High fidelity (2000)

high_fidelityDirector: Stephen Frears 
Guion: D.V. DeVicentis / Steve Pink / John Cusack / Scott Rosenberg (Novela: Nick Hornby)
Producción: Touchstone Pictures
Fotografía: Seamus McGarvey  
Montaje: Mick Audsley 
Música: Howard Shore  
Reparto: John Cusack / Iben Hjejle / Todd Louiso / Jack Black / Catherine Zeta-Jones / Joan Cusack / Tim Robbins / Lily Taylor / Lisa Bonet 
Duración: 113 min
País: Estados Unidos 

Oye, aquí está, es Stephen Frears. Sí, uno de esos autores con gusto por el buen cine: lo que hace, lo hace bien. Su filmografía habla por sí sola… Mi hermosa lavandería (1985), Las amistades peligrosas (1988), Los timadores (1990), Negocios ocultos (2002) o Philomena (2013), por nombrar algunos de sus títulos más memorables. Pero háganme caso, si un día de estos les da por hablar del cineasta británico (en conversaciones freak propias del planeta Júpiter), díganlo sin miedo, reivindiquen: ¡High fidelity es una obra maestra!  

Si hiciéramos una lista con “las cinco principales” películas de amor, Alta fidelidad debería estar en ella. Para mi gusto, esta cinta habla sobre el amor y el mundo de la pareja con mucha gracia, estilo y cercanía. Es decir, cuidado porque esto no es fácil de conseguir. Se sale del discurso sensiblero y meloso. El universo pop de Nick Hornby, en este sentido, es trasladado a la gran pantalla de una manera brillante. Además, el soundtrack es una pasada, ¡no podía ser de otra manera! Las referencias musicales, que aparecen por doquier, son brutales. Los personajes están muy bien cuidados, pues el guion es un alarde de ingenio. Y sí, John Cusack está estupendo. Asume el peso del film, avanzan las tragedias sentimentales, se suceden las listas de todo tipo y él brilla como nunca. Qué buen actor es.

Una comedia romántica mayúscula. El toque melómano y la nostalgia se dan de la mano para pincelar esta fabulosa odisea sentimental protagonizada por un resignado John Cusack. La acidez de las situaciones y el descaro de la propuesta no disimulan para nada el sabor agridulce que reina a lo largo de esta película. Lo dicho, una OBRA MAESTRA. 

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Tokyo kazoku (2013)

tokyo-family-film-posterDirección: Yôji Yamada
Guion:
 Yôji Yamada / Emiko Hiramatsu (Remake: Yasujiro Ozu)

Producción: Shochiku Company
Fotografía: Masashi Chikamori
Montaje: Iwao Ishii
Música: Joe Hisaishi 
Reparto: Isao Hashizume / Kazuko Yoshiyuki / Tomoko Nakajima / Yu Aoi / Yui Natsukawa / Masahiko Nishimura 
Duración: 146 min
País: Japón

Cuando Yôji Yamada, una auténtica institución en Japón, decidía reelaborar el clásico de 1953 de Yasujiro Ozu, Tokyo monogatari, imagino que más de uno se pondría muy contento. Aunaban fuerzas así dos grandes maestros del cine japonés, y lo hacían para desplegar una historia tan sencilla como emotiva: Una familia de Tokio. Como el título de la misma bien indica, el centro de atención recaía en una familia cualquiera, pero haciendo énfasis en la anciana pareja de padres que decide, un buen día, realizar una visita a sus hijos.

La película refleja sutilmente lo que es la vida, sin más. Dos ancianos, de viaje, visitando a sus tres hijos. En este sentido, el guion de Emiko Hiramatsu y Yôji Yamada está muy bien pulido, puesto que la personalidad y el carácter de los hijos (incluyendo aquí a sus parejas) están definidas a la perfección. Notable me parece, gusto personal, la figura del hijo menor, con una relación muy especial con su padre. La música de Joe Hisaishi vuelve a ser espléndida, ayudando a conseguir esa sensación de espontánea emoción que nos asalta de pronto, casi sin darnos cuenta.

