‘Gran Torino’. Un buen hombre.

poster-gran-torinoEn 1968 besé a Betty Jablonski en la fiesta de Navidad de la fábrica. Dorothy estaba en el cuarto de al lado con las otras esposas. Simplemente sucedió. También gané 900 dólares vendiendo un motor y un bote. No pagué los impuestos, es lo mismo que robar. Y, por último, nunca fui muy cercano con mis dos hijos. No los conozco, nunca supe cómo hacerlo.

Clint Eastwood interpreta en ‘Gran Torino’, otra de sus grandes películas, al anciano Walt Kowalski, un tipo gruñón, enfermo y recién enviudado que afronta, por tanto, el camino de la soledad en plena cuesta abajo, sabedor de que sus días en esta vida se están agotando.  

Su barrio de toda la vida ha desaparecido. Allá donde ondeaban banderas estadounidenses en las entradas de las casas, la gente hablaba inglés, los felices vecinos regaban sus jardines y uno podía pasear plácidamente por las aceras de su calle, aparece ahora un paisaje totalmente diferente. Asiáticos y afroamericanos campan a sus anchas por el vecindario, con sus tradiciones, con su forma de entender el mundo, con su propia cultura y lenguaje. Y sí, con el problema de la marginalidad social, la irrupción de la delincuencia y el vandalismo que destroza cualquier posibilidad de obtener un futuro mejor. 

Esto no es el lejano oeste, sino un barrio perdido del Midwest estadounidense, pero no hay duda de que esta película tiene alma de western. ‘Gran Torino’ es una película conservadora, pero totalmente humana y creíble.  Adornada con los rituales que acompañan a las mejores historias crepusculares, Eastwood vuelve a lucirse con una composición que conoce a las mil maravillas, recordando un tanto a obras como ‘Unforgiven‘ (1992) o ‘Million dollar baby‘ (2004). En esta ocasión, además, tenemos la oportunidad de disfrutar de unas conversaciones, escenas y frases elaboradas con absoluta brillantez e ingenio.  

El melting pot norteamericano, con sus problemas de racismo, marginalidad e integración, queda desentrañado a través de las vivencias de Mr. Kowalski. Los tiempos, por desgracia, han cambiado, parece querer decirnos Clint Eastwood. Ya no existen guerras como la de Corea. Ahora se venden coches japoneses en lugar de estadounidenses. Y el hmong ha sustituido al inglés como lengua mayoritaria en muchos vecindarios. Pero a Kowalski ya poco le importa todo eso. Le ha cogido cariño a un buen muchacho, y se va a encargar en la medida de lo posible de que todo le vaya bien. Es su última gran obra antes de partir. 

8.5/10

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