‘Knowing’. Nada del otro mundo.

En un simple juego acerca del futuro, Lucinda, una niña un tanto extraña, vaticinó una serie de catástrofes aún por producirse en el planeta Tierra. Ahora, Cage, un astrofísico viudo que se encarga del cuidado de su hijo prodigio mientras se clava entre 5 y 6 tanganazos de whisky cada noche, ha decidido que las catástrofes aún por venir, son evitables.

Película comercial de relativa calidad que tiene su punto fuerte en la tensión con la que mantiene al espectador y en su intensidad narrativa. No hay momentos de respiro. Cuando no hay un accidente aéreo, hay un descarrilamiento de tren, o cuando no se aparecen tenebrosos hombres acosando al muchacho.

Sin embargo, todo se viene abajo al final. La intriga de saber por qué le ocurrió eso a Lucinda y a su propio hijo, por qué predecían todo, qué estaba detrás de esa atmósfera asfixiante de miedo y horror, se resuelve de una manera simple, previsible y ramplona. Al final te das cuenta que nos han vendido la moto, otra historia de extraterrestres más. Un mundo que colonizar con los prodigios humanos, y una despedida un tanto pastelona al planeta Tierra. Proyas vuelve a desaprovechar su talento visual en un final de empaque. Suficiente raspado.

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‘El padrino’. Le haré una oferta que no podrá rechazar.

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En el Nueva York de los años 40, el negocio del hampa sigue su curso. La familia Corleone, comandada por su Don, Vito, controla a los políticos y los jueces. Bien lo sabe Sollozzo, ‘El Turco’, un narcotraficante con ganas de insuflar aire en el mercado de la droga, pidiéndole a Don Vito su alianza en tal negocio.

El rechazo de Don Vito, un hombre demasiado clásico para meterse en ese mundo, desembocará en un enfrentamiento directo entre Sollozzo y la familia que lo secunda, los Tattaglia, y los Corleone. ¿El plan? Eliminar a Don Vito para que su hijo, Santino y su Consigliere Tom Hagen, más dados al negocio de la droga, acepten el trato. Craso error, tras el ataque al Don, su hijo Santino, el más impulsivo de todos, tomará el mando de la familia y lanzará todo su poder contra los Tattaglia y ‘El Turco’, materializando el plan en la figura de Michael.

La cena entre Szozsa y Michael Corleone, ese inocente muchacho héroe de guerra, abrirá un antes y un después en el transcurrir del film. Nos trasladaremos a los orígenes sicilianos con el destierro de Michael, y a lo cruel de la guerra con Santino en Nueva York. Se entrará en una espiral de violencia en la que los Corleone se sentirán solos, enfrentándose a todas las familias y con un instigador oculto, Barzini y su familia, quiénes tratan de arrebatar ese poder político y judicial a los Corleone.

La vuelta de Michael tras la muerte de Santino servirá para solucionar las viejas rencillas. Don Vito, ejercerá de Consigliere, le informará a Michael de lo que se le viene encima. Y Michael trazará y planificará. Todo diseñado. Punto por punto. Sin ningún cabo suelto. Con sus miras en Las Vegas, lejos de Nueva York, pero poniendo los puntos sobre las íes antes de marchar.

No hace falta decir que es el mejor final de la historia del cine. También es la mejor película de la historia del cine. Por ello, quizás resulta vacuo tratar de hablar sobre ella. Sobre una Diosa del Olimpo, sobre algo no terrenal. Imposible hablar sobre su perfección. No he nombrado a Connie ni su desgarrador lloro, ni de su marido, Carlo. Tampoco del débil de Freddo. Poco del siempre correcto Tom. Nada de la Mamma, ni de Johnny Fontana. Tampoco de Clemenza y Tessio. Ni de Kay, esa mujer que ve nacer el monstruo con lentitud. Simplemente, es imposible, hay que verla y dejarse llevar. Coppola nos ha retratado el mundo de la mafia tal como es. Se ha metido de lleno, no dejando ni un sólo punto a la imaginación. Calco tremendo de lo que es una familia de la cosa nostra.