El paso del tiempo, la nostalgia y el afecto. Tres notas que juntas conforman el interrogante principal del film: ¿hemos tenido una vida plena? La nostalgia al abrir este interrogante no puede fallar, más cuando uno echa la vista atrás y se da cuenta de sus aciertos, de sus errores y de los infinitos “y si…”. Todo se acompaña por el paso del tiempo, por esa sensación extraña de saber que la vida se marcha, chocando la satisfacción de lo logrado con la decepción de lo perdido. Y, por último, el afecto, tan difícil a veces de expresar (genial la escena final del anciano padre con su nuera más joven).

Al final del viaje nos damos cuenta de que Yamada nos ha abrigado con la sutil emotividad que pretendía transmitir. Es la vida, con todo lo que ella conlleva, mostrada como si nada, en cuatro pinceladas, de una forma tan entrañable como tranquila.

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Caótica Ana (2007)

caoticaana0602Director: Julio Medem 
Guion: Julio Medem 
Producción: Alicia Produce / Sogecine
Fotografía: Mario Montero  
Montaje: Julio Medem 
Música: Jocelyn Pook 
Reparto: Manuela Vellés / Bebe / Charlotte Rampling / Lluís Homar / Matthias Habich / Nicolas Cazalé
Duración: 118 min
País: España

“Nunca había visto nevar… que no se me olvide contártelo”. 

Esta película la vi en su día, de estreno. Conocedor y admirador de la filmografía de Julio Medem, el mejor cineasta español -junto con Alejandro Amenábar y Víctor Erice- conforme a mis gustos, esperaba mucho de la misma. Y no me decepcionó. Más bien lo contrario, pues me enamoré de Caótica Ana, de la fantasía que ella conlleva, de su colorista vitalidad. Sin embargo, tenía miedo de volver a verla, de estropear su recuerdo. Pero me lancé. Siete años habían pasado ya entre un momento y otro… aunque la magia sigue ahí. A las grandes películas el paso del tiempo no les afecta.

El planteamiento de la película no es lineal. Un estilo, el aquí otorgado por Julio Medem, que se agradece. La trama avanza a chispazos, como la vida misma, haciendo honor al caos que se anuncia en el título del film. Así es Ana, en definitiva, puro caos. Es la metáfora de la vida. No le gustan las madres porque jamás tuvo una. Vive feliz en su cueva, donde todo parece empezar, pintando puertas que la liberan mientras agarra la mano de su “querido cavernícola”. Ana se hace mayor y le gusta descubrir el mundo, abrir su mente, hacerse a sí misma. Así, sufre por amor. Y llora la pérdida de sus seres queridos. La añoranza y la ausencia no marchitan su increíble alegría. Ana es muchas cosas: ha sido madre bereber muerta en la invasión marroquí al Sahara Occidental, ha escalado las cimas más altas del mundo en pro de alcanzar la igualdad de género, ha derramado sangre frente a las tropelías del hombre blanco en tiempos remotos. Interioriza dolorosamente la injusticia y la opresión que representan los poderosos. Pero cuando algo termina, algo nuevo empieza. Y aquí, todo vuelve a empezar a través de la figura de Ana, ella es optimismo, vitalidad y entusiasmo.

Esta historia es, sin duda alguna, el mejor homenaje que el director le podía brindar a su hermana Ana, fallecida en accidente de tráfico. Observa el mundo con visión crítica, consciente de las múltiples heridas abiertas. Aunque lo tiene muy claro: no perder jamás la sonrisa. “Siéntete libre, que tu vida sea un sinsentido, déjate llevar por el viento”, pequeños (o grandes) mensajes que el cineasta lanza al aire, a su hermana, a la propia vida. Caótica Ana avanza así fabulosamente a través del bondadoso corazón de la protagonista, aprovechando la magia que atesora la puesta en escena y acompasada por la preciosa música de Jocelyn Pook. Después de todo, solo queda darle las gracias a Julio Medem por representar el caos de la vida de una forma tan bonita.  

