La stanza del figlio (2001)

la stanzaDirección: Nanni Moretti
Guion: Nanni Moretti / Linda Ferri / Heidrun Schleef
Producción: Sacher Film Rome / BAC Films / Studio Canal Paris
Fotografía: Giuseppe Lanci
Montaje: Esmeralda Calabria
Música: Nicola Piovani
Reparto: Nanni Moretti / Laura Morante / Jasmine Trinca / Giuseppe Sanfelice
Duración: 99 min
País: Italia

No es fácil contar una historia que pone su punto de atención en la muerte de un hijo. Es una tragedia, un dramón al que debe hacer frente Nanni Moretti a lo largo de este film. Él es un psicoanalista respetable, amante del deporte y cariñoso padre de familia. Quiere a su esposa Paola, mientras que se preocupa por la vida de sus hijos Irene y Andrea. Son, digámoslo así, felices. Una familia burguesa de postal, enraizada en Ancona y sumida en la magia de lo cotidiano. Así, un tranquilo domingo, como todo domingo que se precie, planeará, mientras desayuna junto a los suyos, salir a correr con su hijo. Pero una llamada de teléfono cambiará el destino de su vida. 

Nanni Moretti consigue elaborar la que probablemente sea la mejor película italiana de la pasada década. Gracias a la misma vencía la Palma de Oro en Cannes y demostraba que el cine italiano, esplendoroso años atrás, cuenta todavía con buena salud. Cineastas como Matteo Garrone, Marco Tullio Giordana, Paolo Sorrentino o el propio Moretti, junto a veteranos como Giuseppe Tornatore o Gianni Amelio, son una prueba importante de ello. Una alegría, en definitiva, para el cine europeo. Con todo, el director cuenta con un arsenal de detractores en su propio país. Cineasta comprometido con los problemas sociales, nunca ha escondido su oposición tanto frente a los rancios mandatos de Silvio Berlusconi como al desvergonzado circo que ha sido la política italiana en los últimos veinte años. De hecho, el relato que aquí nos ocupa permite un sutil y sarcástico repaso a algunos de los quebraderos de cabeza de la sociedad italiana, sin ser los mismos, conviene decirlo, el foco de atención principal del film. Total que la obra de Moretti me parece un auténtico regalo. 

La stanza del figlio es pura artesanía. Una película sencilla que, al terminar, te deja con un punto pesaroso. Recorre los caminos de la tristeza con total naturalidad. Es una historia muy humana, sensible y conmovedora.

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Who’s afraid Virginia Woolf? (1966)

whos afraidDirección: Mike Nichols
Guion: Ernest Lehman (Edward Albee)
Producción: Warner Bros
Fotografía: Haskell Wexler
Montaje: Sam O’Steen
Música: Alex North
Reparto: Elizabeth Taylor / Richard Burton / Sandy Dennis / George Segal
Duración: 129 min
País: Estados Unidos

El mundo de la pareja ha sido retratado en tantas ocasiones que es imposible escoger a bote pronto una selección de títulos memorables. Hay cientos de historias, pero Who’s afraid Virginia Woolf? marca una de las cumbres del género. Una puñalada trapera a la sociedad estadounidense de los sesenta. No solo está en juego el amor y el desamor en este relato, pues hay mucho más en el guion de Ernest Lehman. A través de dos acomodados y burgueses matrimonios de edades distintas, asistiremos a una de las fiestas más ácidas (sin alucinógenos de por medio) de cuantas se han filmado en el cine. 

Estamos frente a una adaptación de una representación teatral y, como tal, lucen especialmente los actores. Los cuatro me parecen fabulosos. Del lado femenino, tanto Elizabeth Taylor como Sandy Dennis rayan la perfección. Ambas consiguieron las estatuillas a la mejor interpretación de su correspondiente año. En el mismo nivel se mueven Richard Burton y George Segal, titánicos a la hora de interiorizar las miserias de sus personajes. Llama la atención el dato que nos dice que estamos ante una ópera prima, lo cual indica el talento de Mike Nichols, quien a través de una firme puesta en escena y una formidable dirección de los actores consigue filmar un paisaje devastador en el que el alcohol será uno de los convidados especiales.  

