‘Decálogo’. Parte II: No tomarás el nombre de Dios en vano.

Kieslowski retrataba, en esta su segunda parte de la magna obra ‘Decálogo’, de una manera perspicaz e ingeniosa, alejándose de la rotundidad del primer mandamiento, el tema central de este capítulo: ‘No tomarás el nombre de Dios en vano’.

En esta ocasión, dentro del bloque de viviendas de esa grisácea Varsovia que el cineasta quiso plasmar, selecciona a dos individuos: un hombre de edad avanzada, ermitaño, parco en palabras y doctor de profesión; la vecina del mismo, una atractiva mujer con una ansiedad horrible por esclarecer de una vez por todas su futuro.

La agonía de un terminal se relata de la manera misma en que lo dice la palabra. Sudoroso, aquejado, torturado por la enfermedad. Mientras, su mujer, la que le engañó sin que él lo supiera y ahora quedó embarazada de otro hombre, se carcome por dentro debido a un profundo dilema: abortar esperando la recuperación de su marido o tener el hijo y marcharse con su amante a sabiendas de que su esposo es un terminal.

Un juramento, la esencia del segundo mandamiento, será la clave para resolver tal dicotomía. Kieslowski realizaba aquí una historia muy sútil, en la que, casi sin darse cuenta, rendía tributo a la complejidad humana, a esa manera de acogerse a algo superior para salir de nuestros problemas reales. El final, es demoledor.

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