‘La noche de los girasoles’. Tenebrosa, amarga, inquietante.

Un desconocido, Jorge Sánchez-Cabezudo, se sacaba de la manga este inquietante thriller, poderoso y atractivo, para demostrar que tiene talento suficiente como para ser un cineasta de larga duración. Estructurando el guión en torno a seis historias (El hombre del motel; Los espeleólogos; El hombre del camino; La autoridad competente; Amós el Loco; El caimán), el novel autor nos iba desentrañando, poco a poco, una historia dolorosa, miserable y ruin.

El prólogo inicial, entre girasoles y estrellas, abrirá la senda de la inquietud, mostrando, desde el principio, de qué va esto. Con todo, será la primera historia, “El hombre del motel”, la que encienda la mecha. Todo parecerá encaminado por un camino unidireccional: violación-violador-violada. Sin embargo, ello no era más que la punta del iceberg de una desasosegante trama. Cabezudo, gracias a una historia trabajada y robusta, y apoyado en una frugal narrativa que servirá para perfilar, de modo tan conciso como suficiente, a cada uno de los personajes, conseguirá transmitir toda la infinita amargura que posee este tenebroso suceso.

Celso Bugallo, quien se come la pantalla cada vez que sale en ella, a través de su personaje, el cabo Amadeo, pondrá la guinda del silencio. ¿Qué ocurrió con aquel solitario hombre que vivía en la aldea? Nadie tendrá respuesta, pues todo se desvaneció a través de las llamas de una hoguera que decoraban una noche cualquiera.

7.5/10

Spoiler

En un pueblo de interior, un chaval cree haber encontrado una fascinante cueva. Por ello, el alcalde llama a un prestigioso espeleólogo, Carmelo Gómez, con tal de que verifique si pueden montarse en el euro gracias al agujero (a falta de petróleo, bueno es el turismo). Éste, recibirá la visita sorpresa de su novia. Sin embargo, a élla no le van mucho las cuevas, por lo que decide darse un paseo por el monte mientras su hombre inspecciona la cueva. Craso error, pues tendrá la mala fortuna de toparse con un sádico violador. Conseguirá escapar. Y, en pleno momento traumático, identificará a un pobre hombre como al causante de su dolor.

Aquí explotará la cinta. Un asesinato que nunca debió ocurrir. Y un guardia civil que es todo un sinvergüenza. Error tras error, todo formará una espiral mugrienta y asquerosa. Sin embargo, ahí estaba ese vecino loco al que nadie cree. Nadie, menos uno: el cabo. Un hombre cansado de pelear. Un hombre que eligió mirar hacia otro lado.

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