‘Ocean’s eleven’. Ladrones de guante blanco.

Danny Ocean acaba de salir de chirona, y ya lo tiene todo planeado: piensa arruinarle la vida a Terry Benedic, uno de los peces gordos de Las Vegas y actual concubino de su ex-mujer, de la cual, el bueno de Ocean, sigue fervientemente enamorado. Por arruinarle la vida cabría entender, dentro de la clasificación salud-dinero-amor, pues las dos últimas. Para ello, necesitará idear un buen plan, y reclutar a un formidable equipo. El trabajo no es sencillo, ya que hablamos de uno de los casinos con mejor equipamiento de seguridad del mundo mundial. No obstante, los once de Danny permanecen en estado de hiponsis con los 16 kilazos de dólares que están aguardándoles. Están manos a la obra.

Entretenimiento de calidad. La cascada de planos con la que nos abruma el bueno de Soderbergh es la plataforma ideal para que nos dejemos llevar en volandas hacia el mundo de la diversión y el gozo. Un auténtico espectáculo visual, frenético y trepidante, que derrota colosalmente al hastío y la zozobra. No sé si es la mejor película sobre atracos (en mi opinión, no), pero lo que sí tengo claro es que estamos ante una de las estrategias reconquistadoras, hablando en términos de Cúpido, más perversa e ingeniosa que uno pueda imaginar.

En fin, déjense llevar por el encanto de Clooney, la chulería de Pitt, el morbo de la Roberts y la ferocidad de García. El ritmo lo marca un ágil e inspirado Soderbergh. Un lujo. 

7.5/10

‘Sidney (Hard eight)’. Ópera prima.

Supongo que algún productor avispado vió a la legua que un tal Paul Thomas Anderson, era un cineasta de tanta clase y brillantez que merecía la pena meterlo en el negocio del séptimo arte, aún sabiendo que apenas contaba con veintiséis primaveras por aquel entonces. El tipo tuvo un buen ojo clínico, dado que Anderson no sólo no decepcionó con ‘Hard eight’, sino que ésta no fue más que el preludio a una brillante carrera, todavía por desarrollar, en la que ya lucen clásicos como ‘Boogie nights’ (1997) o ‘Magnolia’ (1999).

‘Hard eight’ no es ninguna obra maestra, ni tampoco lo pretende. Aún así, tenemos el privilegio de asistir a un excepcional retrato de tres almas errantes, supervivientes de una vida que yo no querría para mí. La sutil narrativa de Anderson permite que nos volquemos de lleno en los infortunios de estos perdedores, que nos empapemos con la ternura, el amor o el paternalismo aquí expuestos, pero también con el dolor, el desgarro o la pesadumbre que azotan a nuestros protagonistas. El cineasta sabe moverse, como pez en el agua, dentro del género con el que ha decidido debutar, controlando  y utilizando, con temple, los recursos del mismo. Consigue, con maestría, enmascarar el leit motiv del film, brindándonos, casi para los postres, una escena (*spoiler) que capta, como pocas, la esencia de esta fatalista historia.

En fin, ópera prima elegante, pulcra y rigurosa que basa todo su acierto en una pequeña pero lograda historia que supone un digno homenaje al cine noir. Le debe mucho a la gran labor interpretativa de Philip Baker Hall, John C. Reilly o Gwyneth Paltrow.

7.5/10  

Spoiler

* Un señor de buena apariencia, aparece sentado en una cafetería. Fuma un cigarro y toma un café, cuando, de pronto, se percata de que tiene una mancha de sangre, que se afana en ocultar, en su camisa. Es el pasado, que ni olvida ni perdona.    

‘Maverick’. Póker y humor en el far west.

Una timba de póker es el motor de combustión de esta cinta. A Maverick, un especialista en el juego, le restan tres mil dólares para pagar la inscripción de la misma, y tiene previsto hacerlo como sea, aunque el destino no se lo pondrá nada fácil al irrumpir en su rutina gente como Annabelle Bransford (Jodie Foster), una timadora muy sutil, o el español Angel, un intrigante Alfred Molina.

