‘Philadelphia’. Preciosa, atrevida, necesaria.

philadelphia_xlgCuando una película abre con Bruce Springsteen y su tema Streets of Philadelphia, qué más podemos pedir. Es el prólogo idóneo para recibir a un relato al que poco le importa el paso del tiempo, pues la emotividad que contiene cada plano de esta cinta, todavía hoy, veinte años después, se hace sentir. 

Corría el año 1993 cuando Jonathan Demme, un director que si por algo se caracteriza es por exprimir al máximo las virtudes de sus actores, daba forma a esta preciosa historia en la que destacaba un sobresaliente Tom Hanks, quizás el actor más grande de los últimos treinta años, quien nos brindaba la mejor interpretación de su carrera al encarnar a Andrew Beckett.

A través de la figura de este último se rendía un homenaje al mundo del derecho y, sobre todo, se explicitaba una reivindicación por la justicia social. Reivindicación en la que el tema de la homosexualidad y el sida era puesto en el escaparate sin ningún tipo de tapujo. Un film, por tanto, atrevido pero necesario. Valoren, a su vez, la brillante interpretación de Denzel Washington y no desdeñen el trabajo de Tak Fujimoto en labores de fotografía.

Todo ayuda, en cualquier caso, para pulir un drama de una pureza y un clasicismo admirable. Y sí, el diálogo entre Tom Hanks y Denzel Washington al abrigo dado por ‘La mamma morta’ de María Callas está entre las escenas más emotivas que nos ha deparado el séptimo arte.

9/10  

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‘Kids’. Lacerante retrato generacional.

Larry Clark, cámara en mano, y Harmony Korine, en el guión, son apadrinados por Gus Van Sant para contarnos una historia bastante concisa y explícita: relatar los quehaceres diarios de una generación de adolescentes apilada en el New York de los años 90.

Más concretamente, a tenor de lo visto, se centran en los chic@s de la clase trabajadora neoyorquina. Las drogas como telón de fondo. Fiestas como rutina. Peleas y hurtos como modo de diversión. Familias descompuestas como condimento. Pocos estudios, trabajos precarios. Un sólo objetivo, para un chaval de 15 años atiborrado de hormonas en ebullición, en medio de esta vorágine derrotista: tener sexo. Con quien sea, como sea. Si se trata de desvirgar a muchachas de 12 años, mucho mejor. Son pequeños incentivos para la vida de estos muchachos.

Ni siquiera se dan cuenta del problemón de esta despreocupada vida: el VIH. Pero, a fin de cuentas, de algo hay que morir. Larry Clark no engalana su cinta de ningún modo, pone el dedo en la llaga y aprieta. Aquí, detrás de esa nebulosa juvenil, todo es pesadumbre y dolor.

7/10