La idiosincrasia enfermiza que acompaña al matrimonio más maduro se nos impregna de una forma brutal. ¿Existe el amor detrás de tanto orgullo, detrás de tanta soberbia, detrás de tanto daño mutuo? El juego seductor, además, entre la anfitriona y el atlético profesor marca la antesala de lo que apenas un año después germinará en The graduate, mientras que el personaje del padre de Martha, sin aparecer jamás en escena, resulta sumamente ilustrativo. La desquiciada Elizabeth Taylor, el miserable Richard Burton, la esquiva Sandy Dennis y el arribista George Segal adornan un escaparate en el que lucen las ambiciones, frustraciones, miedos y vergüenzas de nuestros protagonistas. Una historia de amor demoledora.

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Der himmel über Berlin (1987)

DerHimmelUeberBerlinDirección: Wim Wenders
Guion: Wim Wenders / Peter Handke
Producción: Road Movies Filmproduktion / Argos Films
Fotografía: Henri Alekan
Montaje: Peter Przygodda
Música: Jürgen Knieper
Reparto: Bruno Ganz / Solveig Dommartin / Otto Sander / Peter Falk
Duración: 128 min
País: Alemania

Dos ángeles pululan por el cielo de la ciudad de Berlín. Su ocupación es muy sencilla, pues tan solo observan los pensamientos de la gente. En la calle, en el metro, en los parques, en las azoteas. Cualquier lugar es válido. Si detectan que andan con el ánimo decaído, tratan de insuflar cierta vitalidad. Tienen para ellos el don de la inmortalidad. Sin embargo, un buen día Damiel, uno de nuestros ángeles custodio, se enamorará de una solitaria trapecista. Anhelará volver a sentir lo que sienten los humanos: leer el periódico, pasear por el parque, tomar café, charlar con tu madre, enamorarte. 

Wim Wenders exponía en 1987 la que probablemente sea una de sus obras con mayor prestigio internacional, lo cual no significa que estemos, ni mucho menos, ante su mejor película. De hecho, apenas tres años antes, había tejido una lírica y desgarradora historia titulada Paris, Texas (1984), una película única y especial que barre, en todos los sentidos, a El cielo sobre Berlín. En todo caso, Wim Wenders simboliza junto a Rainer Werner Fassbinder y Werner Herzog el florecimiento del cine alemán de los años setenta y ochenta. Este dato no es casual, pues Wenders tiene una virtud, la captura de imágenes preciosas, que muy pocos atesoran. La flaqueza de este film viene dada por el hecho de que la lírica visual existe, está presente, pero no va acompañada de una profundidad narrativa que nos sumerja de lleno en este agridulce relato.

Como película situada en su contexto, tiene el logro de haber sabido plasmar la realidad que acompañaba al Berlín de los ochenta, una ciudad dividida literalmente en dos. Además, he de reconocer que los relatos sobre grandes ciudades siempre me han gustado. Hay tantas historias, tantas situaciones, tantas anécdotas, tantos náufragos a la deriva, tantos felices encuentros, tanta alegría, tanta tristeza, tantas cosas. Nueva York, París, Roma, Madrid, Londres, Los Ángeles. Y aquí… Berlín. El autor añade otro muro a los límites de esta ciudad, aquel que divide entre lo celestial y lo terrenal. Me cautivan las imágenes. Me aburre, eso sí, la pedantería filosófica que acompaña a este film. Esto no quita para que algunas de las reflexiones de ciertos personajes sean sobresalientes. Y las inquietudes, dudas y temores que acompañan a Marion son, de largo, lo mejor de la película. Un personaje espléndido para una película irregular y sobrevalorada.    

