‘Zero dark thirty’. El horror del siglo XXI.

zero_dark_thirty_poster04_jessica_chastainDespués del estreno de ‘The hurt locker’ (2008), la película que aquí nos ocupa supone la segunda colaboración entre Kathryn Bigelow, no requiere de presentación, y Mark Boal, reputado guionista especializado en temas de (bélica) política exterior estadounidense. Aquí, en concreto, había un filón de historia: la caída de Bin Laden, primus inter pares dentro de la organización terrorista Al Qaeda y máximo responsable del atentado del 11-S al World Trade Center. Una oportunidad para mostrarle al mundo cómo trabaja la CIA y, por ende, los Estados Unidos en esta batalla contra el terrorismo global (de corte yihadista). 

La película, al igual que me sucediera con ‘The hurt locker’, me deja un punto de frialdad en el cuerpo durante una larga parte de su metraje. No siempre consigue inquietar ni tensar al espectador como debería. Es cierto, no obstante, que impresionar ver las tinieblas que acompañan a los métodos de la CIA, iconizados éstos en la figura de Jessica Chastain, colosal aquí al mutar gradualmente de personalidad a medida que el horror se va apoderando de ella.  

Torturas inhumanas en campos inexistentes para los satélites del Earth. Nombres que brotan entre métodos ajenos a la legalidad. Trabajo, mucho trabajo de investigación como trasfondo. Riesgo, vivir al límite. Personas pulcras y trajeadas que respiran por y para cumplir con los mandatos de La Casa Blanca. Todo se resume en un final asfixiante (y terrorífico) en el que la ansiada presa es cazada. En fin, el interrogante que se abre al concluir la película no tiene fácil respuesta: ¿Quiénes se supone que eran los “buenos”? 

7.5/10

‘The Bourne identity’. Espía en las tinieblas.

Tony Gilroy es la clave de bóveda de las peripecias que acompañan al misterioso agente Jason Bourne. Su nombre, estilo y firma aparecen consecutivamente en cada una de las cintas de la saga. En la primera, ‘The Bourne identity’ (2002), se entrega a labores de guión junto a William Blake Herron para dar consistencia a los personajes literarios ideados por Robert Ludlum, quienes serán plasmados bajo la dirección de un cineasta menor, Doug Liman. En la segunda entrega asume la total responsabilidad del guión, actuando en solitario y entregando tan preciada escritura a la potente narrativa visual de Paul Greengrass. Éste repite en la tercera entrega en el apartado de dirección, firmando el guión nuevamente Gilroy, ahora en compañía de los oficiosos Scott Z. Burns y George Nolfi.

Por tanto, entre unos y otros consiguen brindarnos una trilogía, ya extinguida desde el reciente estreno de ‘The Bourne legacy’, en la que el punto comercial y efectista no daña en absoluto la potente y dolorosa historia que acompaña al personaje de Jason Bourne. Podría decirse que esta saga ha rozado la perfección a la hora de combinar dos variables fundamentales como son la cantidad y la calidad. Hablamos de verdaderos blockblusters, con llegada a millones de espectadores, pero que esconde sutilmente una historia terrible, escalofriante. 

Inquieta ponerse en el pellejo de ese hombre que despierta aturdido en alta mar, sin saber muy bien quién es y de dónde proviene. El peligroso y violento viaje que emprenderá el desorientado protagonista en busca de conocer su pasado será el pretexto idóneo para que Gilroy y compañía nos muestren cuán putrefacto puede llegar a ser el mundo que rodea a la CIA y al espionaje estadounidense. De este modo, en las sucesivas entregas que componen esta saga iremos adentrándonos en parajes del todo escabrosos, sanguinolentos y perversos. Ahí reside la verdadera baza de Bourne, convirtiéndose en una velada crítica encaminada a destapar los asuntos sucios que envuelven a la política internacional actual.

En ‘The Bourne identity’, un tipo flota en la oscuridad nocturna del mar Mediterráneo. Rescatado por un grupo de pescadores, el hombre en cuestión presenta heridas de bala en su cuerpo y esconde entre sangre y carne azotada un chip que indica una misteriosa cuenta bancaria. Nosotros ya sabemos quién es, es Jason Bourne. Sin embargo, él no recuerda nada de su identidad. 

Se abre el telón en forma de intriga. El espectador se vuelca con el esclarecimiento del misterio. ¿Quién será? ¿Qué le habrá sucedido? El Programa Treadstone y la sombra de un líder africano actuarán como acicates de una trama vibrante, narrada con pulso y nervio por Doug Liman y sustentada en una brillante actuación de Matt Damon. Pasen y vean, se adentrarán así en los recónditos lugares del espionaje contemporáneo. Notable.

7.5/10  

‘Burn after reading’. Divertida gamberrada.

En los despachos de la CIA se cuece algo, han despedido a un importante agente encargado de asuntos en los Balcanes. El justificante, los problemas con el alcohol del pobre Malkovich.

Por si fuera poco, Malkovich debe aguantar como la furcia de su mujer, Tilda Swinton, se la pega con el guaperas de George Clooney, al que a su vez esta engañando su esposa. A punto de lanzarse a por el divorcio, la Swinton le encarga a su abogado que prepare todos los papeles, y éste le encarga que robe información del PC de su esposo para utilizarla en el proceso de separación. Con esas, un CD conteniente de datos chorras de Malkovich acaba en un gimnasio en el cual trabajan dos auténticos tarados, McDormand, obsesionada con realizarse cinco operaciones de estética, y Brad Pitt, un payaso que cree que está metido en algo gordo. Entre tanto personaje, se sucederán escenas gamberras y alocadas con un trasfondo claro de folleteo continuo durante todo el film.

Buenos diálogos, enormes escenas y un buen par de carcajadas es lo que ofrece ‘Quemar después de leer’. Viniendo de quién viene, los Coen, uno espera algo más, algo más “película”. No obstante, como divertimento, como película hecha en sus ratos libres, entendida como una película sin grandes pretensiones, la cinta destila humor, ironía y locura. Buena gamberrada.