Madigan (1968)

madigan_xlgDirección: Don Siegel
Guion: Abraham Polonsky / Henri Simoun (Richard Dougherty)
Producción: Universal Pictures
Fotografía: Russell Metty 
Montaje: Milton Shifman 
Música: Don Costa
Reparto: Richard Widmark / Henry Fonda / Inger Stevens / James Whitmore
Duración: 101 min
País: Estados Unidos 

Un par de policías han cazado un chivatazo. Tienen a un probable criminal cercado en la casa de una de sus amantes. Cuando se disponen a atraparlo, aquel escapa, llevándose consigo, además, las armas reglamentarias de los agentes. El lío ocasionado no es poca cosa. Por un lado, el departamento de policía de la ciudad de Nueva York ha quedado en mal lugar. El comisario principal, un brillante Henry Fonda, busca depurar responsabilidades, “sanear” el cuerpo. Por otro lado, al tipo al que acaban de robar el arma se llama Madigan, y no es un cualquiera. Termina de convertir dicho affaire, para deleite del espectador, en una cuestión de honor. Tienen un plazo de 72 horas para capturar al delincuente.  

Encontramos en esta película la consagración de Don Siegel como uno de los mejores directores del género de acción. Hasta la fecha había demostrado su polivalencia, estrenando obras tan dispares como Invasion of the body snatchers (1956), un referente del género sci-fi; la bélica Hell is for heroes (1962); y el antecedente clave de la obra que aquí nos ocupa: The killers (1964). Cine negro, policíaco, thriller. Géneros entrelazados a los que Don Siegel dotaba de un nuevo aire a través de Madigan: la acción como clave de bóveda de la narración. Así, la trama elaborada y su consiguiente investigación policial quedan en un segundo plano. La acción más pura es la reina del baile en esta ocasión. Ello no quita para que, buen hacer del guion, los personajes queden retratos de una manera espléndida. Tanto Madigan, amante de las causas perdidas e interpretado a las mil maravillas por Richard Widmark, como el Comisario, un Henry Fonda enclaustrado entre sus dilemas morales (trabajo y amistad), son la piedra angular de este relato en el que no faltará de nada: lealtad, compañerismo, amor, sacrificio.      

Un policíaco con nervio al que Don Siegel le saca todo el jugo posible. No es una obra mayor, pero sí un ejemplo claro de cómo hacer buen cine. Entretanto, Brigada homicida realiza un homenaje al cine negro y, en cierta manera, marca las líneas maestras del cine policíaco/justiciero de los 70, iconizado este en otra obra de Siegel, Dirty Harry (1971). Policías, criminales y mucha tensión para una película en la que lucen especialmente Richard Widmark y Henry Fonda. Buen papel, a su vez, de la malograda Inger Stevens. Un clásico. 

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‘The place beyond the pines’. Desolación.

place-beyond-the-pines-posterTras deslumbrar con la hiriente ‘Blue valentine’ (2010), Derek Cianfrance se atrevía con una ambiciosa obra, ‘The place beyond the pines’, cuyo extenso metraje ofrecía como resultado una narración irregular y descompensada.

La derrota es el tema principal de la película. Sinsabores que se prolongan a lo largo del tiempo, presentándose en las distintas generaciones. El paisaje queda pincelado, sobre todo, a través de la familia. Por tanto, asistimos a un drama familiar potente cuando aparecen en escena el tándem formado por Ryan Gosling y Eva Mendes, apoyándose aquél, a su vez, en las derivas emocionales de Bradley Cooper o en la introvertida vida de Dane DeHaan.   

‘Cruce de caminos’ contiene sentimiento puro, cierto. Le podemos achacar, sin embargo, la ausencia de naturalidad, sentir la historia más cercana, tal como sucedía en ‘Blue valentine’. Con todo, un relato lleno de amargura y desolación digno de ver.

7.5/10

‘Brooklyn’s finest’. Querer y no poder.

Brooklyns Finest movie posterDifícil percibir la grandeza en esta película. Cierto es que el tándem que conformaron Ethan Hawke y Antoine Fuqua en ‘Training day’ (2001) repite aquí con distinta ciudad y personajes pero idéntica temática, guardando un gran parecido en el fondo de la historia. No es lo mismo, en cualquier caso. El culpable principal ya saben quién es: David Ayer. Su nombre no aparece aquí, en su lugar nos encontramos con un tal Michael C. Martin, guionista mediocre de profesión.