Dicen que ‘El Padrino’ es puro sentimiento. Y es verdad. Es el mejor estudio sociológico que se ha hecho sobre una familia, sobre el amor, la fraternidad, el cariño, el honor, la nobleza, la sed de venganza, la serenidad, la supervivencia, la calma, la tormenta, la ira, el engaño y que se yo que cosas más.  Todo ello visualizado desde la perfección narrativa, desde la mano de Coppola en la dirección pasando por lo sublime del guión de Mario Puzo o lo excelso de la fotografía. Qué decir de la música de Nino Rota. En fin, vean ‘El Padrino’. Imposible arrepentirse.

‘Mad Max’. La ley de la carretera.

George Miller con cuatro duros en el bolsillo se inventó en 1979 una de las auténticas obras de culto del séptimo arte. Desde los primeros planos, ya intuimos que algo va mal por el planeta Tierra, alguna pata del sistema se ha debido venir abajo.

No sabemos cuál, pero desde luego la justicia se nos presenta como una ruina, escenificada en un edificio cochambroso en cuyo interior deambulan cuatro vigilantes de la carretera, quiénes al juzgar por lo que vemos, no ostentan un cargo excesivamente bien visto en la sociedad.

La acción se desata con ‘El Jinete Nocturno’, un loco de la carretera al que Max y su compañero ‘El Ganso’ pondrán fin en el propio asfalto. A partir de ahí, unos motoristas nómadas amigos del Jinete llegarán a la ciudad para clamar venganza.

Comenzará el western futurista. Tenemos a la ley, al sheriff y su ayudante, representada en Max y en sus compañeros. Y al otro lado a los forajidos y bandidos, los nómadas de la carretera. El enfrentamiento entre unos y otros resultará trepidante, sin conceder tregua ninguna.

Un final memorable, un acoso asfixiante de los bandidos, quiénes sembrarán el terror a su paso. Hasta que nazca el solitario de la carretera, Mad Max. Se enfunda su traje de cuero. Calza sus botas. Enciende el motor de su ocho cilindros de su ‘Interceptor’ y lo hace rugir. Sale al asfalto e impone su nueva ley. El mundo está jodido, y en ese mundo sólo sobreviven los más duros. Obra maestra.

‘El día de mañana’. La catástrofe más grande jamás contada.

Película con moraleja. Hay que dejar de ser malos con la naturaleza, cuidarla y mimarla, incluso por encima de la economía, porque sino nuestro futuro, nuestra existencia, entrará en fase terminal.

Más o menos, de esas dos líneas que pueden llegar a ser cinco o seis dándole muchas vueltas al diccionario y a la verborrea, Roland Emmerich sacó una historia y escribió un guión. Huelga decir que la peli tiene todos los clichés y tópicos posibles de la historia del cine estadoudinense.

Más grave aún me pareció que un actor que a mí me gusta, Jake Gyllenhaal, casi echara por la borda su carrera cinematográfica interprentado aquí a un pánfilo empollón de diecisiete años que espera que su papi, un Dennis Quaid ya muy venido a menos, le rescate de esta catástrofe climática que se ha cepillado a medio planeta, mientras el se esconde en la biblio de NY e intenta ligar con la chica que le gusta.

Resumiendo, catástrofes con muchos efectos especiales (tornados en Los Ángeles y tsunamis en Nueva York) y un rescate del gran padre americano que busca a su amado hijo en medio de tal berenjenal de frío, nieve, aire, lluvia y demás. Mala.

‘Matrix’. Libertad.

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Estamos en un futuro muy lúgubre. Un futuro cercano al siglo XXIII donde las máquinas han tomado el control del planeta. Tras una espectacular guerra que nos imaginamos, los humanos salieron derrotados por su propia creación, la tecnología. Ahora, éstos sólo sobreviven en Sion, la última ciudad humana. El último enclave de resistencia. Un reducto al que las máquinas quieren poner fin.

