‘Midnight in Paris’. Extraordinaria.

Woody Allen, en su cita anual con su público y la cartelera, nos deleita, en esta ocasión, gracias a ‘Midnight in Paris’, una comedia romántica que se sirve de la susodicha ciudad y de una pareja de novios, especialmente de Gil (escritor errante), para transportanos a un mundo cargado de nostalgia, sentimiento y felicidad.

Es una comedia extraordinaria, del todo surrealista (a juego con la historia), que anda a medio camino entre la nostalgia y el optimismo. La idea de viajar hacia el pasado es fabulosa, gozando con las aventuras nocturnas que Gil protagoniza, en sus merodeos por los cafés y bares parisinos, alternando las calles de Montmartre en compañía de pintores, escritores y artistas de los años 20, a ratos hablando con Buñuel, Fitzgerald, Hemingway o Dalí, entre otros.

Diálogos notables, igual que algunas de sus escenas (ojo con el pedante o el padre). Pero, sobre todo, una línea general de calidad, derrochada en la historia, en la dirección, en la bso, en la fotografía o en las interpretaciones (el gran Woody ha hecho que me entre Owen Wilson, tío denostado hasta el momento). El punto surrealista que juega con la historia, con el arte y con los sentimientos, sirve para que nuestro protagonista encuentre su camino, olvidando ya el nostálgico pasado para encaminarse a un esplendoroso futuro (siempre previo paso por un insatisfactorio presente). En fin, una película plena de vitalidad, armonía y satisfacción.

8/10

‘Cómo ser John Malkovich’. Un triángulo amoroso excesivamente surrealista.

John Cusack es marionetista. Se podría decir que ha dedicado su vida a ellas, con el consiguiente desprestigio social. Está casado con Cameron Díaz, una devota de los animales. Sus vidas cambiarán cuando él entre a trabajar como archivador en la planta 7’5 de un edificio de oficinas. Allí encontrará a una mujer, Catherine Keener, de la que enamorarse, con la que estar dispuesto a engañar a su esposa.

Luego vendrá la puerta, John Malkovich y el encuentro de Cameron con Catherine. A partir de aquí, lo sensato y lógico del argumento se perderá entre disparates. No se si esto es surrealismo, pero desde luego que de calidad no lo es. 

Cameron se enamorará de Catherine después de cruzar la puerta y verla a través de los ojos de Malkovich. Desubrirá entonces que es transexual, que quiere ser hombre, enviar a hacer puñetas a John Cusack y habitar en la vida del actor para poder estar con su amada. A ésta, le pondrá cachonda acostarse con Malkovich mientras ve en sus ojos a dos personas. Pero luego, además, el pirado de Cusack encarcelará a su esposa para controlar el cuerpo de Malkovich como una marioneta y así poder estar con la Keener. A ésta también le excitará esta opción.

Todo ello condimentado con una teoría de los recipientes según la cual un puñado de viejos pasan de un cuerpo a otro a la edad de 44 años siendo de esta manera inmortales a su manera. Es decir, Spike Jonze se ha pasado de listo con todo este enredo que conduce a la nada. Lo poco que podría haber de discurso sensato acerca de los desgraciados que darían su vida por cambiarse por otro tío más guapo, con más dinero y más popular, se pierde en gilipolleces románticas. Uno se siente estafado después de haber visto esto. Es el triángulo amoroso más surrealista que he visto, sí. Pero no por ello es sinónimo de calidad. Esto es una patraña con letras mayúsculas. Se salvan de la quema un par de diálogos con gracia y la Keener. Nada más. Flojísima.