‘Ahora me llaman Señor Tibbs’. La puta, el predicador y el incrédulo.

Virgil Tibbs vuelve a la carga después de su oscarizada ‘En el calor de la noche’. En esta ocasión, deberá resolver el asesinato de una prostituta. Un misterio por resolver en el corazón de San Francisco.

La pieza está compuesta por el hombre que encuentra el cadáver, el portero del edificio. Un mafioso de tres al cuarto, dueño de la finca y amante de la muerta. Un íntimo amigo de Tibbs, el predicador Sharpe, también amante de la muerta. La policía, encargada de la investigación. Y Tibbs, cómo no, quien llevará a cabo una investigación paralela para probar la inocencia de su gran amigo el predicador.

‘Ahora me llaman Señor Tibbs’ no alcanza, ni mucho menos, el nivel de su predecesora. El desafío entre Poitier y Landau, el comprobar si su gran amigo es inocente o no, te mantiene en vilo. Sin embargo, no acaba de llegarte del todo. Uno no acaba carcomiéndose por dentro viendo el clarecer del misterio. Le falta un poco de salsa a la intriga. Además, hay cierto empacho de conflicto familiar en el hogar del Sr Tibbs que acaba minando el conjunto del film. Pese a todo, recomendable entretenimiento.

‘Up in the air’. Retrato de un verdugo.

George Clooney es un tipo sin ningún tipo de lazo ni compromiso. Su vida es el aire, los aviones y una pequeña bolsa de viaje. No tiene mujer u hombre que le haga compañía. Tampoco tiene una dirección estable. Sí que tiene familia, pero como si no existiera. Trabaja para una empresa de recursos humanos, siendo su función ir de aquí para allá despidiendo a empleados a diestro y siniestro. Es su vida, sin más. Aviones y aeropuertos. Basta con decir que su mayor ilusión es alcanzar los 10 millones de millas voladas, sería el séptimo en la historia en conseguirlo, para resumir el espíritu de su día a día.

Eso y poco más es la nueva película de Jason Reitman. La vida de un tiburón capitalista, un hijo de puta de mucho cuidado, que se dedica plenamente y con mucho oficio al arte de “prescindir de los servicios” de los trabajadores, de destrozarles la vida. A mí, en su conjunto, me ha parecido lenta y aburrida. Quizás sea porque la temática ni me iba ni me venía. Los dilemas morales, sentimentales y existenciales de un verdugo del sistema no son santo de mi devoción.

Reitman no ha ensalzado, ni mucho menos, esa forma de vida. Con mucha inteligencia y paciencia se ha dedicado a destrozar la vida del verdugo a través de un retrato que nos muestra la cruenta batalla en los despachos, la hipocresía, el pavor ante tal forma de vida, y la soledad que a ella le acompaña. El final es contundente en ese aspecto. No obstante, no estamos ante ningún peliculón. Es más, si la ven corren el peligro de que se les enerve la sangre por momentos. Del montón.

‘Election’. Historias de un instituto.

Election no es sólo una simple elección a la presidencia de estudiantes de un instituto de Omaha. Es mucho más. Es una pequeña fotografía de lo que es la vida en la sociedad occidental. Se enmarca dentro de un instituto, donde McAllister, un profesor humilde, sin grandes pretensiones y conforme a su vida, levanta una auténtica cruzada contra Tracy Flick, una sabelotodo perfecta con una ambición desbocada.

A la lucha humildad/ambición central, le secundarán unas cuantas piezas más con las que acabar de completar este reducido, pero gratificante, rompecabezas social. Por un lado, los hermanos Metzler. Con ellos, Payne podrá hablar acerca del típico muchacho ignorante cuyo única obsesión en la vida son el fútbol y el sexo (la juventud), y la ¿típica? lesbiana adolescente rebelde y solitaria que acaba metiéndose en un colegio de monjas para poder estar con más chicas y vivir a su gusto (grupos minoritarios). Por otra parte, en torno a los dos personajes centrales, examinaremos el matrimonio del profesor, su insatisfecha vida sentimental y la incidencia que en ella tuvo la siempre insoportable Tracy Flick. Atención al personaje de la madre de ésta, la ambición hecha persona.

