‘Mud’. Chicos de Arkansas.

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“Do you love her?”

Jeff Nichols vuelve a poner su atención en el “sur” de los Estados Unidos, alejado de las grandes ciudades y los quebraderos de cabeza propios de éstas. Es la vida del campo, de la pickup, del río y de la gente que allí habita la que le interesa al cineasta, natural, por cierto, de Arkansas, como los muchachos que protagonizan esta historia. 

El guión es muy bueno, la elegante factura técnica desprende ese halo sureño que tanto gusta y la historia está fabulosamente narrada. Además, la galería de personajes está bien esculpida, dotada ésta de sentimiento y profundidad. Destacan así unos excepcionales Matthew McConaughey y Reese Witherspoon al encarnar a esos dos vagabundos del amor, Mud y Juniper, que mueven esta historia. No conviene pasar por alto, en cualquier caso, la meritoria interpretación de Tye Sheridan, aquel muchacho que ya sorprendió a todos en ‘Tree of life’ (2011), y que se destapa aquí como una de las promesas emergentes en el panorama cinematográfico. 

Hacerse mayores. Apenas dos palabras que esconden un tránsito que va de la adolescencia hacia la edad adulta. Un paseo en el que uno pierde parte de esa pura inocencia que llevaba consigo y comienza a comprender lo que es la vida. Es lo que le sucede a Ellis, un chaval que se adentrará de la mano de Mud, un fugitivo varado en una isla perdida, en una odisea repleta de nuevos misterios, secretos y peligros que será la excusa idónea para que el cineasta explote el tema principal del film: el amor. 

A Jeff Nichols siempre le han interesado las preocupaciones que rodean a la vida humana. Sus películas te hacen sentir, vibrar. Y ‘Mud’, en el fondo, es un hermoso drama sobre la vida, sobre las personas, que esconde con sutileza un amargo, nostálgico y natural paseo por los entresijos del amor.  

8.5/10 

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‘Pa negre’. Tortuosa infancia.

Agustí Villaronga conseguía alcanzar, de modo inesperado, la cima de su irregular filmografía con esta cinta, ‘Pa negre’ (2010). Lo hacía a través de las vivencias de Andreu, un sensacional Francesc Colomer, quién vive junto a su familia en una zona cercana a Vic, Cataluña, en tiempos de posguerra. Recordando un tanto al cine de Erice, el cineasta mallorquín focaliza su atención, y la del espectador, en la mirada inocente del crío, en sus pensamientos fantasiosos, puros y cándidos, alejados éstos de la cruda realidad que, sin él darse cuenta, le estaba tocando vivir.

Un misterioso crímen encenderá la llama que avive esta exasperante historia. Su centro gravitatorio será la mutación que experimente nuestro protagonista, un chaval que pronto tendrá que dar la bienvenida, casi a la fuerza, a esa cosa llamada adultez, olvidando sus fantasías, sus juegos de niños y sus ansias de volar hacia otro mundo a semejanza de los pajaros. Paradigma de todo ello será el papel sobrecogedor de Marina Comas, una muchacha que ya hace mucho tiempo que olvido lo que era la niñez. El trasfondo de esta mutación, se nos presenta por la vía de una factura técnica intachable, destacando una ambientación veraz, muy lograda, que nos depara imágenes de un poderío visual asombroso. El director se preocupa, además, de atar cabos sueltos en su narración, quedando todo bien hilado, mostrándonos así un amplio repertorio de secundarios (nombres ilustres como Sergi López, Eduard Fernández, Roger Casamajor o Laia Marull, pero hay muchos más), del todo integrados y conectados con el personaje protagonista,  que acaban por enriquecer la historia central del film.   

‘Pa negre’ es una representación fidedigna y rigurosa de la inocencia perturbada. Son tiempos de posguerra, y el cuerpo, del lado de los vencidos, no está para alegrías. Cuando uno no recibe otra cosa que no sea “pa negre i sucre roig”, su vida puede definirse como calamitosa. El cineasta lo trata todo de un modo indirecto, sutil. Hurga en la herida y hace sangre, casi sin que nos demos cuenta. La cinta no busca, en ningún momento, simplificar su discurso, etiquetando a unos de “buenos” y a otros como “malos”. Nada de eso, hay aquí. Los “buenos” de tan míseros, parecen malos. Y los “malos”, de tan caritativos, se disfrazan de bondadosos.

