‘How to make it in America’. New York City eats it’s young.

Ben es neoyorquino. Allí nació, allí vive y allí quiere morir. Con cierta tendencia al derrotismo, su vida parece enmarcada dentro de la grisez. Estudió moda y diseño en la universidad, pero le superó. Su novia de toda la vida, Rachel, le dejó o él la dejó a ella. El caso es que sigue enamorado de ella, otra derrota más, porque ahora a ella la vida parece funcionarle de maravilla, con un trabajo cómodo y una nueva aventura sentimental. Tiene, eso sí, un curro como dependiente en una tienda más de ropa, y la gran compañía de su mejor amigo: Cam. A este chico la vida tampoco le ha dado excesivas alegrías, pues vive con su abuela y bajo el yugo de su primo Rene, un trapicheras de tres al cuarto que busca “legalizarse” a través de un nuevo negocio de bebidas energéticas: el Rasta-Monsta. Ahora, los dos tienen un claro objetivo: montar su propia línea de jeans, la llamarán Crisp.

‘How to make it in America’ podría decirse que es un retrato generacional. Veinteañeros a los que el sistema engulle (genial guiño el de las camisetas diseñadas por ellos: “New York City eats it’s young”, “New York se come a sus crías”). Sin oficio ni beneficio, pero con mucha ilusión entre medias. Optimismo inherente al sistema, tratar de salir de abajo para estar arriba. Buscarse la vida, al fin y al cabo, en América. Una América concretada en Nueva York, la esencia misma del sistema. Un New York que se aleja de la típica postal, de la cándida mirada hollywoodense,  de la pomposidad y el lujo de la jet set, centrándose más (Julian Farino: creador; Ian Edelman: guionista; Mark Wahlberg: productor), en mostrar el corazón de la manzana podrida, los escondites más oscuros, la sombra de la ciudad. Los empleos precarios, la cultura del ocio (buenas fiestas se dan)  y los fracasos sentimentales de nuestros protagonistas, se alternan con galerías de arte, influencias con financieros de Wall Street (buen papel de yuppie el de Eddie Kaye Thomas) y hasta líos con prestamistas casposos. El paisaje interclasista nos expone una realidad: América, la tierra de las oportunidades, no da las mismas oportunidades a todos (y más desde que Reagan llegara al poder).

Con un formato breve de duración (capítulos que van de los 20 a los 25 minutos) y apenas ocho episodios por temporada (sólo he visto la primera), Julian Farina inserta la temática de su serie en la ilusión por triunfar, ganarse la vida y salir adelante mediante constancia, lucha y esfuerzo (más de una anécdota nos dan nuestros protagonistas de ello). No obstante, en el camino contemplamos un paisaje nada halagador, mostrándonos como la lugubridad se come a esa ciudad global. Tampoco conviene desdeñar, como ya se ha dicho, el apartado sentimental, principalmente la relación entre Ben y Rachel. Se añade a todo ello las buenas interpretaciones de un reparto joven y pujante, haciendo especial énfasis en Bryan Greenberg (Ben), Victor Rasuk (Cam) y Lake Bell (Rachel), y una BSO brutal. En fin, retrato generacional (también social) digno de toda admiración.

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