The searchers (1956)

centaurosDirección: John Ford 
Guion: Frank S. Nugent (Alain Le May) 
Producción: Warner Bros Pictures
Fotografía: Winton C. Hoch 
Montaje: Jack Murray 
Música: Max Steiner 
Reparto: John Wayne / Natalie Wood / Jeffrey Hunter / Vera Miles / Dorothy Jordan 
Duración: 119 min
País: Estados Unidos 

What makes a man to wander?
What makes a man to roam?
What makes a man leave bed and board
And turn his back on home?
Ride away, ride away, ride away

Una puerta se abre. A lo lejos se vislumbra la figura de un hombre solitario, cabalgando a lomos de su caballo. Vuelve al hogar, vuelve a casa. Toda la familia le espera en el porche. Vuelve de la guerra, pero la guerra terminó hace años. Él es Ethan Edwards, saludando fríamente a su hermano, besando tiernamente la frente de su cuñada, Martha. ¿Por qué se marchó? ¿Acaso se enamoró de la mujer equivocada? Nunca lo sabremos, pero todos -incluidos sus sobrinos- entran al salón. Comienza así esta hermosa película titulada Centauros del desierto

La escena del ataque comanche es terrorífica. Un retazo de tensión, nervio e inquietud que servirá para explotar la incansable búsqueda de John Wayne en favor de su sobrina, Debbie. Años y años de perseverancia, tratando de encontrarle un sentido a su vida. Esa vida que se refleja en una mirada cansada, llena de odio. La venganza disimula el abatimiento, el desarraigo. Está fuera del sistema, lejos del mundo. Incomprendido quizá, la soledad le reconforta. Su única compañía, el abrigo necesario, la brinda Martin Pawley (¿qué relación tiene con él? ¿es su hijo?), un hombre igual de desamparado, pero que, a diferencia de Ethan, tiene la ilusión, el deseo de luchar por algo. Todavía cree en la vida. Son las dos caras de una misma moneda, aferrándose estoicamente a la esperanza de encontrar a la joven muchacha.     

Qué buena es The searchers. Para mí reúne lo suficiente para ser considerada eso que tanto se dice, una obra maestra. Pero sin arrogancia, sin pretensiones de ningún tipo, sin pedantería. De un modo sutil, tranquilo. Así es como John Ford elabora esta joya del cine. La combinación perfecta de tantas y tantas cosas: el poderosísimo guion de Frank S. Nugent, tan puñetero como contundente; el inolvidable John Wayne y la hermosa Natalie Wood; la espléndida banda sonora de Max Steiner, donde brilla con luz propia la canción que abre esta entrada, The searchers, de Stan Jones y The sons of the pioneers; así como el estupendo trabajo de fotografía de Winton C. Hoch, quien se beneficia de un rodaje realizado plenamente en parajes naturales para enmarcar, de un modo tan bonito, este paisaje sobre el lejano Oeste.

Un paisaje lleno sentimiento, lleno de emoción. La amargura no se difumina, la tristeza lo baña todo, la soledad parece el personaje principal y, sin embargo, aparece la esperanza, casi escondida y de pronto, en un rinconcito de esta poética historia. Una puerta se abrió hace tiempo, y ahora se cierra. En el camino entre un momento y otro hemos disfrutado de esta maravillosa película. La figura de John Wayne, acompañada de la soledad, parece dispuesta a partir de nuevo sin rumbo fijo. Qué bonita es la vida a los ojos del maestro John Ford.    

A man will search his heart and soul
Go searchin’ way out there
His peace of mind he knows he’ll find
But where, oh Lord, Lord where?
Ride away, ride away, ride away

TheSearchersMonumentValley

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