‘The girl with the dragon tattoo’. Lisbeth Salander vía Fincher.

El productor Scott Rudin, junto a algún colega de profesión, se distrajeron demasiado leyendo las páginas de la saga Millennium, iniciada por Stieg Larsson hace ya unos años. Un auténtico fenómeno literario al que Hollywood, extrañamente, no le echó el guante a su debido tiempo. No se si fue una cuestión de patriotismo, pero el caso es que los suecos, avispados ellos, se les adelantaron y terminaron por brindarnos una trilogía cinematográfica más que interesante. Buen cine, en definitiva.

Ahí reside el gran hándicap de esta cinta. Contar con un antecedente tan inmediato, tan cercano, es una losa de difícil soslayamiento. Sin embargo, David Fincher, primus inter pares, consigue tejer una narración convincente y cautivadora. No creo que le importara mucho, por tanto, el hecho de ponerse al volante de un remake. Se palpa en el ambiente que el director ansiaba liderar un proyecto tan apetitoso como este, además en un terreno en el que él se desenvuelve a las mil maravillas. El espectador, cómo no, entra con ganas de linchamiento, pero difícilmente podrá saciar su apetito carroñero. No le queda otra que aceptar la realidad: estamos ante un notable thriller manufacturado en estado de gracia.

El proyecto es majestuoso. La factura técnica que presenta la película es del más alto nivel. Desde la fotografía al montaje, sin olvidar, no podía ser de otra forma, al firmante del guión. Éste corre a cargo de una pluma exquisita, pues hablamos del mismísimo Steven Zaillian. La nueva versión de este relato tan manido mantiene el grado de turbiedad y perturbación requerido, alternando la jugosa intriga que envuelve a Blomkvist con el dramatismo que acompaña al personaje de Lisbeth Salander. Por cierto, Rooney Mara está de sobresaliente, igual que Noomi Rapace. Lo mismo podría decirse de Daniel Craig en comparación con Michael Nyqvist.

El punto  hiriente, escabroso y sádico de la versión sueca queda aquí un tanto atenuado, pues tengo la sensación de que apuestan más por la seda y el tacto en esta ocasión (dentro, obviamente, de la dureza de la historia). En cualquier caso, la línea maestra fijada por la violencia, particularmente la llevada a cabo frente a las mujeres, marca el devenir de los acontecimientos, introduciéndonos en un mundo, ése que rodea a los Vanger y a Salander, tan repugnante como áspero. El cineasta de Denver aporta su firma y estilo, todo un lujo, para dar una nueva visión acerca de ese universo tan depravado, doloroso e irritante que acompaña a la mítica figura de Lisbeth Salander.  

8/10 

‘Ghost ship’. Entretenimiento marino.

A pesar del descalabro que suponía ‘Trece fantasmas’ (2001), la productora Dark Castle decidía confiar de nuevo su proyecto a Steve Beck, un experto en temas de efectos especiales que gracias a ‘Ghost ship’ lograba resarcirse y alcanzar la decencia perdida.

Una intrigante historia la aquí propuesta. Posee uno de los mejores prólogos que yo recuerde dentro del género. Tremendo, impactante y escalofriante. La trama gira en torno al transatlántico Antonia Graza, desaparecido en misteriosas circunstancias en el año 1962. Ahora, un grupo de mercenarios del mar anda detrás suya, buscando el pelotazo en mitad del Estrecho de Bering. Cabe destacar que el poder de atracción de ‘Ghost ship’ va menguando progresivamente. Comienza fuerte, con pujanza e inquietud. Sin embargo, la mediocridad comercial va impregnándose en cada plano, en cada palabra, hasta ahogar a la cinta en medio de la rutina.

En fin, tiene la virtud de entretener. No conduce al espectador hacia el aburrimiento, lo cual ya es un logro. Una pieza repleta de oficio, interesante en líneas generales y con algún momento brillante. Se deja ver.

6.5/10 

‘Thir13en ghosts’. Infame.

La productora Dark Castle, tan batalladora a comienzos de siglo, se daba un batacazo importante, en cuanto a calidad, con esta revisión de la película dirigida por William Castle en 1960. El encargado de dirigir el proyecto iba a ser Steve Beck, en base a un guión que levantaba altas expectativas para los amantes del género. 

Tiene un planteamiento, sobre el papel, atractivo. Pero no es más que eso, humo. A la hora de la verdad, la película no arranca. Las promesas se esfuman, quedando así el aburrimiento derivado de una trama vacía, hueca y tonta. Más allá del crónico lucimiento de los 12 (o 13) fantasmas, mostrando un buen trabajo de maquillaje (lo mejor del film), la película no posee nada. No cautiva, no asusta y tampoco entretiene. Hace aguas por todos los costados.

