‘Adventureland’. Retrato generacional.

Cuando a James, recién graduado en el Insituto, con novia, aunque virgen, con un verano por delante en el que recorrer Europa, y una próxima carrera de Periodismo en Columbia, le digan sus padres que debe cambiar sus prometedores planes  y darse de frente con la realidad, olvidarse del viaje, olvidarse de su novia que le dejó y ponerse a currar en un parque de atracciones tan cochambroso como ruinoso, comenzará a sumergirse, para su desgracia, en la espiral de la derrota.

Entre atracciones, niños farragosos y adultos capullos, conocerá a un sinfín de personajes, de emergentes derrotados como él, entre los que aparecerá el amor de su vida, Em.

‘Adventureland’ habla del incipiente amor entre un chaval, James, que desea abalanzarse sobre los brazos de una chica, Em, a la que la vida había desorientado pero que, al fin, le ha puesto en su camino. Son historias comunes las de todos los chavales. Aventuras, como las de Em con Connell, noches de fiesta de verano en la piscina, inquietudes culturales y sexuales, que resolver con Joel o LisaP, borracheras y trastadas, todo con lo que finiquitar el paso por la adolescencia y encaminarse hacia la adultez, donde esperan otro tipo de menesteres, ya no encaminados a encontrar el camino, sino más bien a sobrevivir en él. Pero eso corresponde a otras películas. Ésta nos ha retratado la primera parte, y lo ha hecho a lo grande. Peliculón.

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