‘Citizen Kane’. La construcción de un imperio.

Rosebud. Palabra clave en la historia del cine, pues es el impulso que mueve la trama de ‘Ciudadano Kane’ (1941), esa magna película cuyo eje se centra en torno a las aventuras y desventuras de Charles Foster Kane, desde su niñez hasta su crepúsculo. Conviene resaltar que la obra está considerada, casi unánimente y según los entendidos, como una de las mejores a la hora de situarla en las cimas de esos entretenidos y a la vez estúpidos rankings cinematográficos que se montan anualmente. También considerar la pronta edad con la que Orson Welles manufacturó tal obra, pues tan sólo contaba con 24 años de edad en dicho momento. La crítica no la acogió, probablemente, como se merecía, siendo una película trangresora, innovadora y rompedora con todo lo hecho anteriormente. No obstante, el despliegue técnico que el novel Welles realizó aquí con el uso de flashbacks, el detallismo extremo, la simbología de las imágenes, su innovación visual (luz, profundidad, etcétera) y una puesta en escena tan “moderna”, marcó un antes y un después en el mundo del celuloide.

Curiosidades y anécdotas aparte, centrémonos en el aspecto verdaderamente importante de una película: su historia. El guión del film adapta la vida del magnate William Randolph Hearst a la gran pantalla, cobrando éste vida en ella bajo el nombre ficticio de Charles Foster Kane. En su narración, centrándose en el aspecto profesional (público) del personaje, Orson Welles introduce ciertos puntos resaltables, como la aparición del sensacionalismo (pongan títulos grandes!), el nacimiento de la prensa amarilla o el uso de recursos “periodísticos” con el fin de manipular a la opinión pública. En estos aspectos, ‘Ciudadano Kane’ es perfecta. Un magnate del mundo del periodismo que controla los canales de comunicación y que, incluso, se permite el lujo (al más puro estilo berlusconiano) de ganar unas elecciones (¡vaya no! un asunto de faldas lo jode todo). Además de regocijarse en los entresijos que permiten la creación del imperio (como se dice en el film, “un imperio sobre un imperio”, en clara referencia al control de la prensa sobre la opinión pública y, consecuencia, sobre las élites políticas. P.ej. la guerra de Cuba). Tampoco conviene desdeñar la asociación del concepto “ciudadano” (soy la voz del ciudadano) con la defensa de ese tipo de prensa (ya hemos dicho, sensacionalismo y amarillismo), envuelto ello bajo el lema “ni fascista, ni comunista, soy un verdadero americano”, resquebrajando los cimientos de una democracia pura y sana (cómo se manipula al pueblo con tanta facilidad). Además de éste, tiene muchos guiños ácidos dedicados al mundo de la política y el poder.

La historia también se centra en los aspectos personales del personaje (los cuáles, a su vez, influyen en sus tareas profesionales), resaltando en él la osadía, la ambición, el despotismo. Características todas ellas ligadas a un punto de rebeldía, de enfrentamiento con el mundo. En el tema sentimental, el tema del amor, Kane no podrá jugar las mismas cartas que con el gran público. Ni una ópera a la medida de su amante, ni un castillo en Xanadú, ni todos los lujos del mundo. Nada hará que Kane muera en soledad, agarrándose a esa bola que le transportaba a su infancia y vocalizando esa palabra tan inmortal: “rosebud”. Teoría aceptada, Rosebud se refiere al nombre del trineo con el que el niño Kane jugaba antes de que su madre firmara su pasaporte hacia las escuelas de élite, hacia universidades como Yale o Harvard, hacia el control de empresas de un lucro inimaginable. Antes de que todo eso sucediera, él disfrutaba jugando con su trineo en la nieve, en compañía del calor de su madre, apartado del mundo, en felicidad. Así murió, apartado del mundo, pero esta vez, contra su voluntad, en soledad, rodeado tan sólo de materialismo vacuo que luego ardería en llamas.

Es la historia de Charles Foster Kane, una historia inmortal. Su vida pública y privada narradas de manera deslumbrante, entrelazadas casi en simbiosis, con una casuística perfecta que sirve para pulir finamente al personaje. Una terrible lección moral. Es la balanza que sitúa en un peso la felicidad, la calidez, la bondad. En el otro, la avaricia, la pomposidad, el despotismo. Está claro, atendiendo a ese amargo final, atendiendo a rosebud, porque lado de la balanza se decanta el cineasta. Cuánto daría el infeliz de Kane por volver a ser un niño.

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