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Soshite chichi ni naru (2013)

De_tal_padre_tal_hijo-778108503-largeDirector: Hirokazu Koreeda
Guion: Hirokazu Koreeda
Producción: GAGA / TV Man Union
Fotografía: Mikiya Takimoto  
Montaje: Hirokazu Koreeda
Música: Takeshi Matsubara / Junichi Matsumoto / Takashi Mori 
Reparto: Masaharu Fukuyama / Machiko Ono / Yōko Maki / Rirî Furankî
Duración: 121 min
País: Japón 

Seis años, ni uno más ni uno menos. Seis años criando a tu hijo, aleccionándolo conforme a tus valores, queriéndolo. Seis años junto a él. Hasta que, de pronto, un día recibes una llamada del hospital: “no es tu hijo”. Un huracán de sensaciones te rodea. Cómo responder frente a tal noticia, qué hacer ante la nueva situación. ¿Conseguirás querer a tu hijo aunque no lleve tu sangre? ¿Lo intercambiarás, aun pasado el tiempo, por tu “verdadero” hijo?

Drama familiar de trama delicada. Por supuesto que el planteamiento de la película no es el fin del mundo, pero sí es un revés que Hirokazu Koreeda lanza con sutileza. El cineasta lleva a cabo una puesta en escena magistral. La fotografía de Mikiya Takimoto adorna cada uno de los dilemas morales y sentimentales que acompañan a nuestros protagonistas. Unos personajes muy bien perfilados desde el guion, aunque conviene destacar el peso desmedido otorgado al personaje de Ryota (junto con el previsible desenlace que este conlleva), ese padre tan exigente y calculador. La mujer de este último, una formidable Machiko Ono, me parece la figura mejor pincelada de todas: sus dudas, temores y vértigos suenan veraces, humanos.      

La armonía y la elegancia con la que el cineasta aborda el tema no van reñidas con su propósito principal: comprobar la estabilidad de los cimientos familiares. Una obra puñetera donde todo termina por encajar. Es un trabajo bien concluido, sin fisuras y que contiene un mensaje final muy bonito. No es el mejor drama de la temporada, pero es un drama notable. El autor inicia el debate familiar con una idea original, aborda la narración con tacto y demuestra, con creces, que sabe hacer buen cine. Porque, en definitiva, eso es Like father, like son, una buena película.

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Letters from Iwo Jima (2006)

IFDirector: Clint Eastwood 
Guion: Iris Yamashita (Historia: Paul Haggis / Novela: Tadamichi Kuribayashi)
Producción: Warner Bros. Pictures / DreamWorks Pictures / Malpaso / Amblin Entertainment
Fotografía: Tom Stern 
Montaje: Joel Cox / Gary D. Roach
Música: Kyle Eastwood / Michael Stevens 
Reparto: Ken Watanabe / Kazunari Ninomiya / Tsuyosi Ihara 
Duración: 141 min
País: Estados Unidos 

En el año 2006, después de una extensa filmografía, uno de los grandes nombres del séptimo arte, Clint Eastwood, decidía aventurarse con el género bélico, retratar la II Guerra Mundial desde un enfoque original, esto es, mostrar las dos caras de la batalla. El punto en común era Iwo Jima, isla cercana a Tokio que servía de escenario para desplegar el cara a cara entre estadounidenses y japoneses. Así, nacían la floja Flags of our fathers (2006) y la película que aquí nos ocupa, Letters from Iwo Jima.  