Sin grandes pretensiones se mueve la historia del reputado guionista William Goldman (‘Marathon man’ 1976), quién rescata, para la gran pantalla, al personaje de Maverick con tal de brindarnos un western que gravita en torno al mundo del póker, y que le viene como anillo al dedo a un clásico del género de acción como Richard Donner, quién narra con oficio y soltura las andanzas del cómico personaje principal al que da vida un acertado Mel Gibson, el cual repartirá cartel con Jodie Foster, James Garner y James Coburn, conformando así un auténtico lujo de reparto que atina en sus simpáticas interpretaciones. 

Film cargado de humor, buenos diálogos y  una verborrea desenfrenada (por parte de Maverick), que destila total complicidad con las desventuras aquí narradas, al tiempo que nos encandila con tal peculiar affaire sentimental entre Foster y Gibson, para regalarnos una timba final de altos vuelos, acompañada de un par de giros últimos del todo logrados que suponen el colofón a tan agraciada historia.

7/10

‘Casino’. Las Vegas.

Corría el año 1995 cuando Martin Scorsese decidía realizar la mejor película que se ha hecho (y probablemente se hará) acerca de lo que es (o lo que fue) Las Vegas, esa ciudad levantada en medio del desierto de Nevada con un único fin: ganar dinero.

Para ello, el tinglado está montado así: los octogenarios capos mafiosos del Medio Oeste estadounidense invierten en los casinos de la ciudad, en pocas palabras, son los dueños de los mismos. Colocan a gente de su confianza en los altos cargos y demás puestos, aunque la clave principal radica en que mensualmente les llegue a un garito perdido en medio de diossabedonde el maletín con los fajos de dólares. Aún no siendo de la familia, Sam Rotsthein es el mejor en lo suyo, esto es, controla al detalle el mundo de las apuestas. Nunca pierde, siempre gana. Es el tío perfecto para dirigir el Tangiers, y lo hará en compañía de la mano férrea de Nicky Santoro, un gángster directo que se comunica a través de la violencia. Juntos se adueñarán de la ciudad. Uno, Rothstein, lo hará por la vía de lo legal. Es decir, untando de dinero a toda la ciudad (incluidos políticos y jueces) para amansar a las fieras y poder sacar provecho del sistema allí montado. Santoro, en cambio, visiona Las Vegas como un territorio virgen, una especie de anarquía monetaria en la que los prestamistas, traficantes o jugadores campan a sus anchas, sin estar sometidos a extorsión alguna. Ahí está su negocio, ser el capo mafioso del lugar, exportar la idea de la mafia a esta ciudad. En medio de este sueño hecho realidad, se sitúa la femme fatale de Ginger, una sensacional Sharon Stone, de la que quedará prendado Rothstein y que acabará por ser un volcan en erupción imposible de maniatar.

Scorsese te deja descolocado al inicio del film. Hay una auténtica avalancha de datos e imágenes acerca de cómo funciona la ciudad y el negocio. Uno queda anodadado con todo ello. Sin embargo, después de este brusco arranque, el cineasta entra en faena a través del trío protagonista: Sam Rothstein, Ginger y Nicky Santoro. Los dos mafiosos y la puta de lujo serán el centro gravitatorio del film, centrándose el cineasta en relatar la caída y ascensión de los dos gangsters, siendo la femme fatale el termómetro que nos irá indicando y guiando acerca del devenir de los acontecimientos. Todo, enmarcado dentro del contexto del momento: los viejos capos mafiosos, el gobierno local y las dinámicas internas del negocio. Presentada la acción, el cineasta nos vuelve a avasallar con la explosión final, en la que el FBI acaba por desmontar este putrefacto tinglado establecido, sometiendo a juicio a todos los que dirigían el cotarro, con la consiguiente limpieza generalizada que los capos ordenaran con tal de que nadie se vaya de la lengua más de la cuenta, abriéndose así la puerta que liquidará a los viejos tiempos, permitiendo la entrada del capital de las multinacionales en tan rentable negocio.

