‘Buffalo 66’. Vagabundos del amor.

Billy Brown acaba de salir del penal. Tiene frío, nieva en los aledaños de New York. No hay nadie para recogerle, para darle la nueva bienvenida al hogar. Además, se mea. Piensa en volver al penal para echar un meo, pero la ley no lo permite. En el autobús que lo dirige a la ciudad tampoco podrá hacerlo. No encuentra ni un puñetero baño donde aliviar a su jodida vejiga. Harto ya, decide colarse en una escuela de ballet y usar su wc, sin problemas. Allí, conocerá de una manera bastante peculiar, violenta y estrambótica, a Layla, la mujer de su vida.

Atractiva propuesta en la que Vincent Gallo ejerce de autor de la misma, esto es, dirige, escribe, interpreta y hasta pone la música. El cineasta galo nos brinda un fresco lleno de amargura en el que se caricaturiza a través de distintos personajes a la sociedad actual, resaltando en ella la ausencia de afecto, la pérdida de valores, la frialdad crónica y el trastorno que todo ello conlleva. No obstante, parece que Gallo no enmarca su historia dentro de un marco totalmente lúgubre, pues deja abierto un atisbo de esperanza y luminosidad que otorga optimismo para el posible cambio.

Spoiler

‘Buffalo 66’ es un film que vuelca toda su atención en el personaje de Billy, realizando un retrato profundo y sólido del mismo. A medida que avanza la historia te vas dando cuenta de que el peligroso delincuente en potencia que se nos asemejaba al principio de la misma va convirtiéndose, poco a poco, en una persona entrañable para nosotros, en alguien por el que, al menos, sentir compasión. Porque, al fin y al cabo, la historia se centra en retratar la derrota encarnada por él mismo. Me explico. Es un tipo que decide apostar 10.000 dólares a que los Buffalo vencerán la Super Bowl (matiz: los Buffalo Bills tienen el récord negativo de esta final, perdiendo cuatro consecutivas entre 1991 y 1994). La perderán y él no podrá pagar de otra manera que no sea aceptando la condena de un colega del rufián prestamista. Mientras tanto, inventará una vida idealizada, como agente del Estado, para engañar al tiempo que complacer a su familia. Sin embargo, a ellos se la suda lo que haga con su vida. A su madre le jodió que naciera. Sí, le jodió porque justo el día en que nació, los Buffalo Bills consiguieron su única Super Bowl, y ella forofa aférrima, no lo pudo ver. Y su padre, mejor no hablar, pues ya tiene bastante el hombre con sobarle las tetas a su futura nuera. Estando así las cosas, a Billy sólo le queda la compañía de Bobo, un bobo literal, y de sus recuerdos por el bolo (dónde sí era un genio). Ahora que ha salido, no tendrá más remedio, si quiere mantener la farse de su vida ideal ante su familia, que llevar a alguna chica como “novia”. Sí, esa será Layla, a quien secuestrará para tal fin. Curioso este personaje. Las pinceladas que se dan de ella son indirectas, intuyéndose que si soporta el desquicie, la pesadumbre y el desplome de Billy, es porque la vida de la fémina no debe andar mucho mejor.

El romance establecido entre esas dos almas perdidas es de una complicidad extrema. Uno empatiza con esos dos descarriados. Sientes lástima por Billy, un chico que  no ya consiguió el amor correspondido, sino que ni siquiera percibió la indiferencia de la chica a la que amaba. No, pues aquélla se mofaba de él. Ahora, Layla ha decidido acogerlo entre sus brazos. Y él parece feliz, olvidándose de su pasado, guardando la pistola. Una tregua para su vida, para sus vidas. Ojalá les vaya bien.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s