‘Flickan som lekte med elden’. Justicia, fuego, infierno.

Nueva incursión en el universo de violencia exasperante ideado por Stieg Larsson y adaptado para la gran pantalla, en esta ocasión, de la mano de Daniel Alfredson, quien nos vuelve a zambullir en los fríos y gélidos parajes cercanos a Stockholm.

La trama argumentativa, ya iniciada la acción en la primera parte, se concentra en torno a la figura de Lisbeth Salander. Una red de trata de blancas  a punto de ser destapada por la revista Millennium (editada por Blomkvist), provocará que salte la liebre en forma de triple asesinato (uno de ellos, el antiguo tutor de la susodicha). La Fiscalía apunta hacia Lisbeth. Pero Blomkvist (y nosotros) sabe(mos) que andan en pistas falsas. Se trata ahora de sacar a relucir la verdad*.

Las andanzas de nuestros dos protagonistas siguen siendo gustosas de ver. ‘La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina’ es una cinta adrenalínica, sigue manteniéndote en tensión durante las dos horas (se pasa volando) que dura su metraje comercial. Baja un punto el nivel respecto a su predecesora, pues la trama está aquí un poco más forzada, además de ser un tanto caótica (un tanto ecléctica). Salander sigue teniendo ese magnetismo tan peculiar, focalizándose en ella buena parte de la atención. Se trata de recordar el hiriente pasado para redimirlo con el presente. Echo de menos el feeling entre Salander y Blomkvist que se daba en ‘Millennium’, pues éste parece aquí más un pegote que otra cosa. Negativamente nombrar que la trama criminal que sirve como contexto tampoco acaba de estar, como ya se ha dicho, muy bien sujeta (a pesar del blanquecino gigantón).

No tiene el punch de la primera, pero esa manifiesta violencia (hilo conductor de la atormentada existencia de Salander) que nos azota como espectadores, sigue teniendo un poder de adicción, frescura y sadismo, digno de ver.

Spoiler

*En principio hay una trata de blancas, luego se dan unos asesinatos, un misterioso gigantón del norte aterrando,  Lisbeth perseguida, Blomkvist haciendo de séptimo de caballería, para finalmente entrar en venganzas personales/familiares.

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