’25 kilates’. Cómoda historia.

Historia ambientada en Barcelona. En los bajos fondos de ésta, sitúa, Patxi Amezcua, el centro gravitatorio de  la historia, dando prontas y efectivas pinceladas a sus tres personajes principales. El cobrador del frac pero sin frac (mejor la vara); la joven con una infancia dura, aderezada a base de palos; el policía corrupto y duro al estilo Vic Mackey. Luego, se complementa con una serie de secundarios como el matón de a pie, el estafador de turno, la sensual mujer del jefe, el capo holandés. Es decir, no esquiva el topicazo al pincelar su historia. Peca, ésta, de ser facilona y rebuscada. Se nota en exceso la artificialidad de su relato. Las casualidades y golpes de destino chirrían un tanto, dejando en mal lugar al conjunto de la obra.

No arriesga, el novel cineasta, en su propuesta, situándose el guión dentro de la comodidad del que conoce el género como la palma de su mano. Eso sí, uno se entretiene viendo el espectáculo, jamás se aburre, aunque, en el fondo, sabe que está contemplando cine de segunda. Algo así como la versión cinematográfica de ‘Sin tetas no ha paraíso’.

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