‘Regreso a Moira’. Hablamos de amor y redención.

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‘Regreso a Moira’ forma parte del ciclo “Películas para no dormir” destinado para la emisión por televisión sin paso previo por los cines. Entre los distintas directores que formaron parte de ello estuvieron ilustres del terror y la intriga nacional como Balagueró (Los sin nombre), Plaza (El segundo nombre), De la Iglesia (El día de la bestia), Narciso Ibáñez Serrador (La residencia), Enrique Urbizu (La caja 507) o el propio director de este telefilm, Mateo Gil (Nadie conoce a nadie).

Este telefilm se nos vende como un producto de terror cuando realmente no lo es. Si destapamos su envoltura, encontramos un fondo con historia, una historia de calidad que habla del amor, de su desdicha y de sus infinitos quebraderos de cabeza. 

Juán José Ballesta y Natalia Millán nos cautivan con una historia, en esa, imagino, Castilla profunda,  en la que nos hablan del poder de las brujas y las santas. De la bondad de esas mujeres vestidas de negro que adoraban al párroco del pueblo, veneraban al cielo con fervor y rezaban por su pan de cada día. Son una parte de la memoria colectiva de esta nación.

Una parte de nuestra historia que era capaz de satanizar a todos aquellos que no estuviesen de parte de su radicalismo católico. En esta ocasión, la víctima de ese fanatismo es Natalia Millán, una mujer soltera alejada del pueblo y que cometió el error de tontear con jovencitos, entre ellos el joven Tomás, y practicar abortos en clandestinidad durante la noche.

Craso error. Un error que le costó la vida en ese pueblo de beatas y curas. En ese pueblo donde el despecho de un inmaduro chaval al que había prometido amor eterno, le costaría muy caro a la pobre “bruja”.

Amor y un pasado lleno de amargura y cargos de conciencia se dan la mano en esta cinta de Mateo Gil. La vuelta a Moira por parte de Tomás, a esa casa donde habitaba dicha mujer, esa en la que el joven encontró por primera vez el amor. Un amor desdichado con el que tendrá que reconciliarse, un amor al que deberá pedir clemencia y libertad. Su reconciliación y redención.

Hay que añadir que la historia está claramente dividida en dos: presente y pasado. La parte del pasado, pese a la mala interpretación de Ballesta, es notable, lo mejor del film. Un film que, sin embargo, naufraga en la historia del presente, donde el terror busca salir a escena, casi como una impostura cuando de lo que se habla es de amor, aunque en más de una ocasión vayan de la mano. Valga como resumen de lo “terrorífico” de la parte actual la escena en la que el Tomás anciano monta a cuatro patas a una momia. Lamentable. Excesivo lastre para que el conjunto del film sea redondo.

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