En fin, no desperdicien su tiempo (ni siquiera para desconectar) con esta infame película. Suele ocurrir con este tipo de cintas que las campañas publicitarias que las acompañan superan en calidad a las mismas. Con un trailer chulo, un buen póster y una sipnosis más elaborada que el propio guión, “13 fantasmas” conseguía salvarse del esperpento en las taquillas. Sin embargo, no pasará a la historia del cine de terror.

3.5/10

‘A nightmare on Elm Street’. De vuelta al origen de todo.

Casi tres décadas después de que Wes Craven nos aterrara a todos los que éramos críos con la mítica ‘Pesadilla en Elm Street’ (1984), Michael Bay, príncipe de Hollywood, se dispuso a hacer lo propio pero con los chavales del nuevo siglo. La receta no tenía misterio: se trataba de volver a hacer lo mismo de una manera más moderna, contratando a un director novel, un par de guionistas con oficio y un plantel de actores mayoritariamente juvenil, guapos y con ganas de darse a conocer.

El resultado de todo ello es aceptable. Me ha gustado la revisada propuesta de Elm Street. Como es lógico, al tratarse de un remake, muchas cosas suenan a déjà vu. No quita ello para que sea una película vigorosa, metiéndole un ritmo frenético a la acción para que no decaiga jamás el interés del espectador (uno de los peligros del remake en este tipo de cintas). Tiene ciertas escenas realmente conseguidas, a lo que contribuye una atmósfera bien elaborada, con una puesta en escena tan kruegeriana como actualizada a los tiempos modernos. Le añade como novedad el escalericimiento de cuál era el origen de ese mal, de esa pesadilla, indagando en las entrañas del terrible villano.

Cabe destacar también la excelente elección del reparto para los personajes principales de la historia: Freddy Krueger y Nancy Holbrook (aquí no es Thompson). Los encargados de meterse en tan espinosa tarea fueron ni más ni menos que un actorazo de la talla de Jackie Earle Haley y una emergente estrella hollywoodense como es Rooney Mara. Resalta más el nuevo Freddy Krueger, quien se come la pantalla cada vez que sale en ella. El bueno de Earle Haley era la elección idónea para reencarnar nuevamente al personaje que dió vida Wes Craven. Ha salido victorioso en tan difícil compromiso. Entre los secundarios, mencionar la genial interpretación de Katie Cassidy. Los chavales, eso sí, chirrían un tanto.

En fin, después de todo, me quedo con el año 1984,  con el VHS, con Wes Craven, Robert Englund, Langenkamp y Johnny Depp. Pero lo dicho, esta revisión cumple con creces. Un buen guiño a los admiradores de la saga.

6.5/10

‘The crazies’. Un pueblo de locos.

Nuevo remake de una obra de uno de los emblemáticos del género, un tal George A. Romero. En esta ocasión, le toca a ‘The crazies’, una película que nos sumerge en la dinámica de una población agrícola cerca de Iowa. Allí, el sheriff local pronto descubrirá que algo extraño comienza a suceder entre sus convecinos.

La obra de Breck Eisner queda perfectamente pulida, con una potencia visual ciertamente conseguida para lo que suelen ser este tipo de películas y un ritmo argumentativo trepidante que no escatima en tensión, brindándonos, además, alguna que otra escena de gran calibre (también hay alguna que sobra). En definitiva, esta historia de locos es un derroche de calidad, un más que decente producto que se sirve del ejército y sus mamonadas biológicas para regalarnos un gozoso entretenimiento transportándonos a ese apocalíptico futuro cargado de fuego, sangre y locura.

‘El padrastro’. La piscina, el guaperas y la rubia cachonda.

Hay un tío muy malo, el padrastro. Es un asesino en serie que busca familias rotas, las cuales encuentra de ligoteo en el super, para “recomponerlas” y acabar cepillándose a todo dios.  Luego se marcha y ya no lo vuelven a ver, pues nunca deja rastro. Esa es la historia. Lo malo, que no hay terror, ni tensión. Un poco más, y se les olvida hasta matar a alguien. La peli no tiene chicha. Bueno, hay que decir en su honor, que los dos primeros minutos del film cumplen.

En sí, se podría resumir como un producto que únicamente busca que se luzca la rubia cachonda de turno y el cachas guaperas correspondiente en la piscinita de la casa. Es de lo único que te acuerdas.  Película mala, rozando la bazofia. Un insulso remake con el que más de uno habrá destrozado su potencial carrera artística. En definitiva, 100 minutos de penitencia. Podrían, al menos, haberse ahorrado unos veinte, así hubieran evitado la somnolencia. No la vean.