El desembarco de Clint Eastwood en cualquier género fácilmente podría ir asociado al cénit de talento del mismo. Sin embargo, no sucede así a lo largo de esta incursión bélica. La II Guerra Mundial, con sus múltiples historias y visiones, ha sido contada por el séptimo arte con mucho mejor gusto y clase. Más en concreto, la panorámica sobre los enfrentamientos en el Pacífico encuentra un referente clave (y difícilmente superable) en la célebre obra de Terrence Malick, The thin red line (1998). La obra de Eastwood ni siquiera se le acerca. Es una película correcta, sin más. El guion de Iris Yamashita presenta distintas flaquezas, resaltando una de ellas por encima de las otras: la ausencia de emotividad. Todo es demasiado plano, estándar. Las penurias y desventuras que acompañan al General Kuribayashi, al soldado Saigo o al Barón Nishi no terminan de cautivarme. La fotografía de Tom Stern baña la narración en las aguas de la melancolía y, podría decirse, es la mayor virtud de este film. Este tono poético, sin embargo, no pasa de la superficie. Es una película, a este respecto, sin fondo.

Personalmente, el trabajo del cineasta californiano me parece fallido. Si bien la versión japonesa de la historia es superior a la mediocre Banderas de nuestros padres, lo cierto es que tampoco resulta ninguna gran obra. Una película, en resumen, que se deja ver pero a la que se le pueden achacar demasiadas faltas. Las comparaciones siempre son odiosas, sí, pero con todo Cartas desde Iwo Jima sale desfavorecida en más de un envite con los trabajos recogidos hasta la fecha a lo largo de este género.

Kazunari Ninomiya Letters from Iwo Jima

Dogville (2003)

dogvillehDirector: Lars von Trier 
Guion: Lars von Trier 
Producción: Zentrope Entertainment
Fotografía: Anthony Dod Mantle
Montaje: Molly Malene Stensgaard
Música: Joachim Holbek 
Reparto: Nicole Kidman / James Caan / Paul Bettany / Lauren Bacall / Stellan Skarsgård / Ben Gazzara
Duración: 178 min
País: Dinamarca

Lars von Trier no es amigo de lo convencional. Reacio a seguir lo que manda la corriente, su obra siempre ha ido acompañada de una especie de discurso contestatario. Alejado de los patrones comerciales estadounidenses, el autor se ha permitido el lujo de desplegar una filmografía acorde a sus gustos e intereses. No está atado a nada ni a nadie, y eso es de agradecer. Forma parte, en definitiva, de esa especie de paraíso cinematográfico que es Dinamarca, un reducto de calidad donde brillan nombres como Thomas Vinterberg o Susanne Bier. Es más, está película suele señalarse como icónica a este respecto. De ahí, mi decepción.  

Dogville me parece una película sobrevalorada. No es para tanto. El supuesto enigma que acompaña a la propuesta es de una mediocridad pavorosa.  El guion es intrincado sí, pero no por ello brillante. El cineasta agita su discurso entre la pedantería y la transgresión. Pedantería porque la puesta en escena, aun creyéndose fabulosa, no llega siquiera al sobresaliente (ni en originalidad ni en representación); transgresión porque el cuento filosófico y moral que nos tiene preparado Lars von Trier solo busca eso: transgredir. Es una obra totalmente efectista y, por ello, ramplona. Incluso Nicole Kidman, una actriz excelente, da sensación aquí de tibieza, de frialdad en cuanto a la manera de plasmar el sufrimiento que acompaña a su vulnerable y desorientado personaje.