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After hours (1985)

After-Hours_1Dirección: Martin Scorsese
Guion: Joseph Minion 
Producción: Warner Bros
Fotografía: Michael Ballhaus
Montaje: Thelma Schoonmaker
Música: Howard Shore
Reparto: Griffin Dunne, Rosanna Arquette, Linda Fiorentino, John Heard, Teri Garr, Catherine O’Hara
Duración: 97 min
País: Estados Unidos

Qué difícil es encontrar una buena comedia. Puede que sea uno de los géneros más prolíficos en esto del cine y, sin embargo, la cantidad de mediocridad que le acompaña, impregnada de los clichés más comerciales de Hollywood, es abrumadora. Claro está, tenemos a maestros de la comedia como Woody Allen, Billy Wilder, Peter Bogdanovich, John Hughes o los Coen, por nombrar solo a algunos de ellos, que raramente decepcionan. Pero fuera de ese pelotón de especialistas, es difícil dar con una buena historia, ingeniosa y divertida. Por eso mismo, tiene un valor especial After hours, nefastamente traducida al castellano como ¡Jo, qué noche! (1985). Además, la firma Martin Scorsese, genio y figura que no acostumbra a realizar comedias. De hecho, más allá de The king of comedy (1982) y la película que aquí nos ocupa, ambas realizadas de un modo consecutivo, no se ha prodigado más en el género.

El relato gravita en torno a Paul, un joven oficinista que toma café, bien entrada la tarde, buscando desconectar de la monotonía de su trabajo. Con esas, la chica sentada en la mesa de enfrente, le habla. Le da un número de teléfono, y se marcha. Pronto descubrirá que su nombre es Marcy. Se inicia así la sarcástica y kafkiana odisea de nuestro protagonista. El encargado de darle vida no es otro que Griffin Dune, uno de los chicos de An American werewolf in London (1981). Cosa impropia, por otra parte, en Martin Scorsese, quien se aleja, en esta ocasión, de su plantel más habitual para rodearse de caras poco conocidas por el gran público. En este sentido, aparece por primera vez la siempre sensual Linda Fiorentino. Y la mítica Rosanna Arquette, presente en Pulp fiction (1994), nos deja una estupenda interpretación encarnando a la desquiciada Marcy. Así, en la línea iniciada por Taxi Driver (1976), Scorsese continúa ahondando en la oscuridad de la noche neoyorquina. Si allí le acompañaba Paul Schrader, ahora es un guionista novel y con mucho desparpajo, Joseph Minion, quien le hace los arreglos.    

De este modo, el Soho neoyorquino se convierte en una divertida pesadilla. Calles acompañadas de angustia, claustrofobia y mucha mala uva. La espeluznante odisea de nuestro protagonista sirve para que, paradoja y maestría, riamos. Martin Scorsese se renueva, toma oxígeno y disfruta con After hours. Una comedia brillante.

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Viridiana (1961)

viridiana-2Dirección: Luis Buñuel
Guion: Luis Buñuel, Julio Alejandro
Producción: Films 59 / UNINCI / Producciones Alatriste
Fotografía: José F. Aguayo
Montaje: Pedro del Rey
Música: Gustavo Pitaluga
Reparto: Silvia Pinal, Francisco Rabal, Fernando Rey, Margarita Lozano 
Duración: 90 min
País: España / México

Película controvertida donde las haya, Viridiana marca un hito en la historia del cine español. Además de ser todavía hoy la única cinta española que ha logrado vencer la Palma de Oro en el Festival de Cannes, lo cierto es que si contextualizamos la gestación del film, la historia en sí daría para una película. Detrás de esta producción hay un genio que anhelaba volver a trabajar en su país. Luis Buñuel, después de años de exilio en México, víctima como tantos otros de la descapitalización humana que sufrió el país como consecuencia de la dictadura, volvía atraído por la nostalgia. Apalabrado el acuerdo con las autoridades franquistas, la película se rodó bajo las críticas de aquellos que, en el exilio, no entendían la decisión del genio aragonés.

