Bon nadal

Mi amigo Guizmo y yo os deseamos una….. FELIZ NAVIDAD !!

Si alguien tiene un rato libre, puede acompañar estos días con clásicos navideños imperecederos como… Sólo en casa, Polar Express, Pesadilla antes de Navidad, Eduardo Manostijeras, Qué bello es vivir, Plácido, El día de la bestia, Love actually y muchas más !!

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‘Avatar’. Mediocridad disfrazada de perfección.

Jake Sully es un marine retirado postrado en silla de ruedas que decide tomar el lugar de su hermano fallecido y enrolarse como científico a Pandora, uno de los nuevos planetas descubiertos por la especie humana en un futuro que se sitúa en torno al 2150.

Pandora dicen que es salvaje, un lugar situado más abajo del infierno. Sin embargo, cuando Jake se meta en la piel de su avatar descubrirá que la imagen transmitida no es la real. Descubrirá el poder de la selva, el valor de la amistad y la solidaridad en la tribu de los Na’vi, los lazos con la naturaleza, su cultura y, sobre todo, el amor en la figura de Neytiri.

La vida con los Na’vi, rodeados de naturaleza, y con todo lo descrito arriba, es el punto fuerte del film. Sin embargo, al final todo se resuelve de una manera chabacanera, con aborígenes pacífistas y naturalistas apoyados en ecologistas humanos que buscan defender lo suyo frente a militares rudos y mercenarios apoyados por el capital del planeta Tierra que busca lucrarse gracias a los minerales existentes en territorio Na’vi.

Hay en ‘Avatar’ una estética perfecta con una grandeza visual enorme, fantasiosa, espectacular. Detrás de ello se esconde una historia mediocre que flojea en el discurso “aborígenes muy buenos” contra “humanos muy malos”, pero que levanta el vuelo de manera notable cuando la acción se sitúa en plena selva, alejados de armas y fuego cruzado y viviendo el proceso de aprendizaje de Jake con la tribu, con su amada Neytiri.  

 

‘Carriers’. Un virus muy vacuo.

Cuatro jóvenes no infectados por un virus que ha arrasado media civilización se juegan la vida cruzando el país para llegar a un motelito de mala muerte en una playa del golfo de México. En el camino a su destino, se toparán con infectados, con no infectados y con gente que da tiros y cosas por el estilo, sin saber muy bien qué pinta cada uno en este lío.

Uno no enlaza las cosas que suceden, todo queda muy superficial. La acción por momentos queda supeditada a los jaleos mentales de cada personaje. Se podría decir que es una combinación mala de ‘Mad Max’ y ’28 días después’, dando como resultado un auténtico plomazo. 84 minutos de absurdo apocalíptico.

3.5/10

‘Saw’. Cátedra del terror del XXI.

Situémonos. Hay un lavabo cochambroso con tres tíos dentros. A la izquierda, está el Dr. Gordon, un capullo ricachón de mucho cuidado. En el medio, hay un fiambre con un tiro en la cabeza, un revólver en su mano izquierda, una grabadora en la derecha y un charco de sangre rodeándolo. A la derecha, tenemos a Adam, un fotógrafo de tres al cuarto.

Ambos, están encadenados y tienen un cassette con instrucciones a seguir. El juego es muy sencillo: el Dr. Gordon debe asesinar a Adam antes de las 6 horas si no quiere que su mujer y su hija mueran. En medio de esta macabra idea, los dos personajes comenzarán a indagar, a pensar en el por qué. Descubrirán que un psicópata con reputada fama pone a prueba la fe de muchas personas por la vida. Recordarán que un detective casi lo cogió. Y ahora, constatarán que son ellos las víctimas del juego.  Descubrirán que su única salvación pasa por resquebrajarse los huesos de sus pies con las sierras que tienen a su disposición para liberarse de las cadenas. Cruda realidad.

‘Saw’ es un auténtico pelotazo. Un guión muy a lo siglo XXI, con historia sencilla pero enrevesada que te sumerge en un desarrollo claustrofóbico y que desemboca en un final memorable. Hecha con cuatro duros contados y recaudando esa misma cifra multiplicada por cien o doscientos, Saw encontró la vía para subirse al verde del dólar. En esta primera entrega, el producto queda bien maquetado. Te mantiene en intriga, te acojona y no abusa en exceso del “discurso” de sangre y huesos. Gran cinta de terror en la que el asesino moralizante da sus primeras lecciones. Sólo la vestimenta ya da miento. Ah, nuevamente, el final es la hostia.

‘Perdidos’. Todo huele a Dharma.

La segunda temporada, pese a que la acabé ayer, la recuerdo ya con neblina. Demasiado extensa me parece a mí. En fin, las dudas que dejaba abiertas el búnker, siguen en pie. No andan los tiros por dónde yo pensé. Ahora hay otro búnker, la Perla, en el que hay cámaras vigilando. También hay recuerdos de Claire en el aire de médicos con máscaras.

Está todo diseñado para creer en que hay una multinacional farmacéutica detrás denominada Dharma. Médicos disfrazados de salvajes jugando a un Gran Hermano en el que nuestros supervivientes son los conejillos de indias. John Locke, un personaje que me parecía inquietante, inquietó del todo dejando de pulsar la tecla. Veremos qué pasa. Mientras, atisbo una vuelta de Michael en plan salvador rescatando a Sawyer, Kate y Jack.

Nos han dejado con las figuras principales, a excepción de Locke y Sayid, en manos de “los otros”. Con una tecla que se ha ido al garete. Con otro búnker. Con muchas ideas en el aire, muchos personajes entrelazados que acabarán por unirse en las siguientes temporadas. El camino está trazado, sabes que te han metido en un círculo vicioso del que es difícil salir. Una vez más, su característica principal es la adicción. Supongo que el guión visto en su conjunto y una vez resueltas las incógnitas debe ser previsible y flojo, pero yendo por partes, capítulo a capítulo, uno espera con ansia que llegue el siguiente con la convicción de que algo espectacular espera. La puerta al mundo exterior está abierta en la figura del amor del pirado del búnker. A por la tercera.

‘Noche silenciosa, noche de muerte’. Sangre navideña.

Un chaval vive atormentado por el recuerdo del asesinato de sus padres por un matón de tres al cuarto disfrazado de Papá Noel. A partir de aquí y tras un paso traumático por un orfanato lleno de monjas tiránicas y represoras, asociará la Navidad con una especie de día del juicio final. A los buenos, regalos. A los malos, castigos.

Historia de terror cutre de marcado espíritu antinavideño que gustará a aquellos que encuentran la Navidad como una fecha llena de bondad relativa y felices sentimientos cargados de hipocresía. Aquí Papá Noel no deja caramelitos en las botas colgadas en las chimeneas, ni dice jou, jou, jou!,  ni trae regalos a los niños. Simplemente castiga a los que han sido malos. Hachazos, cuchillazos, ahorcamientos y todo tipo de macabros asesinatos marcarán el ritmo de la película. No habrá distinción entre monjas, trabajadores de a pie o jovencitas “pecadoras” con el culo y las tetas al aire. Hábitos, tetas, navidad y sangre, mucha sangre. Esa es la esencia del film. Terror de los 80, pero a lo más cutre aún. Si no te va el género, ni lo intentes.