‘Star trek: La conquista del espacio’. El miedo a lo desconocido.

Una extraña nebulosa se acerca irremediablemente y con señales de gran violencia hacia el planeta Tierra. Allí, los seres humanos viven en medio de paz y armonía, con vidas placenteras y tranquilas. Han logrado una civilización tecnológica capaz de crear naves espaciales de exploración. Sin embargo, el castillo de naipes se puede venir abajo. Por ello, jugarán la carta del almirante Kirk, quien se pondrá a los mandos de la Enterprise, una gran nave especial, pero medio en ruinas, secundado por el comandante Decker, el doctor McCoy, el oficial Spock y todo su séquito (a los que no conozco, pues era mi primer contacto con la saga).

¿La misión? En principio, salvar a la Tierra. Una misión que les llevará a partir hacia la temida nebulosa, surcando el universo y dándose de bruces contra ella para depararnos un memorable final.

‘Star trek’ es una gran cinta de ciencia-ficción. Se podría catalogar de ‘atípica’, ya que, en su mayoría, las carreras espaciales, rayos, pistolas láseres y demás abundan dentro del género. Aquí no. Aquí tenemos un alto grado de reflexión en detrimento de la acción, entendida ésta como disparos y explosiones. Una reflexión derivada de los densos y largos planos con los que Robert Wise visualiza el punto al que ha llegado la civilización humana (y de paso farda de efectos especiales, que en su día serían la hostia), de los diálogos entre la tripulación y de su escena final.

Spoiler

V’ger, la máquina que controla en su interior a la nebulosa, ha puesto rumbo a la Tierra en busca de su creador. Él, ha conseguido recopilar toda la información del universo. En su seno hay toda una variedad de galaxias y planetas infinitos. Sin embargo, se pregunta si hay algo más después de todo. ¿De dónde vengo? Ello le llevará a buscar su creado en el planeta Tierra. Para sorpresa de la tripulación, su creador fue la generación humana de finales del siglo XX. Ellos enviaron a V’ger, o mejor dicho, Voyager, para surcar el universo y recopilar toda la información posible del espacio exterior.

V’ger quiere respuestas. La respuesta será contradictoria. Dekker, por amor, se entregará como creador suyo, como Dios y amo. Dando como resultado todo una fusión entre humano y máquina. Una película, en definitiva, cargada de filosofía y reflexión acerca de nuestra propia civilización. De lo diminutos que somos en comparación a todo lo que nos rodea. De cómo tememos ante lo desconocido, por mucho que vivamos en el limbo del planeta Tierra. Y de cómo podemos llegar a autodestruirnos con nuestros avances tecnológicos.  Por momentos, sin contacto previo con nada de lo trekkie, se hace lenta. Pero no desagrada. La cinta se debe enmarcar dentro de un minucioso proceso de descubrimiento de qué es esa nebulosa, de su lógica y sus misterios, de su amenaza hacia nosotros. Es cierto, que la primera parte de volver a juntarse toda la tripulación, al no tener contacto ninguno con la serie, puede llegar a aburrir. En el choque con ‘La guerra de las galaxias’ jamás podrá entrar. Están en las antípodas del género.

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