Se nota que éste conoce la melodía. Percibes que es un apasionado del género, que se ha empapado de los mejores relatos policíacos y gangsteriles que se hayan hecho jamás. Carece, en cambio, de la destreza para elaborar su propia partitura. ‘Brooklyn’s finest’ es una película sin alma. Lo es a pesar de contar con un gran reparto, en el que Richard Gere, Don Cheadle y el mentado Ethan Hawke salvan del hundimiento absoluto a un guión lleno de flaquezas. 

Tres policías, tres historias que contar. El director, Antoine Fuqua, aporta más rutina que empuje (raro en él) en tal cometido. Todo avanza de un modo gris, sin brillo ni emoción. Le falta vigor, fuerza y sentimiento a este relato. Ni él mismo cree en sus posibilidades. Un total desperdicio, en definitiva, que engrosa esa lista de películas que, sobre el papel, daban para mucho más.

6/10 

‘Street kings’. Plana y efectista.

street_kings_ver2_xlg¿Notan el calor californiano? Pues deberían hacerlo si van a darle al play, dispuestos a ver esta cinta del reputado David Ayer. Si no están interesados en el cine policíaco, en las corruptelas de los altos cargos, en la depravación de los peones de sangre azul, en la fragilidad del sentido de la ética o en la violenta inmundicia de los barrios más peligrosos de los Estados Unidos, definitivamente dedíquense a otros asuntos.

Con todo, nos encontramos ante un guión que, pese a estar firmado por el mismísimo James Ellroy, muestra bastantes lagunas en su contenido. La música suena, pero lo hace sin gracia, pues todo el mundo conoce ya esta partitura. A ‘Street kings’ le falta espontaneidad, algo de originalidad. Aporta poco al género, además de contar, como principales debilidades, con un final previsible y un protagonismo excesivo para el planísimo personaje a quien da vida Keanu Reeves.

La inevitable comparación con ‘Training day’ (2001) deja muy mal parados a estos ‘Dueños de la calle’. Esta cinta anda más al mismo nivel de ‘Dark blue’ (2002). En fin, quizás sea el policíaco más flojo, por plano y efectista, que nos ha brindado David Ayer desde que decidió diseccionar las calles de la periferia angelina.

6.5/10 

‘Narc’. Miserias policiales (II).

narcA Joe Carnahan poca gente lo conoce. Normal, pienso, pues tampoco es un cineasta que raye lo excelso. Sin embargo, el tipo podrá contarle a sus nietos, entre otras cosas, que fue él quien escribió la notable ‘Pride and glory’ (2008), y que un buen día la crítica mundial lo ensalzó al parir la obra que aquí nos ocupa: ‘Narc’.

El centro gravitatorio del film no es otro que la fatalidad y la desgracia que envuelven a esas personas que integran las brigadas de narcóticos y antivicio. Las miserias, en definitiva, que acompañan a quienes viven en primera línea de combate, entre el bien y el mal. Es difícil identificar un atisbo de felicidad en el mundo ideado por Carnahan. Su cámara desentraña, de un modo tan pausado como hiriente, la delgada línea que separa la legalidad de la ilegalidad (con todas las consecuencias morales, familiares, personales, que ello supone), sirviéndose de una correcta intriga para cumplir con tal cometido.

En fin, quien esté dispuesto a visionar ‘Narc’ ya sabe lo que va a encontrar: un sórdido viaje hacia las tinieblas. Película que posee calidad y oficio. No es James Gray, pero es lo más parecido que uno puede encontrar en la actualidad. Notable.

7.5/10 

‘End of watch’. Cops.

Poster 700x1000 AFHeredera de ‘Training day’ y ‘Harsh times’, esta historia vuelve a enclavar su atención en las violentas calles del South Central angelino. Quedamos avisados desde el primer momento: “Soy una consecuencia. Yo soy la cuenta sin pagar. Soy el destino con placa y pistola. Detrás de mi placa está un corazón como el tuyo. Sangro. Pienso. Amo. Y sí, me pueden matar. Y aunque no soy más que un hombre… tengo miles de hermanos y hermanas que son lo mismo que yo. Darán su vida por mí. Y yo por la de ellos. Vigilamos juntos. Una delgada línea azul. Proteger la presa de los depredadores. Al bueno del malo. Somos la policía“.

