‘Homeland’. Bienvenidos al siglo XXI.

El 11 de septiembre de 2001 marcaba un antes y un después en el orden internacional. Para algunos supuso la entrada verdadera en el siglo XXI. La geopolítica, después del trágico atentado, daba un giro radical, trastocando la agenda de la política exterior estadounidense. El famoso eje del mal (Irán, Corea del Norte, Cuba), prioridad absoluta hasta el mismo 10 de septiembre, pasó a ser secundario, pues ahora todas las miras debían apuntar hacia el terrorismo global, iconizado éste en la organización yihadista Al Qaeda.

Poco se ha hecho en el cine ante tal panorama. No ha terminado de explotarse el filón que aporta este período histórico, pues me cuesta recordar películas que traten, aunque sea de modo indirecto, el tema, más allá de ‘Body of lies’ (2008) o ‘The kingdom’ (2007). Así, el vacío queda finalmente ocupado por la cadena televisiva Showtime, cuya labor para con las series de televisión es digna de elogio, a través de ‘Homeland’, la gran triunfadora en la última ceremonia de los Globos de Oro.

El argumento gravita en torno a la figura de Carrie Mathison, una fabulosa Claire Danes, agente de la CIA y devota de la causa antiterrorista. La inesperada aparición del marine Scott Brody, después de ocho años de prisión en Irak, iluminará e inquietará la mente de la agente. ¿Se está gestando un nuevo atentado? ¿Es Brody la clave de todo ello? Ella maneja esta hipótesis, y tiene suficientes indicios como para creer que así sea. Allá donde todos ven a un héroe, ella palpa una amenaza. Estamos ya metidos en ese juego de luces y sombras, de dobles apariencias y dudas crónicas. 

Un thriller vibrante, cautivador e inquietante. Consigue tensionar en cada minuto de su narración al espectador. Tiene una ambientación poderosa, creíble. También ayuda contar con un reparto de calidad, pues el duelo entre Claire Danes y Damian Lewis es de altura, no desentonando tampoco la excelente labor secundaria de Mandy Patinkin o Morena Baccarin.

Homeland nos ofrece una radiografía, imagino que un tanto superficial, acerca de lo que es la lucha contra el terrorismo. ¿Cómo es gestionada la misma por la CIA? ¿Qué papel juega la Casa Blanca? La obsesiva conducta de nuestra protagonista nos invitará a disfrutar con una trama altamente hipnótica, intrigante. Déjense llevar por la paranoica existencia que aquí nos es entregada, y aprovechen de paso para contemplar las sensacionales vistas ofrecidas por las reuniones secretas, los informes desclasificados, el discurso mediático o los criminales de traje y corbata. En fin, bienvenidos al siglo XXI estadounidense. 

8.5/10

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‘No habrá paz para los malvados’. Sabor amargo.

El prólogo brindado por Enrique Urbizu es de una calidad asombrosa. Uno se frota las manos con lo que le puede acontecer a ese personaje tan castigado, decrépito y errante como es Santos Trinidad, a quien da vida un excepcional José Coronado (va para Goya).

Sin embargo, el film va perdiendo fuelle conforme vuelan los minutos. El cineasta vuelve a sumergir su cámara en los bajos fondos madrileños, en un terreno que él conoce a la perfección. Las dos investigaciones, tanto la oficial como la de Santos, por desgracia, no terminan de cautivarnos. Nos emborrachamos con tanto colombiano narcotraficante, y tanto tunecino yihadista. A Urbizu se le va la mano, en esta ocasión, subiéndose al carro (aunque no lo parecía inicialmente) del terrorismo islamista. No consigue combinar los elementos de un modo preciso, esquivando, por tanto, la manufactura de un thriller de textura lograda.

De hecho, la película nada en la mediocridad. Quién salva del (casi) seguro ahogo al cineasta no es otro que José Coronado. O Santos Trinidad. Un tipo con un poder de hipnosis especial cada vez que sale en pantalla, invitándonos con su magnífica interpretación a no decaer en su moribunda investigación. Con todo, irregular cinta que me deja un regusto amargo, quizás porque la esperaba con excesiva devoción.

6.5/10 

‘Blown away’. Pirorutina.

Conviene reconocer la interesante labor de la producción de ‘Blown away’, la cual conseguía juntar, en el mismo cartel, a distintos actores de la talla de Jeff Bridges, Tommy Lee Jones o Forest Whitaker. El botín remunerado, he de suponer, era elevado. De no ser así, es imposible que este tipo de gente se metiera en un fandango como este.

