‘Forrest Gump’. Puro sentimiento.

Así es, tienen delante suya una de las más tiernas y conmovedoras biografías, en este caso ficticia, que nos ha deparado el séptimo arte. Desentrañada por Eric Roth, uno de los mejores guionistas que ha dado Hollywood en los últimos años, orquestada por el sensacional Robert Zemeckis, y hecha sentimiento gracias a la meritoria labor de Tom Hanks. Además, la factura técnica es insuperable. Uno ya lo siente desde el inicio , cuando todo aparece acompasado por una fabulosa composición de Alan Silvestri, que parece mover con armonía, gracia y sutileza a esa plumita blanca que acaba en los pies del entrañable Forrest Gump, quien aparece sentado en un banco, trajeado y sin perder la compostura, dispuesto a contarnos su historia.

¿Quién no se ha emocionado con Forrest Gump? Sus mil y una peripecias nos cautivan, narrando, grosso modo, buena parte de los acontecimientos estadounidenses más importantes de los años 60 y 70. Nos entregamos a su ferviente y fiel amor por Jenny. Apreciamos las lecciones dadas por la Señora Gump. Sonreimos felizmente con la camaradería brindada por Forrest a sus muy mejores amigos,  Bubba y el Teniente Dan. Y, cómo no, nos emocionamos con la imperecedera escena final.

En fin, puro sentimiento. Alegre y graciosa, triste y dolorosa, tierna y feliz, melancólica y nostálgica. Emotiva obra maestra. 

9.5/10

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‘Carnage’. Cordialidad, delirio y caos.

Un niño agrede a otro niño en un parque cualquiera de la ciudad de New York.  Tachán, comienza la función.

Los respectivos padres de cada muchacho, se citan en el apartamento de la “víctima” para arreglar el percance amistosamente. Reparto de alto nivel. En un lado del ring, Jodie Foster y John C. Reilly. Al otro lado, Kate Winslet y Christoph Waltz. En estos cuatro pilares reposa el peso total del film. Y lo hacen muy bien. El combate, no parece tal, pues comienza cordial, fijando posiciones y manteniendo la compostura. No obstante, ésta se marcha, abriéndole la puerta al delirio y al enfado, comenzando el intercambio de golpes (no sólo inter, sino también intra) que finalizará en un caos donde la verborrea desatinada y el whisky escocés le darán la victoria, a los puntos, a la estupidez humana.

Increíblemente divertida. Polanski, para deleite de muchos, sigue en buena forma. Gran escena final.

8/10

‘Ghostbusters’. Clásico básico.

Veamos, admito por completo que tengo a esta película totalmente sobrevalorada. Dicho esto:

Una bibliotecaria grita aterrada. Algo extraño está agitando y moviendo los estantes más polvorientos de la biblioteca… es un viscoso y verde fantasmita !! Ya tenemos la carta de presentación idónea. A partir de ahí… tres parapsicólogos chiflados y desempleados, los geniales Bill Murray, Dan Aykroyd y Harold Ramis, que no tendrán otra ocurrencia que montar su propio negociete: cazar fantasmas.

El mítico edificio neoyorquino, con su barandilla y su estrafalario coche de empresa, “el ecto-móvil”. La despreocupada secretaria (Annie Potts). Los desmaterializadores y los contenedores (se notan los años en tema de efectos). El ayudante contratado, Ernie Hudson (faltaba un cuarto en discordia). La primera cliente, una Sigourney Weaver en plena forma. El vecino de ésta, el bajito tontorrón y simpático Louis Tully, interpretado por el mítico Rick Moranis.   El idilio de Murray y Weaver. Palabras como “ectoplasmáticas” que forman ya parte de la historia del cine. El ecologista borde, y los fantasmas sobrevolando New York. El Maestro de las Llaves y la Guardiana de la Puerta.  Nubes y truenos que se ciernen sobre la capital del orbe. Y cómo no… el muñequito de los Marshmallows !! Por no hablar de la pegadiza sonoridad del tema compuesto por Ray Parker Jr.

En fin, clásico ochentero indispensable en cualquier estanteria, con alma de filmoteca personal, que se considere digna. Forma parte del club.

8/10

‘The evil dead’. Raimi, maestro en el infierno.

Siempre admiré que un chaval de veintidós años como era Sam Raimi por aquel entonces (es decir, en el 81) consiguiera escribir y dirigir, de un modo tan talentoso, esta magnífica cinta de terror infernal, más aún teniendo en cuenta que fue rodada con cuatro duros. Su receta, como nos vendía el marketing, era sencilla, pues gravitaba en torno a cuatro principios claves, a saber: uno, los inocentes deben sufrir; dos, los culpables deben ser castigados; tres, debes probar la sangre para convertirte en un hombre; cuarto y último, los muertos se levantarán. Es decir, si esta biblia personal ramiana no te convence, hazme caso y no veas ‘Posesión infernal’.

