‘Lincoln’. Abrumadora.

poster-lincoln-gdeA Steven Spielberg le gusta la historia, y eso se nota en su extensa filmografía. Ahí lucen titulos como Schindler’s list (1993), Amistad (1997) o Saving private Ryan (1998), por nombrar a algunos de ellos. En esa línea se mueve Lincoln, película con la que se atreve a mostrar al gran público, además de los últimos coletazos de la Guerra de Secesión, el proceso que condujo a la abolición de la esclavitud en la segunda mitad del siglo XIX en los Estados Unidos.

La historia, más allá de los quisquillosos reproches que se le puedan hacer, está bien documentada. El guión de Tony Kushner rebosa densidad. Un disfrute para los historiadores. Además, el apartado técnico es extraordinario, comenzando por la música de John Williams, continuando con la fotografía de Janusz Kaminski y terminando con la oscarizada dirección artística. Del mismo modo, el reparto es de absoluto escándalo, tanto en cantidad de nombres como en calidad. Daniel Day-Lewis vuelve a ofrecer un recital al interiorizar (para luego representar) de un modo casi enfermizo la idiosincrasia del Presidente Abraham Lincoln. Eso sí, que nadie se olvide de Tommy Lee Jones, quien vuelve a demostrar que como secundario de lujo no admite rival.

La cinta de Steven Spielberg tiene todos los ingredientes para ser una gran película. Sin embargo, falla en tal propósito. Y falla porque es una película excesiva. Las rigideces del guión minan la soltura de la narración, empañando así todas las virtudes (y son unas cuantas) de esta película. En cualquier caso, un abrumador biopic sobre uno de los políticos más importantes en la historia de los Estados Unidos.

7/10

‘Queimada’. La contradicción del capitalismo.

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Si usted quiere sólo sexo, ¿qué cuesta más mantener a una esposa o contratar el tiempo que usted quiera a una puta?“. Así de expresivo se mostraba Sir William Walker, mercenario inglés llegado a la isla caribeña de Queimada en busca de la abolición de la esclavitud.

Detrás, una potencia colonial en declive, Portugal, que controla la isla a su antojo y, en consecuencia, la producción de azúcar. Walker, al servicio de Inglaterra, formará un ejército revolucionario con José Dolorés como cabeza visible. Destronarán del poder a los portugueses. Dolorés será el nuevo gobernante. Traicionando su ideal, admitirá la llegada de la civilización inglesa.

La realidad, la estratagema sucia e interesada de Inglaterra. Su afán imperialista por conseguir el monopolio del azúcar. El ideal de la libertad y el libre comercio se convertirá en un monopolio para una compañia azucarera inglesa por 100 años. La esclavitud aparecerá de otra manera, oculta en un salario mísero. Los revolucionarios perderán el poder. Volverán a ser los oprimidos, explotados. Los opresores tomarán sus tazas de té con azúcar en Londres.

Diez años después, el temor para los amos del monopolio a una revuelta, a un nuevo intento por eliminar la civilización, esa que tanto odia José Dolorés, esa que no sabe adónde va, terminará en la cuasi exterminación de la isla a manos, nuevamente, del cruel Walker. Inglaterra, cómo no, impondrá sus intereses. Su ideal de libertad.

Dolorés, morirá. Se convertirá en mito. Walker, reflejo mismo de un capitalismo tan contradictorio como lúgubre, será eliminado.