Tras la desaparición del sol, la fuente primaria de energía para las máquinas, éstas tuvieron que encontrar otra fuente de la que suministrarse, los humanos, a los que habían vencido en batalla. Los sometieron, los esclavizaron y empezaron a cultivarlos en cautiverio. Sus cuerpos físicos eran controlados, estaban encerrados dentro de unas cápsulas, chupándoles su energía, energía con la que mover el mundo tecnológico. Mientras, sus mentes eran liberadas a través de Matrix. Un mundo imaginario creado para aletargar a los hombres, para someterlos. En dicho mundo, todo es posible, pero nada es real. Sus guardianes, los agentes especiales, controlan Matrix, eliminan cualquier resquicio de rebelión.

Sin embargo, un grupo de libertarios encabezado por Morfeo y secundado por Trinity y su séquito (Enchufe, Apoc, Ratón, Tank, Dozer y el judas de Cypher), todos ellos humanos liberados que transitan por el mundo en su nave Nebuchanedzzar,  han puesto todas sus esperanzas en un hombre del que creen que será capaz de tumbar al enemigo, Neo. Al elegir la pastilla roja, descubriremos al mismo tiempo que Neo lo que es Matrix.

Espectacular cinta futurista que no sólo se sustenta en su gran argumento futurista, en clave distópica, sino también en sus efectos especiales, pioneros indudables de una nueva manera de hacer cine de acción. Los Wachowski, en su obra cumbre, crearon un antes y un después de Matrix. Ya nada volvió a ser lo mismo. Todo lo que rodea a esta cinta está en lo más alto de la historia del cine. Obra maestra.

Spoiler

Durante la mayor parte del metraje vamos aprendiendo con Neo lo que es real, y lo que es imaginario, artificial. Descubrimos Matrix de la mano de Morfeo y Trinity. Y sentimos la responsabilidad que poco a poco va creciendo en el interior de Neo. Una responsabilidad que se agiganta tras la visita al Oráculo. Sus palabras le penetrarán.

A partir de ahí, los Wachowski dejan la filosofía a un lado y comienzan con la acción. La atmósfera de opresión y asfixia que se había construido durante todo el film, se libera ahora. El rescate de Morfeo, capturado tras la traición de Cypher, será la excusa perfecta para que Neo demuestre si es el libertario que todos esperan o no. El final, entrando dentro del género de acción, es espectacular, por no decir que es el mejor que he visto. Y sí, Neo es el salvador. Controla Matrix, lo ha demostrado. Imagino que salvará a la civilización humana con la ayuda de su amada Trinity, de su mentor Morfeo y de la resistencia de Sion. No le brindo la oportunidad de jugar con mi imaginación a Reloaded y Revolutions, cine con alma de marketing, que echa por tierra en buena medida el logro de su antecesora, la inigualable Matrix.

Obviamente, también se le puede dar un voto de confianza a las secuelas. Ver si han seguido los dictámenes de nuestra imaginación. Si no es así, se las puede borrar de la memoria con bastante facilidad y sencillez.

‘Ratatouille’. Amor por la cocina.

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‘Ratatouille’ es una película que, principalmente, habla acerca de la cocina. Todo lo que envuelve a ésta,  el amor y la pasión que mueve. Cualquiera, sea cual sea su origen, puede ser un gran artista, en este caso Chef, nos cuenta Brad Bird. Así es, con mucho empeño y muchísima fortuna, cosa que no sucede siempre, puedes estar ahí.

Eso es lo que debe creer Remy, la rata protagonista del film. Sus andanzas para llegar a ser un gran cocinero son el eje del film. Una casa rural en medio de la nada en la que enamorarse de la cocina. Las alcantarillas francesas. Los bajos fondos de París. La cocina del Gusteau. La complicidad con el chaval patán. Los dilemas morales con sus familiares, la dicotomía rata/persona. El afán por subirse al verde del dólar del pitufo del Chef. Y la supervisión, la crítica de su cocina. El momento cúlmen del film. El crítico saboreando el ratatouille, recordando su niñez a través de él, revolviéndo todos sus sentimientos a través del paladar.