La fórmula es fácil: cinco jóvenes deciden pasar unos días de descanso alquilando una cabaña perdida en mitad de un bosque cualquiera (¿en el estado de Michigan, o Tennessee?). Aquí, el bueno de Raimi ya nos introduce sutilmente el panorama que les espera a nuestros queridos amigos… un puente medio derruido, un bosque espeso, una cabaña cochambrosa. Y, cómo no, el famoso libro de los muertos acompañado de un magnetófono que contiene las palabras mágicas para la invocación infernal. 

Quién niegue que, como mínimo, no le inquietan esos planos con cámara al hombro rodados por Raimi en los que nos metemos de lleno en la satánica y salvaje ola de miedo que siembra ese bosque, es porque sencillamente el género cinematográfico aquí tratado no es el suyo. La narración va in crescendo desde el inicio hasta la famosa escena del magnetófono (incluido el tenebroso paseo de Ash en el sótano), la asfixia e histeria se va apoderando de uno hasta explotar con esa pequeña incursión de la inocente joven en el bosque. Luego, le seguirá una cascada de terror, gore y cutres efectos especiales que será una absoluta delicia para los amantes del género, disfrutando como nunca con esa cabaña atiborrada de monigotes poseídos y el careto pasmado de Bruce Campbell.

En fin, el poderoso e imaginativo universo visual de Sam Raimi quedaba aquí presentado. Hollywood pronto echaría sus zarpas sobre él, y es que el cocktail aquí servido no tiene desperdicio, pues cuenta con los ingredientes precisos (cabaña terrorífica, tormenta casera, humo inquietante, maquillaje caricaturesco, hemoglobina por un tubo) para combinar, como ninguno, el terror en estado puro con el humor más fresco y salvaje. Mítica.

9/10 

‘Christine’. Chasis de terror.

Buena película dentro del género, propia de los ochenta y con una dirección notable a cargo de John Carpenter, quien sabía sacarle todo el jugo posible a uno de los tantos relatos que posee esa máquina de hacer dinero que es Stephen King.

Veamos, un bonachón que alterna sus días de insti entre palizas y burlas, decide darse un gustazo y comprarse un coche parido, cómo no, en Detroit. Se llama, el coche digo, Christine. Y el tontorrón en cuestión, a lomos de la susodicha, pasará a ser… un auténtico sex-symbol en alza, un tipo con personalidad. ¿El problema? Pues que la pelirroja Christine es bastante celosa y no le gusta que nadie se fije en su chico.

No diré que desde que ví esta cinta los chasis me aterraban, ni que las radios me producían escalofríos. Tampoco que sentía repulsión por los guardabarros o los tubos de escape. Y, ni mucho menos diré que el olor a chamusquina del neumático quemado fuera la peor de mis pesadillas. A tanto, ‘Christine’, no llega. Sin embargo, lo que uno no puede negarle a esta cinta, es la capacidad que posee para crear una atmósfera tensa y angustiosa a partir de un chasis y cuatro ruedas. Buena banda sonora para mover tensamente esta siniestra historia en la que el bueno de Carpenter se regodeaba de lo lindo.

Mordaz sátira que focalizaba su atención en el culto, urbanita y occidental, hacia los automóviles. Cintas como esta nunca pasan de moda.

7/10

‘Carrie’. Carrie White.

Brian De Palma conseguía transmitirnos, partiendo del material literario de Stephen King y la adaptación al guión de Laurence D. Cohen, una empatía total con la vilipendiada protagonista de esta cinta, una extraordinaria Sissy Spacek en uno de los papeles de su vida: Carrie White (fue nominada al Oscar como mejor actriz).

El relato era sencillo, pues tan sólo narraba de un modo sutil y sereno la cotidianidad de una jovencita colegiala. Ella era Carrie, una chica tímida e introvertida, sometida a la obsesiva (y enfermiza) disciplina religiosa de su madre. Maltratada (en todos los aspectos) por ésta, la pobre muchacha entrará en una dinámica de sinvivir, pues el maltrato se expandirá a su rutina escolar cuando sus compañeras de clase identifiquen en ella a una víctima fácil sobre la que cargar todas sus bromas y malas intenciones (ojito con Hargensen).

Tres mundos. Uno es su hogar, esa cochambrosa casa donde tan sólo hay rezos, fanatismo y cuartos oscuros de penitencia. Otro es el instituto, con sus humillaciones crónicas, sometida, la pobre Carrie, a todo tipo de vejaciones e injurias. ¿El último? La fabulosa telequinesis que domina a su antojo nuestra protagonista. Agítenlo todo y les dará como resultado una esplendida cinta de terror sembrada, no obstante, a partir del drama que tiene como vida esta joven pecosa.