Atrás había quedado su etapa surrealista de Un chien andalou (1929) y L’âge d’or (1930), había puesto sobre el escaparate temas de afilada crítica social en Las Hurdes (1933) y Los olvidados (1950), mientras que el tema de la religión comenzaba a inquietar a Buñuel, como ya había quedado patente con Nazarín (1959), película estrenada con apenas dos años de diferencia respecto a la que aquí nos ocupa. Su filmografía era prolífica, el cineasta estaba en plena etapa de madurez creativa y, con esas, apareció el personaje de Viridiana. Nacía así una obra subversiva y transgresora con el status quo en la que los comportamientos humanos y los valores morales jugaban un peso capital en este relato. No capto un incendiario alegato contra el tema de la religión y la Iglesia, más allá de la satirizada representación de la última cena, sin embargo sí aparece en esta historia la imposición de la cruda realidad de los hechos, la victoria de lo mundano sobre lo divino. Todo encubierto por una narración armoniosa, visualmente cautivadora y con una Silvia Pinal esplendorosa.  

Viridiana representa la bondad, pero la enfermiza actitud de su tío la deprava. Viridiana representa la caridad cristiana, pero sus aprovechados mendigos la marchitan. Viridiana representa la inocencia más pura, pero la escena final no deja lugar a la duda. Viridiana es un magnífico cuento sobre la perversión. 

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Amores perros (2000)

amores perrosDirección: Alejandro González Iñárritu
Guion: Guillermo Arriaga
Producción: Altavista Films / Zeta Film
Fotografía: Rodrigo Prieto 
Montaje: Alejandro González Iñárritu / Luis Carballar / Fernando Pérez Unda
Música: Gustavo Santaolalla / Daniel Hidalgo
Reparto: Gael García Bernal / Emilio Echevarría / Goya Toledo / Vanessa Bauche / Lourdes Echevarría
Duración: 154 min
País: México

El drama, uno de esos géneros que nunca pasa de moda, tomaba un nuevo aire en el año 2000 con ocasión del estreno de esta película. Amores perros desembarcaba desde México y lo hacía con la frescura que siempre representa la novedad, pero sin tibieza alguna respecto al fondo de la cuestión: mostrar la desazón que pulula en torno a las calles de Ciudad de México. El planteamiento nos sorprende por su originalidad, pues encontramos tres historias distintas para exponer un mismo tema. El cine coral ya existía antes del estreno de esta cinta, sin embargo el formato quedó enriquecido sobremanera gracias a esta narración. Aparecen así varios personajes con el mismo rango de importancia, entrelazándose sus destinos para germinar en una triste fotografía con la que el cine mexicano se despedía del siglo XX.

La trilogía Arriaga-Iñárritu se iniciaba con Amores perros, una historia esculpida desde el corazón. La derrota y el dolor se nos muestran de distintas formas, transmitiendo una sensación desoladora hacia el espectador. No me atrevería a elegir mi cinta favorita de esta trilogía, pues tanto 21 grams (2003) como Babel (2006) son dos obras contundentes, más encaminadas hacia el tema de la muerte que este relato, pero igual de sombrías, duras y hermosas. Sorprende comprobar que Amores perros es una ópera prima, puede que uno de los mejores debut de todos los tiempos. El talento visual de Alejandro González Iñárritu comenzaba aquí a desplegarse, también la aflictiva escritura de Guillermo Arriaga daba sus primeros pasos en el mundo del cine. Igual que la excepcional fotografía de Rodrigo Prieto, la cual se daba a conocer gracias al violento universo callejero expuesto en esta historia, iniciando una carrera así que ya le ha llevado a trabajar con cineastas de la talla de Spike Lee, Pedro Almodóvar, Oliver Stone, Ang Lee, Martin Scorsese o Ben Affleck. Ahí no termina todo, pues el doblemente oscarizado Gustavo Santaolalla componía por primera vez la partitura de un film, mientras que Gael García Bernal, brillante actor, aprovechaba a la perfección la oportunidad brindada para escribir su nombre con letras mayúsculas en la historia del cine mexicano. Es decir, todo (o casi todo) es novel en esta película, aunque no dé esa impresión.

