‘Black dog’. Camiones y explosiones.

Un tipo con graves apuros económicos, una casa a punto de ser embargada, un pasado presidiario y una mujer y una hija a las que mantener y salvar de un futuro ligado a un barrio marginal, acepta una propuesta de un mafioso de tres al cuarto para conducir un camión lleno de AK-47.

Detrás del camión irán el emisor, que tratará de simular un secuestro y retener la mercancía; el receptor, el mafioso de turno que le pondrá “emoción” secuentrando a la mujer y a la niña; y la policía y FBI que tratarán de darle caza.

A partir de ahí todo son persecuciones entre camiones, explosiones y un halo celestial envolviendo al bueno de Patrick Swayze que a pesar de recibir disparos, trompazos, patadas y hostias, aguantará como el tipo duro que es y se cargará a todo el ejército de maleantes, tanto de un lado como del otro.

Obviamente, el final nos regalará un precioso reencuentro familiar, teñido con violencia cómo no, y una vuelta a la “normalidad”. La policía no castigará, más bien bendecirá, a un tipo que transportaba armas a sabiendas. Así que ya sabes, si andas mal de dinero y a punto de entrar en la vorágine de marginalidad social, no lo dudes, adelanta el proceso y tírate a la delincuencia, al tráfico de drogas o armas. Todo un ejemplo. Rutinaria y floja.

3.5/10

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‘Cars’. Cura de humildad.

Cuando uno tiene entre manos un producto de la factoría Pixar, siente esa sensación de seguridad, esa sensación de saber que estamos ante algo bueno, ante algo que no va a defraudar las expectativas creadas antes del visionado.

Esa sensación es la que se ha tenido desde el estreno allá por 1995 de Toy Story. Siempre, los chicos de la Pixar, colmaron las expectativas. Toy Story 2 (1997), Monstruos S.A. (2001), Buscando a Nemo (2003), Los increíbles (2004), Ratatouille (2007) y, la última joya de la corona, Wall·E (2008). 

Es la sensación que se repetía ante Cars (2005), el único producto Pixar que aún no había visionado. Y, una vez más, se cumplió. No es exagerado decir que el mejor sinónimo de calidad en el cine de hoy es la Pixar, al igual que las producciones HBO en el mundo de las series. También entre tanta basura producida anualmente en Hollywood, encontramos algun reducto paradisíaco. Lo mismo en el cine europeo y, en consecuencia, en el nacional (aquí con más escasez). Pero nadie asegura con ese alto grado de seguridad y calidad lo que aseguran la Pixar y HBO. Hasta el momento no han fallado.

En esta ocasión, John Lasseter, padre de Toy Story, se rodea de chatarra, de coches deportivos, latas de aceite, tanques de gasolina, neumáticos y carreras para encaminarse hacia una aventura que conducirá a Rayo McQueen, un emergente bolido con fama y carisma, a un pueblo olvidado en medio del desierto estadounidense.

McQueen, divo del mundo del automóvil, es un coche egoísta y prepotente. Su vanidad le ha hecho tener como único amigo a sí mismo. No cuenta con nadie a su lado a excepción de su interesado, nunca mejor dicho, agente.

Un desvío infortunado hacia la ruta 66 le hará toparse con toda una serie de personajes que le descubrirán otra cara muy distinta del mundo. Una cara marcada por el olvido, por la caída, por el regocijo en los buenos tiempos del pasado para marchitar el mediocre presente. McQueen recibirá una auténtica cura de humildad.

Ese lado vanidoso, individualista y egoísta que sólo piensa en yo, y en nadie más que yo combatirá contra el colectivo. Un colectivo materializado por un pueblo borrado de los mapas por una autopista, y por la galería de habitantes que allí residen, en especial, un auténtico campeón de carreras. Le recordarán que no todo en la vida son flashes de fotos, cámaras de televisión, dinero, fama y “amigos” especiales. Detrás de todo ello, de todo ese faranduleo, detrás de la nueva cultura en general, la cultura de la velocidad, de las grandes autopistas, de las estrellas mediáticas, de la velocidad y el tiempo, del marketing, del mundo de la imágen, detrás de todo ello siempre queda el olvido. Un ascenso fulgurante va acompañado de una caída en picado.

‘Cars’ es un canto a la humildad. A ese lazo de unión que remarca el colectivo por encima de lo individual. Es un alegato a la solidaridad. ¿Por qué, si tu fueras borrado del mapa, como te sentirías?.

7.5/10

‘Burn after reading’. Divertida gamberrada.

