. Y un reparto que deja a uno totalmente asombrado. Ryan Gosling está sensacional, puede que la mejor interpretación del año. Carey Mulligan, Albert Brooks, Christina Hendricks o Ron Perlman, lo bordan. Pero yo me quedo con el secundario del año, ése que encarna el fracaso y la derrota con la amargura requerida, un magistral Bryan Cranston. 

En fin, ‘Drive’ es la mejor película del 2011. Así como suena. Es solitaria, taciturna, melancólica. También es amarga, áspera. Dulce y conmovedora por momentos. Brutal, violenta y sanguinaria en otros. Siempre dolorosa, profundamente triste. Por encima de cualquier cosa: la mejor película de amor brindada en mucho tiempo.

9.5/10 

‘The family man’. Calidez navideña.

Jack y Kate se querían. Corrían los años ochenta y eran dos tortolitos enamorados con toda la vida por delante. Sin embargo, ahí estaba la carrera profesional, labrarse un futuro… y un avión de por medio que acabó separando sus vidas. Ahora, pasado el tiempo, la rutina de Jack sólo entiende  de fasto, de dinero, de lujo. Todo gira en torno al trabajo. Es un tiburón del capital. ¡Ay pobre desdichado! El espíritu de la navidad le dará una segunda oportunidad cuando la mañana de Nochebuena despierte…. al lado de Kate, su eterno amor.

No encontrareis en ‘Family man’ ninguna obra maestra. Sin embargo, a mí me encanta. Probablemente Brett Ratner jugaba a ser Capra… ¿y qué? Historia que se sirve del calor navideño para aleccionar al personal acerca de cosas tan relativas y ambiguas como la felicidad. Simpática y enternecedora película.

7.5/10

Spoiler

A ver, mis queridos lectores, una fácil disyuntiva a la que dar solución una vez vista ‘Family man’:

Tenemos a Jack Campbell como tiburón financiero, narcisista empedernido, solitario arrogante, amante de sensuales mujeres, bebedor de refinado whisky escocés, habitante de un lujoso apartamento neoyorquino y portador de elegantes trajes italianos. Ahora, Jack Campbell como humilde vendedor de neumáticos, conductor de un trasto con cuatro ruedas, habitante de un hogar acogedor y cálido, padre de familia y enamorado esposo de una fiel mujer. ¿Quién es más feliz?  

‘Don’t be afraid of the dark’. Insulsa fantasía.

Vale, Troy Nixey ha conseguido rodar una cinta de terror fantástico que huye de lo soez, del cutrerío y la bazofia que tanto nos abruma en este género. Presenta una factura técnica intachable que nos transporta, por momentos, a ‘El orfanato’ (2007) o ‘El laberinto del fauno’ (2006). Intuyo que es debido a la alargada sombra de Guillermo del Toro en esta cinta. Además, cuenta con un par de actores de caché, el correcto Guy Pearce y la desaparecida Katie Holmes,  para mover, dentro de lo posible, la historia revisada que aquí nos atañe.

Lo malo de ‘Don’t be afraid of the dark’ viene de la mano de la insulsez. La trama argumental está estancada en todo momento. Los malévolos bichitos, habitantes subterráneos de la inquietante mansión, sólo nos aterran en un par de ocasiones. La hiriente soledad de la niña tampoco me carcome, y no capto la supuesta intensidad y emoción que debiera acompañar su oscuro deambular. El momento culmen del film, sin duda, es el prólogo.   

En definitiva, un producto que no aburre al personal pero que tampoco le hace disfrutar. Como cinta de terror es un absoluto fiasco. Tiene un pase, en todo caso, si la catalogas dentro del género fantástico.

5.5/10

‘Untraceable’. Tan hueca como entretenida.

Cabe reconocer que Gregory Hoblit es un fenómeno en lo suyo. De acuerdo, no es Coppola, y jamás una de sus cintas ganará el Oscar a mejor película. Pero, seamos sinceros, tampoco es un autómata más puesto al servicio de cualquier productor con ánimo de lucro. Me lo imagino como un tipo serio, alguien que le pone esmero e ilusión a su trabajo, más allá de que todas sus cintas tengan una irremediable alma comercial. En pocas palabras, forma parte de la clase media hollywoodense, y a las pruebas me remito: ‘Primal fear’ (1996), ‘Fallen’ (1998), ‘Frequency’ (2000) o ‘Fracture’ (2007).

Dicho esto, podemos intuir que ‘Rastro oculto’ no está del todo mal. Entretener, entretiene. No alcanza el nivel de las cuatro cintas anteriormente mentadas, pero aún así los 95 minutos de duración se le pasan a uno volando. Vamos que no aburre, y eso que la historia es plana, sencilla y fácil de entender. Creo que la cosa iba de un tipo sádico, torturador de honorables ciudadanos, y de la “poli” bondadosa que intentaba atraparlo. Todo aromatizado por la leyenda urbana que pinta Internet como el salvaje hospicio de la infrahumanidad moral.

En fin, en apenas cinco horas tendré que hacer trabajar duro a mi memoria para recordar con certeza el argumento de esta peli. Lo que uno sí recordará seguro es que ‘Untraceable’ entretenía, sin más.

5/10

‘Friday night lights’. Texas forever.

“Con determinación, no perderemos”.

“Clear eyes, full hearts, can’t lose”.

Cuando una serie como ‘Friday night lights’ se termina, después de casi cuatro meses con ella, uno siente como si le faltara algo. El grado de empatía que consigue transmitir Peter Berg a través de las vivencias de esos nuestros queridos protagonistas, residentes en Dillon, una población ficticia volcada en el mundo del fútbol americano de instituto, es increíblemente cercana, humana, fraternal.

