‘Milk’. Retrato de un héroe.

Milk retrata la vida del primer político declarado abiertamente gay en la historia de los Estados Unidos. Pese a que su nombre deje un cierto aroma a mártir, Van Sant lo ha mostrado en esta película como una figura similar a la del héroe. Un héroe de a pie. Una persona corriente, como cualquier otra. Un hombre que se fija, como cualquier otro, en los cuerpos y en las caras de las personas que le gustan. Que los detiene en el metro, y ¿por qué no?, para preguntarles si les gustaría pasar la noche con él. Un hombre que hace lo que todo el mundo hace. Sin embargo, él carga con una losa muy grande, aún hoy en día, y es que los cuerpos y caras en los que se fija, aquellos que mira detalladamente, aquellos que le gustan, no resultan ser de una mujer, sino que son de hombres.

Con esa carga no quería vivir Harvey Milk. ¿Por qué tenemos que ser tratados de manera diferente?, ¿Acaso no somos como los demás? pensaba él. Harto de las palizas, de las vejaciones, de la discriminación por parte de la sociedad. Harto del popular lema aquí no os queremos. Harto de todo ello, Harvey Milk se asentó en un pequeño negocio fotográfico del barrio Castro en San Francisco. Y allí estableció su cuartel. Se rodeo de gente que opinaba de la misma forma que él y se lanzó a la calle. Luchó por sus ideales. Luchó por representar políticamente los intereses del colectivo gay, y empezó desde abajo. Sabía que esto era una guerra, pero que él sólo había iniciado una batalla. Les plantó cara. Corrían los años 70,  y un idealista como él no tuvo miedo a reclamar un avance en los derechos civiles de los homosexuales. No se arrugó a la hora de enfrentarse con los sectores conservadores que se empeñaban en querer dejar encerrados a los homosexuales en el armario. Contra todos ellos, Milk se armó de valor, incluso sabiendo que podía pagar un precio muy alto por todo ello. Pero le merecía la pena remover ese grano de arena en medio del desierto. Por algún sitio, y alguien, tenía que empezar. Y él fue quién lo hizo. Promovió un auténtica ola de protestas en el barrio de Castro en favor del movimiento gay, se tragó su timidez y se enfrentó al mundo con una simple frase: Hola, mi nombre es Harvey Milk y vengo a captaos.

Milk sirvió en su día como referente para los millones de personas que se sentían solas, excluidas, atormentadas por algo tan irrelevante como su sexualidad (importante el personaje del joven minusválido). Pero su discurso no ha quedado anticuado. Las cosas todavía no han avanzado lo que deberían, no sólo en el aspecto de la sexualidad. Hoy en día aún hay miles y miles de personas que son aisladas, intimidadas por la sociedad, una sociedad que se empeña en no entender, en no comprender. Una sociedad injusta que discrimina por razón de sexo, religión, color de piel, clase social, sexualidad o cualquier otro motivo. Por ello, por servir como un alegato que llega a un público en masas, debemos agradecerle a Gus Van Sant la realización de esta gran película.

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