En los despachos de la CIA se cuece algo, han despedido a un importante agente encargado de asuntos en los Balcanes. El justificante, los problemas con el alcohol del pobre Malkovich.

Por si fuera poco, Malkovich debe aguantar como la furcia de su mujer, Tilda Swinton, se la pega con el guaperas de George Clooney, al que a su vez esta engañando su esposa. A punto de lanzarse a por el divorcio, la Swinton le encarga a su abogado que prepare todos los papeles, y éste le encarga que robe información del PC de su esposo para utilizarla en el proceso de separación. Con esas, un CD conteniente de datos chorras de Malkovich acaba en un gimnasio en el cual trabajan dos auténticos tarados, McDormand, obsesionada con realizarse cinco operaciones de estética, y Brad Pitt, un payaso que cree que está metido en algo gordo. Entre tanto personaje, se sucederán escenas gamberras y alocadas con un trasfondo claro de folleteo continuo durante todo el film.

Buenos diálogos, enormes escenas y un buen par de carcajadas es lo que ofrece ‘Quemar después de leer’. Viniendo de quién viene, los Coen, uno espera algo más, algo más “película”. No obstante, como divertimento, como película hecha en sus ratos libres, entendida como una película sin grandes pretensiones, la cinta destila humor, ironía y locura. Buena gamberrada.

‘Héroes. 1 Temporada’. Salvar el mundo.

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Si te gustan los superhéroes, las aventuras y ficciones de historias como X-Men (principalmente), Superman o cualquier otro gran héroe, esta es tu serie.

Un aclamado científico consigue desarrollar, al pleno estilo darwinista, una teoría acerca de la evolución del hombre. Según su teoría, las especies avanzan, de manera natural, por un camino de mejora, de perfección. Un cambio en la genética de unos pocas personas, saca a la luz la existencia de un ser humano con mayor capacidad que su antecesor. Humanos con poderes, capaces de hacer la diferencia en el mundo. 

Esas personas pueblan el mundo en secreto. Ocultando sus poderes ante el temor del aislamiento social. A través de dos de ellos, Hiro Nakamura, un japonés que puede teletransportarse en el tiempo, y Isaac Mendez, un pintor del futuro, descubriremos como el mundo esta a punto de explotar, y como nuestros héroes deben hacer algo por detenerlo.

Todo ello, con la sombra de un asesino de superhéroes llamado Sylar, y con el trasfondo de una organización que antaño rezumaba esperanza y buenas intenciones, pero que ahora estaba dividida en dos en su lucha por hacer la diferencia, por cambiar el mundo.

‘Héroes’, en su primera temporada, con 23 episodios, narra fantásticamente, nunca mejor dicho, esta odisea en la que se ven envueltos diversos personajes con el fin de salvar a la humanidad de una inminente explosión. Un buen argumento de ficción, unas buenas interpretaciones, los grandes efectos especiales y la calidad que derrocha cada espisodio, conforman los componentes de un cóctel que nos hará estar sentados en el sofá enganchados a la TV, esperando con intriga que sucede en el devenir de los episodios. 

‘Queimada’. La contradicción del capitalismo.

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Si usted quiere sólo sexo, ¿qué cuesta más mantener a una esposa o contratar el tiempo que usted quiera a una puta?“. Así de expresivo se mostraba Sir William Walker, mercenario inglés llegado a la isla caribeña de Queimada en busca de la abolición de la esclavitud.

Detrás, una potencia colonial en declive, Portugal, que controla la isla a su antojo y, en consecuencia, la producción de azúcar. Walker, al servicio de Inglaterra, formará un ejército revolucionario con José Dolorés como cabeza visible. Destronarán del poder a los portugueses. Dolorés será el nuevo gobernante. Traicionando su ideal, admitirá la llegada de la civilización inglesa.

La realidad, la estratagema sucia e interesada de Inglaterra. Su afán imperialista por conseguir el monopolio del azúcar. El ideal de la libertad y el libre comercio se convertirá en un monopolio para una compañia azucarera inglesa por 100 años. La esclavitud aparecerá de otra manera, oculta en un salario mísero. Los revolucionarios perderán el poder. Volverán a ser los oprimidos, explotados. Los opresores tomarán sus tazas de té con azúcar en Londres.

Diez años después, el temor para los amos del monopolio a una revuelta, a un nuevo intento por eliminar la civilización, esa que tanto odia José Dolorés, esa que no sabe adónde va, terminará en la cuasi exterminación de la isla a manos, nuevamente, del cruel Walker. Inglaterra, cómo no, impondrá sus intereses. Su ideal de libertad.

Dolorés, morirá. Se convertirá en mito. Walker, reflejo mismo de un capitalismo tan contradictorio como lúgubre, será eliminado. 