‘Casino’ es otro más de los excelsos frescos que posee el cineasta en su selecta filmografía, tratando una vez más el tema del costumbrismo gangsteril, con la peculiaridad, en esta ocasión, de trasladar la acción de Nueva York a Las Vegas. Es un retrato de los viejos tiempos en la ciudad del pecado, más en concreto, de los pecadores que levantaron aquélla. No se busca aquí empatizar con las almas errantes que dejaron allí sus vidas, dinero y salud, ni de aquellos tramposos y fulleros que lograban vaciar, de tanto en tanto, las arcas del casino. Es el turno de marcar con una cruz a los que lo movían todo, no dejando escapar a ninguno de los peónes que formaban parte de esta partida, la partida de hacer dinero en la ciudad del pecado y además, en su edad de oro, los viejos tiempos. El ritmo que acompasa la historia es tan pausado como efectivo. Uno se entera de todos los asuntos sucios como si estuviera allí mismo, con esa peculiar armonía narrativa de quién parece estar pintando un simple paisaje, aunque con pulso y vigor. No era fácil resolver con éxito un proyecto tan ambicioso como ‘Casino’, sin embargo, la algarabía y el caos se nos muestran de un modo tan sutil como enérgico, resultando de tal mezcla una brillante narración.

La fascinación por el mundo del hampa, la pasión con la este es descrito, con un detallismo milimétrico, se nos imprega en nuestras retinas, en nuestro coco, acabando presos de esa ensoñación gangsteril que padece un tipo como Martin Scorsese. El éxito, en la vida de los protagonistas de gran parte de sus cintas, nacidos y criados en Little Italy, sólo puede llegar a través de dos vías: la religión o el crimen organizado. La primera se esfuma en ‘Casino’. La segunda se nos marca con fuego. La mafia como sinónimo de triunfo, extrapolada aquí a la ciudad de Las Vegas y al negocio millonario que allí existía, siendo relatada con maestría por el genio Scorsese a través de tres personajes desoladores y errantes, nacidos para la fatalidad, a quienes dan vida unos excepcionales y veraces Robert De Niro, Sharon Stone y Joe Pesci (se ha ganado el Paraíso en la Tierra, por actorazo que es).

8.5/10

‘The cooler’. Las entrañas de Las Vegas.

‘The cooler’ es una película que nos lleva a las entrañas de la ciudad de Las Vegas, una ciudad multicolor. Una ciudad donde no se distingue la noche del día, donde no hay relojes en las paredes. Una ciudad cargada de hoteles de lujo y casinos. Uno de éstos últimos, el Shangri-La, servirá para sumergirnos en su dinámica interna, con un director, un gran Alec Baldwin, que renuncia a que los tiempos cambien, a anclarse en el pasado, en aquella Las Vegas dorada de antaño. En medio de su obstinación, mezcla de nostalgia, despotismo y ambición, encontramos a un hombre que es todo lo contrario, un gran William H. Macy que borda el papel de gafe, de eterno derrotado. Luego vendrá la puta redimida, Maria Bello.

Un triángulo. Tres personas. Una historia de amor entre dos perdedores, el gafe y la furcia, vigilada, dede arriba, por un mafioso mamón empeñado en despedazarla. Todo ello en un contexto cargado de pasión, de fortuna y rachas, de engaños, de mentiras y crudezas, de palizas y sinsabores. Todo será retratado por Wayne Kramer a través de una historia sencilla que, sin embargo, encandila al espectador. Capta tu atención desde el primer momento, esperando acontecimientos en tan devastador paraíso. Es una película amarga y derrotista, pero que da un halo de esperanza, como encomiándose a la buena fortuna, la representada por el amor. Veánla, aunque sólo sea por el derroche de arte de Alec Baldwin, H. Macy o Maria Bello, tres actorazos que mantienen en pie una historia tan sencilla como cautivadora.