El hombre es un lobo para el hombre, nos cuentan desde hace ya tiempo. Así observa Lars von Trier al mundo (o más bien a los Estados Unidos) desde su pequeña nube. Todo el pesimismo y la carga negativa que conlleva esta expresión está presente en Dogville. No obstante ello, ni los tejemanejes psicológicos ni las aspiraciones sociológicas de la película me parecen tan dignas de alabanza. Es un buen film, sí, aunque no supera los límites de la corrección.

dogville

In the bedroom (2001)

in the bedroomDirector: Todd Field
Guion: Todd Field / Robert Festinger (Historia: Andre Dubus)
Producción: Miramax / Greenstreet Films / Good Machine Production
Fotografía: Antonio Calvache
Montaje: Frank Reynolds
Música: Thomas Newman  
Reparto: Tom Wilkinson / Sissy Spacek / Marisa Tomei / Nick Stahl / William Mapother
Duración: 130 min
País: Estados Unidos 

Todd Field lanzaba un puñetazo seco allá por el 2001. Lo hacía con In the bedroom, un relato lleno de inquietud y turbiedad que, en el fondo, no era más que una angosta y sudorosa pesadilla. Situando su punto de mira en un tranquilo vecindario del Estado de Maine, el cineasta expone las rutinas diarias de sus habitantes y añade el matiz de las relaciones sentimentales como punto de quiebra: ahí es donde entra en acción Marisa Tomei y su enamoramiento con un joven como Nick Stahl. Son las primeras piezas de la partida, distrayendo la atención del espectador a la espera de que arrecien con fuerza los dos verdaderos titanes de este film, Tom Wilkinson y Sissy Spacek, padres desolados por la tragedia.

¿Qué harían si su hijo fuese asesinado? Es una pregunta asquerosa, terrorífica. Pero, en esencia, es el núcleo duro de esta narración. Una narración que avanza de manera implacable. El autor, Todd Field, no parece un novato (aunque lo es), pues mide los tiempos a la perfección. El resultado es un guion sobrio que se plasma sobre la pantalla deliberadamente de un modo gélido, hiriente. La fotografía de Antonio Calvache te atrapa sutilmente entre los oscuros secretos que azotan a este plácido vecindario, mientras que la partitura de Thomas Newman termina por conmocionar nuestro ánimo. Este devastador huracán no podría avanzar, claro está, de no ser por el empuje que ofrece un reparto formidable: Nick Stahl, Marisa Tomei, Sissy Spacek, Tom Wilkinson y William Mapother.  

Una película perturbadora. La escena final es terrible. Igual que hiciera posteriormente con la poderosa Juegos secretos (2006), Todd Field exhibe una obra en la que resaltan las sombras y los misterios por encima de cualquier otro aspecto. Heridas que nunca cicatrizarán. Una ópera prima, en definitiva, angustiosa y cargada de malestar. No creo que deje indiferente a nadie. 

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Holy smoke (1999)

holyDirector: Jane Campion
Guion: Jane Campion / Anna Campion
Producción: Miramax Films / Jan Chapman Production
Fotografía: Dion Beebe
Montaje: Veronika Jenet
Música: Angelo Badalamenti 
Reparto: Kate Winslet / Harvey Keitel / Pam Grier / Julie Hamilton 
Duración: 115 min
País: Estados Unidos 

Suena la música de Neal Diamond cuando se abren los primeros fotogramas de esta película. Firmada por Jane Campion, pronto aparece el título de la misma, Holy smoke; una rareza en toda regla: efusiva, estrambótica y muy muy irregular. Esas son las principales notas con las que yo la definiría. Ver esta película, por tanto, es de valientes.  

Si Kate Winslet no es la mejor actriz que yo he visto a partir de los años noventa, poco le faltará. Aquí lo vuelve a demostrar, pues ella es, con muchísima diferencia, la gran baza de esta cinta. Ella y su choque con Harvey Keitel, actor de primer nivel que repite colaboración con Jane Campion después de haber trabajado con ella en The piano (1993). Juntos protagonizan el devenir de un film atípico donde la extraña sensualidad, el amor más loco y, sobre todo, la batalla psicológica entre ambos trepan por cada uno de los resquicios que ofrece esta narración. ¿El problema? Pues que las hermanas Campion conducen este relato sin frenos. Es decir, la estridencia está bien en su justa medida, pero pierde parte de su gracia cuando se impone como la norma a seguir. Existen demasiados tics molestos y forzados a lo largo de esta narración, y es una pena. Igual que el cierre del relato, un absoluto despropósito.