‘Apolo XIII’. Aventura espacial edulcorada.

Apolo 13 narra las aventuras reales de un grupo de astronautas en su misión de alunizar allá por 1970. La película queda estructurada claramente en dos partes.

Por un lado, está la parte buena de la película. La parte del astronauta. La relacionada con las aventuras y dificultades de los tres astronautas y de la base de control de Houston. La represantada por Tom Hanks, Bill Paxton, Kevin Bacon, Gary Sinise y Ed Harris. Es lo mejor de la película. Además de regalar imágenes muy bonitas visualmente, uno vive los problemas de los tres astronautas, sus ilusiones, sus frustraciones, su ingenio, su pena. Siente la agonía de estar en el espacio sin saber si volverán algún día a casa. Vive aquello de… Houston, tenemos un problema!.

Por el otro, está la parte dulce del film. La parte que daña a la película. La sensiblería de Ron Howard al retratar a la sociedad norteamericana. El patriotismo mundial en pro de los EE.UU con el que se representa al mundo. Uno se cansa de ver a esposas llorar delante de un televisor viendo las penas de sus maridos, a un cura dando palmaditas en la espalda cada dos por tres, la relevancia de salir o no en la TV,  niños monos preocupados por su papa o la “bomba” de ver a Neil Armstrong entretener a la anciana madre del piloto de la nave espacial. Madre que tiene el papel mas irrelevante y superfluo de la historia del cine. Un pastel excesivo en su conjunto, un lastre con el que carga la película.

En fin, si la primera parte espacial hubiese sido complementada por una parte terrestre menos edulcorada, la cosa hubiera dado para más. Quizás si no hubiese caído en las manos de Howard, o quizás era lo que tocaba, hubiese caído en las manos de quién hubiese caído. Quizás había que vender el ingenio de los norteamericanos. Lo buenos que son y lo felices que están siempre ellos, con sus aventuras en sus juguetitos espaciales. Cómo vela la sociedad mundial (no penséis que sólo se preocupan en USA de los pobres astronautas) por ellos y que felicidad irradian.

Conclusión: tratada de otra manera, daba para más. Pastel terrestre > Aventura espacial.

‘Breach’. ¿Dónde está la tensión?

Un joven aspirante a agente del FBI debe realizar una misión, para proseguir en su carrera profesional, un tanto peculiar: vigilar a un veterano del cuerpo por posibles abusos sexuales. Sin embargo, detrás de todo ello, se esconde una investigación diferente, la transferencia de datos desde USA a la URSS por parte del veterano agente. Ése es el punto de máxima tensión del film, una vez descubrimos eso, ya sabemos quién es el “malo” y como va a acabar el asunto.

La complicidad existente entre el joven y el veterano, esa relación de confianza extraoficial por parte del veterano hacia el inocente que empieza ahora, es lo mejor del film. El resto, intranscendental y rutinario. Carece de todo lo que necesita una película de espías: tensión, suspense. Floja.

‘Midnight cowboy’. Amistad en las cloacas.

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Dos solitarios son los protagonistas de esta crítica al sueño americano que refleja ‘Cowboy de medianoche’. Joe Buck, es un vaquero tejano que ha llegado a Nueva York para buscar una vida mejor como gigoló. Quiere vivir a costa de las mujeres, de las señoras neoyorquinas. Rico Ratso, es un pobre miserable. Un tullido tubercoloso que no tiene ni para pasar el día. Habita en un edificio cerrado y abandonado. Sobrevive gracias al engaño y las estafas diarias. Una de sus estafas, tendrá como víctima a Joe Buck.

A partir de aquí, aparecerá una amistad entre los dos solitarios, que servirá para demostrarnos una cruda realidad. La derrota y la frustración existente en la vida de muchas personas. Una realidad, a la que es mejor enfrentarse en compañía que en soledad. Una amistad entre dos víctimas del sueño americano prometido. Todo ello representado maravillosamente en ese trayecto hacia Miami, hacia una vida mejor, una vida rodeada de mujeres en las playas caribeñas. Una vida que jamás llegará.

‘In cold blood’. Ojo por ojo.

Dos golfos, Perry Smith y Dick, buscan dar un golpe perfecto. Un golpe que les permitirá retirarse de manera dorada en México. Asaltar la caja de caudales de una familia acomododa del Estado de Kansas. Sin embargo, el plan no funcionará. Todo acabará con la muerte de una adorable y religiosa familia, los Clutter. Y, por supuesto, el dinero no habrá existido nunca. A partir de aquí, se establecerá la persecución por parte de la policía de estos dos asesinos. Tras una ruta de trotamundos, acabarán siendo atrapados en Las Vegas. Se les juzgará, y se les sentenciará a la pena de muerte.