Un mundo repleto de violencia, narcotráfico, fuego cruzado y alta criminalidad. Ya lo sabemos, es una auténtica selva urbana. Si en ‘Training day’ nos mostraban cómo de corrompidos quedaban los cimientos de la ley gracias al personaje de Alonzo, en ‘Harsh times’ se alejaban un tanto del tema policial para centrarse en cómo dos amigos de la infancia podían sobrevivir o caer a los infiernos en tal contexto. Aquí, en ‘Sin tregua’, comprobamos cómo David Ayer bebe de las dos fuentes citadas. Él es conocedor de sus virtudes y cualidades, y las explota a las mil maravillas.

El cineasta combina la camaradería con la exaltación del trabajo policial a través de los personajes a quienes dan vida acertadamente Jake Gyllenhaal y Michael Peña. Combina la calidez y ternura del hogar familiar con la inquietante y angustiosa patrulla policial por las zonas más peligrosas de Los Ángeles. Nos adentramos en las calles de un modo natural y espontáneo, humanizando y haciéndonos partícipes de lo que supone hacer cumplir la ley en pleno infierno. Un paseo, en definitiva, tan realista como descorazonador.

7.5/10  

‘Grupo 7’. Calamidad.

El tándem compuesto por Alberto Rodríguez y Rafael Cobos ha sido una de las mejores noticias para el cine español durante los últimos años. Como ya hicieran antes en ‘7 vírgenes’ (2005), su cámara y pluma vuelven a apuntar hacia el sur. Estamos en Sevilla, en los prolegómenos de la Expo92. Justo en esos años, pongamos a partir de 1988, algún político decidió que había que erradicar el narcotráfico en la ciudad hispalense. Era el momento de lavar la imagen. Entra en acción, por tanto, el Grupo 7.

Película seria que nos cuenta una historia convincente. La narración de Rodríguez es vibrante y apasionada, no escatima esfuerzos a la hora de plasmar la peligrosa puesta en escena de los policías. Además, el punto emotivo que da el personaje de Antonio de la Torre, entregado en cuerpo y alma a la lucha por limpiar las calles sevillanas de droga y violencia tras haber sufrido el drama en sus propias carnes, refuerza el poderío de esta historia.

Encontramos cine del bueno en ‘Grupo 7’. No llega a la excelsitud por faltar cierta profundidad en su argumento. Cuando uno toca distintos palos y dispone de tan solo 90 minutos para exponer su combinación, la consecuencia lógica es la ausencia de fondo. El doloroso fresco aquí mostrado contiene los dramas personales de los protagonistas, la fatigosa acción policial y el universo que rodea a los calamitosos peones de la droga. Todo ello, podría decirse, conforma la estructura de una meritoria película en la que, gusto personal, brilla particularmente un excepcional Antonio de la Torre.

7.5/10

‘Fallen’. El tormento de Azazel.

Está claro que ni Nicholas Kazan ni Gregory Hoblit pretendían entrar a formar parte de la historia del cine con esta película, pues tan solo debían resolver el encargo con soltura y oficio. Sin embargo, conviene agradecer que cintas como ‘Fallen’ muestren cierto respeto hacia el espectador. Se nota, al menos, que han tenido la delicadeza de elaborar una narración digna en base a una historia medianamente ingeniosa. 

El producto tiene sus limitaciones, pues el punch que atesora la premisa pierde vigor conforme avanzan los minutos. El guión emplea ciertos trucos y recursos, propiciados por la intriga policial, para distraer nuestra atención y no decaer en su seguimiento. Todo termina por convertirse en un batiburrillo de difícil encasillamiento, dado que al factor policial se le une el toque apocalíptico pasando primero por el thriller psicológico. Ayuda, en cualquier caso, el poder contar con un reparto de alto nivel, pues aquí vemos a gente de la talla de James Gandolfini, Donald Sutherland, John Goodman, Aida Turturro o Elias Koteas.

Espíritus y leyendas satánicas recorren las calles de Philadelphia, atormentando así, a base de sangre y crímenes, la existencia del detective John Hobbes. Entretenida intriga en la que consigue brillar un acaparador Denzel Washington, quien se atreve, ni más ni menos, con el reto de enfrentarse al mismísimo Azazel. Cumple con las expectativas.

6.5/10   

‘Collateral’. Violenta noche al calor del asfalto angelino.

Max, un taxista de la ciudad de Los Ángeles, conduce placenteramente a una clienta hacia su destino. Por el camino, se permite la indiscreción de coquetear con la misma, haciéndose finalmente con el número de teléfono de la elegante mujer (por cierto, esposa real de Will Smith). Es la calma que precede a la tempestad, pues la estancia de su siguiente cliente, Vincent, estará en las antípodas en cuanto a trato y cordialidad.

