‘Mother and child’. Fría, cálida.

Rodrigo García, hijo del célebre escritor Gabriel García Márquez, dirigía y escribía esta obra esbozada desde la producción ejecutiva por el (casi) siempre virtuoso cineasta de nombre Alejandro García Iñarritu. De un tema, tan delicado y sensible, tan emocionante y sentimental, tan plácido y pedregoso, tan triste y feliz, como es el de la maternidad y el mundo de las adopciones, extraía el susodicho autor una historia coral que recorría distintos pasajes de la vida de una serie, como bien dice el título del film, de madres e hijas.

Las angustias y agonías, los pesares y tormentos, de tal tema, son retratados de una creíble manera a través de tres mujeres distintas. Dos de ellas, diría yo, son las que portan el peso principal de la película. Hablo de Karen y Nora, interpretadas excepcionalmente por Annette Bening y Naomi Watts (especialmente ésta última). Son mujeres a las que el acto de dar vida les marcó. Una por madre, la otra por hija. Ambas se volvieron frías y distantes, calculadoras y metódicas con sus sentimientos, sin perder, en ambas, el trasfondo de amargura, dolor y tristeza sobre el que se asentaba su existencia. La tercera mujer, Lucy, era interpretada por una desconocida para mí como era Kerry Washington. Su belleza y sensualidad eran enturbiadas por la imposibilidad natural de dar a luz, lanzándose a la búsqueda de un bebé mediante la vía de la adopción, sirviendo este personaje como modelo, más secundario, con el que recordar el proceso que atormentaría, de por vida, a nuestras protagonistas, a la vez que servía para cerrar el círculo de madres e hijas, adoptivas o no, que había marcado la pauta de este film.

‘Madres e hijas’ es una obra sentida y sincera, lanzada desde lo profundo del corazón. Se adentra por los recovecos de la maternidad, por una de sus vertientes más amargas como es la de la adopción. Es un fresco tan esperanzador como desesperanzador, tan frío como cálido. Ambas sensaciones uno las siente de verdad, y eso en este tipo de cinta, un dramón que no veas, es una virtud que no conviene desdeñar. Buena película.

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