En definitiva, Election es una pequeña joya del cine. Una American Beauty en miniatura. Un film que habla acerca, como ya hemos dicho, de los distintos modos de afrontar la vida, desde la búsqueda de la perfección y la ambición pasando por la humildad y solidaridad, hasta llegar a la simple ignorancia. También habla acerca de la sexualidad. Y del matrimonio. O de cómo se corrompen nuestros valores morales (y políticos). Y lo hace todo ello a través de un guión fresco, ácido y original. De modo que cuando terminas de verla, llegas a darte cuenta de lo relativo que es el fracaso y el éxito en la vida social.

‘El secreto de sus ojos’. Teamo.

Un viejo instructor de juzgado, Benjamín Espósito, ahora jubilado, decide escribir una novela sobre un caso que le marcó de por vida: “El caso Morales” en el que una joven fue violada y asesinada. Un misterio por resolver que le llevará a adentrarse nuevamente en aquellos días donde la tristeza y la aflicción hilvanaban el día a día de su existencia, y la de buena parte de sus compañeros y amigos.

Campanella recorre con ojo milimétrico una historia cargada de sentimientos contradictorios. Un asesinato por resolver. Un marido desconsolado. Un amor difícil, el de Espósito e Irene, convertido en imposible por una sociedad que se volvía hacia la barbarie. Todos ellos ingredientos en torno a los cuales gravitarán los acontecimientos del film. La intriga por saber quién es el asesino, la atmósfera que envuelve a su persecución,  se compaginará con dos historias de amores perdidos. Ambos tristes, dolorosos y amargos. Todo ello acompañado, de manera causal, con un trasfondo nada halagüeño, en el que comenzaba a asomarse un conflicto social que ya daba señales de violencia y desesperación.

El secreto de sus ojos‘ es una gran historia. Una historia que conmueve, sentimiento puro. Reflexiona acerca de lo duro que es, en ocasiones, echar la vista atrás. De cómo, si lo haces, llega el momento en el que ya no hay marcha atrás, en el que te hundes en un pozo de tristeza, melancolía y desasosiego sin fondo donde tus recuerdos ya no son más que recuerdos de recuerdos. Sin embargo, pese a la tristeza y desesperación que inundan el film, Campanella guiña un ojo a la vitalidad. Cuando temo se convierte en teamo. Nunca es tarde para mirar hacia adelante. ¿O sí lo es?

En definitiva, una auténtica lección de cine. Un film de altos vuelos, de grandes interpretaciones, de miradas que por sí solas hablan. Obra maestra.

‘Hermandad de sangre’. Sin sentar precedente, me solidarizo con el asesino.

Seis petardas atiborradas de silicona hasta arriba y con un número de neuronas que fácilmente se pueden contar con los dedos de una mano, deciden gastarle una broma al ex de una de ellas. ¿Cómo? Haciéndose pasar, la petarda en cuestión, por muerta mientras el pobre desgraciado le mete mano.

La cosa, cómo no, saldrá mal. El paleto se comerá de lleno el anzuelo y decidirá, no se sabe porqué, clavarle una especie de pincho en todo el pecho, para así rematarla. Primera víctima. Y un pacto sepulcral entre todas ellas. Nadie dirá nada de lo sucedido. Y por lo visto allí la policía no hace su trabajo, ya que la cosa quedará como si no hubiese pasado nada.

Transcurrido el tiempo, la venganza llegará. Lo de siempre. Sangre y muerte. Pero, en este caso, uno se solidariza con el asesino, porque “Hermandad de sangre” propone poco, o nada. Sólo sexo, tetas, ciclados y culos. Es como ver a niños de 14 años pero con cuerpos de 25. Ya se sabe, lo que se conoce como terror adolescente.

Que valga como frase más profunda, la de una de sus protagonistas, “agrégame al facebook y te confirmo”. Es decir, guión malo y diálogos simplísimos. Es un recital de tías buenas cachondas sin más.  Para aquéllos que todavía no hayáis llegado a los 16 o 17 años, esta es vuestra película chavales. El resto, lo dicho, no la vean.

‘Resacón en Las Vegas’. Digna sucesora de Bachelor Party.

¿Qué harías si te despertaras con una resaca de la hostia en medio de una lujosa habitación del Caesar’s Palace destrozada a más no poder, con un bebé en el armario, un tigre en el cuarto de baño y tu mejor amigo desaparecido?

Eso es lo que se preguntan tres de los cuatro amiguetes que decidieron celebrar la despedida de soltero de su amigo Doug por todo lo alto en Las Vegas. El problema de la mañana siguiente, es que no se acordaban de nada. Alguien los había drogado a base de bien.

