‘The perfect host’. Un juego arriesgado y fallido.

Imagínate que acabas de atracar un banco. La policía conoce tu cara, te busca y, lo peor de todo, sabe, aproximadamente, dónde encontrarte. ¿Qué hacer? Malherido, desesperado y sin pocas opciones entre las que elegir, la salida parece sólo una: esconderte entre los urbanitas que habitan el residencial barrio en el que agonizas durante tu fuga.

Nick Tomnay debutaba en el mundo del largo de la mano de un anfitrión muy peculiar, el tal Warwick. Para quién haya visto la violenta y exasperante ‘Funny games’ (1997), de Michael Haneke, encontrará que ‘The perfect host’ le resulta familiar, aún con un planteamiento del todo opuesto. La fórmula, de todos modos, acaba fatigándonos la vista. El cineasta no consigue trasmitir el punto aflictivo, en toda su dimensión, por el que está pasando su protagonista. Además, su originalidad se requebraja a partir del momento en que Tomnay decide sacar la acción del claustrófobico y delirante universo en el que ha metido al pobre desgraciado para introducirse ya en una senda más estándar como es la del botín, la trampa y el policía ¿alocado?.

Todo termina en caída libre. Lo que parecía una cosa, resultó ser otra. El condimento del amor fallido, sumado al de policía con doble personalidad, acaba por estropear la transgresora y arriesgada propuesta inicial. Con todo, no molesta perder noventa minutos de tu vida viendo ‘The perfect host’.

6.5/10

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