‘La cuarta fase’. La secuela que Spielberg siempre quiso hacer.

El título de la crítica tiene mucho de irónico. Irónico porque ‘La cuarta fase’ es una especie de episodio de Expediente-X, pero en cutre, alternado con una dirección que recuerda mucho a Gran Hermano, y combinado todo ello con unas sesiones de espiritismo al más puro estilo Yola Berrocal en Hotel Glam. Es decir, el producto se aleja mucho del sello de calidad que porta ‘Encuentros en la tercera fase’ de Spielberg, o cualquier otra película mínimamente digna del género.

La interpretación de Milla Jovovich roza el espanto. Es ridícula. Desde el primer plano la película deja de ser creíble, no sólo ya por la chabacanera interpretación, sino también por la farra manipulativa que se casca la directora, tratando de dar veracidad a la historia mediante “imágenes reales”, provocando que las pocas expectativas hechas en torno a ella acaben aniquiladas. Si te la tomas como comedia casposa, puede resultar decente unos veinte o treinta minutos. Como cualquier otra cosa, ni lo intentes.

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