Octavio y Susana. Daniel y Valeria. El Chivo y Maru. Náufragos sobre los que sustenta esta poderosa historia. Ellos y los perros que les acompañan. Porque, en el fondo, de eso va esta película, de retratar lo perra que puede llegar a ser la vida. El amor imposible de Gael, la cruenta realidad de Goya Toledo o los fantasmas del pasado que acompañan a Emilio Echevarría. Retazos de tristeza que un día colisionarán en una calle cualquiera. Retazos de tristeza acariciados por la emotividad más pura. Lirismo del dolor, eso es Amores perros

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The graduate (1967)

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Guion: Calder Willingham / Buck Henry (Argumento: Charles Webb)
Producción: MGM / Embassy Pictures
Fotografía: Robert Surtees
Montaje: Sam O’Steen
Música: Simon & Garfunkel / Dave Grusin
Reparto: Dustin Hoffman / Anne Bancroft / Katharine Ross
Duración: 106 min
País: Estados Unidos

Asistimos aquí a uno de los títulos cumbre del cine estadounidense, El graduado. No es una historia cualquiera, pues adentra su argumento en el género romántico, sí; pero… ¡de qué manera! Corría el año 1967 cuando Mike Nichols decidía destrozar los moldes del séptimo arte norteamericano. El neorrealismo italiano estaba en una etapa de alta madurez, en Gran Bretaña emergían nuevas maneras de entender el cine, la nouvelle vague francesa comenzaba a desatarse. Son los años sesenta, y el cine se quita el corsé. El tiempo de los grandes clásicos y de las majestuosas producciones abre paso a un nuevo escaparate. Tenemos ahora un paisaje novedoso, incluso transgresor, visto desde el lado estadounidense. Y ahí, en esa ola revisionista, se sitúa este relato. Una simple anécdota, el flirteo de una mujer madura con un joven estudiante, servirá no solo para levantar una auténtica obra maestra, sino también para resquebrajar los cimientos del género tal como habían sido concebidos hasta la fecha.

El encargado de levantar esta “revolución social” fue Mike Nichols, quien conseguía el Oscar al mejor director gracias a esta narración. Cineasta valeroso, sus películas pocas veces pasan desapercibidas. Apenas un año antes del estreno de The graduate, había debutado con otro puñal titulado ¿Quién teme a Virginia Woolf?. Tiene de todo en su filmografía, pero la entrada del siglo XXI le valió para recuperar su mejor cine, estrenando la hiriente Closer (2004) y la mordaz Charlie Wilson’s war (2007), dos obras mayores. En tareas de guion le acompañaba, en esta ocasión, un tipo, Calder Willingham, que ya había incendiado el discurso militarista norteamericano en 1957 con Paths of glory. La música corría a cargo de Simon & Garfunkel, quienes componían una de las bso más célebres de todos los tiempos con canciones como The sound of silence, Scarborough fair o Mrs. Robinson. Casi nada. Y los protagonistas principales no eran otros que Dustin Hoffman, Katharine Ross y Anne Bancroft. Si bien el salto de edad entre unos y otros es fundamental para entender el mensaje del film, lo cierto es que, simple curiosidad, apenas se llevaban nueve años entre madre e hija, Anne Bancroft (36) y, la “pequeña” del film, Katharine Ross (27), mientras que Dustin Hoffman contaba ya con 30 primaveras.