Película menor con vocación de homenaje a la cocina, pero que cala en el espectador. Uno se siente cómplice del sueño de esa rata, Remy. De sus aventuras para demostrar todo su talento. De su lucha por lograrlo. Todo ello en un escenario espectacular, la deslumbrante París. Para los amantes de la cocina, es su gran película. Para el resto, es una buena película de animación con la que emocionarse, con la que identificarse saboreando ese plato que nos trae a la memoria algún momento feliz de nuestra vida. Más que buena.

‘Dexter’. Haciendo amigos.

 

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En una de sus rondas justicieras, Dexter se topa por casualidad con un tipo al que se ve obligado a asesinar. Él no era el elegido, nada tenía que ver, pero se puso en medio con cuchillo en mano y obligando a elegir a Dexter entre su vida vida o la de él. La elección fue sencilla y rápida.

Sin saberlo, Dexter se había cargado al hermano del fiscal Miguel Prado, uno de los tipos más influyentes del Estado. Un tipo con el que poco a poco irá entablando una amistad. Una amistad verdadera para Dexter. Veremos como el psicópata trata de disfrazarse de humano. Quiere tener un amigo, su mejor amigo. El problema vendrá cuando su mejor amigo se desate, saque su verdadero yo, y ponga a Dexter entre el cuchillo y la pared. Es decir, entre el cuchillo y Harry.

Todo ello con el trasfondo de otro asesino en serie, “El despellejador”, un hombre obsesionado con la búsqueda de Freebo, el tipo al que Dexter se iba a cepillar cuando se topó con el hermano de Miguel. Entre tanto, la relación sentimental con Rita irá evolucionando, habrá descubrimientos de algún secreto oculto, pero en general, esta parte entrará en declive respecto a temporadas anteriores. Deb seguirá con sus típicos tambaleos sentimentales con los hombres. Y en la comisaría veremos caras nuevas, como la de Quinn, y más vueltas de tuercas a las andanzas de Batista, Laguerta o Masuka.

En definitiva, esta tercera temporada nos acerca hacia un Dexter conmovido por la amistad. Un Dexter que obvia el código de Harry, que lo trata de hacer suyo, intentando darle cabida a la amistad dentro del juego del asesinato. Sin embargo, esta tercera temporada ha bajado el listón. Suena todo a muy rebuscado. Freebo hasta en la sopa. Otro asesino en seriemás. Deb y sus líos. Los hermanos Prado también hasta en la sopa. En fin, dijéramos que el protagonista sigue cumpliendo, con sus rollos mentales y demás, pero el trasfondo ha bajado, y mucho, en esta tercera temporada. A mejorar.

‘Bosque de sombras’. Ideal para dormir.

Cuatro guiris se vienen de vacaciones a la España de finales del 70. ¿El lugar? Un pueblecito del norte perdido en las montañas y que muestra pocos indicios de civilización a excepción de cuatros casas y un bar.

La tensión entre el grupo de guiris y los autóctonos pronto la percibiremos, con todos los estereotipos posibles en la escena del bar, y aflorará aún más cuando el bueno de Gary Oldman y los suyos encuentren a una niña encerrada en una cabaña en medio del monte. A partir de aquí, la persecución habrá comenzado.

Se supone que esta obra debía dar terror, debíamos asfixiarnos viendo como los salvajes lugareños acosaban a los visitantes, viendo lo claustrofóbico de los montes, como la violencia empapaba la pantalla y saltaba de ella para revolvernos el estómago. Sin embargo, nada de ello ocurre. ‘Bosque de sombras’ es fría y aburrida. Tiene los ingredientes, pero no la mezcla. No trasmite en ningún momento. Si te coge bajo de defensas, puedes llegar a dormirte. Decepcionante.

‘Vecinos invasores’. Típica.