‘A sangre fría’ es el relato de un doble crímen: el cometido por Perry Smith y Dick, y el cometido por el Estado de Kansas hacia ellos.

¿Cómo es posible que un hombre, Perry, distinguiendo como distinguía en el momento del asesinato la diferencia entre el bien y el mal, cometíera tal atrocidad? Sin explicación aparente, hay que buscar en su traumática infancia. Infancia marcada por la separación de sus padres. El alcoholismo y el puterío establecido por su madre en casa, el carácter aspero y rudo de su padre. La ausencia de hogar, la falta de cariño. Detalles que marcarán por siempre su carácter. Un carácter que le hará sentirse inferior al resto, protegerse de ellos, sentirse violento hacia lo extraño. Un carácter que provocará el asesinato de los Clutter, juntamente con la presencia del cobarde de Dick, quién encendió la llama. Como dijo el psiquiatra, si hubiesen estado solos, el crímen no se hubiera cometido. “Parecía un buen hombre, quizás el haya pagado por todo”. Así lo resume Perry.

Y, del mismo modo, ¿cómo es posible que un Estado, Kansas, aplique la pena capital a seres humanos? ¿Por qué se les priva de vida a Perry y Dick, dos hombres detenidos e indefensos? ¿No es igual de repugnante este crímen que el cometido por Perry? A sangre fría seguro. A sangre fría no sólo su muerte, sino el cálculo milimétrico del proceso. La espera en el corredor de la muerte sabiendo que tus días están contados. A, Perry, se le encontró un motivo a su asesinato, una causa. Pero, ¿cuál encuentra el Estado de Kansas a la muerte de estas dos personas? Culpables sí, pero personas al fin y al cabo.

Ojo por ojo. “Yo creo en la venganza, siempre que no sea contra mí”. Así lo explicaba el alma perdida de Dick. Y en esas, probablemente, estaríamos todos llegados el caso. Pero, siendo fríos, a sangre fría como dice el título, ¿no sería mejor el perdón? ¿la recapacitación entre rejas? ¿la oportunidad por volver a empezar? ¿el intento por reformarse?.

‘Man on wire’. Arte en el cielo de Manhattan.

‘Man on wire’ es la historia de un sueño: Caminar sobre el cielo de Manhattan a través de un alambre sujetado por las dos torres gemelas del World Trade Center de Nueva York. En la búsqueda de ese sueño, el documental nos narrará las relaciones entre los distintos protagonistas de aquella gesta y sus distintas conductas ante ella. Las tensiones entre sus amigos, novia y cómplices diseñando aquel perfecto plan. Los viajes de ida y vuelta. La obsesión. La minuciosidad de los detalles. El ensayo casero con sus amigos en el campo. O en Notre Dame y el Puente de la bahía de Sidney. Sus aventuras y desventuras. Discusiones y malentendidos. La agonía de los distintos protagonistas en el último piso respectivo de la torre norte y sur intentando esquivar a los guardias para comenzar el montaje. Y, el final del sueño. La culminación del mismo. Un tipo andando sobre el cielo de Manhattan.

Philippe esquivaba la realidad, su acto, su “crimen”. La sonrisa y media vuelta ante la policía así lo reflejaba. Era algo metafísico. Philippe estaba en una realidad sobredimensionada. El sueño era suyo y nadie podía detenerle. Cuarenta y cinco minutos de arte espontáneo sobre el cielo de Manhattan, sobre el frágil alambre a una altura vertiginosa. Fue la gesta de Philippe Petit. Vio, como él mismo dice, cuando miró hacia abajo, una instantánea que jamás volvería a ver. Algo único. Una bacanal de sensaciones placenteras, inexplicables. El momento culmen de su vida. Y con él, su propia muerte, la muerte del funambulista.

Volvió a la realidad en una habitación de un apartamento disfrutando sexualmente con una desconocida. Había logrado su sueño. Un sueño que le obsesionaba desde aquel recorte de periódico a la edad de 19 años en la consulta del dentista. Un sueño que le había llevado seis años. Seis años convenciendo a gente, amigos, cómplices. Seis años luchando por él. Ahora lo había logrado y, con él, moría todo lo que le había rodeado durante ese tiempo.

Los americanos querían saber por qué lo hizo. Tan sensacionalistas ellos, tan morbosos. Hacían volver a Philippe a la banalidad de la vida humana. No hubo un por qué.  Simplemente fue un sueño. Su sueño.