Una película fabulosa, en resumen. El ácido repaso que le dan a la adinerada clase social a la que pertenecen los protagonistas del film es brutal. Desde los matrimonios de conveniencia hasta la obsesión por el éxito. La pomposa apariencia que destilan los guateques en la piscina y los amplios chalés queda satirizada a través de notas tan sencillas como el sexo, el alcohol o el tabaco. También gracias al talento de Dustin Hoffman, colosal aquí encarnando a un inteligente, atlético y tímido estudiante que si bien comenzará la película con aires dubitativos, terminará luchando impetuosamente por aquello que quiere. La seducción de Anne Bancroft rompía los esquemas morales de la época, mientras que la irrupción del amor con la hija de la mujer con la que te acabas de acostar, culmina el paisaje corrosivo e incendiario que supone The graduate. Un hito en la historia del cine.  

The Graduate (1967)

Blood ties (2013)

blood_ties_ver9_xxlgDirección: Guillaume Canet
Guion: Guillaume Canet / James Gray (Argumento: Jacques Maillot) 
Producción: Les Productions du Trésor / Worldview Entertainment / Caneo Films / Le Grisbi Productions
Fotografía: Christophe Offenstein
Montaje: Hervé de Luze 
Música: Varios
Reparto: Clive Owen / Billy Crudup / James Caan / Marion Cotillard / Lily Taylor / Mila Kunis / Zoe Saldana
Duración: 127 min
País: Francia / Estados Unidos

El cine negro, tal como quedó concebido en sus orígenes, se ha esfumado de la escena internacional. Pocas son las producciones puristas con los cánones de un género consagrado a lo largo de los años cuarenta y cincuenta, principalmente en los Estados Unidos. El pivote del mismo eran las historias de criminales enclaustrados, policías desamparados o mafiosos arrogantes. Temas que ahora se ramifican, permitiendo una mezcla de géneros muy gustosa, entre los que destacan el drama, el policíaco o el thriller. En esta línea se mueve Blood ties, presentando un relato donde el criminal de toda la vida sale del penal con la idea de volver a empezar. Volver a empezar con un hermano policía, una familia sumida en el dolor y muchas cuentas pendientes con el pasado. 

La película viene firmada por un cineasta que, a mi entender, representa una de las mejores bazas del cine francés reciente: Guillaume Canet. Notable me pareció la intriga que se desataba con Ne le dis à personne (2006), sin duda el antecedente del film que aquí nos ocupa en cuanto a fondo y tema. De este modo, después del exquisito paréntesis que suponía la sobresaliente comedia dramática Les petits mouchoirs (2010), volvía a seguir la línea trazada en 2006, y lo hacía en compañía de uno de los grandes cineastas del momento, James Gray. No vamos a descubrir ahora el universo del autor neoyorquino, pero no está de más advertir que sus historias, en las que combina de una manera sobresaliente el drama familiar y el amor penitente con los azotes diarios del derrotista criminal o el agobiado policía, son un auténtico lujo.       

La combinación, por tanto,  se presentaba como algo extraordinario. El talento de dos de mis cineastas preferidos aunado para levantar una historia acompañada de altas expectativas. Sin embargo, lo primero que llama la atención es la fugaz presencia en el escaparate internacional de este film. Ha pasado desapercibido, al igual que The immigrant, la otra película que James Gray lanzaba en 2013. Además, la crítica ha recibido este relato de un modo tibio. Y después de haber visto la película, podemos recalcar que la melodía suena, pero la letra no parece ser la misma. Algo falla en este relato, algo no le permite alcanzar la grandeza de historias como Little Odessa, The yards o We own the night. La factura técnica admite pocos reproches. Quizás le falta algo de naturalidad, de espontaneidad. La narración avanza, pero no fluye. A Billy Crudup me lo creo, pero Clive Owen desentona. Gusto da ver a clásicos como James Caan todavía en activo. Mientras que el nivel de las chicas es desigual: Lili Taylor está estupenda; Zoe Saldana, correcta; Mila Kunis y Marion Cotillard, desaprovechadas. El guion contenía los ingredientes precisos, pero la mezcla no ha resultado como debiera. En todo caso, una historia fraternal cargada de violencia, sufrimiento y nervio. Irregular, pero talentosa.    

