Searching for Sugar Man (2012)

searching-for-sugar-man-cartelDirección: Malik Bendjelloul
Guion:
 Malik Bendjelloul

Producción: Sony Classics / Red Box Films / Canfield Pictures / Passion Pictures
Fotografía: Camilla Skagerström
Música: Sixto Rodríguez
Montaje: Malik Bendjelloul
Duración: 86 min
País: Suecia

Un hombre cualquiera. Veinteañero, camina por las frías calles de Detroit. La ciudad está decaída, su ánimo también. Las oportunidades no se le presentan, las chicas le descentran y él, entre tanto, busca a sugar man. Se detiene en las esquinas y vive en las aceras. Es una sombra más de la gran ciudad. Es un hombre cualquiera, sí. Pero compone música, escribe letras. Retrata su día a día a través de la música. Convierte su mundo, el mundo que pincela esas gélidas aceras, en poesía.  

Hay veces que uno se encuentra, casi por casualidad, con un acontecimiento mágico. Un acontecimiento que cambia el rumbo en la vida de muchísimas personas. Eso es lo que viene a contarnos, en definitiva, esta película. Una historia tan bonita como bien hecha; la historia de Sixto Rodríguez. Él es un chico con un talento descomunal para esto de la música. “Listen these words”, dicen los entendidos. Es un poeta, al nivel, hablan, de Bob Dylan. Pero, de pronto, se esfumó. A mediados de los años setenta, desapareció. No vendió, así es el negocio musical: “no hay garantías de nada”. A pesar de ser estadounidense, en Estados Unidos no caló su mensaje, su lírica. Sixto Rodríguez… fracasó.

Paralelamente en Sudáfrica la crueldad sigue imperando. Son los tiempos del apartheid, tiempos en los que la sociedad internacional apunta su mirada, en tono inquisidor, hacia este punto de África. La gente necesita liberarse, respirar. Existe una atmósfera contestataria que reprocha el patético conservadurismo que impera en las calles sudafricanas. I wonder how many times you had sex, escuchan en una canción. Es algo fabuloso para ellos. Increíble. Han encontrado esa inspiración necesaria para abrir sus mentes, para no sentirse menos que nadie. ¿Quién es ese tipo? ¿quién canta esas canciones? Vaya, si es Rodríguez.

Qué caprichosa puede llegar a ser la cosa. Cómo un tipo con ese talento descomunal apenas vendió cuatro discos en los Estados Unidos y, sin embargo, se convirtió en un fenómeno de masas en Sudáfrica. Y además, cómo es posible que él, Rodríguez, ni siquiera supiese de esa fama. Pero claro, hablar de Rodríguez es hablar de una sombra, de un fantasma. ¿Qué fue de este artista? Unos dicen que se suicidó; otros, que lo vieron caminar por una vieja calle de la ciudad. En realidad, nadie sabe qué fue de el hombre que escribió sugar man. Y esta es la historia que aquí nos relatan, esa búsqueda: ¿Qué sucedió? ¿Dónde estará? ¿Acaso sigue vivo?

Perderse y encontrarse. Aunque eso, en realidad, es una mirada superficial del asunto, pues Rodríguez nunca se perdió. Siempre supo dónde estaba su sitio, su lugar. Él nunca sintió la derrota. Se creyó poderoso, fuerte: al mismo nivel que los demás. Esta es una película preciosa.  

SearchingForSugarMan

Revelando a Dalí (2014)

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En un país que tiende a convertir en política (casi) todo, el informativo de la televisión pública, en este caso TVE, siempre estará bajo sospecha. Sea cual sea el color del gobierno, uno mirará con recelos la retahíla de noticias que se suceden, la estructura del telediario, la ambigüedad con la que se cuentan ciertas cosas. Esto es así. No tengo especial devoción por ningún informativo televisivo, pues el nivel de todos ellos, en el caso español, roza la mediocridad. Quizás por eso, siempre suelo ver el de TVE. Desde hace un tiempo, de hecho. Y una breve noticia, un escueto retazo cultural (muy bien ensamblado siempre) me sorprende más de una noche. Es el momento en que Carlos del Amor, fabuloso periodista, tiene la oportunidad de contarnos su noticia, de dar voz y poner imagen a sus inquietudes. Solo por su estilo, tan peculiar y estético, merece la pena este informativo. 