Un pueblo de vida rural, conservador y creyente. Los chicos y chicas del instituto, a quienes veremos crecer, transitando desde la adolescencia a la edad adulta. Noviazgos, desamores, sueños por cumplir, ilusiones rotas. Alegrías y tristezas que viviremos como si estuviésemos allí, junto a ellos, en Dillon, Texas. No olvidemos a los padres, con sus rutinas y quebraderos de cabeza. Ambiciones satisfechas, objetivos frustrados y problemas inesperados. De todo habrá. Y, por encima de cualquier cosa, el viernes noche. Momento en el que se encienden las luces, y los jugadores saltan al terreno de juego. Rugirán los Panthers, primero, y los Lions, después. Los muchachos gritarán de felicidad, o llorarán de impotencia. Los familiares se entusiasmarán, o se lamentarán. Pero una cosa quedará marcada a fuego en la mirada de todos ellos: “Texas para siempre” (Tim Riggins).

Entrañable, fabulosa y querida serie. Siento nostalgia por ella, y por sus protagonistas, desde ya (día uno sin Friday night). En fin, inolvidable relato proveniente desde lo más profundo del corazón de Texas. Mítica.

10/10

‘Final destination 5’. El cierre de una saga.

Veámos, un poco de retrospectiva: año 2000, James Wong nos impresiona con la escalofriante y conseguida ‘Destino final’. Los productores, se frotan las manos. Tres años después, aparece la cantada secuela. La manufactura David R. Ellis, y el nivel (aunque decente) ya no es el mismo. Sin embargo, Wong cogía el proyecto de la tercera entrega y lo rediseñaba (si se le puede llamar así) para volver un tanto a los orígenes y mejorar un punto el nivel. La cuarta entrega, de nuevo a manos de Ellis, era la peor (infinitamente peor) de toda la saga. Parecía que la fórmula dejaba de tener éxito. Pero… ¡tachán! La quinta entrega sorprendía con frescura y desparpajo, ‘Destino final’, ahora en manos de Steven Quale, volvía por el buen camino.

Lo he dicho alguna que otra vez: en esta saga (quitando la primera cinta) lo que realmente cuenta es presenciar el impactante inicio, para luego disfrutar con la mayor o menor originalidad de cada muerte (dicho así, parece un tanto macabro). El inicio es realmente bueno (esta vez era un puente), y las muertes están más que logradas (la caída de la gimnasta es espeluznante). Además, la trama, para no caer en la excesiva monotonía, le echa un nuevo condimento (una fórmula para sortear la muerte) que, por momentos, se acerca más al suspense que al terror.

En fin, se supone, si atendemos al nostálgico final, que aquí acaban las andanzas de ese sádico destino (no apuesten todo por ello). De un modo u otro, aquí tenemos a la hermana extrovertida, suelta y fresca de la saga. No está mal para los ratos libres.

6.5/10

‘Chaos’. Engañabobos.

Así de inicio, tenemos la típica receta: un prólogo impactante; un atraco a un banco; la investigación policial. Bueno, uno, durante los primeros quince minutos, piensa que no está del todo mal, que la historia puede dar de sí. Sin embargo…

Tony Giglio quiso apartarse de la mediocridad. ‘Chaos’ buscaba algo más, y puso todo su empeño en ello. Sin embargo, eso le quedó, el intento. Y es que tiene ciertas flaquezas. Primero, si buscas seriedad, ¿cómo se te ocurre poner de estrellas del cartel a Wesley Snipes y Jason Statham? Segundo, lo que es entrener, entretiene. Pero ya está. No cautiva, no te intriga, no te acabas de meter de lleno en la trama. Por último, tiene la típica trampa sin ingenio. O lo que es lo mismo, ‘Chaos’ es un engañabobos.

4.5/10

‘Death at a funeral’. Gamberro último adiós.

Es el último adiós. Los hijos se reunen de nuevo para apoyar a su madre. La familia y amigos acuden a expresar sus condolencias. Y el sermón ya está preparado para servirse. No obstante, nada será como debiera ser en este funeral.

La película no tiene nada del otro mundo. La crítica la infló como si estuviésemos ante la última gran comedia. A mi no me ha parecido ninguna barbaridad, la verdad. La receta es fácil: frescura, agilidad y cinismo. Alguna carcajada que otra soltaremos al presenciar el cómico y gamberro funeral que nos tenía preparado Frank Oz, un clásico por estos lares. Su fin es entretener y divertir al personal, y lo consigue. Sin embargo, es de fácil olvido. Le ha faltado contar con Hugh Grant.

6.5/10

‘Kill the irishman’. Deja mucho que desear.

Cogí esta cinta con las cautelas que merecía. Es decir, el tal Jonathan Hensleigh, padre de la criatura, no es que sea el álter ego de Scorsese, De Palma o Coppola. Más bien, lo contrario. Cineasta mediocre que buscaba hacerse un nombre, a través de una ambiciosa propuesta, en el género de gángsters y crimen organizado.

Sintiéndolo mucho, el resultado ha sido el esperado. La biografía de Danny Green no cautiva, pues la narración parece descompensada, irregular y fría. Todo queda muy distante, insípido. Tampoco es que sea un producto vomitivo, ni mucho menos. Pero sí engordará la extensa lista de las cintas que pasaron sin pena ni gloria por nuestras retinas.

Le sobran veintisiete escenas con explosiones de por medio. Esto es, tiene excesivo peso el factor acción en esta historia. Le ha faltado mayor profundidad argumentativa, pulir más los personajes y sus contextos. Todo parece hecho a desgana, dando como resultado un producto plano y liviano. Deja mucho que desear.

6/10