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Qué decir sobre… «Waking life» (2001)

Waking_Life-164464544-largePocos son los que dudan a estas alturas de la siguiente afirmación: Richard Linklater es un genio. Es difícil dudarlo, sobre todo si uno a visto la mejor historia romántica de los últimos tiempos, desplegada a través de una fabulosa trilogía compuesto por Before sunrise (1995), Before sunset (2004) y Before midnight (2013). Por cierto, los nueve años que hay entre película y película… no son casualidad. Además, se está anunciando, rodeada de un tsunami de críticas positivas abrumador, el inminente estreno de Boyhood (2014), otra película que seguro no pasará desapercibida.

En fin, a Linklater no le gusta el gris. Lo pone de manifiesto a través de esta rareza llamada Waking life. No es una obra mayor, ni mucho menos. Es una película estridente, compleja y ataviada de innumerables conversaciones filosóficas, principalmente. Además, contiene otro alarde de rareza: la película está filmada de un modo animado, pero los actores son de carne y hueso. Todo destila virtuosismo, pero también un punto de locura creativa.

El caso es que Waking life te asesta un golpe y termina por despertarte bruscamente. Lo hace de un modo extravagante. Y por el camino, conviene decirlo, me aburro con alguna que otra conversación. Prolífica labia y encanto visual para una de las películas más extrañas de la pasada década.   

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Qué decir sobre… «Volver» (2006)

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Dirección: Pedro Almodóvar 
Guion: Pedro Almodóvar
Fotografía: José Luis Alcaine
Música: Alberto Iglesias  
Montaje: José Salcedo 
Dirección artística: Salvador Parra
Reparto: Penélope Cruz, Lola Dueñas, Blanca Portillo, Carmen Maura, Antonio de la Torre, Yohana Cobo, Chus Lampreave
Premios: Goya 2006 (5 premios; película, director y actriz), Oscar 2006 (nominada mejor actriz), Globo de Oro 2006 (nominada mejor actriz y película de habla no inglesa), Cannes 2006 (guion y reparto)

Una obra preciosa, así es Volver. Si en Todo sobre mi madre el tema de la familia ya se abordaba de un modo fabuloso, con Volver se culmina el asalto a dicha temática a través de un melodrama esculpido en estado de gracia. Una historia que puede llevar a equívoco, pues en el fondo destaca por su sencillez. El director juega con nosotros, pero no engaña a nadie a través de este surrealismo que camina entre la vida y la muerte. El sofisticado guion esconde así un poderoso universo que Pedro Almodóvar despliega con un magnífico sentido narrativo y una magia visual cautivadora.

Como en tantas otras ocasiones, las mujeres acaparan el protagonismo de la historia: Raimunda, Agustina y Sole, personajes trazados maravillosamente. Les dan vida Penélope Cruz, Blanca Portillo y Lola Dueñas. Todas ellas están espléndidas. En especial, la primera de ellas. El cineasta manchego vuelve a explotar las cualidades de su musa. Retrata a una mujer criada en un pequeño pueblo manchego que un día huyó para marcharse a Madrid, comenzando una nueva vida. Una mujer humilde, trabajadora y con mucho carácter. Una mujer castigada, dura, pero de buen corazón. El tiempo pasa y la vida es caprichosa. Tarde o temprano, le tocará volver. Ajustar las cuentas con el pasado. Y qué gusto que todo ello sea la excusa perfecta para que se abra de esta forma tan sutil este colosal relato en el que Penélope Cruz brilla con luz propia.  

El acabado visual, la sencillez de la propuesta y el manejo de las emociones. Pedro Almodóvar se exhibe con este paisaje matriarcal y hogareño. Vuelve así a su infancia, a sus orígenes. Es la madurez creativa del cineasta, destapando el tarro de las esencias y apoyándose en las virtudes del reparto para ofrecernos una historia conmovedora y repleta de sentimiento. 

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