La reconstrucción de la noche anterior para poder encontrar a su amigo será el tema principal de la película. Una brutalidad de noche que provocará carcajadas garantizadas. Un humor un tanto salvaje que se meterá de lleno en las flaquezas de las personalidades de cada uno, retratando el lado pelele, y luego rebelde, de Stu, la chulería de Phil, o la niñez de Alan, porque ya sabéis, que no os engañe la barba, es un niño.

La farra que se pegan estos cuatro piltrafas en las calles de Las Vegas no tiene desperdicio. Dentro del género, bastante lleno de basura, es con lo que más me he reído últimamente. Eso sí, no es un manual de educación ciudadana. Una digna sucesora de la ‘Despedida de soltero’ de Tom Hanks de 1984.

8/10

Spoiler

Hay multitud de escenas para la posteridad. El derechazo de Tyson. El momento en que Stu conoce a su mujer. El tigre en el baño. Y en el coche. Alan en sí. Un chino en pelotas en el maletero de un Mercedes clásico. Doug el negro. El bautizo de Carlos. El incisivo lateral de Stu. El anaranjado de Doug al final del film. En fin, recomendada. No le busquen moral, sólo diviértanse.

‘Lone Star’. En un pueblo perdido entre la frontera de Estados Unidos y México.

En un pueblo perdido entre la frontera de Estados Unidos y México, en el condado de Río, dos militares se han topado en el campo de tiro de su base militar, casi sin quererlo, con un cadáver. Hueso puro, con anillo de masón y placa de sheriff. Es decir, hay nuevo trabajo para Sam, hijo de Buddy, uno de los mejores sheriffs de la historia del pueblo. Según se decía, era justo como ninguno. Pero su forma de llegar al puesto no fue muy nítida. Charlie Wade, el anterior sheriff, un tirano, desapareció en misteriosas circunstancias. Todo apunta a su cadáver.

Un crimen por resolver es el pretexto de John Sayles para introducirnos en un pueblo fronterizo. Un pueblo donde mexicanos y blancos se dan de la mano junto con los negros. Una historia de rencores, de dolor y amargura. De verdades a medias y de mentiras totales. Una historia de corrupción, de dinero ensangrentado y de segregación.

Sayles ataca de raíz en los conflictos familiares y personales de los habitantes del pueblo. Los retrata a la perfección. Con sus entresijos y saltos en el tiempo. El triángulo de los Payne. El de Sam y Bud. El de Pilar y Mercedes. Pero, como trasfondo, o complemento de ellos, nos mete de lleno en la lucha social, con unos cuantos personajes más que desarrollarán una lucha entre blancos y negros. Entre “espaldas mojadas” y blancos. Entre los propios blancos. Todo ello con el detontante de la corrupción tiránica en el poder de Charlie Wade. La sangre tenía que correr. Y la verdad que aparecer. Obra maestra.

‘Star trek: La conquista del espacio’. El miedo a lo desconocido.

Una extraña nebulosa se acerca irremediablemente y con señales de gran violencia hacia el planeta Tierra. Allí, los seres humanos viven en medio de paz y armonía, con vidas placenteras y tranquilas. Han logrado una civilización tecnológica capaz de crear naves espaciales de exploración. Sin embargo, el castillo de naipes se puede venir abajo. Por ello, jugarán la carta del almirante Kirk, quien se pondrá a los mandos de la Enterprise, una gran nave especial, pero medio en ruinas, secundado por el comandante Decker, el doctor McCoy, el oficial Spock y todo su séquito (a los que no conozco, pues era mi primer contacto con la saga).

¿La misión? En principio, salvar a la Tierra. Una misión que les llevará a partir hacia la temida nebulosa, surcando el universo y dándose de bruces contra ella para depararnos un memorable final.

‘Star trek’ es una gran cinta de ciencia-ficción. Se podría catalogar de ‘atípica’, ya que, en su mayoría, las carreras espaciales, rayos, pistolas láseres y demás abundan dentro del género. Aquí no. Aquí tenemos un alto grado de reflexión en detrimento de la acción, entendida ésta como disparos y explosiones. Una reflexión derivada de los densos y largos planos con los que Robert Wise visualiza el punto al que ha llegado la civilización humana (y de paso farda de efectos especiales, que en su día serían la hostia), de los diálogos entre la tripulación y de su escena final.