Quizás por ello, alguien confió en él una colosal tarea: revelar a Dalí, estrambótico genio del pasado siglo XX. Así nacía este documental que tenía por bandera la idea de alcanzar lo inalcanzable, esto es, desentrañar los misterios que acompañaban a la obra del maestro del surrealismo. Y, como era de esperar, el documental es un verdadero disfrute. Conjuga el talento de Carlos del Amor con la volcánica creatividad de Salvador Dalí. Apenas 57 minutos le bastan para acercar al espectador a los secretos y enigmas que acompañaron la vida y obra del aclamado pintor. 

muchacha-en-la-ventanaAsí, subimos a la terraza de la casa del artista, lugar donde se relajaba y en el que se inspiró para pintar paisajes deslumbrantes. Conocemos la historia que hay detrás de El retrato de mi hermano muerto, y observamos atónitos la capital importancia de Gala en la vida de Dalí. No solo esto, también acudimos a esa famosa ventana en la que una muchacha miraba al mar. Comprobamos la amistad que surgió en Madrid entre Buñuel, Lorca y el dandi de los bigotes, de la cual germinaría, poco después, un trabajo como Un chien andalou. Y visitamos Cadaqués, dejamos que el viento de tramontana enmarañe nuestro pelo para alcanzar la roca que inspiró a El gran masturbador.

Todo ello no deja de ser una agradable anécdota. Es decir, un recorrido fantástico por las excentricidades que acompañaron la vida de este hombre. Acercar la cultura al gran público, a mí me parece estupendo. Y en esa tarea, lo repito, Carlos del Amor es un maestro. Aquí le ayuda César Vallejo. Entre ambos nos han dado tres o cuatro pinceladas para esbozar la obra daliniana, aunque sea de una manera aproximativa. Si quieren conocer más el trabajo de este genio, seguro que encuentran grandes manuales de historia del arte en los que los estudiosos diseccionan el trabajo de Dalí, también pueden adentrarse en los museos y las galerías donde se exhiben sus obras o incluso visitar los lugares y paisajes que inspiraron sus pinturas. En caso de que Revelando a Dalí les haya despertado esta inquietud, este documental les habrá merecido la pena. ¿No quieren intentarlo?      

‘I’m still here’. Joaquin Phoenix.

Primero, me decantaré por la opción de la farsa. Quiero pensar que Joaquin Phoenix y su cuñado, Casey Affleck, idearon tirarse dos años de su vida, y carrera, sin actuar, dramatizando, dando veracidad a la obra que aquí les atañía. En segundo lugar, resaltaré que estamos ante uno de los mejores papeles de Joaquin Phoenix. El tipo se representa a sí mismo de un modo, cómo no, absolutamente creíble. La angustia, la desorientación, la vida errante, la espiral autodestructiva que conlleva la depresión, todo es palpable, humano, cercano. Lo cual me lleva al tercer punto: vuelvo a dudar, ¿farsa o realidad? Creía que esto era un circo que habían montado estos dos amigotes. Ellos, innovadores y transgresores, buscaron hacer un documental, ficticio, sobre la caída a los infiernos de Joaquin Phoenix. Eso sí, éste debía creérselo, meterse en el papel hasta tal punto que todo el mundo picara el anzuelo. ¿Phoenix abandona el cine? ¿Phoenix cantante de hip hop? ¿Phoenix barbudo, callado y gordo? ¿Phoenix depresivo? El caso es que lo hace tan sumamente bien que uno al final ya no sabe si es una farsa lo que está presenciando o es una realidad. Por tanto, y por último, no sabemos si estamos ante una obra cargada de ingenio, originalidad y cinismo (con viaje evasivo final incluido hacia los orígenes del actor), o si realmente esto es un infierno terrenal, una calamitosa existencia que, llegando a un punto del todo retorcido, decide ser documentada, mostrando al gran público todas sus vergüenzas, por el vagabundo errante que la protagoniza, esto es, Joaquin Phoenix. Y ahí, en esa incerteza, reside el punto fuerte del film que va aparejado indudablemente al buen hacer (ahora ya no sabemos si interpretativo o no) del actor, y a la capacidad de divertirse y de jugar con el espectador que tienen los autores de tan maquiavélica cinta.

7.5/10 

‘El sol del membrillo’. Una forma de vida.

En otoño, el membrillero comienza a madurar sus frutos. Bien lo sabe Antonio López, pintor de profesión, pues tiene uno en su huerto. En ese otoño, el de 1990, Antonio se propone intentar nuevamente pintar el membrillo. Pero no en cualquier momento. Debe captar el instante exacto en el que el sol calienta al frutal en su plenitud. Una estampa preciosa, muy bonita.

Sin embargo, el otoño va pasando. El sol cada día es menos feroz. Las nubes tormentosas se asoman al cielo de Madrid. Y Antonio ve como su misión parece muy complicada. Octubre ha sido borrado del calendario, y ya estamos en Noviembre. Las lluvias y el viento no persisten. Así que Antonio olvida su ilusión, no podrá ser. Su inacabada pintura acabará en un sótano, olvidada. No valdrá para el año próximo, pues el frutal, como muchas cosas, cambia de año en año. Sin embargo, a él le ha quedado ese punto de insatisfacción. Si el óleo no puede ser, probemos con el dibujo, acompañando así la vida del membrillero hasta su decadencia allá por diciembre. Si tampoco da resultado, si no ha habido tiempo, habrá que esperar a que la fruta vuelva a salir allá por la primavera, hasta que transcurrido el verano, madure nuevamente durante el otoño.