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Unos cuantos animales que viven en familia en un bosque en el que ha comenzado la primavera. Un mapache que se ha metido en problemas por robarle a un oso comida y que tendrá que estafar a la familia del bosque para sobrevivir. Y una urbanización que ha destrozado medio bosque y que cambiará el hábito de vida de los animalillos, pero que a su vez servirá como el punto ideal desde el que sacar todo su alimento.

Historia que habla sobre el valor del grupo y de la familia. Sobre la solidaridad entre ellos, sobre lo bueno que es todo si estás en grupo, si tienes a alguien que te apoye. Y lo jodida que es la soledad y lo malo que te llega a convertir.  Típica película para el público infantil. No emociona, pero entretiene y divierte. No perdura, demasiada trivial y sencilla.

‘Ágora’. Vida y obra de Hypatia.

Amenábar nos lleva a la Alejandría decandete del siglo IV. Allí, Hypatia, una joven filósofa y astrónoma, da clases magistrales a sus alumnos, jóvenes de clase alta. Entre ellos, se encuentra Orestes, un joven pagano e inconformista que siente amor por su maestra. El mismo amor que siente Davo, su esclavo, por ella.

Esa historia de amores entrelazados, se ve cerrada por un amor inmenso, el amor más grande de todos. El amor de Hypatia por el saber, por el conocimiento. Hypatia entregará su vida y devoción a la filosofía y astronomía, impidiendo así el amor carnal.

Sin embargo, esta historia de amores cruzados se verá perturbada por un contexto nada lúgubre en comparación con lo que se avecinaba en siglos posteriores. El cristianismo acaba de salir a la luz. Sus creyentes ya no son perseguidos ni crucificados. Ahora, en la Alejandría romana, conviven los cultos paganos con el cristianismo y el judaísmo.

Sin embargo, poco durará la convivencia pacífica. Una ofensa de los cristianos frente a los dioses paganos, provocará una reacción represora de éstos, iniciando así un combate que desembocará con los paganos asediados tras sus murallas, protegiendo con su honor la biblioteca de Alejandría. Pero los romanos se decantarán  en favor de los cristianos, obligando a abandonar su biblioteca a los paganos.

La batalla habrá sido perdida para los paganos, el cristianismo habrá borrado de su lista de rivales a éstos. Hypatia, se sumergirá en el dolor más profundo al abandonar ese templo del saber que era la biblioteca. Ahora, durante un tiempo, existirá una paz forzada en Alejandría. Los paganos serán reconvertidos al cristianismo. Uno de ellos, Orestes, llegará a ser Prefecto romano gracias a ello.

Poco durará la paz. El afán universalista de los cristianos, representado en la figura del obispo de Alejandría, Cirilo, pronto le llevará  a enfrentarse a los judíos. Éstos serán expulsados. Los cristianos, gracias a la instauración del miedo y a la intolerancia, la representada tanto por Cirilo como por Amonio, el líder de los parabolanos, y gracias a las piedras y a la sangre derramada por sus espadas, serán los dueños de la ciudad.

Sólo un problema, el poder civil. El poder del Prefecto Orestes. Un antiguo alumno de Hypatia, su gran amor. Pronto, Cirilo descubrirá el camino más fácil para derrumbar a su único enemigo para alzarse con el poder total, atacar a Hypatia. Tergiversará y manipulará las palabras de Dios a su interés. El Prefecto deberá claudicar, arrodillarse a sus pies. Hypatia, abandonada, morirá. Davo, su amante en silencio, le ayudará a ello.

Gran obra histórica la diseñada en esta ocasión por Amenábar. Nos llevará a la vida y obra de Hypatia. Una vida y obra marcada por la astronomía y la filosofía. Una vida entregada al saber y a la ciencia. Una vida contrapuesta al pensamiento único cristiano. Ese pensamiento universalista que ya comenzaba a recrudecer sus actos y actitudes, y del que Hypatia fue víctima. Bonita historia de amores perdidos, de sueños desvanecidos. Y un claro culpable de todo ello: el cristianismo. Peliculón.