‘La teta asustada’. Secuelas del terror.

Fausta padece de la teta asustada. Una enfermedad basada en creencias andinas. Se transmite de manera hereditaria, mediante la leche materna, y se da en aquellas mujeres que fueron violadas o maltratadas en el conflicto guerrillero dado en la década de los 80 en Perú. Su indicativo más usual es la mirada. A través de la mirada se puede detectar a estos enfermos. Son miradas cargadas de miedo y susto, de terror.  Si se le hiciera un análisis más detallado a los mismos, no sería descabellado encontrar un tubérculo en lugar inimaginable.

Claudia Llosa crea, a partir de la muerte de la madre de Fausta, y el deseo de ésta de enterrar a la anciana en su pueblo natal, una historia muy bonita, mezcla de ficción y realidad, de creencia y crudeza, con alma reivindicativa. El contacto con el “mundo” exterior de la joven nos servirá para comprobar las secuelas del terror que hay en ella, el dolor aún persistente de un conflicto que se dió años atrás, al tiempo que la “cura social” va gestándose muy lentamente en ella, pues no es fácil. Llosa se sirve más de imágenes que de palabras, regalándonos una película sentida y emotiva, una manera muy poética de denunciar la barbarie.

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