Le dicen, extrañados, que por qué no hace una fotografía. Más fácil, sencillo y rápido. Sin tener que esperar a ese momento en el que luzca el sol diariamente. ¿La respuesta? Más que el fin, lo que cuentan son los medios. Y para él, el simple día a día acompañando al frutal, ya merece la pena, independientemente del resultado final.

Antonio prefiere vivir con naturaleza. Ajustando sus cálculos. Sus marcas. Sus clavos. Las varas. El invernadero. Las finas cuerdas. Todo calculado milímetro a milímetro. Observándolo día a día, siendo un compañero fiel. Y así transcurre su vida. Una vida plácida y tranquila inundada de momentos de alegría (desprendida de sus canturreos), de soledad (con sus pitillos), de regocijo (explicándole a dos amigos chinos su modo de pintar), de nostalgia (recordando con su buen amigo su juventud), de tristeza (bajo una lluvia persistente), de amor (acompañado de su mujer), de convencionalidades (con sus amigos), de familia (con sus hijos). Una vida marcada por una pasión, la pintura. Y por una forma de vivir, esa que añora a los membrilleros con los que creció en su niñez y con los que aún sueña cuando la muerte le acecha.

Cine, poesía y pintura se dan de la mano en esta cinta para aliarse contra la televisión, un instrumento de control de masas, un emblema de nuestras sociedades. Una crítica centrada en esa imponente Torrespaña que se nos muestra iluminada al centro de la imagen, expandiendo su señal a toda la ciudad, inundando todo el paisaje urbano con su luz azul. Una torre que aleja a la urbe de la forma de vivir de Antonio, tan sencilla, como bonita. Erice contrapone lo urbano frente a lo rural, lo combina, y da como resultado una preciosa película que cala hondo.

“Estoy en Tomelloso, delante de la casa donde nací. Al otro lado de la plaza, hay unos árboles que nunca crecieron allí. En la distancia, reconozco las hojas obscuras y los frutos dorados de los membrilleros. Me veo entre esos árboles junto a mis padres. Acompañado por otras personas cuyos rasgos no logro identificar. Hasta mí llega el rumor de nuestras voces. Charlamos apaciblemente. Nuestros pies están hundidos en la tierra embarrada. A nuestro alrededor, prendidos de sus ramas, unos frutos rugosos cuelgan cada vez más blandos. Grandes manchas van invadiendo su piel y en el aire inmóvil percibo la fermentación de su carne. En el lugar donde observo la escena, no puedo saber si los demás ven lo que yo veo. Nadie parece advertir que todos los membrillos se están pudriendo bajo una luz que no sé cómo describir: nítida y, a la vez, sombría, que todo lo convierte en metal y ceniza. No es la luz de la noche. Tampoco es la del crepúsculo ni la de la aurora.” (Antonio López)

‘Sicko’. Por una sanidad universal.

Sicko es una denuncia abierta frente al sistema sanitario estadoudinense. En una sociedad como aquélla,  de corte liberal individualista, todo lo que tenga que ver con la palabra Estado chirría. Una vez cruzas esa línea caes en el peligro de ser comparado con un socialista, un comunista o el mismísimo  satanás.

El documental realiza un recorrido por distintos países, Canada, Cuba, Francia e Inglaterra, analizando, superficialmente, la sanidad de cada país respectivo y comparándola con la estadoudinense.

Destapa el oscuro juego de los intereses políticos y económicos. Inquieta ver cómo se compra a un congreso. Es duro hacerse a la idea de que millones de personas ciudadanas del país más rico del mundo no tienen cubiertas sus necesidades sanitarias de una manera universal. Si te rompes una pierna, pagas. Si no pagas, te abandonan en la calle malherido.

Podríamos decir que la ley de maximización de beneficios se aplica de una manera sistemática, temeraria. Aquí primero se piensa en los costes y beneficios económicos, luego ya nos encargaremos de tu salud. Estoy diciendo, que si tienes cáncer y requieres de una operación para no morir, ellos probablemente no te la concedan. Aleguen cualquier excusa barata para no realizar un gasto superfluo. Es un palo ver que estas cosas aún ocurren.

Y para denunciarlo, ahí está Moore. Qué mejor fórmula que irse al país vecino, Cuba, eterno enemigo, para restregarle a los yanquis por la cara que los cubanos son mejores que ellos en cuanto al tipo de sistema sanitario. Moore sabe los puntos débiles, y los ataca como nadie. Te gustarán más o menos, las formas pero el fondo está ahí.