‘Kill Bill: Volume 1’. Venganza.

“Cuando la fortuna te sonríe al llevar a cabo a algo tan violento y feo como la venganza, es una prueba irrefutable no sólo de que Dios existe, sino de que estás cumpliendo su voluntad” (Black Mamba).  

“La venganza es un plato que se sirve mejor frío” (Viejo Proverbio Klingon).  

Beatriz Kiddo, Black Mamba o la Novia. La pueden llamar como más les plazca. El caso es que los tres nombres designan a un mismo personaje, pieza capital de la sanguinolenta obra de Quentin Tarantino, ‘Kill Bill’, el cual es interpretado por la sensacional Uma Thurman, actriz fetiche del excéntrico autor cinematográfico.

Estamos en El Paso, Texas. Una mujer, suponemos, es feliz, pues ni más ni menos que celebra su boda en una capilla polvorienta perdida en mitad del árido desierto que tanto le gusta retratar al bueno de Quentin. De pronto, aparece el “Escuadrón Asesino Víbora Letal”, antaño compañeros de fechorías de Black Mamba, integrado por Vernita Green (Vivica A. Fox), O-Ren Isii (Lucy Liu), Elle Driver (Daryl Hannah), y Budd (Michael Madsen), y dirigido por Bill (David Carradine). Le han traído su particular regalo de boda: la muerte por la vía del linchamiento y el disparo a quemarropa. La Novia susurra, como pidiendo clemencia, y exhala… “es tuyo, Bill”.

Decía el rudo sheriff, “fíjate: cabello color heno, bonitos ojos, es como un ángel ensangrentado“. Tenía razón en lo de ensangrentado, pero erraba, al igual que Bill y su escuadrón, al suponer que esa sangre iba asociada con la muerte. La Novia vivía. Aguantaría cuatro años y medio en estado de coma, y despertaría con una terrible imagen clavada a fuego en su mente: Bill metiéndole un disparo en el cráneo. Lo tenía bastante claro: una lista, cinco nombres y venganza.

La cinta queda estructurada en cinco capítulos: 2; la Novia ensangrentada; el origen de O-Ren; el hombre de Okinawa; ajuste de cuentas en la casa de las hojas azules. De éstos, el primero contendrá la primera venganza mostrada (que realmente será la segunda) contra Vernita Green, el segundo nos mostrará el prólogo necesario para situar al espectador, y los tres últimos, con un peso central en la película, muestran la esencia de esta primera cinta de la saga,  alimentada por katanas, tradición japonesa y combates. 

Los feligreses del moderno autor no acababan de ponerse de acuerdo en torno a ‘Kill Bill’. Unos la admiraban, otros la repudiaban, y los últimos no la comprendían (¿qué pinta esto en su carrera?). Sólo por la adictiva y extraña banda sonora, o por la singularidad del tercer capítulo (anime japonés), yo ya estoy en el primer saco. Aunque hay más, pues Quentin Tarantino se servía de algo tan placentero, cuando eres un amante de la violencia explícita y la sangre a borbotones (cinematográficamente hablando), como la venganza, para rendir un auténtico homenaje a las artes marciales. El cineasta combina dos de sus pasiones (¿acaso pueden ir separadas?), violencia y artes marciales, para conjugar una obra mítica, talentosa y genial.

9/10 


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