El viaje a India y la inmersión de la protagonista en el mundo de las sectas no son más que un pretexto con el que poder sacar a la luz el núcleo del film: la conexión entablada entre Kate Winslet y Harvey Keitel. No obstante, Jane Campion no consigue sacarle todo el provecho posible a esta situación. Todo queda un tanto difuso al aparecer un montón de estupideces de por medio (miedo dan los familiares cada vez que salen en escena) y al precipitar un tanto la desequilibrada relación entre aquellos. Le falta pues pausa y mesura a Holy smoke, pero tiene su cosa.      

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The Straight story (1999)

straightDirector: David Lynch 
Guion: John Roach/ Mary Sweeney 
Producción: Le Studio Canal+ / Les Films Alain Sarde / Picture Factory & Film Four
Fotografía: Freddie Francis 
Montaje: Mary Sweeney 
Música: Angelo Badalamenti 
Reparto: Richard Farnsworth / Sissy Spacek / Harry Dean Stanton 
Duración: 112 min
País: Estados Unidos 

Preciosa, preciosa y preciosa. Así es The Straight story. Es de ese tipo de películas que no necesita nada especial para encandilarnos. Y es que nunca antes una simple tormenta había conseguido transmitir tanto. Posee el don de la bondad, cuenta con una narración entrañable y su mensaje contiene una emotividad tan natural, espontánea y humana que difícilmente logramos escapar de sus garras. En el fondo, sobran las palabras para describir a esta maravilla de película. Todo lo que aquí se escribe es rebomborio superfluo, pues en ocasiones lo que uno siente, no puede expresarse en palabras. Total, qué fantástica sensación consigue brindarnos una historia tan sencilla como es la historia de Alvin Straight.  

Esta es la historia de un anciano que planea hacer una revolución. Una revolución orquestada por unos remordimientos que pueden con él, pues no consigue borrar de su mente el hecho de que lleve diez años sin hablarse con su hermano. “Nuestra historia es tan antigua como la Biblia, como la historia de Caín y Abel“, cuenta él. Sin embargo, ahora tiene la idea clara de visitarlo, reajustar las cuentas con el pasado y sentirse en paz consigo mismo. Físicamente carcomido por la edad, pero de espíritu noble y testarudo carácter, le basta para trajinar su plan, definir las líneas maestras y recorrer los cerca de 600 kilómetros que lo separan de su hermano. 

David Lynch levanta un sencillo y conmovedor monumento dedicado, en apariencia, a la familia. En apariencia porque yo diría, más bien, que The Straight story es una oda al sentimiento más profundo, a los valores más puros, a la emoción más sincera. Y todo está hecho con tacto: la fabulosa música de Angelo Badalamenti, la cautivadora fotografía de Freddie Francis, el mágico guion de John Roach y Mary Sweeney o la entrañable actuación de Sissy Spacek. Mención especial merece, por supuesto, Richard Farnsworth. Todo puede resumirse en una imagen, una imagen protagonizada por dos hermanos sentados en un porche, haciéndose compañía, sabedores ya de que están por fin en condiciones de enfrentarse a la misma batalla con total tranquilidad: el último y prolongado adiós.

