‘Bangkok Dangerous’. De alopecias e injertos.

Hubo un tiempo, los 80, en el que el cine de acción se convirtió en el principal referente, en cuanto a producción, de Hollywood. Eran malas películas, sí. Pero, al menos, tenían algo de encanto, o será la nostalgia de aquellos años.

Hoy en día, no hay nostalgia. Son malas, sí. Pero aún más malas que entonces. Cuando estaban en forma, los referentes de este tipo de cine eran los Schwarzenegger, Stallone o Willis. Ahora, hasta el mejor actor de la Tierra, ha interpretado un truño de este tipo de cine. Pero el que más méritos está haciendo en la carrera de caer más bajo en calidad y más alto en lo verde del dólar, es un maduro ya de Hollywood, Nicolas Cage. Sí, aquel que comenzó con Coppola y demás y al que dieron un oscar por su papelón en Leaving Las Vegas. Ese mismo al que no reconocerías certeramente debido a las veintisiete operaciones de cirugía estética que se ha hecho en la cara de no ser porque sale su nombre en los títulos de crédito. Sí, el mismo que pese a sufrir alopecia, se resiste a envejecer dejando su cabeza como una bola de billar y no para de realizarse injertos de pelo que le dan una imagen un tanto juvenil y lamentable para un tío que rondará ya la cincuentena. Ese mismo, es el actor de esta película.

Bueno, en Bangkok dangerous, Cage hace de un tío muy duro, muy duro. Un tío que es tan duro que sólo vive él con su dureza. Jamás establece contactos, ni muestra sentimientos con nadie. Y, por supuesto, se liquida a todo aquel que se le ponga por medio a cambio de cierta cantidad económica. Vamos, que el tío mataría hasta a su madre si se lo retribuyeran. Pero todo eso desaparece al llegar a Bangkok. Allí se vuelve un hombre de lo más tierno, se enamora de una sordomuda, ejerce de maestro de un pobre muchacho y hasta decide no liquidarse a un político que miraba por los intereses del pueblo. Todo ese derroche de encanto y sentimientos a flor de piel provienen de un tío que hasta la fecha sólo conocía la compañía de sus pistolas y rifles.

No hace falta decir, que el cocktail se completa con una buena dosis de música a toda hostia, chicas guapas desnudas o semidesnudas, tiros y explosiones por doquier, y unos cuantos bostezos durante su visionado.  ¿Por qué Nicolas?.

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