En fin, una joya setentera. No esperen aquí sangre a tutiplén y sustos fáciles (bueno, un poco de todo hay). Más bien cojan ‘Carrie’ (1976) a sabiendas de que todo en ella es tan plácido y pausado como hiriente y dañino. Pasamos de la felicidad al horror en apenas décimas de segundo. Si no me creen, esperen al final, contemplen un baile de graduación que es la combinación perfecta entre el paraíso y el infierno, pasando a los postres por la vía de una insidiosa, maléfica y desquiciante Piper Laurie en el papel de Margaret White.

Gracias De Palma por dejarnos no una ni dos escenas memorables, sino bastantes más (¿hago la lista?). Una virtuosidad visual que, en definitiva, sirve para brindarnos el retrato de una de las villanas más entrañables que yo haya conocido jamás.

9/10

Spoiler

El insufrible mundo de angustia, ahogo y asfixia se nos muestra de un modo brillante, sintiéndolo en toda su intensidad. Nos reconfortamos por dentro al presenciar ese baile (con beso verdadero incluido) con el chico de sus sueños, el súmmum de su felicidad, sin duda. Sin embargo, una nueva jugarreta de sus malévolas compañeras espera para ser ejecutada ante la mirada atónita de Sue Snell (Amy Irving), quien tan sólo podrá sentir impotencia (eso sí, tendrá el premio de ser la única en sobrevivir) ante la incomprensiva actitud de Miss Collins (Betty Buckley) por no creerla.

Luego estará Carrie en el escenario con su mirada cargada de ira, y la marabunta tratando de escapar ante la barbarie que se le viene encima en forma de venganza fogosa. Parece el momento cúlmen del film, pero no lo es. ¿Por qué? Pues porque aún nos queda ver como la pobre Carrie acude a su casa en busca de la ayuda, comprensión y calidez que pueda dar toda madre. No obstante, en lugar de eso tan sólo encontrará una cuchillada por la espalda que nos dolerá como si nos la hubiesen punzado a nosotros mismos. El resto es pan comido, la casa se desploma y al fin Carrie lográ descansar entre llamas y escombros.

De Palme se luce, pero también se divierte al dejarnos ese susto final contenido en una de las pesadillas de la única superviviente.

‘The help’. Caramelizado retrato de una época.

Película afable donde las haya, cuyo centro gravitatorio se situaba en la problemática racial acaecida en Jackson, Mississippi, durante los años 60. Tate Taylor, guionista y director, se servía del soso personaje interpretado por Emma Stone para desplegar su ¿alegato?/¿homenaje? en pro de la defensa por los derechos civiles que explotó en aquella década, centrándose especialmente en explicitar el dilema a través de la confrontación entre dos polos muy bien definidos: las criadas negras y las señoritas blancas.

Bryce Dallas Howard y Viola Davis serán los estandartes, y en medio de ellas se situará la escritora pipiola, nexo común entre todos los personajes de la cinta.  Personalmente, hablando de éstos, me quedo con Minny (Octavia Spencer), Hilly (Dallas Howard) y Celia (Jessica Chastain). Aunque, en realidad, pese a encontrar buenas historias individuales, la mecha coral nunca llega a encenderse, dando, en su conjunto, un resultado irregular derivado, principalmente, de la percepción de que todo parece bastante blandito, pues el conflicto social no acaba nunca de explotar ni de irritar al espectador.

En fin, cinta caramelizada y empalagosa que peca de buscar descaradamente la lagrimita en los ojos del espectador. Mezcla el drama y lo cursi con la reivindicación civil y el homenaje a los/as anónimos/as que lideraron en la sombra a esta. Sorpresivamente, coge impulso el film cuando aparece Chastain en pantalla, reprimida por su aislamiento reputacional (nada tiene que ver con el issue racial). Con todo, pese a ser muy, pero que muy, condescendiente con el tema tratado, una peli de este tipo nunca está de más.

7/10

‘Unknown’. De más a menos.

Tiene un planteamiento inicial bastante fresco y atractivo: cinco desconocidos despiertan súbitamente, ensangrentados y malheridos, sin recordar cómo han llegado a estar encerrados en un edificio totalmente sellado y de imposible escapatoria.

Caras conocidas como Jim Caviezel, Joe Pantoliano, Greg Kinnear o Barry Pepper, protagonizaban este thriller parido por Matthew Waynee (guión) y Simon Brand (dirección) en el que se destacaba a la hora de abrir interrogantes, errando, eso sí, en la tarea de dar respuesta a los mismos.

En fin, humo. Te mantiene en cautiverio durante los primeros veinte minutos. Luego la cosa ya va desinflándose de mala manera, llevándote, por tanto, el fiasco correspondiente, pues allá donde esperabas encontrar una obra ingeniosa, no había otra cosa que no fuera la típica bacalada hollywoodense.