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The immigrant (2013)

immigrant-movie-posterDirector: James Gray
Guion: James Gray / Ric Menello 
Producción: Kingsgate Films / Worldview Entertainment / Keep Your Head Productions
Fotografía: Darius Khondji 
Montaje: John Axelrad / Kayla Emter
Música: Chris Spelman
Reparto: Marion Cotillard / Joaquin Phoenix / Jeremy Renner / Angela Sarafyan
Duración: 120 min
País: Estados Unidos 

Lo primero que llama la atención de The immigrant es la desidia con la que esta ha sido tratada por parte del mercado cinematográfico español. El lapso de tiempo que va entre el estreno estadounidense del film y la llegada a España del mismo es, ni más ni menos, de un año. Ya sucedió exactamente lo mismo con la sobresaliente Two lovers. Tardanzas, pues, imperdonables considerando que estamos ante obras elaboradas por uno de los mejores cineastas del momento, James Gray. A esta cuestión se le une el vergonzante título con el que se ha bautizado a esta película en territorio español, El sueño de Ellis, pero bien, esto ya es harina de otro costal. Vamos a lo importante: Joaquin Phoenix, Marion Cotillard y James Gray, nombres todos ellos que suenan muy muy bien. Combínenlos y verán como el nivel de expectativas que rodea a esta producción se eleva hasta cotas bien altas. 

Es verdad, había materia prima para elaborar una película fabulosa, excepcional. Sin embargo, The immigrant no lo es. Esto suena fatal, y me explico: no estamos frente a la obra maestra que todos esperábamos. De hecho, el cineasta neoyorquino nos deja aquí su película más floja de las que atesora, hasta la fecha, en su filmografía. El listón, en todo caso, estaba bien alto: Little Odessa (1994), The yards (2000), We own the night (2007) y Two lovers (2008). Para mí, cuatro trabajos brillantes y de profunda impronta. Con todo, ello no quita para afirmar tranquilamente que aquí se expone una obra notable. Es decir, no se entienden los palos desmedidos que ha recibido este reputado director. La esencia del cine de James Gray se mantiene: el peso otorgado a la familia y la pervivencia de los protagonistas errantes están presentes en este film. En la trilogía inicial de su carrera todo ello se agitaba por un contexto gangsteril que no tiene nada que envidiar a los grandes nombres del género. Por su parte, en Two Lovers el discurso se encauzaba a través de los derroteros del amor. Era un pequeño giro en el estilo temático del autor, quizás coincidente con la colaboración, en tareas de guion, con Ric Menello; colaboración que se mantiene en The immigrant.

El foco de la narración recae sobre Marion Cotillard. Ella es una emigrante polaca que huye de Europa y de las consecuencias de la Gran Guerra para buscar un futuro mejor en la tierra de las oportunidades, en los Estados Unidos. Lo hace en compañía de su hermana, pero pronto se dará cuenta de que la vida no siempre te da lo que mereces. Y ese punto amargo es el que aquí expone, con la elegancia de siempre, el bueno de James Gray. En este sentido, el afán por sobrevivir de nuestra protagonista, la estoica lucha por reencontrarse con su hermana, la hiriente relación que entabla con Joaquin Phoenix y la efímera esperanza que representa Jeremy Renner confluyen para vertebrar el discurso de esta película. Un homenaje en toda regla a aquellas personas que anónimamente lucharon, en tiempos difíciles y a su manera, por alcanzar su porción de “sueño”. Podemos decir que es una película íntima en lo narrativo y muy cuidada en cuanto a los aspectos técnicos y artísticos.

Le falta, sin embargo, un punto de emotividad a este relato. James Gray no consigue darle toda la profundidad que pretendía a esta narración. Así, la relación entablada entre la sufrida Marion Cotillard y el enfermizo Joaquin Phoenix consigue captar nuestra atención, pero no nos cautiva como debería. Los dos son buenos actores y lo hacen bien (que no muy bien) en este film. Además, la principal flaqueza de esta historia es el personaje de Jeremy Renner, quien busca representar el conflicto familiar y las contradicciones sentimentales con las que en tantas otras ocasiones nos había emocionado James Gray, pero que jamás termina de encontrar su sitio a lo largo de la película. La melodía suena, aunque le falta la espontaneidad y armonía de sus anteriores trabajos. No es una película redonda y daba para mucho más. Con todo, una obra notable.

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