Premisa atractiva la aquí manejada. La idea es hacer de chófer de un asesino a sueldo, con la inherente presión y asfixia que ello supone para un tipo que podría definirse como un ciudadano “normal”. El director, Michael Mann, consigue así tenernos cautivos desde el primer momento, insuflando a su narración un efecto tremendamente adictivo que viene dado por la capacidad y oficio de saber cómo contar un thriller. Por tanto, la tensión y emoción no desaparecen en ningún momento, manifestadas ambas en esa relación tan especial como violenta establecida entre los dos grandes protagonistas del film, Tom Cruise y Jamie Foxx.    

Cuenta con el escollo de no haber sabido manejar con holgura el complemento de la historia: la trama policial. Ésta no acaba de dinamitar, por lo que la intriga va esclareciéndose a base de remiendos facilones que sirven para conectar situaciones y personajes. El guión, manufacturado por Stuart Beattie, es más estándar y mucho menos elaborado que en otras cintas de Michael Mann. El poder del film viene dado aquí por el efectismo y el impacto en lugar de por el detalle y la precisión.

El cineasta explota su faceta como director en detrimento de una dimensión escritora que aquí olvida. En cualquier caso, el encargo es resuelto con brillantez y maestría. No podía ser de otra manera tratándose de él. Entretenimiento de alta calidad. Recomendada.

7.5/10 

‘Heat’. Brillante y magistral policíaco.

‘Heat’ es una historia de personajes, de buenos y malos, en la que Michael Mann pule, perfila y compone con férrea precisión a cada uno de ellos, dándoles así la profundidad requerida, pero sabiendo manejar, no obstante, el tempo de la narración con maestría, alternando así la singularidad con la generalidad, nunca perdiendo de vista, por tanto, el tema principal: la lucha de titanes bindada entre Robert De Niro, pensador estratégico de la banda de atracadores, y Al Pacino, cabeza pensante del cuerpo policial de Los Ángeles.

Michael Mann consigue hacernos partícipes absolutos de esta trama. Nos sumerge así, del lado de los bandidos, en la amargura y el dolor que caracterizan la existencia de Robert De Niro (Neil McCauley), un tipo aquejado por el vacío sentimental, arrepentido por esa vida de maleza y perversión, buscando dar un último golpe tan redentor como liberador. También nos empapamos de la tristeza que irradia el personaje de Val Kilmer (Chris), tipo duro pero de corazón blando, devoto amante de su sufrida esposa, Ashley Judd. Además, siempre está latente la alargada figura de Jon Voight, el veterano instigador que proporciona la acción que estos hombres, incluidos Tom Sizemore y Danny Trejo, necesitan como motor de combustión. No obstante, esta vida conlleva riesgos, existiendo siempre cabos sueltos en forma de Waingro, un temerario Kevin Gage, y Roger Van Zant, el siempre correcto William Fichtner.

Pero toda moneda tiene su reverso. Éste en ‘Heat’ no es otro que Vincent Hannah, un todopoderoso Al Pacino. Sobre él recae todo el peso policial, salvo por las apariciones contadas y necesarias de Wes Studi y compañeros. Sentimos la angustia y el dolor que lleva en sus adentros, interiorizando así un trabajo que es un modo de vida. Una sempiterna búsqueda del mal que arrasa con todo lo que pulula a su alrededor, ya sea una olvidada esposa, la acertada Diane Venora, o una vilipendiada hijastra, interpretada por una jovencísima Natalie Portman. Ahora vive por y para atrapar al intrigante McCauley, una figura por la que siente total respeto y admiración. ¿Quién saldrá vencedor? Tendrán que ver ‘Heat’ para comprobarlo. Por mi parte, lo dejo en tablas.

La narración desprende talento, oficio y clase en cada diálogo, en cada escena, en cada situación. Pocos, además, conseguirán plasmar la violencia implícita a las escenas de acción de un modo tan tenso e hiperrealista como el aquí mostrado. El cineasta, Michael Mann, sienta cátedra acerca de cómo elaborar un thriller, moviendo las piezas de un modo preciso, inteligente. Juega así una partida perfecta en la que el espectador disfruta en todo momento. Ayuda en tal función el contar con una factura técnica intachable, marca de la casa en las cintas de Mann, así como poseer un listado de nombres tan poderoso en el cartel. Tenemos aquí, por tanto, a una de las mejores películas de la década de los noventa. Un auténtico tributo al mejor cine policíaco, teñido con el toque thrill que tanto le gusta manejar al cineasta de Chicago. Imprescindible.

9.5/10