5.5/10

‘Ghosts of Mars’. Entretenimiento por cortesía del maestro Carpenter.

Es de agradecer que un cineasta veterano como John Carpenter siguiera deleitándonos allá por el 2001 (últimamente no se prodiga mucho) con cintas como la aquí comentada. Vaya por delante que no estamos ante una de las obras maestras del neoyorquino, tampoco creo que pretendiese ostentar tal honor en esta ocasión, pues las miras de ‘Fantasmas de Marte’ no buscan otra cosa que no sea satisfacer el apetito de los fans carpenterianos.

La cinta nos traslada a Marte, año 2176. La primera sorpresa que nos llevamos viene dada por la forma de organización sociopolítica que tienen allí montada: un matriarcado (guiño cínico del todo atinado hacia el feminismo radical). Junto con ello, descubrimos que el planeta rojo parece ser una suculenta vía de expansión humanoide, asentándose los colonizadores en pequeñas ciudades cuyo centro gravitatorio suele girar en torno a las grandes minas que allí parecen encontrarse. También nos queda claro, desde el inicio, que el presupuesto del que disponía Carpenter no era como parar tirar cohetes, pues se nota la modestía artesanal (eso sí, muy resultona), con la que tuvo que solventar la papeleta.

¿La historia? Sencilla. Dos mujeres hechas y derechas (en el futuro esta será la expresión a emplear) como son Pam Grier y Natasha Henstridge, ambas policías, tendrán la misión de acudir a  la ciudad de Shining Canyon para recoger y escoltar al peligroso prisionero James ‘Desolación’ Williams, quien ha sido acusado de haber orquestado una delicada matanza. ¿El problema? Pues que algo raro está ocurriendo en aquella ciudad, y todo parece indicar que ‘Desolación’ será el menor de los problemas de nuestros intrépidos protagonistas (Jason Statham y Clea Duvall entre ellos).

Jugosa combinación la aquí brindada por Carpenter. Todo en ‘Fantasmas de Marte’ irradia un aroma a western futurista: una mujer de ley; Ice Cube como forajido; una ciudad árida y despoblada; el saloon y la cárcel; el tren; la custodia con la alargada sombra de la justicia. Ingredientes básicos que se combinarán, no obstante, con la aparición del toque “fantasmagórico”. Pronto el western se adentrará en una senda más conocida por el maestro Carpenter, introduciendo reminiscencias hacia las míticas ‘Escape from New York’ (1981) o ‘The thing’ (1982), materializando ese terror y fantasía socarrona en unos temibles espíritus que sólo buscan ahuyentar a los extraños (humanos) de su planeta. Al fin, correrá la sangre, resolviéndose la trama por la vía de la acción pura y dura, siendo ésta el colofón ideal para tan explosivo cocktail marciano.

Resumiendo, ‘Fantasmas de Marte’ es una cinta que no conviene coger con altas expectativas, pues ni siquiera ella se toma muy en serio a sí misma. Con todo, para los amantes de Carpenter, supondrá un gozoso y placentero divertimento.

7/10

‘The adventures of Tintin: Secret of the unicorn’. Fuegos artificiales.

No me ha gustado el resultado final de ese macroproyecto cinematográfico, encabezado por el Rey de Hollywood, Steven Spielberg, acerca del mítico personaje de Hergé: Tintín. 

Me explico. Parece claro que las aventuras aquí brindadas no están mal. Y recalco lo de “no están mal”, porque no son “una delicia exquisita; lo mejor que jamás se ha hecho; un gozoso disfrute” o cualquier otro tipo de comentarios parecidos, de corte inflacionista, lanzados por la crítica mundial (¿la tendrá a sueldo el bueno de Spielberg?). Sí es cierto que el nivel técnico aquí deparado es altísimo, pero no conviene olvidar, en esta cinta más que en ninguna otra, que el medio no es el fin (¿o sí?). El fasto, en esta ocasión, tan sólo sirve para engalanar una historia pobre, cuya esencia gravita, como ya se ha dicho, en torno a la idea de vomitar al espectador una interminable lista de aventuras y situaciones (mediocres casi todas ellas) frente a las que deberá luchar, con su ingenio y maestría, el bueno de Tintín.

Resumiendo, noto la trama muy simple, además de pasada de rosca. Quiero decir, hay una sobresaturación de “aventuras” total. Y  ello va en detrimento de la intriga. Ésta no me cautiva para nada. No me mordisqueo las uñas pensando en el esclarecimiento final del “secreto del unicornio”. Vamos que suena a hueco que no veas. Mucha tecnología punta, mucha calidad visual y muchos fuegos de artificio. Todo puesto al servicio del entretenimiento básico, puro y duro. En fin, un Tintín guapetón, aséptico y aburrido.

6.5/10