‘The wire’. La escucha dio resultados.

El detective con el ego más grande del planeta, McNulty, sale escocido de un juicio. Tan escocido que acaba por chivarle al juez de turno cómo está el mercado de la droga en el este de Baltimore. El juez, anodadado, monta un berenjenal de miedo a los respectivos comandantes de la policía. El problema todos sabían que estaba latente, ahora ya se ha manifestado.

Narcóticos y homicidios se ven envueltos de lleno en la encrucijada personal del detective McNulty contra Avon Barksdale, el mafioso de la barriada. A partir de ahí, el día a día de la investigación policial. El sufrimiento que se lleva. La lucha. Los pisotones entre ellos. Las zancadillas. Ah! Y la lucha contra el narcotráfico. Comienzas pillando a un par de trapicheras, luego caes con un soldado. Tiras un poco más y te sale un hombre cercano al jefe. Una camarera. Un camello. Un matón con sed de venganza. Y así hasta llegar a los mismísimos políticos y jueces. Esto es The Wire. Un retrato cargado de realismo sobre el mercadeo de la droga, sobre las consecuencias de estirar la cuerda, sobre títeres y marionetas. Es decir, sobre mamones corruptos y desgraciados. Esto es Baltimore, pero no cuesta mucho imaginarse la misma situación no muy lejos de aquí. A ver hasta donde llega McNulty.

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