‘Any given sunday’. Espectáculo.

Larga y aparatosa, sí. Pero no vayan a pensar mal. Esta crítica no pretende echar por tierra el mejor trabajo que ha hecho últimamente en su carrera cinematográfica el bueno de Oliver Stoner (tras él, creo que se perdió). Un buen guionista como es John Logan, véase ‘Gladiator’ (2000), ‘The aviator’ (2004) o ‘Sweeney Todd’ (2007), influyó y mucho en ello. Su historia se mete de lleno en el mundo del deporte, en los entresijos, en este caso, del fútbol americano. A mi parecer, me parece el retrato más ajustado que yo he visto en cine de lo que es un club deportivo de nuestros tiempos.

Sobre cuatro personajes gira la trama. Primero, el quarterback ‘Cap’ Rooney, un formidable Dennis Quaid, la estrella emblemática de los Miami Shark (algo así como el Steve Nash de los Suns). Su caso supondrá la caída, el declive de un mito por el peso natural de la edad. Ojo al papel de su atractiva mujer, a la que da vida Lauren Holly, poniendo el contrapunto. Segundo, la lesión del anterior hará irrumpir en escena al eterno suplente, al denostado Willie Beamen (Jamie Foxx). La fama, el dinero, las mujeres. Su vanidad no conocerá límites, poniendo al equipo en su contra. Sin embargo, y tercero, ahí esta Tony D’Amato, un excepcional, como siempre, Al Pacino. Un entrenador que no sabe hacer otra cosa más que entrenar. Créanme si les digo que me recuarda a algo así como Phil Jackson en la NBA. Un dinosaurio del banquillo que sabe no sólo de qué va el juego, sino también de qué va este mundo, este negocio. Cuarto y último, Christina Pagniacci, la presidente y máxima accionista del club. Representa mejor que nadie el despotismo guiado por el peso del dólar. Su meta es hacer un equipo ganador, un equipo con mercado, rentable. Quiere ganar y ganar. El quinto personaje sería el reparto en su conjunto. Quiero decir, el resto de integrantes del equipo (incluidos médicos) que nos sirve para comprobar el mecenazgo establecido en nuestros días en el deporte profesional, con tipos que se juegan la vida, literalmente, por no arruinar su carrera (es decir, por ganar otro milloncito más), con médicos manipuladores y poco éticos, además de unos egos muy difíciles de compaginar con la palabra colectivo.

Dicho lo cual y repitiendo, ‘Any given sunday’ (1999) me parece una obra casi perfecta. Una de las mejores películas deportivas que yo haya visto. No sólo son Al Pacino, Cameron Díaz, Dennis Quaid, Jamie Foxx, Lauren Holly, LL Cool J, James Woods, Charlton Heston, Matthew Modine o Aaron Eckhart. Es también una gran historia, una historia donde se gana y se pierde, se sube y se baja, se ríe y se llora. Una historia dirigida con cierta aparatosidad, recordando la inflación publicitaria que acompaña al juego (“la televisión lo cambió todo”). Una historia donde el ego, el dólar y la sangre se dan de la mano. Una historia diseñada con mano firme, destripando las entrañas del club deportivo, esa máquina de hacer dinero. Una historia, en definitiva, espectacular. Al fin y al cabo de eso se trata, de dar espectáculo. Sensacional guiño a Ben-hur, comparando el espectáculo romano de gladiadores, muerte y sangre, con nuestro espectáculo: el deporte de masas (tiene tino la comparativa… qué escalofrío).

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