Spoiler

V’ger, la máquina que controla en su interior a la nebulosa, ha puesto rumbo a la Tierra en busca de su creador. Él, ha conseguido recopilar toda la información del universo. En su seno hay toda una variedad de galaxias y planetas infinitos. Sin embargo, se pregunta si hay algo más después de todo. ¿De dónde vengo? Ello le llevará a buscar su creado en el planeta Tierra. Para sorpresa de la tripulación, su creador fue la generación humana de finales del siglo XX. Ellos enviaron a V’ger, o mejor dicho, Voyager, para surcar el universo y recopilar toda la información posible del espacio exterior.

V’ger quiere respuestas. La respuesta será contradictoria. Dekker, por amor, se entregará como creador suyo, como Dios y amo. Dando como resultado todo una fusión entre humano y máquina. Una película, en definitiva, cargada de filosofía y reflexión acerca de nuestra propia civilización. De lo diminutos que somos en comparación a todo lo que nos rodea. De cómo tememos ante lo desconocido, por mucho que vivamos en el limbo del planeta Tierra. Y de cómo podemos llegar a autodestruirnos con nuestros avances tecnológicos.  Por momentos, sin contacto previo con nada de lo trekkie, se hace lenta. Pero no desagrada. La cinta se debe enmarcar dentro de un minucioso proceso de descubrimiento de qué es esa nebulosa, de su lógica y sus misterios, de su amenaza hacia nosotros. Es cierto, que la primera parte de volver a juntarse toda la tripulación, al no tener contacto ninguno con la serie, puede llegar a aburrir. En el choque con ‘La guerra de las galaxias’ jamás podrá entrar. Están en las antípodas del género.

‘Perdidos’. John Locke y su empecinamiento.

La tercera temporada debía desmontar los muros que nos impedían ver a los ‘otros’. En cierta medida, la tarea estaba en manos de Jack, Kate y Sawyer, prisioneros de aquéllos. Aquí hemos descubierto que los otros no parece de iniciativa Dharma, o sí. Porque Ben sí lo es, aunque se cepilló a la estirpe entera.

Con el mito venido abajo, los otros no son más que extraños que parece ser investigan un extraño suceso con las embarazadas en la isla: la cura del cáncer. Ahora, Jack y compañía han pedido el rescata, intentando salir de esa isla tormentosa y asfixiante, pero con el sobreaviso de Ben de que el carguero que les espera no son quienes dicen ser. Así lo dejó como herencia Charlie.

Con un fijo de la serie ya fuera, Charlie, son pocos los que resisten. Nos han abierto la puerta con el exterior, o eso creemos. ¿Será el carguero la salvación? Por el episodio final, no lo parece. ¿Qué pasó con Dharma? ¿Quiénes son los otros? ¿Por qué John Locke no quiere que nadie salga de la isla? Me reitero, Locke me parece demasiado inquietante. Algo extraño hay en él. Seguimos con los nervios carcomidos a la espera de más chutes en forma de episodio.

‘Happy together’. Tormento.

Salieron de Hong-Kong hacia Buenos Aires con la idea de volver a empezar. Quizás un cambio de aires les vendría bien. Ellos soñaban con ver las cataratas de Iguazú. Pero no lo consiguieron. Antes de llegar a su destino, éste ya los había separado. Extraños en una ciudad extraña. El pobre Lai comenzará a trabajar de portero de un local. Ho se ganará el sueldo prostituyéndose. Sin embargo, el amor, la pasión y los celos se darán cita. Se buscarán. Se reencontrarán. Se reprocharán. Pero volverán a estar juntos, al menos hasta que Ho se recupere de la última paliza que le dieron.

Sin embargo, esta historia de amor estaba desembocada irremediablemente a la tristeza. A no ver Iguazú jamás juntos. A añorar a la persona que amas cuando no estás con ella, pero sin aprovecharla cuando  sí lo estás. Una relación tormentosa y destructiva. El dolor de Lai tratará de aliviarse en la figura de otro chico. Uno con gran corazón. Pero jamás dará el paso. Sólo le quedará volver a Hong-Kong. Levantarse recordando lo triste que fue mientras contemplaba sólo el espectaculo de la naturaleza al tiempo que Ho, sin él saberlo, lloraba de tristeza en una habitación cochambrosa de Buenos Aires.

Kar-Wai nos ha relatado de una manera brillante, extraña y muy bella, con su inconfundible estética y su magia para contar historias de amor, este viaje hacia la soledad. La huida del amor. Los entresijos y oscuros juegos de éste. Su desgarrador dolor. Nos ha brindado uno de los finales más hermosos que yo he visto. Obra maestra.