Pero tanto unos, como otros, acaban desorientados en un período de difícil digestión, dónde ideales, represión, hambre, cobardía y el mundano instinto de supervivencia , se daban de la mano, para acabar humillando la dignidad, por unas cosas u otras, de todos. Andreu, incapaz de entenderlo, sólo quiere olvidarlo.

8.5/10  

‘Little children’. Historias íntimas, interpretaciones grandiosas.

Sarah es infeliz. Vive con un hombre, Pierce, al que ya no ama. Más bien, lo repudia. Su vida no escapa de la mediocridad (no en sentido material ni económico), se siente enclaustrada en ese residencial barrio donde habita, incómoda entre las inquisidoras charlas de las mamás en el parque, fuera de lugar entre las mujeres que realizan tertulia conservadora en el círculo de lectores, asqueada por la hipocresía de un marido de vocación onanista. Un buen día,  en cambio, paseando a su hija Lucy entre los columpios, conocerá a Brad. Él, a diferencia de ella, sí es feliz. O eso aparenta. Quizás se siente un tanto frustrado por ser el ama de casa dentro de su hogar. Es su mujer, Kathy, quien trabaja, quien trae el sueldo a casa. Mientras él, espera a un fantasmagórico examen que de respiro a su vida (el sistema así lo exige). Entre tanto, el bueno de Brad alterna las noches de biblioteca con los paseos a su hijo Aaron, también con los partidos de fútbol con los amigos y la pasión (exterior) que siente por el mundo del skate. Conocer a Sarah, de la forma en que se desarrollará la relación, será una distracción, una agradable y satisfactoria distracción que hará tambalear los cimientos morales de su vida, dando paso a un profundo dilema interno en el que decidirse por una mujer u otra (con las consecuencias que eso conlleva en su cotidaniedad).

Uno vivirá feliz, en armonía con su enamorada esposa y su tierno hijo.  Se dejó llevar por la corriente. La otra, probablemente, se sumergirá en la vorágine del fracaso, rondando la depresión, enjaulada en una vida que no quería para sí misma. Nadó contra la corriente, pero ésta le venció.

No lejos de allí, también conviven Larry y Ronnie. Uno fue policía, de vocación. Es de esos tipos que lleva lo de la seguridad ciudadana en la sangre. Propio de su naturaleza, no tardará en enfrentarse con Ronnie, un tipo estigmatizado por su enfermedad mental, el diablo del barrio.

Por lo visto, al marketing nacional no le gustó la idea de titular (en el doblaje) a esta película como ‘Niños pequeños’, fiel traducción del título original. Se equivocó, anteponiendo los intereses comerciales por encima del resto. Porque, al fin y al cabo, ‘Juegos secretos’ es un título un tanto engañoso, infiel a su homólogo anglosajón. La historia de Todd Field y Tom Perrotta se mueve en el mundo de los niños, de la infancia. Sin embargo, no es un retrato de ellos en sí mismo. Más bien, se centra en lo que rodea a éstos. Se centra en los papás que llevan a pasear a los niños. En los juegos secretos que éstos llevan consigo. Se centra en un enfermo, un pedófilo obsesionado con la niñez. También en un tipo que arrebató la vida a un muchacho, marcando su existencia con un toque de amargura crónica.

Es una historia lenta, cocida a fuego lento. Resaltar de ella la aventura amorosa entre Kate Winslet y Patrick Wilson, pues ésta desprende credibilidad, sensualidad, morbosidad. Magnífica, como siempre, la interpretación de Winslet en el papel de esa mujer que recuerda a Madame Bovary. No menos brillante está Jennifer Connelly en el papel de esa leona agazapada que controla, dentro de los riegos, la situación matrimonial. Magistral, también, la interpretación brindada por Jackie Earle Haley (de lo mejor del film), quien rezuma realismo cada vez que se pone el disfraz de pedófilo. En definitiva, ‘Little Children’ es una película íntima, poseedora de unas historias entrelazadas muy particulares que permiten exhibirse en su faceta interpretativa a gran parte del reparto, atrayendo consigo la atención del espectador, quien se embarga entre la lujuria, el amor, la desesperación, el desgarro, la melancolía o el sentimentalismo que marca el sentir de este film. Más que buena.