A pesar de un inicio atractivo, Stephen Hopkins, apoyado en las flaquezas y penurias de un triste guión, no consigue levantar el vuelo, superada la treintena en el minutaje, a su pretenciosa y explosiva narración. Para ser un producto destinado a la fácil digestión, se exceden en la duración del mismo. La historia personal del protagonista (tanto la vertiente familiar, como su oscuro pasado) es un tedio. El papel de Forest Whitaker parece metido con calzador. Además, el juego de terrorista vs. artificieros acaba por cansarte a partir del segundo round. Por si fuera poco, varias escenas de acción destilan un elevado grado de chapucería (Hopkins no es Bay).

Con todo, película de olvido temprano. La facilona historia, juntamente con la disparatada dirección de la misma, acaban por desaprovechar un excelente reparto. La tensión y la inquietud se pierden pronto, incluso antes de haber terminado con las palomitas. En fin, una pirotecnia que de tan rutinaria acaba por decepcionar.

5.5/10

‘Arlington road’. Tenso e inquietante thriller.

Mark Pellington sorprendía a propios y extraños con ‘Arlington road’, cinta estrenada en 1999, cuya historia gravitaba en torno a la manida idea del “vecino” como hombre extraño, oscuro y misterioso. ¿Y si nuestro vecino fuése un auténtico criminal?

Es la duda que marca el existir de Michael (Jeff Bridges) desde que un mal día conoció, en sangrientas circunstancias, al hijo de los Hunt (Tim Robbins y Joan Cusack), sus vecinos. Atormentado por la fatídica y frustrante muerte de su esposa, Michael ha salido adelante gracias a sus clases de Historia del Terrorismo en la universidad de Washington, y en su afán por conseguir que su hijo supere el dolor de la pérdida de su madre. Ahora, todo parece reflotar con la incipiente amistad entablada entre padres/hijos de estas dos familias.

Gran thriller comercial, con pulso tenso y adrenalínico, sustentado en la paranoica interpretación del bueno de Jeff Bridges así como en las inquietantes representaciones de Tim Robbins y Joan Cusack. Un mal trago crónico, una pesadilla sudorosa de la que nunca consigues despertar. Es lo que ha conseguido transmitir Mark Pellington y el buen hacer del reparto a partir de esta historia de vecinos ideada por Ehren Kruger. Posee un clímax final acorde con el buen nivel mostrado durante toda la cinta. Ojalá todos los thrillers comerciales y rutinarios que se estrenan anualmente se parecieran mínimamente a la digna ‘Arlington road’.

7/10

‘Carlos, le film’. Joya histórica.

Primero de todo, destacar que se nota, y mucho, que ‘Carlos’, en su génesis, no tenía por objeto tener una duración que no llegará  a las tres horas y se estrenara comercialmente como una peli más. Aquí, en esta cinta, únicamente reside la esencia del original, difuminándose incluso ésta entre los tajos y saltos del metraje a los que se ve abocado el espectador.

Con todo, ‘Carlos’ nos habla de la figura de Ilich Ramírez Sánchez, un sanguinario terrorista, antiimperialista de origen, mercenario reconvertido. Se relata con brío y ferviente acción los inicios del personaje, sus primeros golpes, su férrea moral internacionalista y su desparpajo para la oratoria. Son artes que domina, se mueve bien entre discursos, fuego cruzado y mujeres. Incluso tiene ese don de rockstar, admirado por la fotogenia. Pronto, entre asesinatos a sangre fría y secuestros en la OPEP, presenciaremos la subida al estrellato de ese izquierdista belicoso aspirante a “Che” Guevara.

Luego llega la desorientación en el camino, difuminándose todo entre dólares ensangrentados, politiqueo de segunda, luchas intestinas y buena vida. El guerrillero pasa a ser mercenario, luchando por causas que ya ni siquiera le son cercanas. Todo se desvirtúa en la vida de Carlos, atenazado por la soledad del asesino, aislado por un nuevo orden mundial que ya no le necesita, temeroso de los lobos agazapados que aguardan para el ataque.

En fin, Olivier Assayas ha estado ambicioso, aunque habrá que esperar a presenciar el macroproyecto original para ajusticiarlo como es debido. Su punto fuerte, sin duda alguna, es el increíble relato histórico que nos ha narrado aquí, un documento de gran calado acerca de una época, que va no sólo de la pujanza de la extrema izquierda en Europa, sino también de la causa palestina o las intestinas lógicas que mueven a los movimientos islamistas. También se describen las interacciones entre terroristas y la clase política del momento (de distintas partes del Globo) dentro del contexto internacional, y en fin, también la del mercenario de a pie, el señor de la guerra sin escrúpulos. Resumiendo, una joya histórica que, no obstante, habrá que enjuiciar a partir de su original. Aquí se nos deja una buena pincelada de este histórico personaje, de esta época histórica.

7.5/10